Conocí al Elvis en
unos baños público, los Rocío del metro Hidalgo, hace muchos años, hoy ya están
cerrados, dicen que vendieron el inmueble. En aquel tiempo me gustaba ir a los
vapores, era un buen lugar para tener sexo sin compromiso, con quien hubiera
química, era el ambiente típico, entras y le echas un ojo a la mercancía, la
carne que se exhibe desnuda con un pareo atado a la cintura, húmedo, marcando
lo que hay debajo, un miembro, un par de nalgas, los más deshinibidos
paseándose totalmente desnudos, escrutándote con la mirada, mirando directo a
la entrepierna, calculando mentalmente qué tan grande se te puede poner.
Afuera, en las regaderas hay muchos bañándose, algunos llegando, otros yéndose,
no falta el grupo de amigas y comadres con su parloteo en voz alta y aflautada,
que te miran con la cabeza de lado al pasar para luego cuchichear entre ell@s,
al fondo está el cuarto de vapor, al abrir la puerta el calor golpea la cara,
los cuerpos desnudos están entre la bruma del vapor, y te vas dando cuenta de
lo que hacen, las miradas se cruzan, se auscultan, unos se tocan el miembro
erecto bajo el pareo, otros se han quitado el pareo y se masturban suavemente,
sólo para mantener el miembro parado, mostrándolo a miradas inquietas, alguien
por allá está teniendo sexo oral, otro está penetrando, muchos mirones y otros
tratando de cerrar un trato, no hay palabras, todo se negocia con la mirada, me
gustas, te miro, te gusto, me sostienes la mirada, luego las miradas van abajo,
quien se masajea la verga es el activo, el otro se acerca y roza la pierna, si
no hay rechazo va directo al miembro, lo masajea y se lo lleva a la boca, lo
demás que sigue dependerá de ambos.
Ahí fue cuando conocí
a Elvis, en realidad nunca supe cómo se llamaba, era joven y tenía un tipo de
cara que me hacía recordar el rostro de Elvis Presley, las facciones redondas,
el tipo de ceja, por eso le puse ese nombre, en unos baños de vapor no importa
el nombre, si alguien te pregunta tu nombre puedes decir el que se te ocurra,
es una formalidad que no viene al caso, nunca entendí para qué algunos
preguntaban por el nombre. Elvis estaba parado pegado a la pared cerca de dónde
yo estaba, sentí su mirada y lo miré, pero no me gustó, tenía esa cara de niño
bonito que a mí no me enciende, yo era joven en aquel tiempo y me gustaban los
maduros, rollizos, de cuerpos macizos, nalgas duras, de rostro duro, con vello
facial, el tipo de hombre que si te lo encontrabas en la calle nunca pensarías
que era homosexual, los niños bonitos nunca me gustaron, reconozco que son
guapos pero eso no es lo que me enciende, y Elvis era uno de ellos, bonito, de
facciones finas y mirada braguetera. Lo
miré, su cuerpo era delgado pero entre el pareo se le veía una erección, y
tenía una verga muy grande, más que yo, así que supuse que sería activo, por lo
que menos me interesó, algunos le trataron de agarrar la verga pero él los
quitó, entonces supuse que también era pasivo, pero no me gustaba. Yo era
totalmente activo, y como tal lo que me gustaba era cogerme a un maduro de esos
que “no se les notara”, me encendía cuando un hombre de apariencia varonil me
hacía sexo oral o me lo cogía, era como romper la imagen de macho que
proyectaba, y así buscaba que fueran mis encuentros sexuales, con hombres así,
la excitación aumentaba y tenía sexo con ellos de forma ruda, como su aspecto.
