Entonces abrí la puerta de mi casa…
Fue en el mes de Diciembre, esa noche fue diferente, cuando llegamos al
bar la gente que estaba ahí nos barrió con la mirada, como suele suceder con
todo el que llega a un grupo expectante de caras nuevas, las que están ahí ya
fueron vistas y quieren ver otras, algo nuevo, diferente, quizá esa persona
nueva es la que se busca. Yo iba acompañado de mis amigos Martín y Mauricio,
ellos iban como pareja y yo soltero como siempre, pero antes de sentarnos vi a
un vaquero, era un hombre alto de barba y bigote, vestía una camisa a cuadros
verde y un pantalón negro y unas botas y sombrero. Me gusto, pero él ni
siquiera reparo en mí.
Ese vaquero estaba acompañado de dos jóvenes morenos, al parecer muy
conocidos en el bar, tenían la facha de los chichifos que deambulan en los
lugares de ambiente buscando homosexuales deseosos de hombres masculinos y para
sacar algo de ventaja. Poco después uno de ellos saco al vaquero a bailar y el éste
estaba feliz, el hacia el rol de la mujer en el baile y se veía disfrutaba
mucho, aunque no tenía los movimientos de otros que en su lugar serian
afeminados, el seguía igual de masculino, termino la pieza y volvieron a la
mesa a sentarse. Fue en esos momentos cuando nuestras miradas se cruzaron e
hicieron el clic necesario para que descubriera que yo estaba ahí.
Las cervezas llegaron a nuestra mesa y comenzamos a consumirlas con mis
amigos, ellos estaban contentos y me contaban experiencias de su vida, algunas
malas y otras buenas, pero con un poco de alcohol, estábamos contentos, de
cuando en cuando el vaquero me echaba miradas por encima del hombro del moreno
con el que parecía tenía algo que ver, yo solo correspondía la mirada con un
guiño.
Llego el momento en que me sentí algo ebrio y de pronto vi que se pararon
de su mesa el vaquero y sus amigos y vi cómo se dirigieron a la salida, parecía
ya se iban. Mauricio, uno de mis amigos de pronto me dijo "mira el vaquero
regresó" y vi cómo se metió al baño, pero no quise seguirlo me sentía
apenado, generalmente yo no tomo la iniciativa cuando se trata de ligar. Pero
mi amigo insistió y decidí ir, total no perdía nada. Fui al baño y el vaquero
estaba de en mingitorio, no me acerque, mejor me quede en otro mingitorio, pero
de pronto voltee de nuevo y lo tenía junto a mí a punto de darme un beso en la
boca, me dio un beso y con una de sus manos agarro mi miembro y de pronto se
salió porque entraron otras personas, yo regrese a sentarme.
De pronto vi hacia la salida y el vaquero me estaba haciendo señas, salí
a verlo y me invito a otro bar, le dije que estaba con unos amigos y no podía
irme, pero que me gustaría nos acompañara un rato, el acepto y regreso adentro,
lo presente con mis amigos y nos pusimos a platicar, a preguntarnos lo
habitual, de donde éramos, a que nos dedicábamos, etc.
Entonces me dijo que le gustaría pasar la noche conmigo y yo no estaba
seguro, pero me intrigaba un poco su persona, me gustaba lo que veía, pero no
me decidía, quienes me conocen dicen que yo soy muy elitista y que no me voy
con cualquiera, incluso mis amigos después me dijeron que no esperaban me fuera
con él, pues en dos años de acompañarlos a la gran ciudad, nunca me había ido
con nadie, pero esta vez sí lo hice.
Esa noche fue inolvidable, tuvimos sexo con hambre de nosotros, dando
rienda suelta a los instintos, tomándonos nuestro tiempo, conociendo nuestros
cuerpos y dejando que hablaran. Después nos dimos un baño y nos recostamos,
puso su cabeza en mi pecho y me siguió contando su vida, descubrí que era una
persona muy solitaria, que los momentos que compartía con otras personas en el
trabajo, con amigos y en todos los espacios en los que no estaba solo los
aprovechaba al máximo porque sabía que al volver a casa, estaría solo y los
recuerdos tristes inundarían su cabeza. Cuando comprendí su dolor, unas lágrimas
salieron de mis ojos, él no se dio cuenta, pues la noche las cubrió, pero su
vida llena de momentos tristes, no era muy diferente a la mía, pero no le
conté, no quise quitarle protagonismo, ya llegaría el momento de hablar sobre
mí.
Al día siguiente, despertamos abrazados y de verdad que fue un placer
compartir la noche con una persona tan sensible, él antes que yo expresó el
placer de haber estado juntos y me pidió nos volviéramos a ver, yo entonces
dije que no teníamos muchas posibilidades de vernos, pues vivíamos muy lejos el
uno del otro, vivíamos en estados distantes y yo no tenía ni las posibilidades
ni el tiempo para poder trasladarme tan lejos. El dijo que eso no era problema
porque él me visitaría hasta mi casa y que deseaba conocer a mi familia. Eso
sonaba muy bonito para ser cierto y decidí aceptar, total si después él se
arrepentía, no había problema, ya estaba yo preparado para eso y no me
decepcionaría, si después me decía que no podría.
Durante la semana intercambiamos mensajes y fue muy agradable sentirme
querido por él, ya había olvidado esas experiencia, uno de esos días
compartimos ubicación GPS por el celular
y supe de qué parte del país era, igual él vio mi ubicación en su móvil. A los
ocho días el día sábado por la mañana, estaba yo recordando y reproduciendo en
mi mente los recuerdos tan agradables pasados con el vaquero, cuando alguien
llamo a la puerta, siempre me asomo por la ventana antes de abrir y entonces lo
vi, ahí estaba, el hombre de mis sueños, mi vaquero había ido hasta mi casa.
Entonces abrí la puerta…

No hay comentarios:
Publicar un comentario