23 de julio de 2015

Velando tu sueño

Veo tu rostro inmóvil, lo conozco tan bien, desde el inicio, ¿sabes? fue lo que más me llamó la atención de ti, sé que a los ojos de los demás no eres guapo, no encajas dentro de los parámetros de la belleza masculina, nunca podrías estar en la foto de algún evento social si es que fueras, y sin embargo para mí fue tu rostro lo que me cautivó desde que te vi. Ahora te veo ahí, inmóvil, durmiendo, con una expresión sin sentido en tu rostro, los ojos cerrados, la respiración lenta, inmóvil, tu piel oscura contrasta con el blanco de las sábanas de la cama, y yo aquí a tu lado, esperando que despiertes, como tantas veces que te perdías de borracho, pero esta vez no hay alcohol en tu cuerpo, y sin embargo duermes.

Aún recuerdo la primera vez que te vi, en la penumbra de un cine porno, yo soy más alto de estatura, te vi caminando lentamente, pasaste cerca de mí y me ignoraste, no me volteaste a ver, así que no fue relación a primera vista, pero algo en ti me cautivó, vi tu rostro diferente, llevabas una gorra de mezclilla acomodada de lado, la mirada fuerte al frente, y aunque a mí me gusta la gente con bigote tu no lo usabas, pero no te hacía falta, tus labios gruesos eran masculinos y un par de líneas de expresión le daban fuerza a tu cara, las mandíbulas marcadas, la frente amplia, usabas el pelo corto, a lo militar, pero no eras militar, llevabas una mochila al hombro, probablemente salías de tu trabajo, y tu tono de piel moreno me gustó, era un tono aterciopelado. Tu cuerpo era normal, no gordo, no musculoso, pero tenías la actitud al caminar, esa actitud retadora pero al mismo tiempo discreta. Te seguí con la mirada, yo parecía no existir a tus ojos, a pesar que me consideraba con mucho pegue tú me ignoraste.

Te vi más veces. La siguiente me senté junto a ti, fue cuando me volteaste a ver con cara de “¿y quién es este wey?”. Estuvimos un rato sin decir ni hacer nada y luego te levantaste y te fuiste de ahí. Mantuve mi distancia y vi que yo no era tu tipo de gente con quien te gustaba estar, buscabas a alguien joven, de piel blanca, supuse que era porque tú eras muy moreno y buscabas alguien diferente a ti, así que en adelante solo te veía de lejos y guardaba mi distancia, nunca me ha gustado insistir cuando no soy del gusto de alguien, yo también he rechazado a algunos y sé aceptar cuando alguien me dice que no y sé alejarme. Hasta que una vez pasaste junto a mí, me sonreíste y tocaste mi costado, como quien pide permiso para pasar. Yo me hice a un lado y solo pasaste, fue la primera vez que te vi sonreír, y me gustó, se te hacían dos hoyuelos en las mejillas, tu dentadura era blanca y perfecta, fue la primera vez que me tocaste. Te seguí con la mirada, buscabas siempre alguien con quien pasar el rato, alguien a tu gusto, que tú lo hicieras a tu modo, siempre te gustó llevar el ritmo, no dejabas que el otro hiciera algo que tú no quisieras en el momento que lo desearas, lo mismo eras activo que pasivo, aunque me chocaba verte como pasivo con alguien que parecía ser afeminado, pero era tu gusto, y sé que yo no te gustaba para sexo.