Me quité de donde
estaba buscando otros prospectos en el cuarto de vapor, pero el Elvis me
siguió, me volví a cambiar de lugar y encontré a un tipo maduro con el que hice
algo, se arrodilló a hacerme sexo oral, pero hasta ahí llegó nuevamente el
Elvis, tenía una mirada mezcla de deseo y súplica mientras veía al otro hacerme
sexo oral. El otro vio al Elvis y se quitó, lo cual el Elvis aprovecho para
irse directo sobre mi verga y me hizo un sexo oral desesperado, pero a pesar
que la mamaba bien y que le ponía empeño, ver su cara juvenil y bonita hizo que
la experiencia no fuera placentera, yo buscaba otro tipo de hombre, otro tipo
de rostro, quería unos bigotes rozando mi pelvis y no una cara lampiña, así que
con un poco de cuidado lo quité y me salí, me fui al área de regaderas y me
senté en una de las mesas de masaje mientras pedía una bebida preparada. Hasta
ahí llegó el Elvis y me comenzó a hacer plática, me dijo que yo le gustaba
mucho y que quería hacer más conmigo, le dije que no y comenzamos a platicar de
lo que a cada quien nos gustaba, yo le dije que sólo era activo, él se
sorprendió y preguntó si nunca me la habían metido y por qué no, le dije que no
me interesaba, que cuando veía a algún hombre que me gustaba lo que le veía era
las nalgas, y que al momento de cogerlos no me importaba cómo la tenía, si se
les paraba o no, yo sólo disfrutaba cogerlos, él se sonrió y me dijo que él era
así como yo, que por el tamaño de su verga había empezado siendo sólo activo,
le pregunté qué le había hecho cambiar para ser pasivo y me dijo que fue “la
curiosidad”, que un día sintió curiosidad por saber lo que era ser pasivo que
lo probó y que le gustó, y que aunque aún podía ser activo, disfrutaba más
siendo pasivo, descubrió que eso era lo que realmente le gustaba y que en sus
encuentro sexuales buscaba activos, ya si no encontraba entonces era activo,
luego me preguntó si no me gustaría probar, le dije que no, que yo estaba bien
como activo y que disfrutaba mucho un par de nalgas firmes y redondas, él se rió
nuevamente y me dijo “al final, todos acabamos igual, comenzamos siendo activos
pero luego probamos la verga y terminamos siendo pasivos”, me dijo que en su
vida había conocido a muchos que al inicio sólo eran activos y que, al paso del
tiempo los encontraba en el vapor bien ensartados o mamando verga. Se incorporó
para irse de vuelta al vapor pero antes me dijo “te vas a acordar de mí, todos
al final acabamos igual…”
Me salí del vapor, no
sin antes haberme cogido a un maduro que encontré en los vestidores, era como a
mí me gustaban, se veía muy machito pero la aguantaba muy bien. Frente a los
baños había una tiendita, ahí disimuladamente vendían cerveza que se podía
consumir dentro de la tienda, me pedí una caguama bien fría y me la tomé casi
de golpe, mientras pensaba en lo que el Elvis me había dicho. Han pasado muchos
años desde entonces, han pasado muchas cosas, tuve alguna pareja, traté de
llevar al inicio una relación monógama pero al poco tiempo comenzamos a ser una
pareja abierta, una cosa nos llevó a otra, a probar y a experimentar cosas
distintas, la relación de pareja que tuve terminó hace varios años ya, pero
algunas cosas quedaron, no puedo decir que he visto todo pero si he visto
suficiente, aún sigo yendo ocasionalmente a los baños de vapor, otros
distintos, lo que hago también es distinto, es más, digamos, variado
Voy a unos baños de
vapor que visito ocasionalmente, conozco las rutinas, las miradas, ahora yo soy
uno de esos señores maduros que solía yo mirar cuando era joven, entro al vapor,
me llama la atención un hombre moreno, quizá unos 30 ó 35 años, bigote, pelo
corto, tipo chacal, le están haciendo sexo oral mientras lo toman de las
nalgas, se ve que lo disfruta, voltea a verme, le sostengo la mirada, luego
salgo al área de regaderas. Al poco rato veo al moreno chacal afuera, me le
acercó y comienzo a platicar con él, le pregunto qué tal la pasó, me dice que
bien, entonces le pregunto si no ha probado ser pasivo, me mira con cara de
extrañeza y me dice “nel carnal, yo a eso de dar las nalgas no le atoro, yo
nomas me los cojo”. No lo quiero espantar y le digo que no hay problema, que lo
invito a tomar unas cervezas al salir, está medio receloso pero acepta, vamos a
un bar cercano, hemos tomado varias cervezas, resulta que el chacalito es
simpático, se abre a contarme sus aventuras y cómo comenzó en esto, entra en
confianza y me toma del brazo cuando me dice algo, o me toma la rodilla, eso me
ha excitado, le tomo la mano que está en mi rodilla y la llevo hacia mi
bragueta, él me mira sorprendido pero no quita su mano, entonces recuerdo lo
que me dijo el Elvis, “al final, todos terminamos igual…”
Por: Martín Soloman
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