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Hola ¿cómo
estás?
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Muy bien,
¿a ti como te ha ido?
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Excelente
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Qué bien,
ya no te he visto. ¿Ya no frecuentas el bar?
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No, ya
tiene mucho tiempo. Solo me he dedicado al trabajo. ¿Hay algo nuevo de lo que
me haya perdido?
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Pues,
¿recuerdas a mi primo Héctor?
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Sí, ¿creo
que es un barboncito, no? (fingí no estar seguro de quien era).
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Ese mero,
falleció hace un mes… de las complicaciones por el SIDA.
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¿En serio?
No te creo, lo recuerdo bonachón y de buena salud.
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Si, era
como de nuestra edad. Y se consumió muy rápido, en cuestión de unos tres meses,
tenía 29 años. Fui a su funeral, no quería ir, pero me sentí comprometido, mis
papas conocen mis andadas y me aceptan como gay. No podía faltar al funeral de
mi primo, pero las miradas de toda la familia se centraban en mí, era como si
dijeran, “ya sabemos quién sigue”, me sentí muy incómodo y triste, no fue
ninguno de sus amigos y muchos ya sabían desde antes de su condición, pues era
un secreto a voces.
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¿Ya sabían
que era seropositivo?
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Sí, pero
de hecho ya tenía sida y creo que a algunos les había dicho y lo comentaban por
el FB, ¿no sabías?
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No sabía
eso.
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Oye, por
cierto. Alguien me comento que creo tuviste una relación con él, sácame de la
duda.
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Heee, no.
Si lo conocí, pero nunca en plan romántico y lo trate muy poco. No tuve nada
que ver con él. Pues que triste noticia.
Fue así como me entere, del secreto que guardaba Héctor, algo que nunca
me dijo pero que yo sabía le afectaba. Lo único en lo que pensé al tener esa
conversación con su primo, fue que tenía que alejarme, sentí una gran presión
en el pecho, me dio mucho miedo. Héctor, había sido el hombre de mi vida, de
hecho aún me estaba recuperando de la relación que tuve con él. Hacia tan solo
un año que habíamos terminado nuestra relación, nos vimos durante un año
aproximadamente. Pero su primo no lo sabía, porque dejamos de frecuentar los
mismos lugares donde éramos conocidos. Ahora me daba cuenta que Héctor me había
pedido que nos alejáramos de los lugares y de las personas que él conocía
porque ellos sabían que tenía sida y por ellos podría enterarme. No sabía que
pensar, me sentía muy triste y decepcionado, con coraje. Primero, me dolía
saber que había fallecido y segundo, la forma en que murió era terrible y más
por lo que significaba para mí también. Eran dos cachetadas muy fuertes. Él
había sido la persona más especial en mi vida y saber que ya no volvería a
verlo me causaba mucha angustia y dolor. Cuando nos separamos, no entendí que
era lo que pasaba, todo parecía estar bien entre nosotros y de pronto él me
dijo que ya no podía seguir conmigo, no me pareció para nada razonable y a
pesar de mis ruegos, él decidió terminar lo que teníamos. Creo que ahora
entendía por qué.
Todo comenzó dos años atrás, yo frecuentaba un bar al que iba gente de
todo tipo, vaqueros, osos y otros más, hasta leathers llegaban a aparecer. Fue
ahí donde conocí a Héctor, tenía un porte agradable, de barba cerrada y de buen
cuerpo, cuando lo vi me pareció muy atractivo y varonil, y a pesar de que era
muy llamativo, se fijó en mí. Creí que tenía suerte cuando se me acerco. Yo sé
bien que no soy atractivo y por eso siempre me falto audacia para acercarme a
los chicos que me gustaban. Esa noche, inicio una relación que duro poco más de
un año. Recuerdo que después de conocernos y de hablar de formar una pareja, el
me pidió una cosa. Me dijo que ya estaba cansado de la gente de ese bar y que
le gustaría iniciar algo nuevo conmigo, lo más lejos que se pudiera. Resulto
que yo vivía del otro lado de la ciudad y cuando él me visito por primera vez
le gusto el lugar. Le dije que yo trabajaba muy cerca de mi casa y que tampoco
me convenía viajar mucho. Él trabajaba de lunes a jueves y podía irse todo el
fin de semana conmigo. Yo desde hace mucho disfruto de estabilidad económica y
lo único que me faltaba era una pareja. Héctor llego a mi vida y se quedó, lo
trate lo mejor que pude, le di todo lo que yo tenía y él me hizo muy feliz,
aunque a veces me dejaba sin avisarme y se tardaba, a veces hasta dos fines de
semana sin buscarme. Yo me molestaba con él, pero de nuevo regresaba y con un
detalle me volvía a convencer de seguir la relación, siempre terminaba aceptándolo
de nuevo.
