31 de mayo de 2017

¿No te has arrepentido?

¿No te has arrepentido?
Por: Gabo Ortiz

Pone nombre a las estrellas
Sabe cuánto me hace reír
Una noche como ésta
Creo ellas la dejaron aquí… (Año nuevo, división minúscula)

Como ya conté en la historia pasada, decidí irme de la colonia en la que vivía con un corazón, si bien no roto, lleno de nuevas experiencias y, lamentablemente, con un vicio que me costó horrores dejar, una adicción a la cocaína que me trajo días de desvelos, mal humor y estrés hasta que logré superar, por propia voluntad, esa ansiedad que en mí sentía pero, además, dejé un recuerdo, algo que en mi vida creí no volvería a encontrar…

Dos semanas antes de dejar la colonia en la que vivía y aún siendo chavo banda y drogadicto, estaba en el lugar usual, en la esquina, esperando a los otros, solo y fumando un cigarro cuando pasó un joven, desconocido completamente para mí pero que, al verlo, me atrajo de manera inmediata, moreno, de piel curtida por el sol, postura llena de seguridad, vestido con una camiseta blanca sin mangas que dejaba ver sus fuertes brazos y un pantalón de mezclilla azul manchado de pintura y que, con sólo ver, hizo que algo en mí reaccionara así que, sin dudar y con las actitudes que de la banda había aprendido, en tono de broma, le pregunté si no cooperaba para comprar una chela pero su respuesta, por así llamarla, me sacó de onda por completo ya que, sin decir nada en lo absoluto, me barrió con la mirada con una extraña mezcla de tristeza, desprecio e incluso rencor, tras lo cual siguió caminando hasta perderse de vista en una calle cercana mientras que yo, tras dedicarle un pensamiento más, continué esperando a los otros sin darle más importancia de la que según yo merecía.

En los días siguientes, mis últimos viviendo ahí, me lo seguí encontrando varias veces e incluso, a modo de burla, lo saludaba recibiendo como única respuesta esa misma mirada despectiva de parte suya pero, finalmente, me marché de ahí sin saber nada de él, seguí con mi vida, me junté con otro chavo que también forma otra historia, acabé mi carrera y conseguí un trabajo como maestro de universidad de vuelta en mi pueblo sin pensar casi en ese pequeño pasado.

5 años después, tras un año de haber terminado con esa otra persona, yo soñaba con volver a Pachuca, extrañaba la ciudad, la facilidad y la libertad que no se tiene en un pueblo así que, aprovechando mis vacaciones y que ya en ese tiempo tenía una casa propia a la cual llegar, volví a Pachuca a buscar una oportunidad laboral mientras entablaba una relación tras otra sin hallar nada que me satisficiera realmente, para mí, en esa etapa de mi vida, todo era sólo sexo, sólo carnal y nada emocional.

En una de esas aventuras conocí por chat a un chavo, uno de tantos que habla maravillas de sí mismo, se decía modelo y actor y aseguraba ser bueno en la cama, lo clásico en este ambiente pero, tras intercambiar fotos, me dio curiosidad así que, tras platicarlo un poco, al fin decidimos conocernos en una fiesta que iba a dar un amigo suyo en esos días, aún recuerdo la fecha, 12 de febrero de 2010, como si fuera ayer.

Ese día me esmeré en mi arreglo personal como hacía tiempo que no lo hacía y partí al lugar de encuentro hallándome en una casa de esas de Infonavit de un solo piso y en la cual fui recibido por el anfitrión, un sujeto mayor que yo que, amablemente, me explicó que mi contacto me había dado mal la hora de la fiesta y que esta no empezaría hasta dos horas después pero, aún así, me recibió en su casa, me presentó a su supuesta pareja y preparó micheladas para los tres en lo que llegaban los invitados encargándose por supuesto mientras tanto de ponerme al día acerca de mi contacto, del que, si bien no habló mal, tampoco tuvo nada bueno que decir aunque hizo lo imposible por contenerse a instancias de su pareja, el cual me aseguró que no era para tanto.

Así las cosas, estaba por marcharme de ese lugar sin siquiera conocerlo cuando al fin los invitados empezaron a llegar uno a uno incluyendo al famoso modelo, el cual, con una mirada, acabó de desilusionarme por completo, sus retocadas fotos no coincidían en lo absoluto con su rostro real aún cubierto de acné por la etapa de la adolescencia y sus amaneramientos me resultaron chocantes así que, tras saludarlo y ver que él tampoco demostraba mayor interés en mí, decidí irme de una vez por todas de ese lugar antes de decepcionarme aún más pero, cuando me acerqué al anfitrión para agradecerle por sus atenciones, este me dijo que tenía a otra persona que presentarme y sin más, llamó a un chico moreno cerca de ahí y, al tiempo que guiñaba un ojo en complicidad, me dijo que ese era Osmar, (no nombre real) su pareja, mi asombro no fue tan grande al descubrir las infidelidades de mi anfitrión como lo fue al notar que, frente a mí, tenía una vez más a esa persona que, 5 años antes me había fascinado tanto con su visión y que ahora, sin reconocerme siquiera, me ofrecía su mano con una amplia y muy hermosa sonrisa, misma que tomé al tiempo que me presentaba con él y sintiendo una corriente eléctrica por todo mi cuerpo al comprender, súbitamente, que la fuente de un recuerdo tan fugaz tenía las mismas preferencias que yo pero que, tristemente, ya estaba en una relación.

