26 de noviembre de 2012

La primera noche

Debo confesar que una de las cosas que mas disfruto de mi pareja es dormir juntos. El despertar a cualquier hora de la noche y sentirlo a mi lado es algo que me gusta mucho, el poderlo tocar, abrazar y besar suavemente sin que lo despierte pero al mismo tiempo sabiendo que soy yo quien lo hace es algo especial, así como también cuando recuesta su cabeza en mi hombro y se va quedando dormido abrazándome me hace sentir querido, amado. El sentir en cualquier momento de la noche un beso en mi hombro, en mi espalda, en mis labios, con sus labios gruesos y fuertes que conozco tan bien, es algo que a once años de estar juntos lo sigo disfrutando, con el amor y la confianza que hemos alcanzado a través de todos estos años.
En mi relato anterior, "tu nombre me sabe a hierba", narre como nos conocimos. Después de ese primer encuentro que conté, nos vimos unas tres veces, siempre de día, en un hotel de paso, ahí nos llevábamos una botella y terminábamos borrachos de alcohol, de abrazos, de besos y demás. La cuarta vez decidimos ir al DF. Días antes le había estado pidiendo que me concediera una noche juntos, sin prisas por las horas, sin pensar en nadie más. Cuando nos conocimos nunca pensé que esa relación que empezaba pudiera llegar a durar mucho tiempo. El era casado, al igual que mi primer pareja con la cual las cosas terminaron mal, así que sabía que para una persona casada lo primero es su familia. En aquel tiempo yo aún no tenía hijos, así que el estar con una persona casada me hacía ser egoísta. Con esa perspectiva de no durar mucho tiempo, acordamos pasar una noche juntos, y así una noche de Enero fuimos al DF.
Ahí fuimos a un hotel de la zona del centro histórico, donde hasta la fecha nos hospedamos cuando vamos de visita, un hotel que nunca nos ha discriminado. Después de instalarnos nos fuimos a un bar, el Oasis, una cantina donde estuvimos tomando y platicando, conociéndonos mas. Después de algún tiempo salimos, pasamos por una tienda que estaba abierta, compramos unas latas de bebida y llegamos al hotel. Ahí nos quitamos la ropa, y nuevamente echamos un volado, no recuerdo quien ganó, pero realmente no importaba, los dos gozamos, los dos ganamos, las sabanas rodaron al piso, y después quedamos ahí tendidos para después darnos un baño, tomar las últimas latas y dormir. Apagamos la luz, y ahí me pegué a su cuerpo. El no estaba acostumbrado a dormir con otra persona, en aquel tiempo llevaba años de casado y me imagino que dormir con alguien no era algo que estuviera acostumbrado, así que se corrió hasta un extremo de la cama, Poco a poco se fue acercando a mi, y comenzó a tocarme el cuerpo en la oscuridad del cuarto. Eso nos llevo a tener nuevamente una erección, así que iniciamos nuevamente hasta tener relaciones sexuales una vez mas. Terminamos cansados y nos dispusimos a dormir, pero no fue posible, solo dormitábamos. Yo quería aprovechar esa noche, pensaba que por su condición de hombre casado nunca se iba a repetir el estar una noche juntos, una noche completa solo para los dos, así que quería aprovecharla al máximo.  No pudimos dormir, así nos amaneció, el nuevo día llegó y nosotros estábamos desvelados, adoloridos y con el miembro irritado, medio borrachos, medio crudos. Almorzamos algo ligero y emprendimos el camino de regreso. Yo a casa de mis padres, él a casa con su esposa.  Así fue la primera noche, con la idea de que esa noche no se iba a repetir nunca. Nos seguimos viendo durante el día, hasta que más pronto que tarde e iniciando Febrero se dio la ocasión de compartir otra noche, una segunda de muchas noches que compartíamos en hoteles. Así fue pasando el tiempo. A mi me ofrecieron dar clases los días sábados por la mañana en otro municipio, así que tenía que tenía que trasladarme desde la noche del viernes y ahí estábamos ambos, compartiendo el hotel, en noches que se iban acumulando. Estuvimos así poco más de un año, hasta que llegó una oportunidad de un departamento, un compañero de trabajo lo estaba traspasando, así que sin pensarlo mucho, decidí usar mi crédito de Infonavit y acepté el traspaso. Eso dio lugar a una primer noche en un lugar que ya no era un hotel, un lugar que podía ser solo para nosotros, sin prisas por la llegada del medio día en que teníamos que dejar el cuarto de hotel, pero también sin nada, un departamento que no tenía ningún mueble, que solo tenía a dos hombres del mismo sexo que se amaban y que comenzaban a emprender la aventura de formar una pareja, y de formar un hogar...