29 de enero de 2019

Al final, todos terminamos igual


Conocí al Elvis en unos baños público, los Rocío del metro Hidalgo, hace muchos años, hoy ya están cerrados, dicen que vendieron el inmueble. En aquel tiempo me gustaba ir a los vapores, era un buen lugar para tener sexo sin compromiso, con quien hubiera química, era el ambiente típico, entras y le echas un ojo a la mercancía, la carne que se exhibe desnuda con un pareo atado a la cintura, húmedo, marcando lo que hay debajo, un miembro, un par de nalgas, los más deshinibidos paseándose totalmente desnudos, escrutándote con la mirada, mirando directo a la entrepierna, calculando mentalmente qué tan grande se te puede poner. Afuera, en las regaderas hay muchos bañándose, algunos llegando, otros yéndose, no falta el grupo de amigas y comadres con su parloteo en voz alta y aflautada, que te miran con la cabeza de lado al pasar para luego cuchichear entre ell@s, al fondo está el cuarto de vapor, al abrir la puerta el calor golpea la cara, los cuerpos desnudos están entre la bruma del vapor, y te vas dando cuenta de lo que hacen, las miradas se cruzan, se auscultan, unos se tocan el miembro erecto bajo el pareo, otros se han quitado el pareo y se masturban suavemente, sólo para mantener el miembro parado, mostrándolo a miradas inquietas, alguien por allá está teniendo sexo oral, otro está penetrando, muchos mirones y otros tratando de cerrar un trato, no hay palabras, todo se negocia con la mirada, me gustas, te miro, te gusto, me sostienes la mirada, luego las miradas van abajo, quien se masajea la verga es el activo, el otro se acerca y roza la pierna, si no hay rechazo va directo al miembro, lo masajea y se lo lleva a la boca, lo demás que sigue dependerá de ambos.

Ahí fue cuando conocí a Elvis, en realidad nunca supe cómo se llamaba, era joven y tenía un tipo de cara que me hacía recordar el rostro de Elvis Presley, las facciones redondas, el tipo de ceja, por eso le puse ese nombre, en unos baños de vapor no importa el nombre, si alguien te pregunta tu nombre puedes decir el que se te ocurra, es una formalidad que no viene al caso, nunca entendí para qué algunos preguntaban por el nombre. Elvis estaba parado pegado a la pared cerca de dónde yo estaba, sentí su mirada y lo miré, pero no me gustó, tenía esa cara de niño bonito que a mí no me enciende, yo era joven en aquel tiempo y me gustaban los maduros, rollizos, de cuerpos macizos, nalgas duras, de rostro duro, con vello facial, el tipo de hombre que si te lo encontrabas en la calle nunca pensarías que era homosexual, los niños bonitos nunca me gustaron, reconozco que son guapos pero eso no es lo que me enciende, y Elvis era uno de ellos, bonito, de facciones finas y  mirada braguetera. Lo miré, su cuerpo era delgado pero entre el pareo se le veía una erección, y tenía una verga muy grande, más que yo, así que supuse que sería activo, por lo que menos me interesó, algunos le trataron de agarrar la verga pero él los quitó, entonces supuse que también era pasivo, pero no me gustaba. Yo era totalmente activo, y como tal lo que me gustaba era cogerme a un maduro de esos que “no se les notara”, me encendía cuando un hombre de apariencia varonil me hacía sexo oral o me lo cogía, era como romper la imagen de macho que proyectaba, y así buscaba que fueran mis encuentros sexuales, con hombres así, la excitación aumentaba y tenía sexo con ellos de forma ruda, como su aspecto.

