25 de marzo de 2015

Eternamente juntos

Hace unos días leyendo el periódico encontré entre una nota olvidada entre sus páginas que decía: “Muere en Jalisco la mujer más longeva del país; tenía 127 años”. Lo que me llamó la atención es la descripción de lo que eran sus pertenencias al final de su vida: “Las pertenencias de doña Leandra cabían en una cajita: una cuchara de plata que tiene grabado al reverso como fecha de producción 1847, fotos, billetes antigüos y un par de aretes de oro.”. Al final de la vida quedan pocas cosas que se necesitan. Quizá la vida quepa en una cajita, con pocas cosas por atesorar, como mudos testigos de nuestro paso por la vida. Quizá la vida quepa en una caja de cenizas…y recordé a una pareja que conocí hace años.

Era una pareja gay, uno de ellos de origen español, el otro norteamericano, ambos veteranos de la segunda guerra mundial, su posición económica era muy estable, percibían una pensión en dólares, lo que les permitió adquirir una casa en el barrio donde vivo en Cuernavaca con todas las comodidades y servidumbre. El señor Alberto había sido casado y tenía una hija que radicaba en Estados Unidos, allá tenía hecha su vida y sólo lo visitaba dos veces al año. Vivía con el señor Pedro, aunque nunca lo dijeron abiertamente, todos supimos que eran pareja gay, eran dos hombres solos, maduros, que habían comprado una casa y solo ellos vivían ahí.

Ambos se habían conocido durante la guerra, no conozco bien la historia de cómo se conocieron y cómo fue que llegaron a México, solo sé que decidieron unir sus vidas y decidieron hacerlo en México, a la manera de Malcom Lowry lo describe en su novela “Bajo el Volcán”. En esos tiempos no era común que dos hombres vivieran juntos, por lo que la propiedad que adquirieron tenía dos casas separadas de un hermoso jardín, así lograban cubrir las apariencias con la servidumbre, su ama de llaves y los jardineros.  Sin embargo todos conocían bien sus preferencias sexuales. Al parecer los dos eran inter, en ciertas ocasiones el ama de llaves los había visto teniendo relaciones sexuales con algunos de los jardineros que tenían como empleados. En ocasiones deambulaban por la casa con poca o ninguna ropa, por lo que se sabía que ambos estaban bien dotados. En una ocasión el señor Pedro se estaba cogiendo al jardinero, que según era hetero, pues era casado y tenía familia. Eso lo supe cuando el ama de llaves me contó todo esto, incluso me dijo que en cierta ocasión que el jardinero la andaba acosando a ella, se defendió diciéndole “cómo crees que te voy a hacer caso, si ya te vi cómo te tenía el patrón y cómo le chupabas su verga..”. Después de esto la dejó en paz.

Su ama de llaves era muy discreta, y aunque en ocasiones veía lo que ellos hacían no les decía nada ni se escandalizaba, solo evitaba estar ahí en esos momentos y hacía alguna otra cosa o salía dejándolos solos. Esta historia la supe por lo que ella me contó, con la confianza que le daba ser prima mía en un grado muy lejano. Me lo contó cuando en cierta ocasión me encargaron trabajo de carpintería y estuve trabajando en esa casa, ahí los conocí personalmente, eran muy amables aunque no habían perdido el acento de su país de origen. Mi prima y ama de llaves me advirtió sobre ellos diciéndome que no me convenía estar ahí mucho tiempo, que solo hiciera mi trabajo sin permitir mayor contacto con ellos y al preguntarle el motivo fue que me contó su historia.