Ya tras haber saludado a Osmar, el resto de la fiesta me la pasé tranquilo, estuve platicando aquí y allá con gente que desconocía e incluso él, tras perderse unos minutos con el anfitrión, algo que provocó en mí una oleada de celos, volvió y empezó a hacer plática con otro chico mientras que yo, disimuladamente y con pretexto de tomar otra cerveza del cartón cercano, me acercaba para oír todo lo que decían hasta que, finalmente, logré que ambos me involucraran en la plática, la cual giró desde conocernos mejor, preparación e incluso, cerca del final de la misma, el clásico intercambio de números de celular entre los tres antes de que el anfitrión anunciara que ya no había más bebida y que nos la seguiríamos en un bar de ambiente cercano, momento en el cual el otro chico aprovechó para despedirse mientras que yo, aunque igualmente ya deseaba ir a descansar a mi hogar, decidí aún acompañarlos un rato al bar al notar que Osmar, notoriamente tomado, apenas y podía cuidar de él, algo que tanto su supuesto novio como los invitados aprovecharon para meter mano en donde fuera sin que él protestara, una situación desagradable que continuó en el bar y que, aunque hice lo posible por convencerlo de que tomara un taxi para irse a su casa o quizás quedarse en la mía, al final acabó mal ya que este se molestó y, asegurando que sabía lo que hacía, me pidió que lo dejara en paz así que, ofendido y decepcionado una vez más por él, al fin regresé a casa solo e indeciso si volver a contactarlo.

En los días siguientes, regresé a mi pueblo a visitar a la familia y a pasar el 14 de febrero con un par de “amigos” que más que nada eran jotas de rancho, borrachos y sin ambición alguna pero que, en ese tiempo, eran lo más cercano que tenía a amistad cerca de mi hogar y no fue hasta el día martes que regresé a Pachuca a seguir buscando trabajo cuando, mirando en mi celular, hallé otra vez el número de Osmar y el del otro chico y, aunque un poco inseguro en un principio, les marqué a ambos con el objetivo de reunirnos, quizás tomar una cerveza y volver a conversar como habíamos prometido pero, mientras que el otro chico, que, coincidentemente se llamaba igual que yo, ni siquiera se molestó en contestar, Osmar lo hizo de inmediato y tuvo lugar una de las llamadas más confusas de mi vida ya que, en lugar de decirme que no podía o algo por el estilo, me aseguró que se acordaba bien de mí y que de hecho ya habíamos quedado que ese día nos veríamos en tal lugar y a tal hora, a mí se me hizo extraño que no recordara yo esa conversación e incluso le pedí que cambiáramos el lugar ya que sentía que a ambos nos quedaba muy lejos de nuestros respectivos hogares a lo que él estuvo de acuerdo de inmediato y sin más, así quedamos, me metí a bañar, me arreglé, puse música para alegrarme aún más la tarde y, poco antes de la hora convenida, pasé a ver a otro amigo muy querido de la universidad para darle la buena noticia de que me había quedado de ver con alguien nuevo aunque no sin aclarar mis intenciones, una aventura y ya, así de mal veía la vida en ese tiempo.

Ya a las 9 de la noche, llegué al lugar convenido, uno de los puentes de la ciudad y esperé apenas unos minutos cuando Osmar llegó pero su expresión de sorpresa fue grande al verme ahí y es que, aunque le costó explicármelo, él estaba seguro de haber quedado con el otro chavo, mi tocayo, en lugar de conmigo, por eso la confusión de la llamada, el otro se me había adelantado a citarse con él y obviamente con la misma intención así que, inseguro, le pregunté qué procedía a lo que Osmar, para mi sorpresa, me respondió que ya estaba conmigo y conmigo se quedaba, que ya sabía de las intenciones del otro chavo desde la fiesta y que, honestamente, no le gustaba su forma de ser y sólo había quedado con él por un intento de amistad pero que se sentía más a gusto conmigo así que, tras marcarle y avisarle que no podría ir, hicimos la noche nuestra al fin, compramos una botella de tequila, refresco, cigarros, papás, de todo y sin más, nos fuimos a mi casa a conversar y convivir.

