(Relato anónimo enviado por un lector) Han pasado muchos años
y aún recuerdo como empezó todo, en aquel tiempo yo contaba con apenas 14 años y
a esa edad tenía un rebaño de ovejas en el campo, pero ya tenía tiempo de
conocer a Alfonso, un joven también de campo, siempre me había gustado, en ese
tiempo él tenía 22 años. Cierto día cuando yo pastoreaba mi rebaño, él me alcanzó
donde andaba y me dijo: “vamos a pastorear al rancho de mi abuelo”, y yo acepté
porque conocía el lugar, era algo muy hermoso, se oía el ruido de los pájaros,
los grillos, en fin, era un paraíso extraordinario, algo como no se imaginan.
Fuimos
y estábamos ahí platicando cuando él sacó una revista de entonces, en aquel
tiempo era para adultos, a mí me llamó la atención y me acosté boca abajo a
leerla, él también leía junto a mí, paso buen rato, ambos leíamos y yo lo veía
mucho a él. Traía un pants Azul, bueno, yo recuerdo era Azul, paso mucho rato y
él se levantó y tenía el pene erecto que se dejaba traslucir en el pants.
Fue a
dar la vuelta al rebaño y regresó, yo seguía acostado leyendo la revista, él
llego y estando él de pie me puso su pie descalzo encima de mis piernas, acariciándome las nalgas
con los dedos de sus pie descalzo, yo no me resistí, sentía que me gustaba lo
que hacía, además que ya había visto el pene erecto en el pants, entonces se
agachó y me empezó a tocar y yo no decía nada. Me dijo -vámonos para adentro de
ese maíz que está ahí- y yo dije “va, pero
¿para qué?, me dice “quiero tener sexo contigo”. Yo quería ir con él pero a la
vez me daba miedo, pena no sé, pero como él siempre me había gustado yo le dije
que si, “pero nunca me han penetrado” y
me dijo “entonces quiero que sea yo el primero”.
Bueno no me resistí más, fuimos
y ya escondidos entre la hierba y las matas de maíz me empezó a desvestir,
hasta quitarme todo, luego él empezó a desvestirse y pues no volteaba a verlo
porque aunque me gustaba mucho me daba pena. Ya desvestidos me empezó a
acariciar, me tocaba todo y yo sentía maripositas en el cuerpo. Puso en el piso
un pedazo de lona, me acostó boca abajo, después de un buen rato acariciándome
me dijo acuéstate boca arriba. Me voltee boca arriba, él se puso de rodillas
frente a mi y me acercó a su cuerpo, tomó mis piernas y las puso sobre sus
hombros mientras con sus dedos abría mi culo y lo ensalivaba, ahí empezó a
penetrarme poco a poco, eran los tiempos en que no sabía que había sida, ahí me
comenzó a penetrar, pero me dolía mucho, yo trataba de gritar pero él tapaba mi
boca con su mano y con el peso de su cuerpo no me dejaba zafarme y así fue
penetrándome, por más que yo me quejaba porque me dolía , hasta que me penetro totalmente.
Yo no sabía que era una eyaculación no sabía nada, después de que pasó mucho
rato él eyaculo dentro de mí, yo sentía muchas cosas a la vez, quizá placer era
lo que menos sentía, hasta que paso todo yo me levante mire y había sangre en
la lona que había tendida y no supe cuando orine yo ahí mismo. Dije “¿que fue
eso?” me asuste y me dijo “es normal, es normal”. Bueno paso todo después que paso
todo eso a la vez me apenaba y él me decía “que no te de pena”. Me levante como
pude, me dolían las piernas, me dolía el vientre. ¡ah que dolor! y así paso ese
día. A partir de ahí, él más seguido me pedía tuviéramos sexo, nunca me
resistí, pues él era alto tenia buen cuerpo, estaba no muy parecido pero estaba
bien para mí y así pasamos muchos años teniendo sexo, pero yo aún no sabía que
era enamorarse de un hombre. Pasaron los años hasta que cumplí 19 y termine la
prepa. Me salí a trabajar, él estaba trabajando no se había entonces casado.
Se
fueron los años pasando, cada quien tomo su rumbo, de él no sabía nada. Después
de mucho tiempo lo encontré, pero nunca me habló. Y dentro de mi sentí algo
como coraje, como decir “nunca hubiera hecho eso con una persona equivocada”
porque fueron 5 años teniendo relaciones con él. Pero aun cuando pasaba por
donde estuve con él había todavía ese olor a hierba, a campo, a recuerdos,
hasta el canto de los pájaros y el paraíso que había allá donde paso todo. Y
ahí están los recuerdos de ese ayer. Nunca se borraron, nunca, pero él sigue
dentro de mí, aunque ya no lo veo, se desapareció, hizo su vida con su mujer,
tuvo hijos no sé cuántos y pues qué más da, ya paso el tiempo, son recuerdos llevados
en el alma, yo creo se van hasta la tumba conmigo, y aquí estoy recordando
viejos tiempos del ayer pero algo hermoso en mi vida, de cómo empecé en esto, y
de cómo uno se entrega a alguien para quien al final de cuentas no es uno nada.


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