Mi prima me había advertido: “no vayan a pedirte que te quedes más tiempo, salimos a las cuatro de la tarde”, así que tenía que apurarme. Esto porque la salida de los empleados era a las cuatro de la tarde, tenían que salir puntuales porque ellos solían invitar a jóvenes para que les hicieran el favor a cambio de unos pesos que estos les pagaban. Además les invitaban de beber, era un desfile de chavos que frecuentemente visitaban la casa de los vitrales, todos los días tenían invitados, armaban sus orgias y todos los que entraban a trabajar de jardineros pasaban por sus armas, ellos seguían siendo pareja, envejecieron juntos. El ama de llaves trabajo con ellos 25 años, así que sabía muy bien lo que pasaba en esa casa,  a pesar de que cada quien tenía sexo con otros, ellos seguían igual de enamorados, un tercero, cuarto o qué se yo, nunca logro que ellos terminaran su relación, hasta donde sé nunca le dieron alojamiento a otra persona, creo ese fue el secreto para seguir juntos por mucho tiempo.

Ambos habían decidido que la casa estuviera a nombre del señor Alberto puesto que tenía una hija a quien se le quedaría la propiedad cuando fallecieran. El primero en fallecer  fue el señor Alberto a los ochenta años, como ambos ya eran muy viejos y ocupaban una sola habitación para cuidarse de noche, cada quien dormía en una cama  individual. Es curioso cómo al envejecer el espacio que se necesita es cada vez menor, y la cantidad de cosas alrededor parecen ir disminuyendo, el mundo comienza a hacerse más y más pequeño.

La noche que el señor Alberto falleció le dijo a Pedro: “hoy quiero dormir junto a ti, déjame recargarme sobre tu pecho…”. Cada noche tomaban  un litro vodka, el Señor Alberto se fue quedando dormido para ya no despertar nunca más, ya habían  hablado de lo que tenían que hacer al respecto, ambos serian cremados. A las doce de la noche el ama de llaves recibió una llamada del señor Pedro diciéndole que Alberto había fallecido. Ella fue a su casa para los preparativos de su velorio, solo estuvieron velándolo los dos jardineros, el ama de llaves y el señor Pedro. Para mala suerte esa noche cayó una lluvia tan fuerte que se fue la luz, y así estuvieron con la luz de las velas hasta que amaneció, fue cuando llegaron los de la funeraria, con el médico de cabecera de ellos,  se llevaron el cuerpo. El ama de llaves habló a Estados Unidos con la hija de don Alberto, ella llegó por la tarde de los Estados Unidos solo a recibir la urna de las cenizas que inmediatamente las deposito en la recamara que ambos habían ocupado en vida.

La hija de don Alberto sabía de la relación de su padre con el señor Pedro desde hacía muchos años, al morir su padre habló con el señor Pedro y le dijo que podría seguir estando en esa casa hasta el final de sus días, ella no necesitaba la casa puesto que tenía hecha su vida en Estados Unidos y además esa había sido la voluntad de su padre y ella la respetaría. Las cenizas de don Alberto estuvieron ahí durante diez años, mismos que le sobrevivió el señor Pedro quien quedó solo bajo el cuidado y la asistencia del ama de llaves. Conforme el señor Pedro iba envejeciendo iba perdiendo la capacidad de valerse por sí mismo. Solo el ama de llaves fue quien vio por él hasta sus últimos días, nunca dejó el vodka. Una noche el señor Pedro murió, al parecer fue un infarto ya que al amanecer cuando llegó el ama de llaves lo encontró tirado en el piso. No tenía ningún familiar, nunca le conoció ningún sobrino ni pariente lejano, así que habló a Estados Unidos con la hija de don Alberto para recibir indicaciones precisas. También fue cremado.

Ambos fueron cremados a su muerte, así lo habían dispuesto ellos dos en vida, su amor había sido tan grande que tenían que seguir juntos aun después de muertos. Nuevamente llego la señora a recoger las cenizas y dar indicaciones de sepultar las cenizas de ambos al pie de una palmera que ocupaba el centro del jardín. Los empleados solo estuvieron ahí en esa casa un mes más ya que pusieron en venta la casa. Yo conocí el lugar donde quedaron sepultadas sus cenizas, fui poco tiempo después con mi prima y aún recuerdo que junto a la palmera fueron plantados unos rosales y ahí es donde ellos juntos descansan eternamente.