Me quité de donde estaba buscando otros prospectos en el cuarto de vapor, pero el Elvis me siguió, me volví a cambiar de lugar y encontré a un tipo maduro con el que hice algo, se arrodilló a hacerme sexo oral, pero hasta ahí llegó nuevamente el Elvis, tenía una mirada mezcla de deseo y súplica mientras veía al otro hacerme sexo oral. El otro vio al Elvis y se quitó, lo cual el Elvis aprovecho para irse directo sobre mi verga y me hizo un sexo oral desesperado, pero a pesar que la mamaba bien y que le ponía empeño, ver su cara juvenil y bonita hizo que la experiencia no fuera placentera, yo buscaba otro tipo de hombre, otro tipo de rostro, quería unos bigotes rozando mi pelvis y no una cara lampiña, así que con un poco de cuidado lo quité y me salí, me fui al área de regaderas y me senté en una de las mesas de masaje mientras pedía una bebida preparada. Hasta ahí llegó el Elvis y me comenzó a hacer plática, me dijo que yo le gustaba mucho y que quería hacer más conmigo, le dije que no y comenzamos a platicar de lo que a cada quien nos gustaba, yo le dije que sólo era activo, él se sorprendió y preguntó si nunca me la habían metido y por qué no, le dije que no me interesaba, que cuando veía a algún hombre que me gustaba lo que le veía era las nalgas, y que al momento de cogerlos no me importaba cómo la tenía, si se les paraba o no, yo sólo disfrutaba cogerlos, él se sonrió y me dijo que él era así como yo, que por el tamaño de su verga había empezado siendo sólo activo, le pregunté qué le había hecho cambiar para ser pasivo y me dijo que fue “la curiosidad”, que un día sintió curiosidad por saber lo que era ser pasivo que lo probó y que le gustó, y que aunque aún podía ser activo, disfrutaba más siendo pasivo, descubrió que eso era lo que realmente le gustaba y que en sus encuentro sexuales buscaba activos, ya si no encontraba entonces era activo, luego me preguntó si no me gustaría probar, le dije que no, que yo estaba bien como activo y que disfrutaba mucho un par de nalgas firmes y redondas, él se rió nuevamente y me dijo “al final, todos acabamos igual, comenzamos siendo activos pero luego probamos la verga y terminamos siendo pasivos”, me dijo que en su vida había conocido a muchos que al inicio sólo eran activos y que, al paso del tiempo los encontraba en el vapor bien ensartados o mamando verga. Se incorporó para irse de vuelta al vapor pero antes me dijo “te vas a acordar de mí, todos al final acabamos igual…”

Me salí del vapor, no sin antes haberme cogido a un maduro que encontré en los vestidores, era como a mí me gustaban, se veía muy machito pero la aguantaba muy bien. Frente a los baños había una tiendita, ahí disimuladamente vendían cerveza que se podía consumir dentro de la tienda, me pedí una caguama bien fría y me la tomé casi de golpe, mientras pensaba en lo que el Elvis me había dicho. Han pasado muchos años desde entonces, han pasado muchas cosas, tuve alguna pareja, traté de llevar al inicio una relación monógama pero al poco tiempo comenzamos a ser una pareja abierta, una cosa nos llevó a otra, a probar y a experimentar cosas distintas, la relación de pareja que tuve terminó hace varios años ya, pero algunas cosas quedaron, no puedo decir que he visto todo pero si he visto suficiente, aún sigo yendo ocasionalmente a los baños de vapor, otros distintos, lo que hago también es distinto, es más, digamos, variado

Voy a unos baños de vapor que visito ocasionalmente, conozco las rutinas, las miradas, ahora yo soy uno de esos señores maduros que solía yo mirar cuando era joven, entro al vapor, me llama la atención un hombre moreno, quizá unos 30 ó 35 años, bigote, pelo corto, tipo chacal, le están haciendo sexo oral mientras lo toman de las nalgas, se ve que lo disfruta, voltea a verme, le sostengo la mirada, luego salgo al área de regaderas. Al poco rato veo al moreno chacal afuera, me le acercó y comienzo a platicar con él, le pregunto qué tal la pasó, me dice que bien, entonces le pregunto si no ha probado ser pasivo, me mira con cara de extrañeza y me dice “nel carnal, yo a eso de dar las nalgas no le atoro, yo nomas me los cojo”. No lo quiero espantar y le digo que no hay problema, que lo invito a tomar unas cervezas al salir, está medio receloso pero acepta, vamos a un bar cercano, hemos tomado varias cervezas, resulta que el chacalito es simpático, se abre a contarme sus aventuras y cómo comenzó en esto, entra en confianza y me toma del brazo cuando me dice algo, o me toma la rodilla, eso me ha excitado, le tomo la mano que está en mi rodilla y la llevo hacia mi bragueta, él me mira sorprendido pero no quita su mano, entonces recuerdo lo que me dijo el Elvis, “al final, todos terminamos igual…”

Por: Martín Soloman



No hay comentarios: