10 de abril de 2019

El Doctor Felipe


El Doctor Felipe

Todos conocían a Felipe en los baños de vapor, pocos sabían que era médico, ya que todos lo evitaban, ya no era joven, moreno, el pelo entrecano que le daba un aspecto de viejo descuidado incrementaban el rechazo de la gente a la cual buscaba acercarse, la mayoría buscando un buen cuerpo, una buena cara, una buena verga, un buen culo, pero sobre todo, buscando alguien joven. El Doctor Felipe tenía pocas oportunidades de ligar a alguien, quienes lo habían visto tener sexo en el vapor general sabían que sólo le encantaba mamar, lo podía hacer por horas, y al menos se veía que le ponía empeño en complacer a quien le estuviera haciendo sexo oral, pero la mayoría evitaba acercarse a él, a pesar de eso Felipe seguía yendo cada sábado al vapor, se quedaba hasta tarde, era de los últimos en salir, así era su rutina, hasta esa tarde en que todos lo rodearon. Esa tarde, en la hora en que el vapor estaba lleno, en el área de regaderas estaba Felipe haciéndole sexo oral a un tipo que hasta entonces nadie había visto en el vapor, era un hombre joven, de unos treinta años a lo mucho, moreno, de bigote y barba a medio crecer, un cuerpo musculado por el trabajo, un abdomen duro y marcado, si eso era suficiente para que todos se fijaran en él y desearan tener sexo con él, lo mejor era su miembro, era grande, grueso, moreno, con un glande bien formado, parecía sacado de una revista de modelos de dildos, y ahí, entre sus piernas y de rodillas, estaba Felipe dándole sexo oral, todos se preguntaban cómo era que la persona más insignificante, más vieja y menos agraciada estuviera con un hombre así, él podía tener al que quisiera, ¿por qué estaba con Felipe?, todos lo rodeaban y veían cómo disfrutaba dándole sexo oral, Felipe sabía que todos lo miraban y que además lo envidiaban, y eso lo hacía disfrutar aún más, el otro era suyo por ese rato, sólo suyo, su cuerpo, pero sobre todo su verga, todos habrían querido estar en su lugar en ese momento, y eso le daba a Felipe una actitud distinta, retadora para quien se acercara, varios querían agarrarle la verga al tipo, él se dejaba pero cuando eso pasaba Felipe la engullía por completo, no les quitaba la mano, sólo tragaba más profundo. Uno de los mirones era bastante insistente, trató de arrebatar el miembro para mamarlo y entonces Felipe le dijo: “él cobra, a mí me cobró mil pesos por mamarle la verga, si se la quieres mamar, ve por dinero y págale”, el otro miró desconcertado al moreno el cual sonreía divertido y dijo que si, que era cierto, que cobraba mil pesos por mamada y dos mil por una cogida, lo dijo en voz alta, para que todos lo oyeran, quien quisiera entrarle que vaya por el dinero, dijo. Nadie se movió, nadie tenía esa cantidad de dinero y si la tuvieran lo pensarían antes de pagar tanto por alguien, pero lo que les causó extrañeza era que Felipe pudiera tener dinero para pagarle, para todos Felipe no era el Doctor, sino alguien que siempre había sido despreciable, ahora lo comenzaban a ver de otra forma, él podía tener alguien que ninguno de los mirones podía, él podía pagar un chichifo, él podía tener sexo pagando, pero buen sexo. A partir de ese día comenzaron a ver a Felipe con respeto, y aunque volvió a buscar sexo con todos, ya no enfrentaba el rechazo tan abiertamente, sabían que podían contar con Felipe para el caso que necesitaran de dinero, y sólo dejaban que pasara.

Ese día, al salir del vapor, Felipe y su amigo chichifo salieron juntos. Felipe le extendió unos billetes para pagarle pero el otro rechazo el dinero, le dijo que él no se dedicaba a eso y que lo había hecho para devolver un favor que Felipe le había hecho muchas veces cuando llevaba a sus niños a consulta y a veces no tenía dinero para pagarle, él sabía que al Doctor Felipe le gustaba pero nunca le había pedido ningún favor sexual a cambio, siempre se había portado bien con él, sólo platicaban y bromeaban de andar en el desmadre, por eso cuando el Doctor Felipe le platicó lo que quería hacer, al inicio lo rechazó, luego pensó que era una buena forma de devolverle el favor y que por eso lo había hecho. Se despidieron de mano, como dos buenos amigos, unos amigos muy diferentes, muy extraños, sólo ellos sabían que podían confiar el uno en el otro…

Por: Martín Soloman

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