18 de marzo de 2015

Mi tío el Jarocho


(Relato enviado por Roberto H. Bocardo)

No siempre estuve consciente que yo era homosexual, en mi adolescencia mi vida era muy parecida a la de cualquier chico heterosexual, tuve novias y mantuve relaciones con algunas de ellas. Eso cambió cuando estaba en la preparatoria y tuve mi primera relación homosexual, pero esa historia la contaré en otra ocasión, lo que hoy quiero contar es cómo fui descubriendo mi gusto por los hombres maduros, aunque aún no me siento preparado para tener una relación formal con uno de ellos, no me siento listo como para andar de forma abierta con un hombre mayor por la calle, creo que es algo que en provincia aún se ve mal, y mucho menos cuando ese hombre mayor es… un ex tío.

Provengo de una familia como muchas, cuando yo era chico mis padres se separaron, mi papá se fue a vivir a otra ciudad y mi hermana y yo nos quedamos a vivir con mi mamá. Mi hermana con el tiempo se casó y se fue a vivir con su esposo, yo me quedé solo con mi mamá. Con el tiempo ella conoció a otro hombre y se casaron. Nunca pude llevarme bien con mi padrastro, simplemente nunca nos entendimos. Por aquel tiempo, mi tía, una hermana de mamá se casó con un hombre que venía de Veracruz, para ambos era su segundo matrimonio, fue así que llegó a mi vida mi tío. A veces ellos venían a la casa, otras veces íbamos a visitarlos, y por alguna razón sentía más confianza con mi tío que con mi padrastro, quizá era su forma de ser tan abierta, el caso es que yo lo comencé a buscar mucho como figura paterna. A veces yo iba a su casa a comer, otras veces él me llevaba a la escuela, en fin, lo usual entre un tío y un sobrino.

Mi mamá tiene dos taxis, uno de ellos lo trabaja mi padrastro, tiene turno por la noche, el otro lo renta. Él llegaba saliendo el sol a dormir y no podía hacer ruido porque dormía, así que no tenía mayor comunicación con él.  En cambio con mi tío me sentía en confianza, desde chico me acostumbré a decirle tío y él me decía sobrino. Con el paso del tiempo y después de varios años, mis tíos se separaron, pero quedaron en buenos términos, y aunque ya no vive con mi tía aún mantiene contacto con la familia y yo lo sigo viendo como a un tío. Aquí es donde comienza mi historia, para ese tiempo yo tenía 19 años y además de estudiar trabajaba por las noches en un restaurante. Ya había tenido relaciones sexuales con jóvenes de mi edad, pero siempre era algo muy rápido, terminaban de volada y a mí me dejaban con la verga parada sin haber terminado y queriendo más, esa era la forma como tenía sexo.

Mi tío es dueño de un taxi y lo trabaja también de noche, es un señor maduro, tenía 47 años cuando esto pasó, es rollizo, alto y peludo, de brazos y piernas gruesas ya que antes de tener el taxi trabajó de mecánico mucho tiempo y por la fuerza que hacía le hizo agarrar cuerpo. En aquel tiempo yo salía tarde de trabajar, entre 12 y 1 de la mañana y mi tío hacía sitio en una disco que estaba cerca del restaurant, de tal forma que varias veces le pedía que me llevara a mi casa y durante el camino mi tío acostumbraba a platicar conmigo como con cualquier otro hombre, acerca de viejas. Me preguntaba que con cuantas viejas andaba y si ya me las había cogido, etc. En ocasiones le contaba las experiencias que había tenido o simplemente le mentía, puesto que él no sabía que yo era gay. No siempre me llevaba a casa pero cuando lo hacía siempre llegaba a masturbarme  por las conversaciones que teníamos ya que él también me contaba cuando se cogía a una vieja, tenía una forma de platicar muy fluida que me envolvía, podía imaginarme muy bien las escenas que me contaba.

