Las miradas son de
curiosidad al vernos, algunas caras muestran una sonrisa dando su aprobación,
otras miradas son de desprecio, otras son de burla y otras tantas reflejan el
morbo, hay quienes no pueden evitar sentir cierta atracción. Se nota que
nosotros somos los causantes de todo ese alboroto entre nuestros observadores.
Los cuchicheos, las risitas y las miradas inquisitivas no faltan cuando hacemos
las cosas cotidianas de cada día, como ir a comprar cerveza, verduras, las
tortillas, etc. Y eso no solo ocurre en el mercadito donde acostumbramos hacer
las compras, también ocurre con nuestros vecinos en la misma calle. Ya de por
sí el ver a dos hombres vivir juntos causa cierto revuelo en el mundo
heterosexual, mayor efecto causa el ver a tres juntos haciendo la vida
cotidiana, está claro que nos hemos salido de la norma, de ahí el efecto.
Quizá la vida en
pareja no sea tan emocionante como muchos piensan, pero el vivir juntos, el
compartir una casa, el compatibilizar los gustos de cualquier tipo, es algo
complicado. Es necesario llegar a acuerdos sobre lo más simple que van desde
quien lava los platos, la ropa, y un largo etcétera que expresa la cotidianidad
de una vida común, una vida en pareja, con responsabilidades, con trabajo, y es
ahí cuando se demuestra uno mismo que tan parejo se puede ser en la vida diaria
y cuanto estamos dispuestos a cooperar para vivir en armonía con otro… u otros
individuos. ¿Qué pasa en una casa donde viven hombres solos, donde no entra
nunca ninguna mujer? ¿Cómo viven? ¿Qué hacen? ¿Cómo duermen? ¿Alguien hace el
papel de mujer, quién es el hombre? Son preguntas que se hacen no solo nuestros
vecinos, sino quienes nos han conocido, con curiosidad, con morbo.
Despierto como cada
mañana, su cuerpo a un lado del mío, a estas horas de la madrugada en que debo
levantarme hace mucho frío y más porque toda la noche estuvo lloviendo, mi
cuerpo busca su calor, aunque sé que pronto debo levantarme para ir a trabajar,
él se voltea a mi lado, acerca su cara y me mira con los ojos entrecerrados, lo
abrazo y en un susurro le pregunto: “¿me amas?”. Me contesta que sí y le
pregunto cuánto, y me dice que mucho, y se queda dormido. Me levanto sin hacer
ruido, es un día más en la vida, y amanece como todos los días con un número,
el que siempre marca el despertador, son las 6 de la mañana. Me levanto y
procurando no hacer ruido salgo del cuarto, bajo las escaleras, enciendo la luz
de la cocina, saco algo de fruta y leche del refrigerador, me hago un licuado
con proteína y me meto a la regadera, el agua fría me despierta por completo.
Me visto mientras termino el licuado y tomo el refrigerio que mi pareja me ha
dejado preparado desde la noche anterior, me visto y subo para despedirme, aún
está durmiendo, me recuesto a su lado, él me siente y me abraza no dejándome
ir, lo beso y lo abrazo y me incorporo, salgo del cuarto sin hacer ruido para
no despertarlo y me voy a trabajar.
Hoy es viernes, y como
cada viernes, salgo un poco más temprano del trabajo, llego a casa y lo
encuentro haciendo cualquier cosa, algunas veces viendo TV, otras contestando
los mensajes de sus amigos, de vez en cuando me muestra algún comentario, pero
siempre me recibe con un beso, me pregunta cómo me fue y me destapa una
cerveza, es viernes y es momento de relajarnos, ya sin la presión de un horario
ó de tener que levantarnos temprano al día siguiente. En ese momento suena el
celular, hay un mensaje, yo me quito la ropa de trabajo y me pongo algo más
cómodo, es hora de ir al super, hay que comprar algunas cosas. Ya en el super
él me dice “mira, las bebidas preparadas están al 3x2”, “justo lo que
necesitamos”. Ponemos las tres latas en el carrito, regresamos, pero no venimos
solos, llegamos a casa y descargamos las compras, hace mucho calor en el día y
a esta hora de la noche se antoja una cerveza, abrimos una caguama, no hacen
falta vasos, tomamos de la misma botella, ocasionalmente nos abrazamos mientras
preparamos la cena, no hay velas, pero el sazón es único. Después de cenar es
hora de un whisky, entonces nuestro tercer acompañante pone tres vasos y
prepara los whiskys y brindamos.
La parte del sexo es la mejor, cuando frecuentas
los hoteles que solo te dan unas horas para descargar la pasión, siempre quedas
insatisfecho y dejando aún las ganas del cuerpo encerradas en la piel, pero
cuando compartes un lugar propio, este va tomando parte de cada uno y entonces
tres es más que uno más uno más uno, y dejas de preocuparte por el tiempo,
porque dispones de todo el tiempo por delante. ¿Qué es lo que hacen en una casa
tres hombres solos? ¿Cómo llegaron a esta situación? ¿Qué hacen entre ellos?
¿Qué pasa cuando cierran la puerta del cuarto? ¿Cómo duermen? ¿cómo tienen
sexo? Preguntas que se hacen quienes nos conocen, heteros, vecinos de nuestra
calle, quienes no nos conocen, quienes han escuchado rumores acerca de nosotros,
y un largo etcétera lleno de curiosidad, de hacer estas y otras preguntas, un
morbo que enciende la imaginación, con la mirada silenciosa y otros, los menos,
nos hacen directamente. A quienes nos han preguntado eso solo puedo decirles:
imagínense lo que pasa, ¿Qué harían ustedes si tuvieran la oportunidad de estar
con tres hombres así? ...
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