20 de julio de 2016

Mi segunda resignación

Hoy, en estos cascabeles que deslumbran la noche fría como aquel día, la sociedad sin ningún reproche pasa y va. Como cualquier viernes que ves a todos entusiasmados de ver llegar el fin de semana, me dirigí a un bar, al momento de abrir las puertas de bandera creí que unas copas podían hacerme olvidar la angustia que traía, pues una vez más me habían roto el corazón de forma silenciosa, y al fin yo lo perdí todo, y pensaba que todo era solo una "contradicción de mis sentimientos", como me lo habían dicho.

Entonces lo vi, él portaba un pantalón de mezclilla ajustado con camisa a cuadros y una texana negra. Me deslumbró esa sonrisa varonil que me volteo a ver y me dijo:
-Buenas compadre
-¿Cómo le pinta su día?
- Muy nublado, pero de verlo ya me hizo el día.
- Muchas gracias de su parte no sabe qué gusto me hace saberlo- respondí mientras pensaba; “¿por qué mientras a unos le da gusto de verme y hacerme la plática a otros prefieren mandarme hasta golpear?”. Ley de vida.

Seguí tomándome ese tequila que me empezaba a saber amargo y raspaba de una forma impresionante, le pregunté cuál era su motivo de la visita a este bar. Él solo agacho la cabeza y me dijo que su wacho le había jugado mal y se sentía decepcionado y sin nadie que lo pusiera comprender. Total me quede pensando como 5 minutos y le propuse algo, ir a platicar a un lugar más tranquilo sin broncas, pagamos y nos salimos, fuimos a un parque que estaba a 7 cuadras. Después de caminar y contarnos nuestras malas experiencias pensé ¿por qué no tengo nadie que me pueda comprender y amar como yo alguna vez desearía?. Él me sugirió que me tapara con su chamarra para no pasar frío, le dije que si mejor me acompañaba a mi casa porque ya era tarde, mi reloj marcaba las 2:00 de la madrugada. Yo le dije que, para que no se regresara tan inseguro, que se quedara a dormir en mi casa, total mañana se podía ir, pensé que no iba a aceptar pero para mi sorpresa me dijo que sí.

En casa le prepare un café y unas donas que aceptó de buena gana, muy acomedido el hombre me dijo llamarse Fabián, durante la charla que tuvimos hablamos en general de nuestras vidas, me pude percatar que él tenía un gran don de nobleza, sabiduría y mucha madurez del modo que analice nuestra conversación. Poco a poco la noche fue teniendo un color claro cuando ya amanecía, no me di cuenta que amanecí a su lado en la cama, yo no me acordaba de cómo me quede dormido y parecía como un osito invernando.

Esa noche terminó con los dos desnudos en mi cama, él me abrazaba mientras su vello corporal rozaba mi espalda, era definitivamente un día hermoso para amanecer con alguien abrazándome y lo primero que me dijo fue “Buenos días Deivit , ya amaneció ¿cómo te sientes?”. Pensé en cómo pudo pasar esto cuando días antes solo era un sueño lejano, en un momento del conflicto de mi ex relación que se había convertido en una incertidumbre de dolor y angustia. Este deja vu se convirtió en un amanecer azul, él se fue a las dos horas que yo desperté, me dejo su número de celular y lo agregue para tener comunicación.

Empezamos a salir a bares , restaurantes etc., para pasarla bien y olvidar esa herida que inconscientemente acechaba en mí , temporalmente esa herida se fue yendo pero pude darme cuenta que ser noble te hace ser pendejo en algunas veces. Fabián tenía un sentido del humor magnífico, tierno, pero muy varonil. Jamás llegue a pensar que viniera a mi coincidencia de vida. Pasaron unos meses, yo me sentía aún mal porque tenía la idea de un chavo tapa a otro chavo , cuando no era así porque él me quería y se preocupaba por que yo estuviera bien. Eso me hizo que me siguiera interesando más en él, aunque nuestra relación no era nada común porque nuestros gustos eran opuestos, pero los respetábamos. Así, él me expresaba su forma de quererme a su manera, porque no era muy expresivo y yo soy muy expresivo de cualquier aspecto físico.

Él me presento con su familia y fue una gran sorpresa encontrarme a gente educada con muy buenos modales que para mí eso hablaba bien de él como persona, poco a poco me impresionaba con algo nuevo y aprendía de él. Nos íbamos conociendo nuestra manera de ser, de cada uno, ya no era sólo esa noche, fue entonces cuando caí en cuenta que lo quería conmigo y era en serio, cuando se lo dije me contestó “poco a poco, tenemos poco de conocernos”. Sin embargo él no quito el dedo del renglón en esas atenciones que me gustaban cada día, yo le dije una vez más que si quería que yo fuera su wacho y él volvió a darme la misma respuesta.

Con el paso del tiempo me confesó que no le gustaba mi tono de piel güero con cabello castaño, yo soy alto, me considero bien parecido y carismático, pero eso era algo que al parecer él no veía y hacía mucho énfasis en mi color de piel. Me empecé a preocupar porque ya me había enculado con él, pero me di a la tarea de poco a poco no hacerme ilusiones cuando se terminara todo, que sé que no iba a tardar mucho en que el final llegara. La relación de estar sana paso a un lado enfermizo porque la comunicación nos faltaba mucho, aunque yo le hablaba siempre con la verdad, él tenía actitudes que desconocía, y en ese tiempo que pensé conocerlo totalmente me di cuenta que solo era una cara hipócrita que dejó caer cuando quiso alejarse de mí.

Me tuve que resignar por segunda vez, cada noche lloraba porque me dolía esta situación que pasaba, pero a la vez me hacía más fuerte de aquel golpe tan repentino, pero me acorde de las frases que alguna vez me mencionaron, nunca terminas de conocer a la gente. Dicho y hecho tome mi decisión de hablar bien formal con él y dejarlo para poder seguir el camino, tanto él como yo. Aún soy joven, sé que esta no será la última vez que terminaré con el corazón roto, pero quizá alguna vez conoceré a alguien que le guste no solo mi carisma, sino mi color de piel güero.


Atte: El escritor de acero.

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