En ocasiones él iba a la casa a visitarnos y cuando estaba yo me saludaba y me abrazaba, era algo que realmente me excitaba mucho por su olor y al sentarse se le notaba un chingo el bulto entre sus piernas, y yo me quedaba viéndolo de reojo. Nunca me preguntó nada acerca de otro hombre o que haya dado alguna señal de haber estado con alguno, siempre platicaba de viejas, hasta que un día que me llevó a casa, íbamos platicando como siempre y en el trayecto paso algo que realmente nunca olvidare. Camino  a casa pasamos al lado de un auto y pudimos ver a un tipo dándole sexo oral a otro. Al principio nos reímos pero después me dijo “Se ve que se la está mamando chingón ¿solo viste la cara del otro cabrón?”. Le dije: “solo vi al tipo que estaba mamando”. Me preguntó: “¿Nunca te la ha mamado un bato?”  Le respondí: “no, ¿y a usted?” Se rió y me dijo con expresión seria: “Todo lo que platicamos aquí es entre nosotros dos sobrino, yo confío en ti...”.  Le conteste que sí y entonces me empezó a contar una historia que tuvo con un wey que le mamaba la verga ahí en el taxi cuando lo iba a dejar a su casa. Lo que había visto en el otro coche y lo que me contaba mi tío me tenían muy excitado, sentía que no podía aguantar más, mi verga fácilmente se ponía dura a esa edad. Antes de llegar a mi casa se estacionó y me dijo: “ese wey si la sabía mamar... hasta de acordarme se me para la verga”. Yo solo me reí nervioso y le dije “pues yo ya la traigo bien parada” me dijo “sí, ya te note pinche chamaco, yo también...”. Sin pensarlo miré ahí en su parte y se le notaba la verga bien parada. Solo me dijo “pero pues ni modo a ver a quien me encuentro ahorita, jajaja...”. 

No dije nada solo me reí y de pronto me dijo “a ver si es cierto que la tienes bien parada, sácatela...”. Lo dudé un momento, pero estaba yo bien caliente y vi su mirada decidida, así que me la saque y me dijo “ay cabrón, ya  está crecidita...”. De lo excitado que estaba no me importo y le dije: “a ver usted…”. Mi tío también se bajó el cierre y saco su riata, de verdad estaba al 100, no tan grande pero si muy gruesa. Me dijo “lo que se comía aquel puto”. Solo reí y le dije “pues a ver cuándo me lo presenta...” Se rió y lo que  hizo y me dijo nunca lo olvidare: “Si quieres yo te la mamo” y agarró mi verga. Mi corazón latía a toda prisa y solo dije sí. Inclino el respaldo del asiento y me dijo “bájate todo el pantalón”. Acercó su boca y comenzó a mamar suave y de un solo golpe se la metía toda, estuvo como 5 minutos mamando pero la verdad también yo quería mamarle todo. Le dije “¿y usted no quiere?”. Me dijo “si, pero mi asiento no se hace para atrás”. Estábamos muy cerca de mi casa, así que le dije que si quería ahí en la casa podríamos hacerlo, mi mama ya estaba dormida a esa hora y mi padrastro llegaba hasta las 5 de la mañana, y pues yo dormía solo. Se acomodó la ropa, me subí el pantalón y nos fuimos.