Ya en el lugar, me sorprendió mucho su forma de ser ya que no coincidía en nada con la agresividad de esos primeros encuentros que él no parecía recordar, por el contrario, era un chico alegre, bromista y alburero al que ni por accidente se le salía algún manerismo, su sonrisa franca, su forma de jugar con el vaso mientras tomaba, su costumbre de encender un cigarro con otro me fueron llamando cada vez más la atención y, cuando noté que ya era cerca de la media noche, le propuse sin más quedarse a dormir conmigo bajo la advertencia de que sólo tenía una cama disponible, una propuesta que, para mi sorpresa, aceptó de inmediato con cierta inocencia en su mirada y que, tras unos momentos más de plática, me llevó a preguntarle si su pareja, el de la fiesta, no se pondría celoso a lo que este me confesó que en realidad, no eran tal cosa, esa noche había aceptado ser su pareja para arrepentirse a la mañana siguiente al darse cuenta de que no sentía más que amistad por él, eso me sorprendió mucho y le pregunté si era común que se arrepintiera a lo que él, riendo, admitió que, con su atractivo, muchos le pedían una oportunidad y siempre hacía lo mismo, decir que sí, besar un poco y, al día siguiente, admitir que se arrepentía, no hice más preguntas por el momento.

Ya más noche y con la botella por terminarse, finalmente subimos al cuarto y, bromeando, le pregunté si quería ser mi pareja de una noche a lo que él, riendo, aceptó de inmediato y así, las escaleras fueron mudas testigos de nuestro primer beso, un beso robado de mi parte que enseguida fue correspondido por él y que continuó hasta la recámara, en donde, sin pena alguna, nos desnudamos hasta quedar en ropa interior pero, contrario a lo que podría presagiarse, él se separó y me dijo que lo sentía pero no acostumbraba tener relaciones al primer encuentro, tras lo cual y ante mi mirada confundida, extendió las almohadas de la cama a lo largo de esta advirtiéndome que un lado era para mí, el otro para él y me daría mis “madrazos” si me atrevía cruzar de uno a otro, mi sorpresa se transformó en risa al ver eso pero estuve de acuerdo y, aun con esa barrera entre nosotros, continué con los besos y tomando su mano hasta que al fin, el sueño nos ganó a los dos, a mí con un pensamiento extraño, por primera vez en toda mi vida, había conocido a un hombre que en verdad no esperaba sexo de mí, esperaba algo más…

Al despertar y aún con ese pensamiento en la mente, aún con su mano entrelazada con la mía y su respiración profunda de dormido a un lado de mi oído, mi decisión ya estaba tomada, las almohadas ya no estaban, habían resbalado hacia abajo por nuestro movimiento mientras dormíamos pero, sin despertarlo, las volví a acomodar y, tomando nuevamente su mano, esperé a que abriera los ojos para cuestionarle la pregunta que durante 7 años aún marca nuestras vidas, “¿No te has arrepentido?”…

Por: Gabo Ortiz



24 de mayo de 2017

La banda de la esquina

La banda de la esquina
Por: Gabo Ortíz

“Hipnotizándome en silencio
vi flores de plástico
a su paso cayendo
y toda la banda
que está en la esquina
la sigue mirando
tan duros de tiempo” (La banda de la esquina, Enanitos Verdes)

¿Por dónde empezar? A veces, al recordar nuestra historia, nos dejamos llevar por detalles que a muchos les podrían resultar mínimos pero que, a nosotros, nos resultan importantes porque son hechos que marcaron nuestra historia y nuestra personalidad, así haya sido una simple frase, un beso, una noche…

Esta historia es lo que yo considero la base de quién soy, lo que me marcó en el paso de la adolescencia a la adultez, que empezó ahí y no sé en dónde acabará…

Llevaba año y medio viviendo en Pachuca porque ahí fue donde se me dio la oportunidad de estudiar la Universidad y, honestamente, lo disfrutaba, viví primero en una pensión y, posteriormente, renté un cuarto con un amigo heterosexual con el que, con el tiempo, acabé teniendo problemas por nuestra forma de ser, similares y a la vez opuestos así que, al terminar el tercer semestre de la carrera, le avisé que desocuparía su cuarto para vivir, por primera vez en mi vida, solo e independiente y, aprovechando que podía dejar mis cosas en ese lugar, busqué un lugar más apropiado para ese nuevo comienzo, algo no muy difícil siendo Pachuca como es, una ciudad de estudiantes.

Menos de una semana después de haber tomado la decisión de cambiar de hogar, ya estaba instalado en un diminuto cuarto en una de las colonias con peor fama de la ciudad pero que, para mi gusto, era tranquila, me había hecho de una cama cortesía de mi madre, algunos trastes y un mueble para guardar mis libros y revistas, el lugar era un pequeño cuarto en una especie de vecindad con una cocineta y un baño defectuoso y sin puerta que, cada que me bañaba, hacía que se mojara parte del cuarto por tener un mal diseño de salida del agua pero, aún así, yo era feliz de estar al fin independiente, solo y libre como era mi deseo y, casi enseguida, me adapté a esa vida, ir a la escuela, a mis prácticas y llegar a cenar y dormir era mi rutina diaria y satisfactoria.

