...¿podría yo finalmente romper con mi regla y hacer algo con Sebas? Si cruzaba yo esa línea no habría vuelta atrás, podría haber consecuencias. Caminé más despacio en silencio, su casa estaba a unos pasos, él me miró con ojos vidriosos por el alcohol, la boca entreabierta, buscaba mi aliento, su mirada decía todo. Entonces entramos a su casa…
El cuarto era pequeño, estaba al fondo de la casa, la entrada era
independiente, por la ventana cubierta con una cortina delgada entraba la luz
del alumbrado de la calle, era una noche fría pero nuestros cuerpos desnudos
estaban calientes y sudaban, Sebastián estaba desnudo de espaldas a mí, por su
espalda bajaban gotas de sudor que resbalaban hacia sus nalgas las cuales
estaban cubiertas de un vello muy fino, la tenue luz que se filtraba por la
ventana hacía brillar sus glúteos firmes los cuales recorría con mis manos,
hurgando entre ellos, mi boca recorría desde su nuca, bajaba por su espalda y
se entretenía entre sus nalgas, buscando, encontrando, él se dejaba disfrutar
entre gemidos guturales apenas
perceptibles, estando vestido no podía apreciar lo que ahora veía, tenía un
cuerpo delgado pero marcado, la cintura pequeña resaltaba ese par de nalgas
duras que habían atrapado todo mi interés, lo sentí palpitar, ardiente, húmedo,
entonces lo penetré…
No acostumbro dormir mucho cuando estoy en una casa que no conozco,
apenas comenzaba a aclarar la madrugada cuando me comencé a vestir para ir por
mi auto e irme a la casa para bañarme y cambiarme, era lunes y debía trabajar.
Sebastián dormía profundamente y lo tuve que despertar para decirle que ya me
iba, apenas abrió los ojos, no parecía reconocerme hasta que se despabiló y me
preguntó si nos volveríamos a ver, yo dudaba, sólo le dije que probablemente
sí, me dio el número de su celular y me insistió para que le marcara y que
también él tuviera mi número, lo hice, me puso una chamarra y me acompañó fuera
de su casa, nos despedimos como dos amigos y me fui, el frío de la mañana
cortaba mi cara, caminé a donde había dejado el coche, me esperaban unos 45
minutos de carretera y un lunes de trabajo desvelado y crudo, el dolor de
cabeza era constante, ni siquiera tenía hambre, sólo quería que el día acabara
para irme a dormir a casa, y solo pensaba en lo que había pasado la noche
anterior, hasta ese momento siempre había evitado estar con hombres que fueran
mucho más jóvenes que yo, los encontraba insulsos, me parecía que no tenían
cuerpo, pero en el caso de Sebastián era diferente, siendo mucho más joven que
yo se veía con un cuerpo maduro, quizá el trabajo del campo lo había hecho
desarrollarse más rápido para su edad y definitivamente estar con él había sido
un encuentro muy agradable.
Me hundí en mi rutina de trabajo, esa tarde Sebastián me envió un
mensaje al celular, me preguntaba qué tal me había ido ese día, y comenzamos a
conversar, eso se repitió un par de días después, comenzamos a estar en
contacto de forma ocasional, yo estaba en un dilema, no quería volver a verlo
porque era alguien de mi pueblo y muy cercano a mis familiares allá, a uno de
mis tíos en particular, hasta entonces nadie en mi pueblo podía afirmar nada
acerca de mi orientación sexual, pero al mismo tiempo tenía el recuerdo de su
cuerpo desnudo recorriéndolo con mis manos, con mi boca, quizá podríamos vernos
una vez más, quizá sólo era cuestión de tener cuidado, de no exponernos
públicamente, esos eran mis pensamientos al principio de conocerlo.
Con Sebastián entre a un terreno desconocido, la pregunta obligada para
mí era ¿todavía me importa lo que piensen de mi los demás? Era obvio que sí,
por ello había creado esa regla de no involucrarme con alguien del pueblo, tuve
que hacerlo para volverme libre, aunque tuve que matar una parte de mí. Pero,
¿seguía siendo práctica esa regla que había seguido durante muchos años? Quizá
las cosas eran diferentes ahora, eso estaba por verse. Comencé a visitar con
frecuencia a Sebastián y por consecuencia a mis familiares en el pueblo, del
trato con ellos me pude dar cuenta que Sebastián era una persona integrada en
la comunidad, gozaba de cierto respeto ya que había sido parte de la mayordomía
en las fiestas religiosas del pueblo y siempre participaba en las celebraciones
que en un pueblo son muy frecuentes, y la gente lo saludaba, por lo demás no se
metían en su vida privada. Todo él era muy distinto a la persona que yo siempre
había sido, pues soy muy individualista y me involucro poco con la gente.