Llegamos a la casa, sin hacer ruido pasamos hasta mi recamara y cerré la puerta. Mi mamá ya estaba dormida y no se daba cuenta cuando llegaba. Ni bien entramos cuando me desabotonó el pantalón y lo bajo de nuevo para empezar a mamar, también él se sacó la verga y empezó a masturbarse, me aparte y le dije que también se la quería mamar. Se acostó en el suelo para no hacer ruido sobre la cama, me hinque y comencé a mamársela, estaba riquísima, no tan grande pero tampoco pequeña pero eso sí, muy gruesa. De repente se quitó y solo me dijo “¿tienes condón?”  Le dije que sí pero que la tenía muy gruesa y no me iba a dejar coger. Entonces me dijo “me vas a coger a mi...”. Le di el condón, me  la mamo un rato más, se quitó el pantalón y me puso el condón. Se puso un chingo de saliva en el ano y me acostó en el piso. Me dijo “primero me ensarto yo para que entre y después me ensartas tu”. Poco a poco se la fue metiendo y me decía “... pinche sobrino, está bien parada cabrón”. Se la fue metiendo poco a poco hasta que entró toda, se movía despacio, después de un rato se paró y se acostó abriendo las piernas y me dijo “ahora sí, ensártame tú”. Se la acomode en el ano y se la empuje despacio  para que no le doliera mucho, hasta que volvió a entrar toda lo empecé a bombear despacio pero él quería cada vez más fuerte, solo me decía entre susurros “párteme el culo cabrón”... no aguanté más y le dije que me iba a venir, solo me dijo “sí, yo también, dale cabrón, dale” y lo hice, él también pero como estaba boca arriba y con las piernas abiertas, al momento de venirse salpicó por todas partes y uno de sus churros cayó en mi boca, no lo dude y me lo lamí. Se paró y se enjuago y me dijo “pinche Robertito, coges bien”. Se volvió a hincar y me la mamó un rato más, aún no se me bajaba por completo. Nos salimos y me dijo; “solo entre tú y yo, ¿ok? y aquí tendrás culo para rato”. Le dije que no había problema, que yo guardaría el secreto, él caminó hacia su taxi y se fue en la oscuridad de la noche.

Esa cogida fue algo rápida por la situación, pero después, ya en otras ocasiones que siguieron, me lo pude coger mejor

, y lo más rico de todo fue mamarle bien el culo, eso fue algo chingón. Creo que comerte a un maduro es algo de verdad muy rico. Los hombres maduros me resultan atractivos por el simple hecho de imaginar la experiencia que tienen, no solo en la cama sino en lo personal. Creo que los años que tienen te pueden enseñar trabajo, pensamientos, actitudes, sexo, muchas cosas. Particularmente la forma de tener sexo es diferente, sin prisas, entregándose por completo, percibiendo cada sensación. Mi tío tuvo dos hijos, pero uno vive en Estados Unidos y otro en el DF, después que se separó de mi tía se juntó con otra señora y vive con ella. Hasta la fecha de vez en cuando me lo cojo. En una ocasión me dijo que la verdad era muy caliente y llegaba el punto en que no se puede controlar y que su primera cogida se la dio su compadre cuando aún vivía en Veracruz. Pero no hemos hablado más de ese tema, finalmente él es mi tío y yo su sobrino…
 Por:

Roberto H. Bocardo

11 de marzo de 2015

Los caminos de la vida

Hace muchos años, cuando yo solo era un adolescente, tenía como vecinos a una pareja hetero, a mí me gustaba mucho mi vecino, no sé cuántos años tenía él, pero ahora calculo que debía tener unos 40 años, me gustaba admirar la virilidad  de ese hombre tan apetecible y que al parecer no tenía ninguna inhibición, pues solía bañarse a medio día en el patio de su casa solo con una trusa  de color blanco y yo podía ver cómo con el agua le traslucía todo su vello púbico y la verga bien marcada. No sé qué pensaría de mí, nunca lo supe, pero creo que si se daba cuenta que yo lo admiraba.

La mujer con la que vivía tenía mala fama, la había sacado de un prostíbulo, era una mujer guapa de cuerpo muy bien formado y de bajita estatura, siempre usaba vestidos o faldas diminutas y zapatillas de tacones muy altos,  tenía una forma muy agradable de agacharse a recoger algo de suelo, siempre lo hacía con gracia y coquetería, como señora que era de la casa, al principio se daba  a respetar, pero conforme pasaba el tiempo tal parecía que deseaba volver a sus andadas, vender su cuerpo al mejor postor. Pero yo no era cliente potencial para ella, era un chamaco que apenas estaba estudiando la preparatoria, sin embargo el trabajo me había hecho desarrollar mi cuerpo y parecía que eso le despertaba el deseo sexual a la vecina.  Cuando coincidíamos se me quedaba viendo y me decía: “cuando seas más grande te voy a enseñar a hacer el amor muy rico…”. Me coqueteaba y me pedía que me acercara más a ella a través de la barda que separaba nuestras viviendas, con la intención de tocarme, me jalaba del cinturón y metiendo la mano, me decía: “…que bonita hebilla, ¿dónde la compraste?”. Al principio no lograba excitarme, pero después  de unas cuantas veces ella metía más la mano, según tocando mi hebilla, pero las yemas de sus dedos ya estaban rozando mi miembro, eso pasaba mientras su marido dormía.