Todo cambió un par de meses después de mi llegada a ese lugar, no recuerdo bien si ese día no tuve prácticas o salí temprano pero, en lugar de llegar a las 8 o 9 de la noche como era lo usual, llegué como a las 5 de la tarde, un jueves si no me fallan los cálculos y, sin nada qué hacer, decidí recorrer un poco las calles de la colonia, ver qué hallaba de comer aparte de los lugares que ya conocía, quizás buscar un bar o algo donde disfrutar de algo que me apartara de la rutina pero, en lugar de ello, lo que hallé fue algo distinto, un local de paletas y maquinitas en el que, sin nada qué hacer, decidí perder un rato el tiempo sin saber a lo que eso me llevaría.

Algunos juegos del clásico King of Fighters después, noté como, de repente, el lugar se iba llenando de chavos, la mayoría de ellos con pinta de vagos, de desempleados, algunos con olor a thinner que, al igual que yo, disfrutaban de los juegos del lugar pero no sin quedárseme viendo ocasionalmente, riendo y cuchicheando y es que, en ese tiempo, yo solía vestir al estilo darketo aunque sin maquillaje alguno, ya bastante era con saber que era gay como para darlo a entender aún más, en fin, el tiempo pasó y, viendo a esa gente que, de vez en cuando se pasaba alguna cerveza entre ellos y reían a la menor provocación, decidí que lo mejor era irme al desconocer qué tipo de personas eran así que, sin más, me dirigí a la salida del lugar cometiendo el error de sacar un cigarro de mi bolsillo, momento en el cual me vi rodeado por esos desconocidos con el objetivo de cerrarme el paso mientras uno de ellos me aseguraba que, o les daba todo lo que traía o de ahí salía hasta sin ropa así que, resignado y asustado, empecé a vaciar mis bolsillos notando de reojo como dos de ellos, en uno de los aparatos, seguían en su juego sin inmutarse siquiera hasta que, justo cuando estaba por dar mi cartera, el más joven fue derrotado en el juego, algo que me dio una idea, una locura inesperada pero que demostró ser efectiva.

Dado que ya había notado que, a pesar de su aspecto rudo, parecían chavos propensos a la risa, les propuse una reta, si yo ganaba, me dejaban mi cartera, si ellos ganaban, les daba todo lo que trajera y, aunque las carcajadas que soltaron dijeron mucho de sus intenciones, al fin aceptaron y eligieron entre ellos a su competidor, un chico casi de mi misma edad, que usaba una camisa entre abierta que dejaba ver algunos tatuajes, delgado, rubio y chino, nada que destacar de atractivo en él fuera de sus ojos, de un café claro y muy expresivos aunque rojos por la droga que acostumbraba consumir. El juego empezó, la competencia fue reñida pero al final, por suerte o por táctica acabé ganándole ante las risas de los demás, quienes, no tan resignados a perder, se siguieron pasando mis cigarros hasta vaciar la cajetilla pero, de cualquier forma, me dejaron conservar la cartera y retirarme, no sin antes apodarme “el dark” y afirmarme que, cuando quisiera la revancha, ahí estarían, algo que yo, en mis adentros, estaba seguro de que nunca pasaría pero uno piensa una cosa y la vida decide otra, al día siguiente volví a mi casa en las orillas del estado sin pensar mucho en ello, pasé el fin de semana con mi familia y cosas por el estilo y no fue hasta el domingo que regresé a Pachuca cuando volví a encontrarlos pero este encuentro fue muy distinto…

Esta vez, sólo estaban dos de los más de diez que me encontré la primera ocasión, el mismo rubio con el que me tocó jugar y al que apodaban “Zuri” por zuricata y otro al que le decían cubano, por lo moreno, ambos sin camisa y a medio mojar por haberse dedicado todo el día a lavar los carros que pasaban en esa esquina aunque, en ese momento, ya habían concluido con su labor y yacían sentados en la banqueta tomando una cerveza y apenas verme, el Zuri me reconoció y, tras pedirme un cigarro, me invitó a sentarme con ellos y, aunque de principio lo dudé, un segundo vistazo al cubano me convenció de hacerlo y es que era el tipo de hombre que a mí me gustaba, musculoso de trabajo sin llegar a ser marcado, moreno intenso, una barba descuidada y poco profusa y una mirada desafiante que se convirtió en una sonrisa mientras me ofrecía una cerveza del six que yacía a sus pies.