En alguna otra vez que te vi te acercaste a un lado de donde yo estaba parado. Cerca había un chavillo como los que te gustaban, pero resulta que tú tampoco les gustabas a todos y él te vio de arriba abajo y se fue con un mohín de desagrado. Y ahí estabas tú, a mi lado, excitado, sin más gente alrededor. Entonces me atreví a dar un paso hacia donde estabas, esa vez no te quitaste, pero tampoco me volteaste a ver, solo estabas ahí tocándote el miembro, lo tomé como una señal de aprobación y entonces puse la mano sobre tu bragueta, tú te dejaste hacer, sentí tu verga dura debajo del pantalón. Como pude te abrí la bragueta, no soy bueno para hacerlo y menos porque llevabas un pantalón de botones en vez de cierre, me costó trabajo, creo que eso te dio risa, y esa risa me ganó más, entonces hice lo que hace tanto tiempo deseaba, tener tu verga en mis labios. No es de gran tamaño, quizá sea del tamaño promedio, pero a mí me gustó porque eras tú, quiero decir, antes que tu verga me gustabas tú todo, aunque he conocido vergas mejores que la tuya, lo que te vi me agradó porque eras tú. Mi propia verga estaba erecta y me salía líquido preseminal, yo estaba más excitado de lo que tú estabas, pero esa oportunidad de mamarte la verga no la iba yo a desperdiciar, hice lo mejor que pude, aún con mi torpeza y el temor de que en cualquier momento me rechazaras. Pero no lo hiciste, hasta que te saliste de mi boca para eyacular. Terminaste y al mismo tiempo me masturbé para venirme también mientras te veía limpiarte con una servilleta de las que siempre acostumbras tener en la bolsa de tu pantalón. Me dirigiste una sonrisa y te fuiste.

Te vi una siguiente vez, me acerqué a ti pero me dijiste que ya te habías venido, pero te quedaste ahí, y entonces te invité una cerveza, lo pensaste mucho pero aceptaste, siempre y cuando fuera Victoria. Supe que tenías una tienda de abarrotes junto con tu hermano, un changarro, no habías terminado de estudiar y tu conversación era muy ligera, no tenía profundidad, pero todo eso no parecía importarme, bastaba que me vieras a los ojos y me dedicaras una sonrisa para hacerme feliz. Pasó tiempo para que aceptaras volver a vernos, creo que siempre me aceptaste porque no tenías algo mejor en ese momento, yo lo sabía pero te buscaba, me gustaba el timbre de tu voz, alguna vez te dije que tenías voz de locutor, tú solo reías mientras tomabas tu cerveza. Terminamos en un hotel, ahí fue donde me cogiste por primera vez, llevamos dos six de cervezas que nos fuimos tomando durante la noche, siempre que tomabas te ponías muy guarro, nunca hubo romanticismo, esa primer vez me dijiste: “¿vas a ser mí nalguita?”, me molestó pero aun así acepté. Yo casi no dormí, pensé que esa era la única vez que íbamos a estar juntos en una cama, “durmiendo”, aunque solo tu dormiste a pierna suelta, yo te veía y te acariciaba el cuerpo con suavidad para no despertarte, podía apreciar cada detalle, un cuerpo normal, un hombre normal, pero para mí eras único, eras diferente a todos, eras especial.

No sé lo que es el amor, no sé si te amé, no sé si solo me enculé contigo, aunque sé que tú eras también pasivo conmigo solo fuiste activo, nunca quisiste ni siquiera agarrarme la verga para ayudarme a masturbarme, tú eras quien eyaculaba primero, yo procuraba tu placer, no el mío. Lo que sí sé es que tú no me amaste, quizá llegaste a sentir algo de cariño por mí, pero no era amor, siempre fui tu segunda opción, a quien buscabas cuando no tenías otra cosa que hacer. Tu hermano me conoció, alguna vez fui a buscarte a tu tienda y no estabas pero ya él sabía de nosotros, era yo el amigo más frecuente que tenías y alguna vez él contestaba el teléfono. Físicamente eran diferentes, él había terminado la carrera de contador y entablamos una amistad, cuando te iba yo a buscar y no estabas tu hermano solo me decía que de seguro andabas de cabrón, yo me ponía triste y él me invitaba una cerveza a modo de consuelo y me hacía plática, siempre hablábamos de otras cosas menos de ti y de mí, de cine, de política, de fut bol, de lo que fuera, y así se me iba el tiempo hasta que llegabas, como si nada. Por mi lado también tuve sexo con otros, era mi parte de activo tu no me dabas, pero siempre regresaba a buscarte a ti.