Algunas veces casi nos sorprende el vecino cuando ella me estaba metiendo la mano. Ella siempre me decía, “mañana me la enseñas de nuevo…”. Yo con mucho gusto me acercaba a enseñarle mi hebilla, pero mi intención era poder ver más de cerca al vecino que siempre dormía la siesta en el patio de su casa, él era taxista, trabajaba el turno de la noche, por eso llegaba a dormir a las seis de la mañana, desayunaba y almorzaba, se metía a su recamara con su mujer. Al medio día se levantaba, se daba un baño y se tomaba siempre una caguama quedándose dormido  en el patio tomando el sol y después volvía a su rutina. Cuando despertaba de la siesta, le gritaba, “¡Yolanda, dame mi cerveza!”.

Mi vecina hacia lo mismo con mis dos hermanos mayores que yo, ellos nunca me decían nada, al parecer ellos ya habían estado con ella en la zona de tolerancia, solo faltaba que lo hiciera conmigo, a ellos como ya eran mayores de edad,  les permitían entrar. Después de un tiempo me di cuenta que el vecino ya no salía a bañarse al patio, entonces me enteré que el señor la había mandado al diablo por ser tan puta y se había ido de su casa. Ella se quedó sola con su hijo de 13 años, ahora ella tenía que ganarse la vida. Una noche la señora y su hijo llegaron a la casa y pidió permiso para quedarse, más bien para poder dejar a su hijo mientras ella se iba a trabajar de noche, solo fue esa noche.

Al siguiente día, aprovechando que mi madre había salido a comprar el pan, la vecina me dijo “Ahora ya podrás visitarme allá, y aunque no tengas la edad, yo les diré que yo te invite…”. Así lo hice el siguiente sábado, me vestí con camisa de manga larga para, según yo, verme ya mayor de edad. Era la primera vez que entraba a un antro así, mis piernas temblaban, no sabía qué hacer. Inmediatamente la reconocí bajo esa luz roja y con mucho humo de tabaco, ella se acercó y me dijo: “ bienvenido chiquito, ahora serás mío, ven siéntate acá, estas temblando, no tengas miedo, no te pasara nada, yo te protegeré”. Nos pusimos a bailar, ella me decía: “pégate más a mi cuerpo que te deseo”, mientras me restregaba sus tetotas en mi pecho y me decía “tómalas, baja tu cara…”. Era un sensación rara que sentía, mi mente volaba hacia el cuerpo del que fuera su macho, mi vecino, que por verlo a él yo me acercaba a ella, pero no podía dejar que ella pensara que quien me gustaba era su marido en turno, así que bueno, después de todo no era mi primera vez de estar con una mujer.

Nos sentamos en una esquina, casi no había luz, ella empezó a besarme, yo le correspondí, nos abrazamos nos tocamos, ella me toco el paquete, yo le toqué entre sus piernas y sentí como ella estaba húmeda, me dijo: “con calma, tenemos toda la noche, pidamos una cerveza”. Y fueron como unas cinco cervezas cada uno, “por esta vez yo las pagare”, me dijo, “tu solo pagas el cuarto mi rey”, a lo que le respondí, “claro, no hay problema”, ella no me iba a cobrar sus favores sexuales, era una mujer que me doblaba fácilmente la edad, pero muy sensual y sexual. Nos acercamos a la barra y le dijo al encargado, “dame un cuarto, acá mi amigo te pagará…”. Nos dio la llave y bajamos por unas escaleras semioscuras, entramos al cuarto, yo casi no distinguía nada, hasta que mis ojos fueron acostumbrándose  a esa luz, me dijo: “bueno papacito, ahora te toca a ti, ya con tus hermanos lo hice, solo me faltabas tú y bueno, también me falta tu papá…”. Eso me desconcertó, pensé “que puta vieja, pero que rico, así me la cojo y no me cobrará”.