Al poco rato, el resto de lo que ellos llamaban “la banda” llegó ahí, uno a uno se fueron presentando y ninguno se sintió incómodo con mi presencia sino que, por el contrario, me siguieron invitando alcohol y echando bromas mientras pedían saber un poco más de mí aunque siempre fui cuidadoso en no decir mi nombre, algo que no les importó puesto que, para ellos, yo era “el dark” y ya no había cambio, esa fue la primera de muchas noches que pasé junto con ellos bebiendo y fumando, los que yo llamaba “la banda de la esquina” porque era el usual lugar de encuentro aunque era común que, de ahí, partiéramos a otros lados, las maquinitas, las canchas, algunas ferias de otros pueblos cercanos, a todos los lugares en los que pudiéramos divertirnos hasta que…

A los pocos meses de juntarme con ellos, de identificarlos uno a uno y aprender incluso de sus mañas y vicios, noté algo que no estaba bien, los más abiertos conmigo fueron los dos primeros, el Zuri y el Cubano pero este último me atraía considerablemente, su sonrisa blanca con un diente roto por una pelea, sus brazos siempre descubiertos, su costumbre de abrazarme siempre que estábamos juntos y de querer saber más de mí, me dio las señales equivocadas, me empezó a gustar de más y fue algo que no pasó desapercibido para el resto de la banda; me gustaría decir que yo era correspondido pero no fue así, por el contrario, él lo notó de igual forma y, poco a poco, se fue alejando tanto del Zuri como de mí mientras se hacía de una novia para reforzar más su hombría ante los miembros de la banda mientras que yo, del “dark” pasaba a ser el jotito en sus rumores y en sus chistes, incluso frente a mí mismo, las burlas y bromas eran constantes pero me negaba a salir de ahí sin importar el bajón de autoestima que estaba sufriendo por ese tipo de trato, la pertenencia me era más importante que mi propia imagen.

Esto sólo duró un par de semanas, obviamente, las burlas de tener a un gay en un grupo usualmente machista no tardan en hacer efecto y una noche, tomando, uno de los miembros de la banda con los que casi no me llevaba, me empezó a tirar pleito enfrente de todos, ya más de una vez habíamos llegado a los golpes y yo sabía que era dueño de una fuerza considerable estando sobrio, no quisiera pensarlo siquiera borracho y envalentonado por los demás miembros de la banda pero, para mi sorpresa, alguien saltó a mi defensa, el usualmente tranquilo Zuri, el chico al que ni yo ni nadie veíamos entró a defenderme, a decirle que si yo lo ofendía tanto era porque tal vez representaba algo que él no se atrevía a admitir y cosas así, desconozco la verdad en ello pero, de cualquier forma, el otro chavo se contuvo y, desde ahí, ni él ni nadie volvieron a molestarme pero algo más pasó esa noche, el Zuri, un chico casado tontamente a los 17 años, con un hijo en su casa y otro en camino aprovechó esa defensa para pedirme discretamente, una vez solucionado el problema que le demostrara mi “agradecimiento”.

Hasta ese momento y como ya dije, nunca me había fijado en él realmente, para mí era un simple amigo y ya pero había algo en su mirada, quizás la tristeza de una vida rápida, quizás el golpe de las adicciones que sufría que, finalmente, me convenció de hacerlo, como pudimos, nos fuimos aparentemente cada uno por su lado sólo para encontrarnos dos cuadras más lejos de la cancha en la que estábamos, en un baldío con algunos paredones a medio construir y en donde se bajó el cierre y, sin más, me ordenó que se la chupara ahí mismo, no voy a exagerar ni nada por el estilo, su verga era de un tamaño normal y algo que, en lo personal no me gustó fue que estaba curveada hacia abajo, lo cual lo hacía más incómodo pero, de todas formas, su mirada lasciva, de placer, me llevó a seguir con mi muestra de agradecimiento hasta que, con una leve exclamación, acabó en mi boca, satisfecho y sonriente, se subió el cierre y sin más, me aseguró que volveríamos a hacerlo mientras se alejaba hacia su calle y yo, tras escupir los restos de semen, regresaba a mi hogar aún un poco mareado por todo lo bebido y sobre todo por todo lo que había vivido esa noche.

A partir de ese primer encuentro, los demás fueron más frecuentes, a veces de igual manera en baldíos y a veces en mi cuarto pero sin diferencia alguna, él simplemente llegaba, se bajaba el cierre y me obligaba a chupársela hasta que terminara, lo más que llegaba a hacer era desabrocharse la camisa y dejar que acariciara su pecho, no había una caricia de parte suya, un beso ni nada por el estilo, para él, en esos encuentros, yo sólo era una boca experta y así me lo dijo en varias ocasiones, algo que, si bien en un principio me hizo sentir halagado, con el tiempo se hizo insuficiente.