Nunca te reclamé nada, nunca fuimos pareja, solo eras un cabrón caliente que hacía lo que quería y yo era otro caliente que estaba enculado contigo, nunca vi tus defectos, tu sonrisa cubría todo, y sabías cómo hacerme caer, encontraste puntos en mi cuerpo que ni yo mismo sabía que existían. Algunas veces cuando me enojaba contigo me tomabas de la cintura y entonces me acariciabas con tus dedos la parte baja de mi espalda, eso me encendía y olvidaba el motivo del enojo para hacer lo que tú quisieras, siempre terminaba cediendo contigo. Tomabas más que yo, muchas veces te cuidé mientras tú te ahogabas de borracho, entonces te ponías pesado, me hacías que te mamara la verga estando alcoholizado, pero no importaba, yo quería estar contigo.

Algunas veces iba a dejarte a casa de tu hermano con quien vivías, era un segundo piso arriba de la tienda de abarrotes, cuando era muy tarde tu hermano me decía que podía quedarme a dormir ahí hasta el día siguiente, tenían un catre en la parte de atrás de la tienda, yo te subía a tu cuarto perdido de borracho y luego bajaba las escaleras para quedarme en el catre. Tu hermano sabía bien de ti y de mí pero nunca dijo nada, solo me veía de reojo. Una sola vez mientras tu dormías borracho en tu cuarto él me llevó una cobija y me preguntó que te había yo visto para seguirte tanto tiempo siendo que tú no me corresponderías nunca, le dije que yo mismo no sabía, solo que te habías vuelto parte de mi vida, que no podía concebir mi vida sin ti. Él me dijo que nunca me iba a entender y se fue a dormir, dejándome solo con esa pregunta que hasta hoy no me sé responder mientras te miro dormir, no sonríes dormido, no sé si sueñas algo, aunque si lo haces es seguro que no es conmigo.

Esa noche tomaste más de lo normal, fui a dejarte a la casa de tu hermano, estuviste haciendo escándalo, él bajó a la tienda y entre los dos te subimos a tu cuarto a dormir, luego bajó a donde yo me quedaba y me invitó una cerveza, él abrió otra y platicó conmigo, me dijo que al día siguiente debía trabajar y que iba a estar muy desvelado, eran como las cuatro de la mañana, yo me sentía mal, sabía que nunca me ibas a querer de la misma forma como yo te quería, y sin embargo no podía dejarte. No sé lo que pasó, no hacías ruido en tu cuarto, no sé si escuchaste algo, tu hermano se acercó a mí a darme un abrazo sin más intención que compadecerme, cuando de pronto te vimos bajar la escalera a toda prisa con una expresión de furia en tu cara. Algo pasó, perdiste el escalón, intentaste agarrarte del pasamanos pero no lo alcanzaste, tu cuerpo se deslizó primero a un lado y luego fue cayendo ladeándose mientras con la otra mano arrastrabas los adornos de cerámica que había en la pared de la escalera rompiéndose junto a tu cuerpo en un golpe seco, tu espalda golpeó primero el piso y luego lo hizo tu cabeza con un sonido seco, después, el silencio. Corrimos hasta donde estabas, un fino hilo de sangre salía de uno de tus oídos y de las heridas de la cerámica rota en tu cuerpo.

De eso hace una semana, desde entonces permaneces dormido, no hay reacción en tu cuerpo a ningún estímulo, de todos los que han venido a verte solo han sido tus familiares, nadie más a excepción mía, todos los que alguna vez te buscaron para tener sexo no han venido. Te veo dormido y te cuento todo esto que voy recordando, sé que no me escuchas, pero es mi forma de comunicarme contigo, de decirte lo que fuiste para mí. Los doctores no creen que despiertes, yo vengo aquí, por tiempos, velando por ratos tu sueño, no sé cuánto tiempo más, aunque sé que no estoy dentro de tus sueños, pero eso ya no importa…


Septiembre 2004


16 de julio de 2015

Heteronormalidad

Hace un tiempo el Papa Francisco declaró: "Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarlo? El catecismo de la Iglesia Católica  lo explica de una forma muy bella a esto. Dice que no se puede marginar a estas personas por eso. Hay que integrarlas a la sociedad”. Cuando dijo esto muchos interpretaron que el Papa estaba aceptando a los homosexuales, que tenía ideas progresistas y lo calificaron de ser un Papa Gayfriendly. Personalmente nunca lo pensé así, sus palabras llevaban un condicionamiento y ninguna aceptación.
1)      Puedes ser gay pero siempre y cuando busques al Señor.
2)      Hay que integrar a los gays a la sociedad bajo el catecismo de la Iglesia.