Ella se quitó su ropa y se acostó, diciéndome “encuérate que quiero verte el pito grueso que te cargas, lo sentí cuando te he tocado la hebilla”. Sin prisas me desvestí y me acosté a un lado de ella, me dijo, “te quiero ver de frente, quiero verte esa cara de satisfacción, pero antes déjame agarrarte la verga”. Yo le chupaba los pezones, su cuerpo estaba recién bañado, pero al chuparle los pezones le salía leche, aunque no estaba amamantando, le brotaba leche, y dije “acá me acabare de criar, jejejeje”. En esos tiempos no se usaba el condón, así que fue a pelo como hoy se dice, fue placentero, terminamos y me dijo: “lávate tu pito, ahí hay agua y jabón”. Ella entro al sanitario y se puso un lavado con una solución llamada benzal, terminamos y nos subimos nuevamente a la pista, ya no bailamos, solo me dijo, “bueno, misión  cumplida por hoy, tengo que trabajar mijo, te espero próximo fin de semana”. “Ok”, le respondí, “está bien, gracias, nos vemos”.

La visite un par de veces más, nunca me cobro el favor, la última ocasión que fui a verla si me dieron un susto, pues ya tenía un padrote siguiéndola, yo no lo sabía hasta que él entro al antro y me vio bailando con ella, me dio un empujón diciéndome, “¡deja a mi  vieja en paz mocoso!”. Las compañeras de ella, unas que bailaban y otras sentadas esperando cliente se dieron el salto para protegerme formando un círculo para que el sujeto no me hiciera daño. Mi ex vecina mandó al vigilante a que lo sacaran y que no lo dejara entrar. Ahí termino la fiesta, me di cuenta que en realidad ese no era mi lugar, aún era muy joven para andar en esos problemas y deje de buscarla, pero como dicen, ya “lo bailado nadie me lo quita”.

Tiempo después me fui a estudiar fuera, nunca regresé al prostíbulo donde ella trabajaba y la olvidé, hice mi vida, y no fue sino hasta el paso de los años que regresé a mi pueblo y en cierta ocasión me crucé con esa “señorita” en la calle. Era una señora de edad pero aún se veía bien conservada, no sé si me reconoció, ahora yo usaba barba y no me parecía al mocoso que se había acostado con ella. Por pláticas con amigos de aquel tiempo supe que ella tenía una relación lésbica de muchos años, ahora vive con su pareja que es una mujer más joven que ella. Supe también que su hijo acostumbraba  a ir un show travesti y en una de esas salidas tuvo un accidente, era muy guapo, pero con el accidente perdió coordinación motriz y  tiene problemas para trabajar y caminar. Su hijo siempre supo a que se dedicaba su mamá y siempre la ha admirado.
 
La vida es muy extraña a veces, he reflexionado sobre la vida de esta mujer, ¿qué le llevaría a esta señora a cambiar de relaciones después de haber tenido tantos hombres y al final terminar en una relación lésbica? Fue una mujer muy guapa de joven y se dio el gusto de tener a todos los hombres que quiso, tuvo a mis hermanos y me tuvo a mí, y a juzgar por el hombre que fue mi vecino, le gustaba que fueran machos, ¿cómo fue que terminó encontrando el gusto por otras mujeres y viviendo con una? De igual forma, yo tuve a muchas mujeres, pero al final decidí vivir con un hombre, y mi vida la he llevado hoy en día más hacia este lado, aunque debo confesar que a veces me dan ganas de tener relaciones con una mujer y sentir esa parte del placer que muchos homosexuales pueden no entender.