Las cosas con la “banda” tampoco andaban bien en ese momento, si bien ya me aceptaban como tal e incluso bromeábamos al respecto, el famoso cubano, una vez mi amigo, ahora me odiaba y buscaba pleito por cualquier cosa, tal vez por lo que se pudo dar entre los dos, tal vez por los rumores, tal vez porque, desde ese suceso, el Zuri, su mejor amigo, me prefería a mí sobre él y, finalmente, una tarde, poco antes de semana santa del 2005, todo estalló, en plena calle, empezamos a discutir, yo ya había aprendido a no dejarme de nadie gracias al Zuri y, tras una de sus ofensas, nos agarramos a golpes el cubano y yo y, aunque la diferencia de fuerzas era abismal, no fue hasta que la banda nos separó cuando al fin dejamos las cosas por la paz, yo cubierto de sangre, él sólo con el labio hinchado y aún retándonos mientras nos alejaban.


Tras ese suceso y tras comprobar que yo también estaba adquiriendo sus vicios y mañas, que estaba perdiendo incluso la escuela y que ya no era feliz, me decidí a partir de ese lugar y, una mañana, sin despedirme de ninguno de ellos, así lo hice, conseguí un camión de mudanza y me fui a vivir a otra colonia, a iniciar de nuevo sin el Zuri, sin el cubano y muchos otros que, marcaron mi vida pero, antes de irme, hubo algo más, alguien más…

Por: Gabo Ortíz

4 de mayo de 2017

El Entrenador y el Chacal

Cada tarde cuando regresaba del trabajo pasaba por ese lugar, no podía evitar mirar hacia allá, generalmente había hombres muy atractivos platicando en la entrada, algunos con cuerpos espectaculares. Al llegar a casa me daba un baño y me masturbaba pensando en alguno de ellos. El que más me gustaba era un tipo blanquito con un cuerpo supermusculoso, con unas nalgas enormes y unos brazotes. Sin embargo dejé de voltear a verlo un buen tiempo porque creí que se dio cuenta que lo observaba y siempre que yo pasaba por ahí también me volteaba a mirar, no quería problemas con esa gente y decidí dejar de pasar por esa calle del Gym durante un buen rato para despistar. De alguna forma me atraían esos cuerpos, yo sólo había hecho ejercicio en la escuela, pero luego lo había dejado, no me gustaba correr, y me dediqué a trabajar en lo que podía. Paso el tiempo y un día se me metió la idea de ir a un gimnasio y decidí ir a ese lugar. El gimnasio no era la gran cosa pero era económico y me quedaba de regreso del trabajo. Cuando me presente en la recepción me recibió una chica, me dio informes y me dijo que me presentaría al encargado, resulto que era el tipo que me gustaba. Me dio un tour por el lugar y fue muy amable, al principio me pregunto “¿ya habías venido antes? Me pareces conocido”, le dije que era la primera vez que iba.

La siguiente vez que volví al gimnasio, el entrenador me dio instrucciones de qué hacer, me explico cuidadosamente cada rutina y estuvo cerca de mi casi todo el tiempo, me hizo sentir nervioso porque me veía mucho y me corregía si hacia mal los ejercicios. Me di cuenta que había mucha jotita en el gym, pero ninguna me atraía, me sentía a gusto con el entrenador con la atención que me daba, además de que me hacía muchas recomendaciones, por eso concluí que era muy buen entrenador. Con el tiempo comenzó a preguntarme cosas más personales, como a que me dedicaba, le dije que estaba estudiando psicología y que trabajaba por las tardes en un taller  de imprenta, pero ni era cierto que estudiaba eso, solo me hice el interesante. La verdad es que siempre me había gustado  leer y sabia envolver fácilmente a la gente, uno de mis amigos si estudiaba psicología y sabia explicar muy bien lo que aprendía, así que cuando lo veía aprovechaba para hacerle las preguntas que me hacia el entrenador del gym que al parecer no era muy brillante, realmente no entendía que era tan interesante de mi persona para él, supuse que solo era amable por su trabajo.

David era el nombre del entrenador y sí que tenía un cuerpo espectacular, creo que sus brazos eran tan gruesos como mis piernas y sus piernas y sus nalgas eran algo increíble, yo le calculaba unos 35 años de edad, mientras que yo apenas tenía 24. Cuando ya llevaba 3 meses en el gym, yo no veía gran cambio en mi cuerpo, pero él me dijo que si me veía mejor y bromeo diciendo que ahora podría conquistar a cualquiera. De pronto comenzó a tratarme de una forma distinta, más amigable pensé yo, comenzó a tener más contacto físico conmigo, me abrazaba cuando me veía llegar y simulaba que luchaba conmigo, yo solo le seguía el juego o cuando pasaba por donde estaba, me tocaba del hombro. Todo eso me gustaba, pero me confundía, a veces pensaba que yo si le atraía, pero aunque lo había visto platicando con las otras jotillas que iban al gym nunca me pareció que fuera gay, si note que a veces me observaba largo rato, pero supuse que era porque yo le caía bien como compas. Fue en esa época, cuando tenía como 4 meses en el gym, que deje de ir una semana, sin avisar. Cuando regresé me regaño y me dijo que ya no volviera a hacer lo mismo, me extraño que se tomara tan en serio su papel de entrenador. Pero al mismo tiempo me gusto ese interés, que a mí me parecía un tanto excesivo.

