(Relato enviado por un anónimo). Había terminado de
estudiar la prepa, y ahora venía el momento de decidir qué estudiar. A mis 18
años, solo me importaban tres cosas el
futbol, las matemáticas y los hombres maduros atractivos. Normalmente quien está
interesado a esa edad en algo como las matemáticas no es muy popular, pues todo
el mundo huye de ellas y cuando alguien no solo es bueno en ello, sino que
también es una de sus aficiones, los demás lo tildan de cerebrito, ñoño o
comelibros.
Pero lo que me ayudaba
era que también me gustaba mucho el futbol, junto con mis compañeros de clase
le poníamos una arrastriza a todos los demás grupos de la escuela a
la que asistía. Yo era un joven popular y algunas chicas se morían por que yo
fuera su novio, pero no tenía una novia formal, solo me dedicaba a besar a una
que otra chica.
Yo para esta época, ya
me había aceptado como homosexual y mi interés eran los hombres, pero no
cualquier hombre, tenían que se mayores que yo, en esa época prefería a los de
entre 20 y 30. Así que nadie de mis compañeros me gustaba en lo más mínimo. Y
me masturbaba como cinco veces al día, viendo la fotografía de un hombre maduro
con vello que por pura casualidad encontré en la calle y que guardaba
celosamente, parece que era parte de una revista pornográfica, pero en ella
estaba el hombre de mis sueños un hombre maduro, fuerte y con mucho vello.
Soñaba con meter mi verga en su culote y morder sus nalgas y todo su cuerpo.
Pero despertaba y no había nada como eso a mi alcance.
Y de pronto ocurrió
algo que fue definitivo en mi vida, yo aún no lo sabía, pero después de unas
vacaciones aburridas iniciando el ciclo escolar no teníamos profesor de matemáticas
y eso me desilusionaba un poco, pero mi ánimo cambio cuando llego el nuevo
profesor. Era alguien hermoso, un cuerpazo como el de mi fotografía y una cara
de macho que me encanto, era del norte, alto y blanco, con el tono de hablar de
la gente del norte. Cuando se ponía de espaldas para escribir las fórmulas en
el pizarrón, toda mi atención se iba en ver su trasero, firme y grande, y mi
verga se me paraba enseguida. Vestía siempre formal, con pantalones de vestir a
doble pinza, por el frente le quedaban flojos, pero por detrás le quedaban más
bien ajustados, dándome a imaginar un montón de fantasías con él. Se volvió muy
difícil, tenerlo tan cerca pero al mismo tiempo con el respeto que debe
guardarse para un profesor. A partir de ahí, siempre que pensaba en sexo,
pensaba en él.
No era yo el único que
fantaseaba con él, mis compañeras de clase andaban vueltas locas con él pero el
profe parecía no ponerles mucha atención. Al pasar los días, cuando descubrió
que me gustaban las matemáticas, me impulso a participar en un concurso y pensé
que era la oportunidad perfecta para tener un contacto más estrecho con el... o
debería decir "intimo". Yo nunca fui y no creo ser un seductor, no
soy muy atractivo, pero a esa edad tenía un cuerpo muy bien formado y lo mejor,
una verga que volvía loco a cualquiera, grande y gruesa. ¿Cómo acercarme a él?
Primero no sabía si él era homosexual, y aunque así fuera, yo era demasiado
joven y él un hombre maduro, aunque muy atractivo. El me comenzó a dejar
ejercicios de matemáticas para irme preparando para el concurso, y después de
varios días de pensarlo mucho, decidí cuál sería la forma de insinuarme con él.
El pretexto fue unas ecuaciones que no había entendido (mentira), decidí que
ese día iba a hacerlo, esperé a que terminara la clase, el profe siempre se
quedaba un momento mientras todos salían del salón, después de todo, ¿a quién
le gustan las matemáticas? Me hice tonto un momento y entonces me acerqué hasta
el escritorio donde él estaba sentado y le dije que no había entendido lo que
me dejó. Él estaba sentado, ni siquiera me volteó a ver a mí sino que se fue a
la hoja que le mostraba yo que me había colocado a su lado y entonces, mientras
él revisaba la hoja yo rocé “accidentalmente” su codo con mi verga que la traía
bien dura. El respingó un momento pero no dijo nada, yo me aleje un poco, él
siguió sin moverse ni quitó el codo, lo que asumí como un gesto de aceptación y
entonces me volví a acercar para mostrarle donde había tenido duda y volví a
rozar su codo con mi verga, esta vez ya no me quité y él no hizo nada hasta que
entraron mis compañeros porque ya venía el profe de la siguiente clase. El solo
dijo que se llevaría la hoja a su casa para revisarla.
Pasaron dos días hasta
la siguiente clase, rozar su codo con mi verga era suficiente para que la verga
se me parara y me la chaqueteara. Llego la siguiente clase y noté que el profe
se me quedaba viendo más, al terminar me pidió que me quedara para revisar el
trabajo, me acerqué a él, intenté hacer lo mismo pero él se retiró. Me sentí decepcionado
pero entonces me dijo: “¿puedes venir a mi casa? necesito explicarte con más
calma donde está el error”. Por supuesto que acepté, esa tarde fui a buscarlo, ahí
descubrí como era el sexo con un hombre maduro. Las clases privadas que me dio a partir de ahí en
adelante para el concurso, ya no fueron de matemáticas, sino de sexo. Haaaa! de
rico sexo. Sobra decir que ese año, fue muy agradable para mí, aunque no haya
ganado el concurso, gané el estar con un hombre como el que tuve durante
mucho tiempo solo en una foto de revista. A partir de ahí ya no necesite más esa foto para masturbarme, ahora tenía a alguien real.
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