Cuando regresaba de sus ausencias me decía que tuvo que quedarse a
cuidar a su madre que era diabetica y que el tratamiento naturista que seguía
debía tomarse al pie de la letra y solo él podía dárselo, que por eso no podía
estar conmigo. No estaba seguro de que dijera la verdad, pero yo estaba tan
feliz de que hubiese vuelto, que prefería creerle, sabía que algún día eso
quizá terminaría, pero yo quería prolongarlo lo más que se pudiera. Fuera de
esas ausencias él era muy buena persona. Recuerdo que siempre arreglaba los
desperfectos que hubiese en la casa y me compraba y hacia la comida. Era muy
buen cocinero, yo nunca di una para eso, pero el parecía ser un cocinero nato.
Guisaba casi cualquier cosa y el resultado siempre era muy delicioso. Cuando él
estaba conmigo, nos pasábamos el fin de semana en casa, no salíamos para nada
más que al super o al cine. Siempre teníamos cosas que hacer en casa y de las
cuales platicar, podíamos hablar prácticamente de todo, aunque había temas que no
tocábamos, como el de sus ausencias, si yo insistía en hablar de eso, él se
molestaba y entonces me decía que si seguía con eso se tendría que ir, yo tenía
que dejar el tema por la paz. Su compañía era lo más agradable que había
conocido, los días que pasábamos juntos eran inolvidables para mí. Por eso,
muchas veces le dije que si alguna vez me faltaba, me causaría mucho dolor. En
esos momentos, él me abrazaba y me decía al oído que siempre estaría conmigo.
En cuanto al sexo, era muy bueno, tenía buena herramienta y yo lo
disfrute mucho. Al principio yo insistía en usar condón, pero él me presiono
para no usarlo, al fin y al cabo éramos pareja, el parecía estar muy enamorado
de mí y yo de él, pensé que era lo mejor, lo complacería, nunca pensé que podría
tener un novio tan atractivo como él, yo estaba dispuesto a hacer todo lo que
el deseara de mí. Me enamore perdidamente y pronto lo hicimos a pelo, las
sensaciones son muy placenteras de esa forma, sentirme poseído por él, me
llevaba a la gloria, yo sé que muchos conocen bien la experiencia y eso
dificulta mucho no tomar las medidas necesarias.
Así estuvimos casi un año, y de pronto tuvo una larga ausencia. Cuando
regreso, me dijo que teníamos que hablar seriamente. Lo note delgado y ojeroso,
seguramente habría estado enfermo, pero no le pregunte. Deje que él me contara
lo que tenía que decirme. Se veía que le costaba mucho decírmelo. Lloro mucho,
y yo lo abrace, nunca me dijo que era lo que le pasaba a pesar de que le
pregunte muchas veces. Solo me dijo que le dolía mucho, pero que debía terminar
conmigo, que yo merecía algo mejor, que lo perdonara por todo lo malo que había
sido conmigo, le pregunté los motivos, yo lo amaba, él solo me dijo que había
alguien más. Yo le dije que entonces no podía yo hacer nada y que si quería
separarse yo lo recordaría por todo lo bueno, pues siempre así había sido
conmigo. Insistió mucho en que lo perdonara, y solo hasta que le dije que lo
perdonaba se tranquilizó un poco. Me dijo también que sabía la opinión que
tenia de mí mismo, pero que él se había dado cuenta que yo era una persona muy
hermosa y que seguramente alguien más lo notaria. Yo estaba muy triste. No
podía alejarme de él. Lo necesitaba, nadie nunca me había hecho tan feliz como
él. Esa fue la última vez que lo vi. Aunque después trate de contactarlo ya no
pude. Dejo de usar su número de celular y cuando lo busque en el bar donde nos
conocimos, me dijeron que ya no iba desde hacía mucho tiempo. No tenía más
lugares donde buscarlo. Realmente no sabía más de él, de lo que me había dicho.
Finalmente después de casi un año, me encontré a su primo, del cual
resumo la conversación que está al principio. Fue así como descubrí lo que
pasaba con él. Creo que si se enamoró de mí, pero nunca tuvo el valor de
decirme lo que le pasaba y más porque su amor, el amor que me tenía, llevaba
implícito algo que podía hacerme daño y creo también que cuando sintió que
estaba más enfermo decidió alejarse de mí para que no viera su sufrimiento ni
su muerte, nunca le gusto que yo lo viera enfermo. Quizá ustedes piensen que me
he resignado a vivir con el VIH, pero cuando me hice la prueba, resulte
negativo al análisis. Cuando eso ocurrió, me di cuenta que la vida es un
misterio, que las certezas no existen, pero no volveré a jugar con mi suerte, fui como un conductor suicida y aunque salí ileso de esta, no es garantía de que vuelva a ocurrir. Solo me quede con
la tristeza de haber perdido a la persona que significo todo para mí quizá
desde donde está el sigue cuidándome, a veces en sueños él regresa a casa y yo
le pregunto dónde ha estado todo este tiempo. Él solo se limita a abrazarme y a
decirme al oído que siempre estará conmigo, yo sé que estoy soñando, pero me
reconforta, me gusta soñarlo.
Por: Serch Leather