Entre las jotillas que asistían al gym, había una en especial que se acababa con el entrenador, era la más arrastrada y yo no le agradaba. Varias veces escuche que hablaba de alguien y al parecer se refería a mí como “el mugroso”, pero cuando volteaba a verla, su cara ponía una expresión de terror y se ponía detrás de las otras. Supongo que mi aspecto al salir de la imprenta era sucio, mi ropa casi siempre iba manchada y también sabía que tenía una expresión en el rostro de pocos amigos. Siempre me ignoraba cuando pasaba a mi lado y yo tampoco le hablaba. Las otras sí me saludaban y hasta me veían con interés. Un día llegue al gym y David el entrenador estaba con todo ese grupito al fondo, aun así escuche cuando él dijo “orita regreso, voy con mi chacalito” fue la primera vez que escuche esa palabra en otro contexto, no me di cuenta que se refería a mí. Pero supuse que era una palabra ofensiva que no podía haberla dicho por mí, porque era mi amigo y olvide ese incidente.

Aunque yo me asumía como homosexual, nunca me había relacionado con personas con intereses similares, todos los hombres con los que me relacionaba decían ser heterosexuales y no sabían de mi preferencia, en ocasiones tenia novia pero nunca formalizaba nada, tenía fama de cogelón y por eso las mujeres sabían a qué le tiraban conmigo, de vez en cuando y por cuestiones sociales me cogí varias viejas, pero no eran mi preferencia, prefería tener sexo con otros hombres, no de manera evidente, pero si lo hacía, yo me cogía a mis amigos cuando estaban pedos, no con todos se podía, pero si lo hice muchas veces con algunos y nunca tuve problema. Yo si aplicaba el dicho ese de “culo dormido, culo perdido”, cuando nos reuníamos en casa de alguien de mis compas e iban otros invitados me daba vuelo, porque cuando ya estaban todos pedos y dormidos les llegaba yo, a veces me cogía hasta tres distintos en una noche, los pocos que se dieron cuenta, nunca dijeron nada y hasta les gustaba, pero nunca hablaban en su juicio de ese tema. Sin embargo yo quería experimentar algo distinto.

El trato del entrenador hacía mi era de amistad, a veces lo encontraba en los vestidores y veía que tenía en el locker varios productos que mezclaba con agua, él observaba mi curiosidad y a veces me compartía de lo que él usaba, así conocí la creatina y el óxido nítrico, poco a poco comenzaba a ver algún cambio en mi cuerpo. Además de que él me gustaba lo consideraba mi amigo y el trato que teníamos en el gimnasio era ya de amistad. Cierto día me dijo que tenía un frasco de óxido nítrico que uno de sus asesorados no le había pagado y que si lo quería me lo podía obsequiar, me entusiasmé, era algo que estaba fuera de mi presupuesto, por supuesto que acepté, él abrió su locker y buscó sin éxito, entonces como recordando me dijo que lo había dejado en su casa, que si no tenía yo problema lo acompañara a su casa después del gimnasio, yo accedí.

Lo esperé en la entrada a que terminara su turno y lo acompañé a su casa, ya era tarde pero él tenía coche. Cuando llegamos a su casa me dijo que vivía solo, que no me preocupara por nada, no entendí porque lo decía, pero si me dio más confianza, su casa estaba adornada con fotos de hombres musculosos y mientras observaba, se acercó y me dio un frasco de óxido nítrico nuevo, le agradecí y me comencé a despedir, pero me dijo que me esperara, que me iba a dar algunos tips de entrenamiento y que al final me podía llevar a mi casa. Tenía una plática muy agradable y yo lo veía de cerca, con la libertad que no tenía en el gimnasio. Entonces fue a su refrigerador y saco una cerveza y me la ofreció, me dijo que la tomara porque en ese momento él no podía tomar. Cuando se levantaba por algo veía sus nalgas dentro de las lycras que usaba, él parecía darse cuenta de ello y lo hacía frecuentemente, casi me rozaba con ellas al pasar. Hasta que sin mediar palabra, en uno de esos momentos que pasaba cerca de mí, lo tome de la cintura y lo acerque hacia mi cuerpo, después toque su pecho y lo amase, mientras el restregaba su culo a mi entrepierna, yo estaba cerrando mis ojos, eso que estaba pasando era como un sueño del que no quería despertar, pero entonces abrí los ojos y le baje sus leggins, tenía un culo espectacular, se me paro como un poste y lo tire en el sillón, lo agarre de la cabeza y le metí la verga en la boca, aunque era más fuerte que yo se dejó llevar, después de un rato de metérsela por la boca, le di vuelta y le arranque la ropa, no sé si lo hice con violencia, pero el parecía muy excitado y no decía nada, solo gemía de placer, entonces metí mi lengua entre sus nalgas y le hice beso negro, todo él me prendía, tenía un olor muy agradable y comenzó a pedirme a suplicarme que lo penetrara, finalmente lo hice mío, lo penetre varias veces durante la noche, hasta que quedamos dormidos.