“Ser gay es ser cool, lo gay está de moda”

El reconocimiento a los derechos de las personas homosexuales ha tenido importantes avances en los últimos tiempos. Importantes figuras del medio artístico, deportivo y otras áreas expuestas mediáticamente han tenido su salida del closet en medio de la cada vez mayor aprobación de la opinión pública, algunos han optado por el alquiler de vientres y son objeto de reportajes y entrevistas en revistas que antes eran solo para un mercado de heterosexuales, hoy gozan de aceptación pública, mostrando que las clases sociales han llegado a los gays, y que, a diferencia del mundo heterosexual común donde hay ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda, entre los homosexuales, los gays también pueden ser gente bien, gente como uno, gente que es exitosa en lo que hace, desde importantes ejecutivos de empresas privadas, pasando por artistas, deportistas, intelectuales y otros muchos más del mundo de la farándula. Los gays son cool, tienen buen gusto, saben de moda, de arte, viajan, se cultivan, incluso pueden ser capaces de adoptar y de formar familias como los heterosexuales comunes, de forma tal que se han podido integrar productivamente a la sociedad de forma tan armónica que son un ejemplo que todos los demás homosexuales debiéramos seguir como modelo de vida aspiracional, como ejemplo a seguir.

“Una cosa es ser gay, y otra muy distinta andar puteando…”
Ha comenzado a circular así un tipo de publicidad en este sentido, estableciendo una diferencia entre lo que es un gay socialmente aceptable y un vulgar y excluido puto. Un gay es aquella persona que tiene respeto por sí mismo y por los demás, es culto, talentoso, fuerte, responsable, romántico, inteligente, fiel cariñoso y varonil, es valorado por ser buen hombre. Puto es aquella persona vulgar, promiscua, consumista, es mentiroso, irresponsable, chismoso y vacío, es conocido por frecuentar saunas y bares en busca de sexo, ama mostrarse como un pedazo de carne. En primera instancia las definiciones están fuera de lugar. Basta ver a algunos de los políticos que han sido exhibidos en videos con prostitutas para ver que caen en la segunda definición del término pero que a la luz pública son perfectos esposos y padres de familia. Pero más allá de agrupar en gays buenos, aceptables y normales por un lado, y en putos, indeseables y excluidos a los segundos, detrás de estos conceptos hay una ideología católica y misógina. La primer definición de lo que es un gay como “aquella persona que tiene respeto por sí  mismo” es lo mismo que se les pide a las mujeres, que no cedan a las relaciones sexuales hasta el matrimonio y que lo hagan solo con sus maridos, negandoles el derecho a decidir por sí mismas, negando el derecho al placer, al sexo.

“Pedro y Juan se casaron, invitaron a su boda son todos sus amigos que son todos con los que se han acostado…”

El gay aceptado solo puede tener sexo con su pareja, que al fin y al cabo para eso querían que el matrimonio entre personas del mismo sexo fuera legalizado, y su estilo de vida solo es aceptado cuando más se acerque al modo de vida heterosexual y cristiano. Las mujeres llevan un largo período de lucha por sus derechos sexuales y reproductivos, por el derecho a tener una vida sexual satisfactoria y tener la posibilidad de separar el ejercicio de la sexualidad de la reproducción. Sin embargo, para la iglesia el fin último del matrimonio es justamente la reproducción, una mujer que ejerce libremente su derecho a una vida sexual independiente de la reproducción es rechazada al estar en pecado y atentar contra su cuerpo. Esta misma visión se impone sobre los homosexuales, solo pueden ser socialmente aceptados cuando más “normales” parezcan. Y los mismos homosexuales promueven ese tipo de campañas.

Las visiones del matrimonio homosexual caen en lo rosa, al igual que la visión rosa del matrimonio homosexual. Casarse a la orilla del mar, en algún salón, rodeados de familiares y amigos, con música de violines, el pastel las flores, la cena, la luna de miel. La imagen del homosexual es la de dos hombres varoniles tomados de la mano, sonriendo a la orilla del mar, quizá un beso. Lo demás, lo que pasa en la intimidad, no se dice, no se habla, quién se coge a quién, quien se la mama, etc., eso no es bien visto, eso se niega. Es como si al reconocer el derecho al matrimonio implicara también quitar la parte sexual del homosexual.