Había pasado mucho tiempo desde la última vez que yo había tenido
interés en una persona para pareja, de hecho con mi última pareja habíamos
terminado mal. Y no me gustaba mucho la idea de que Sebastián fuera alguien de
mi pueblo, sin embargo era alguien que a mis ojos valía mucho la pena. Era muy
distinto a mí y eso me atraía mucho, me deslumbraba la forma en la que siendo
tan sencillo podía mantener conversaciones casi con cualquier persona, sus
pláticas conmigo eran muy gratificantes, pasábamos horas platicando por las
noches. Así nos conocimos bastante y así llegue a pensar que lo conocía desde
hace décadas. Después de un tiempo iniciamos una relación, yo lo iba a visitar
al pueblo, pues él estaba al cuidado de sus padres ancianos y yo tenía más
facilidad de trasladarme. Durante esa época por decirlo así me reconcilié con
mi pasado. Descubrí por ejemplo, que las personas del pueblo ni siquiera me
reconocían como alguien de ahí, muchos pensaban que era de fuera. Mis tíos me
permitían estar en su casa los días que iba, hasta ese momento no sabían que
iba a visitar a Sebastián, pensaban que era por querer integrarme con ellos
como familia, fui conociendo a mis primos y primas, algunos ya casados con
hijos pequeños a los cuales sólo conocía de vista y de saludo, pero fue así
como supe más de ellos, de mis padres y de mí mismo. A veces salía el tema de
la gente que llegaba a conocer, a veces salía el nombre de Sebastián, mi tío se
refería a él cómo su ahijado y al parecer lo estimaba mucho porque siempre lo
apoyaba cuando se le cargaba el trabajo del campo, sabía que podía confiar en
él, eso me daba tranquilidad.
Las cosas iban muy bien con Sebastián, llevábamos tiempo viéndonos y
dejó de importarme el qué dirán, los fines de semana eran lo mejor en mi vida,
era el tiempo que pasábamos juntos y sus padres me recibían en su casa con
mucho gusto. Pero entonces ocurrió algo imprevisto, en cierta ocasión que salía
del pueblo encontré en el camino a una persona de mi pasado, alguien que no era
grato a mis ojos, se trataba de un ex novio con el cual habíamos terminado muy
mal, pero como mi pueblo es un pueblo turístico, creí que él estaba ahí en
calidad de turista, que no era una persona de la cual debiera preocuparme, así
que olvide el incidente. El siguiente fin de semana cuando fui a visitar a
Sebastián me encontré con la sorpresa muy desagradable de que tenía un amigo
que lo estaba visitando, se trataba del tipo que había sido mi ex pareja. Él me
reconoció y me miró con una sonrisa burlona, en mi sorpresa y para no parecer
grosero lo salude de mala gana, solo para no quedar mal ante Sebastián y sus
padres. Definitivamente tenía que hablar con Sebastián de esa persona y
mientras platicaba con sus padres pude darme cuenta que el otro tipo lo aparto
y note que le hablaba cosas en secreto, yo lo conocía muy bien y sabía que era
capaz de cualquier cosa para fastidiarme, afortunadamente se fue y solo se
despidió a lo lejos de los padres de Sebastián, esa fue mi oportunidad de
hablar con Sebastián.
Él se había dado cuenta de la sorpresa que tuve y me preguntó si lo
conocía, le dije que sí, que lo conocía muy bien, que había yo tenido una
relación con él, y mientras le contaba cómo fue de mala esa relación, pude
observar en su rostro la sorpresa al enterarse del periodo en el que fuimos
pareja, a continuación me dijo que también había estado saliendo con él, en el
mismo periodo y que ahora comprendía muchas cosas que ocurrieron en esa época,
me dijo que también lo visitaba en el pueblo, pero que sospechaba que tenía
algo que ver con otra persona en la ciudad porque en ocasiones mientras estaban
juntos otra persona lo contactaba por el celular y tenía que apartarse para que
no escuchara lo que hablaba con dicha persona. Que cuando me vio en su casa
intento hablarle mal de mí, pero le dijo que mejor en otro momento hablarían y
que tuvo cuidado de no decirle que tenía una relación conmigo. Le pregunté qué
hacía él ahí y me dijo que de vez en cuando lo visitaba y le insistía en que
volvieran, pero Sebastián ya no estaba interesado en él, que lo que habían
tenido en el pasado no había funcionado, pero que él no lo rechazaba definitivamente
porque no era su forma de ser. Eso al parecer detenía por un tiempo al otro y
dejaba de buscarlo, pero de pronto volvía para insistir. Sebastián decía que no
lo entendía del todo, pues ya tenía años que habían terminado definitivamente y
aun lo seguía buscando. Yo no sabía qué pensar, era como si una parte de mi
pasado de pronto se presentara para echarme a perder lo que estaba intentando
hacer con Sebastián, él me miró largamente y me dijo que nos fuéramos a tomar
unas cervezas a la cantina donde fuimos la primera vez, la idea me gustó, quizá
unos tragos nos ayudarían a relajarnos y a platicar con más calma lo que había
pasado.
