10 de diciembre de 2015

Conductores suicidas



-          Hola ¿cómo estás?
-          Muy bien, ¿a ti como te ha ido?
-          Excelente
-          Qué bien, ya no te he visto. ¿Ya no frecuentas el bar?
-          No, ya tiene mucho tiempo. Solo me he dedicado al trabajo. ¿Hay algo nuevo de lo que me haya perdido?
-          Pues, ¿recuerdas a mi primo Héctor?
-          Sí, ¿creo que es un barboncito, no? (fingí no estar seguro de quien era).
-          Ese mero, falleció hace un mes… de las complicaciones por el SIDA.
-          ¿En serio? No te creo, lo recuerdo bonachón y de buena salud.
-          Si, era como de nuestra edad. Y se consumió muy rápido, en cuestión de unos tres meses, tenía 29 años. Fui a su funeral, no quería ir, pero me sentí comprometido, mis papas conocen mis andadas y me aceptan como gay. No podía faltar al funeral de mi primo, pero las miradas de toda la familia se centraban en mí, era como si dijeran, “ya sabemos quién sigue”, me sentí muy incómodo y triste, no fue ninguno de sus amigos y muchos ya sabían desde antes de su condición, pues era un secreto a voces.
-          ¿Ya sabían que era seropositivo?
-          Sí, pero de hecho ya tenía sida y creo que a algunos les había dicho y lo comentaban por el FB, ¿no sabías?
-          No sabía eso.
-          Oye, por cierto. Alguien me comento que creo tuviste una relación con él, sácame de la duda.

-          Heee, no. Si lo conocí, pero nunca en plan romántico y lo trate muy poco. No tuve nada que ver con él. Pues que triste noticia.

Fue así como me entere, del secreto que guardaba Héctor, algo que nunca me dijo pero que yo sabía le afectaba. Lo único en lo que pensé al tener esa conversación con su primo, fue que tenía que alejarme, sentí una gran presión en el pecho, me dio mucho miedo. Héctor, había sido el hombre de mi vida, de hecho aún me estaba recuperando de la relación que tuve con él. Hacia tan solo un año que habíamos terminado nuestra relación, nos vimos durante un año aproximadamente. Pero su primo no lo sabía, porque dejamos de frecuentar los mismos lugares donde éramos conocidos. Ahora me daba cuenta que Héctor me había pedido que nos alejáramos de los lugares y de las personas que él conocía porque ellos sabían que tenía sida y por ellos podría enterarme. No sabía que pensar, me sentía muy triste y decepcionado, con coraje. Primero, me dolía saber que había fallecido y segundo, la forma en que murió era terrible y más por lo que significaba para mí también. Eran dos cachetadas muy fuertes. Él había sido la persona más especial en mi vida y saber que ya no volvería a verlo me causaba mucha angustia y dolor. Cuando nos separamos, no entendí que era lo que pasaba, todo parecía estar bien entre nosotros y de pronto él me dijo que ya no podía seguir conmigo, no me pareció para nada razonable y a pesar de mis ruegos, él decidió terminar lo que teníamos. Creo que ahora entendía por qué.

Todo comenzó dos años atrás, yo frecuentaba un bar al que iba gente de todo tipo, vaqueros, osos y otros más, hasta leathers llegaban a aparecer. Fue ahí donde conocí a Héctor, tenía un porte agradable, de barba cerrada y de buen cuerpo, cuando lo vi me pareció muy atractivo y varonil, y a pesar de que era muy llamativo, se fijó en mí. Creí que tenía suerte cuando se me acerco. Yo sé bien que no soy atractivo y por eso siempre me falto audacia para acercarme a los chicos que me gustaban. Esa noche, inicio una relación que duro poco más de un año. Recuerdo que después de conocernos y de hablar de formar una pareja, el me pidió una cosa. Me dijo que ya estaba cansado de la gente de ese bar y que le gustaría iniciar algo nuevo conmigo, lo más lejos que se pudiera. Resulto que yo vivía del otro lado de la ciudad y cuando él me visito por primera vez le gusto el lugar. Le dije que yo trabajaba muy cerca de mi casa y que tampoco me convenía viajar mucho. Él trabajaba de lunes a jueves y podía irse todo el fin de semana conmigo. Yo desde hace mucho disfruto de estabilidad económica y lo único que me faltaba era una pareja. Héctor llego a mi vida y se quedó, lo trate lo mejor que pude, le di todo lo que yo tenía y él me hizo muy feliz, aunque a veces me dejaba sin avisarme y se tardaba, a veces hasta dos fines de semana sin buscarme. Yo me molestaba con él, pero de nuevo regresaba y con un detalle me volvía a convencer de seguir la relación, siempre terminaba aceptándolo de nuevo.

