4 de octubre de 2018

Sueños humedos


Había un rumor que iba creciendo más y más conforme avanzaba la tarde, de boca en boca se extendía entre los alumnos de la preparatoria; esa noche, ya tarde, una vez que la vigilancia sobre el internado de varones se hubiese relajado, se proyectaría una película pornográfica, entre los edificios de los dormitorios donde vivían los estudiantes, cuyos muros estaban pintados de blanco, en medio de los edificios dos y tres se apagarían las luces de los cuartos para que la proyección sobre una de las paredes de uno de los dormitorios para que pudiera verse lo mejor posible, era algo clandestino, las autoridades escolares no debían enterarse, unos alumnos habían conseguido un proyector rústico que serviría para la proyección. A las ocho de la noche cerraba el servicio de cena en el comedor de estudiantes, a esa hora los alumnos se retiraban a sus dormitorios, los pasillos lucían desiertos, muchos se preguntaban si lo harían, pero nada pasaba, era una noche como tantas, hasta que a eso de las once de la noche, los provincianos estudiantes comenzaron a salir de sus cuartos para instalarse de pie ó sentados entre los edificios convenidos, las luces de los cuartos se comenzaron a apagar, el murmullo se extendía, alguien comenzaba a sacar aguardiente, mezcal, la cerveza era un lujo, todos eran estudiantes de bajos recursos, provenientes de diversos estados del país, acostumbrados a vivir con poco, para ellos que no tenían nada más que sus sueños, ésta noche sería especial, para la gran mayoría sería la primera vez que podrían ver una película pornográfica, y sería casi como en el cine. Ya pasaba de las once, sólo la ventana de uno de los cuartos tenía luz, muchos comenzaban a chiflar y a gritar “¡cácaro!”, el barullo crecía, entonces se proyectó un halo de luz sobre el muro contrario y las primeras escenas aparecieron, una mujer y un hombre completamente desnudos, los gritos de los estudiantes eran fuertes, de alegría, de reto a la autoridad de la escuela, senos, vulva, miembro erecto, no hacía falta el sonido, y si lo hubo, los gritos lo acallaban, por fin las escenas de sexo en gran formato visual, no importaba si los actores eran poco agraciados, si el color del filme era malo, ¡era sexo explícito!, algo que muy pocos de los jóvenes que ahí estaban habían visto alguna vez en su vida, con nula educación sexual, y ahora estaba a su alcance. Los gritos de alegría atrajeron la atención de los vigilantes nocturnos quienes se acercaron a ver lo que pasaba, al darse cuenta corrieron hacia la entrada del dormitorio que había sido cerrada previamente, tardaron algún tiempo en abrir, la proyección se detuvo subditamente entre chiflidos de protesta, apenas habían pasado unos quince minutos de la película antes de ser cancelada por los vigilantes, algunos permanecieron un tiempo más para ver si se reanudaba, otros se comenzaron a ir, la euforia seguía en el ambiente, en el murmullo de las conversaciones, había sido una noche transgresora, entre las ideas de revolución social que los estudiantes tenían, la exhibición pública de una película pornográfica fue como un reto a la autoridad escolar, un desafío al estatus quo, un evento que los hermanó. Seguramente quienes lo habían hecho serían severamente castigados, pero no importaba, habían obsequiado una noche que había irrumpido en los sueños de los estudiantes en la adolescencia, húmedos en esa noche de otoño, de alguna forma se sentían más adultos, más seguros, más hombres y más retadores a la autoridad, así era para los estudiantes de bajos ingresos de una preparatoria rural, una noche cualquiera de fines de los años setentas. 

 Por: Martín Soloman

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