Tomamos algunas cervezas y no veía que Sebastián quisiera hablar de lo
que había pasado con quien había sido mi pareja, cada vez que yo intentaba
tocar el tema él lo cambiaba o hacía una broma, en eso vi que entró a la
cantina uno de mis primos con unos amigos suyos, nos vieron y se acercaron para
saludarnos, pero no se quedaron en la misma mesa, se fueron a otra y desde ahí
nos miraban de vez en cuando. Por alguna razón yo me sentía incómodo, era como
si de repente me hubiera sentido descubierto, le pedí a Sebastián que nos
fuéramos, nos acercamos a la mesa de mi primo para despedirnos, él se levantó y
me dio un abrazo al tiempo que me decía “te esperamos en la casa mañana, habrá
elotes asados”, le dije que ahí estaría y salimos. Camino a casa de Sebastián
pasamos a comprar unas cervezas, ya era de noche cuando llegamos a su casa,
tomamos en silencio, yo pensaba mil cosas, quería saber lo que había pasado
entre él y mi anterior pareja, pero también sabía que a veces lo mejor es no
preguntar de lo que no quieres saber las respuestas. Sebastián solo se acostó
boca abajo en la cama, como si durmiera, me acerqué a él y me senté a un lado
en la cama, comencé a acariciar su espalda por debajo de la camisa bajando
hacía sus nalgas, él se estremeció pero no dijo nada, sabía que me gustaba
tomar la iniciativa, sabía lo que me hacía reaccionar, le pedí que se
incorporara, se sentó en la cama mientras buscaba el aliento de mi boca, me fui
acercando a él y lo besé con fuerza, de repente me sentía con mucho coraje por
lo que había visto esa tarde, mordí sus labios, luego le tomé de la solapa de
la camisa y de un movimiento le abrí la camisa, los botones saltaron
desprendidos por la fuerza, luego lo aventé sobre la cama y le bajé los
pantalones, sus nalgas estaban ahí, redondas, firmes, las besé, las mordí, mis
manos lo tomaban con fuerza, él gemía, luego de un golpe lo penetré con fuerza hasta
el fondo, desahogando el coraje que tenía, él gritó…
Al día siguiente fui a casa de mi tío, ahí estaba mi primo al que había
visto la noche anterior en la cantina con sus amigos, me saludo y me ofreció
una cerveza “para la cruda”, estaban asando elotes, platicamos de cosas sin
importancia, llevaba un par de cervezas encima cuando mi primo sacó una botella
de whisky que le había quedado de alguna de las fiestas y me sirvió en un vaso
de plástico, se sentó a mi lado, lo noté raro, nervioso, apuró su trago y entonces
me preguntó qué hacía yo con Sebastián, le dije que lo consideraba un amigo y
que a veces lo visitaba, hizo un breve silencio y entonces me comenzó a
platicar de él, me dijo que si era muy trabajador, pero que eso de que era muy
buena gente era solo una fachada que en realidad era un cabrón, me contó
que era muy mujeriego, pero que no solo se acostaba con mujeres, sino también
con hombres, que en el pueblo muchos ya lo conocían, que no era de una sola
persona y que siempre agarraba parejo lo que se le presentara, hombre o mujer,
y que su esposa lo había dejado porque lo había encontrado en la cama con otro
hombre, “te lo digo para que tú sepas lo que haces”, me dijo al tiempo que me
servía otro whisky y me cambiaba el tema. No le dije nada al respecto, solo lo
escuche y al parecer nadie más había escuchado lo que me dijo, la tarde siguió
transcurriendo normal, pero en ese momento dejé de tomar.
Desde entonces no he vuelto al pueblo, Sebastián me ha buscado por
mensajes pero tampoco ha insistido mucho en verme, creo que sabe que algo ha
cambiado...
Por: Tigrillo Serch

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