Cuando regresaba de sus ausencias me decía que tuvo que quedarse a cuidar a su madre que era diabetica y que el tratamiento naturista que seguía debía tomarse al pie de la letra y solo él podía dárselo, que por eso no podía estar conmigo. No estaba seguro de que dijera la verdad, pero yo estaba tan feliz de que hubiese vuelto, que prefería creerle, sabía que algún día eso quizá terminaría, pero yo quería prolongarlo lo más que se pudiera. Fuera de esas ausencias él era muy buena persona. Recuerdo que siempre arreglaba los desperfectos que hubiese en la casa y me compraba y hacia la comida. Era muy buen cocinero, yo nunca di una para eso, pero el parecía ser un cocinero nato. Guisaba casi cualquier cosa y el resultado siempre era muy delicioso. Cuando él estaba conmigo, nos pasábamos el fin de semana en casa, no salíamos para nada más que al super o al cine. Siempre teníamos cosas que hacer en casa y de las cuales platicar, podíamos hablar prácticamente de todo, aunque había temas que no tocábamos, como el de sus ausencias, si yo insistía en hablar de eso, él se molestaba y entonces me decía que si seguía con eso se tendría que ir, yo tenía que dejar el tema por la paz. Su compañía era lo más agradable que había conocido, los días que pasábamos juntos eran inolvidables para mí. Por eso, muchas veces le dije que si alguna vez me faltaba, me causaría mucho dolor. En esos momentos, él me abrazaba y me decía al oído que siempre estaría conmigo.

En cuanto al sexo, era muy bueno, tenía buena herramienta y yo lo disfrute mucho. Al principio yo insistía en usar condón, pero él me presiono para no usarlo, al fin y al cabo éramos pareja, el parecía estar muy enamorado de mí y yo de él, pensé que era lo mejor, lo complacería, nunca pensé que podría tener un novio tan atractivo como él, yo estaba dispuesto a hacer todo lo que el deseara de mí. Me enamore perdidamente y pronto lo hicimos a pelo, las sensaciones son muy placenteras de esa forma, sentirme poseído por él, me llevaba a la gloria, yo sé que muchos conocen bien la experiencia y eso dificulta mucho no tomar las medidas necesarias.

Así estuvimos casi un año, y de pronto tuvo una larga ausencia. Cuando regreso, me dijo que teníamos que hablar seriamente. Lo note delgado y ojeroso, seguramente habría estado enfermo, pero no le pregunte. Deje que él me contara lo que tenía que decirme. Se veía que le costaba mucho decírmelo. Lloro mucho, y yo lo abrace, nunca me dijo que era lo que le pasaba a pesar de que le pregunte muchas veces. Solo me dijo que le dolía mucho, pero que debía terminar conmigo, que yo merecía algo mejor, que lo perdonara por todo lo malo que había sido conmigo, le pregunté los motivos, yo lo amaba, él solo me dijo que había alguien más. Yo le dije que entonces no podía yo hacer nada y que si quería separarse yo lo recordaría por todo lo bueno, pues siempre así había sido conmigo. Insistió mucho en que lo perdonara, y solo hasta que le dije que lo perdonaba se tranquilizó un poco. Me dijo también que sabía la opinión que tenia de mí mismo, pero que él se había dado cuenta que yo era una persona muy hermosa y que seguramente alguien más lo notaria. Yo estaba muy triste. No podía alejarme de él. Lo necesitaba, nadie nunca me había hecho tan feliz como él. Esa fue la última vez que lo vi. Aunque después trate de contactarlo ya no pude. Dejo de usar su número de celular y cuando lo busque en el bar donde nos conocimos, me dijeron que ya no iba desde hacía mucho tiempo. No tenía más lugares donde buscarlo. Realmente no sabía más de él, de lo que me había dicho.


Finalmente después de casi un año, me encontré a su primo, del cual resumo la conversación que está al principio. Fue así como descubrí lo que pasaba con él. Creo que si se enamoró de mí, pero nunca tuvo el valor de decirme lo que le pasaba y más porque su amor, el amor que me tenía, llevaba implícito algo que podía hacerme daño y creo también que cuando sintió que estaba más enfermo decidió alejarse de mí para que no viera su sufrimiento ni su muerte, nunca le gusto que yo lo viera enfermo. Quizá ustedes piensen que me he resignado a vivir con el VIH, pero cuando me hice la prueba, resulte negativo al análisis. Cuando eso ocurrió, me di cuenta que la vida es un misterio, que las certezas no existen, pero no volveré a jugar con mi suerte, fui como un conductor suicida y aunque salí ileso de esta, no es garantía de que vuelva a ocurrir. Solo me quede con la tristeza de haber perdido a la persona que significo todo para mí quizá desde donde está el sigue cuidándome, a veces en sueños él regresa a casa y yo le pregunto dónde ha estado todo este tiempo. Él solo se limita a abrazarme y a decirme al oído que siempre estará conmigo, yo sé que estoy soñando, pero me reconforta, me gusta soñarlo.

Por: Serch Leather