Esa noche, me quede con él, a diferencia de los encuentros anteriores donde todo lo hacía a escondidas y sin volver a hablar de ello, esta vez parecía que estaba con alguien con quien podía tener otro tipo de relación, dar continuidad, quizá lo que siempre había estado buscando ahora lo podía tener con el entrenador del gimnasio. Durante algún tiempo nos vimos de esa forma, en el gimnasio el trato era igual, sin embargo el coro de jotitas supuse sabía algo porque algunas me veían con burla y otras con admiración, algunas trataban de hacerme plática e incluso me llegaron a invitar algo fuera del gimnasio pero nunca acepté, porque al salir del gimnasio esperaba al entrenador para irnos a su casa, su apetito sexual era casi tan grande como mis impulsos a los 24 años, casi siempre repetíamos dos o tres veces en una noche, y me obsequiaba cosas, algún perfume, unos tenis, playeras, etc. No lo decía pero yo sentía que podía quedarme siempre a su lado.

Cierta vez al llegar al gimnasio había alguien nuevo, era un hombre joven, quizá de unos 28 años, moreno, llevaba una playera sin mangas y pude ver que sus brazos estaban quemados por el sol, se veía serio, y el entrenador estaba con él enseñándole el uso de los aparatos. Me vio de lejos pero no me hizo caso. A partir de ese día, David cambio conmigo, se comenzó a distanciar de mí y cuando quería ir con él a su casa a veces me decía que tenía visitas o que tenía que ir a visitar a algún familiar, dejó de obsequiarme cosas, mientras veía como las atenciones que antes tenía conmigo ahora las tenía con su nuevo entrenado. Sentí un desasosiego en mi corazón, poco a poco fui comprendiendo que su entusiasmo por mí había terminado y que ahora tenía alguien nuevo con quien podía repetir lo que hizo conmigo, así que deje de buscarlo. El coro de jotillas me veía y reía, hasta que las escuché decir del entrenador que “ya había cambiado de chacal”.

Nuevamente esa palabra. El punto es que no sabía mucho del ambiente del mundo homosexual, pero aprendía rápido. Así que le pregunte a mi amigo psicólogo que sabía acerca de los chacalitos y él, que sabía mucho más que yo, porque era muy inteligente me dijo que ese término lo usaban los homosexuales para referirse a… ustedes ya lo saben. Entonces caí en cuenta de todo, lo que yo había buscado era algo diferente a lo que él en realidad me había ofrecido, sólo había comprado con cosas los encuentros sexuales que teníamos, en realidad nunca sintió nada por mí. Durante un par de semanas dejé de ir al gimnasio, me sentía traicionado, decepcionado de haber conocido el ambiente homosexual de esa forma y darme cuenta que no había relaciones afectivas sino solamente comerciales donde quienes más tenían podían comprar a alguien con pocos recursos como yo. Durante esos días platiqué mucho con mi amigo que estudiaba sicología y también leí sobre el tema, poco a poco parecía que iba entendiendo cómo eran las cosas.

Y así, un día decidí regresar al gimnasio. Iba sin rasurarme, la barba me había comenzado a salir, iba sucio, nada había cambiado en el gimnasio, estaba el entrenador que me miró con curiosidad junto a su nuevo entrenado, el coro de jotitas de siempre al cual le dirigí una mirada despectiva. Algunas de ellas habían intentado acercarse a mí y yo siempre las había rechazado, esta vez me hizo plática una de ellas y como siempre me invitó a salir, era una de las que siempre me veía el paquete en el pants, la miré con curiosidad y le dije que no podía, que de hecho ya no iba a poder ir al gimnasio porque no tenía lana para pagar el siguiente mes, al tiempo que me tocaba la verga por encima del pants, entonces note como sus ojos brillaron y me dijo que no me preocupara, que si quería me prestaba, yo accedí. Al salir ya me esperaba, mi mensualidad había sido pagada, la miré bien, no tenía feas nalgas, creo que me habían enseñado bien qué hacer en adelante, después de todo, yo era un chacal…

  
Por: Tigrillo Serch