“Pues si quieren casarse que lo hagan, cada quien su vida, pero los niños que quieren adoptar, ¿Qué culpa tienen? ¿acaso no piensan en la vida de señalamientos que tendrán?”

La lucha por el reconocimiento del matrimonio homosexual no tiene como fin último la ceremonia, sino una lucha por los derechos sociales que conlleva el matrimonio. El derecho a la seguridad social, el poder adquirir una casa juntos al sumar los ingresos de los conyugues ante las instancias de crédito, el que la pareja decida en caso de enfermedad que impida al conyugue decidir, el tema de la herencia. Ahí radica el fondo de la cuestión del matrimonio como contrato social con los mismos derechos y obligaciones que cualquier matrimonio heterosexual, y por supuesto, el derecho de adopción. Esto va más allá de la visión rosa del matrimonio, y cuando se trata de personas homosexuales, quienes piensan en casarse y luchan por este derecho son más conscientes sobre lo que buscan.

“Esos que van ahí son putos”

Ese mundo aspiracional donde lo políticamente correcto es Glee, donde muchos quieren ser como Miranda Richardson o como el trío de solteronas de Sex and the City, no existe. Ese mundo glamuroso donde los homosexuales son aplaudidos por la industria de la moda, la música, la cocina y demás posiciones mediáticas está reservado para unos cuantos, que tuvieron diversas razones para mostrarse como homosexuales poniendo en riesgo las carreras que ya tenían, son rostros de campañas por los derechos de los homosexuales en un mundo rosa, descafeínado, de ropa de marca, restaurantes de lujo y lociones de diseñador. Pero al igual que el mundo heterosexual, no todos pueden entrar a dicho mundo, la realidad para la mayoría de los homosexuales es la discriminación cotidiana, la violencia, los crímenes de odio, el vih, la falta de oportunidades educativas y laborales. Y la cotidiana lucha diaria por sobrevivir en un mundo que queda muy lejos de la Quinta Avenida y más cerca de la Alameda Central y sus lugares de ligue clandestino que lo rodean, donde por una pequeña cantidad que se paga al entrar se puede tener un momento de sexo, que muchas veces es el único escape a la cotidianidad de la realidad que vivimos.

“Una cosa es la libertad y otra muy distinta el libertinaje”

La heteronormalidad entre los homosexuales termina por discriminar a los que son “promiscuos”, a los que “no salen de los vapores”, los lugares de encuentro, homosexuales que condenan a otros homosexuales por ejercer su sexualidad. Un gay “normal” es aquel que tiene una pareja, que son fieles, que pueden convivir abiertamente con sus vecinos y familias y ante los que se mimetizan de un matrimonio normal. Abro una página al azar para buscar la definición de libertinaje y aparece la foto de dos hombres besándose. Dicho de este lado, puedes ser homosexual, pero repruebo tus prácticas sexuales libertinas. Nada de tríos, cuartetos, orgías, cuartos oscuros, vapores, sexo clandestino, miradas al miembro del prójimo, ¿Qué usas poppers? Qué horror, aparte de puto, promiscuo y vicioso. Y eso dicho por los mismos homosexuales bien, aquellos que nunca van a esos lugares, pero que curiosamente saben cómo son, Aquellos que solo se toman de la mano en una cafetería mirándose a los ojos, profundamente enamorados, aunque a la semana siguiente estén enamorados de otro más. A eso se queda reducido el homosexual. Lo demás son prácticas inmorales que no caben en el sacramento del matrimonio.

El libertinaje es el ejercicio de la liberad llevado al punto en que un conservador jamás iría. El sexo tiene un poder transgresor, confronta al hombre con sus propias creencias, con sus miedos. El ser humano es un ser sexual, se dice que el ser humano es la única especie que tiene sexo por placer y no por fines reproductivos, pero es una cuestión de derechos y de tener la capacidad de decidir sobre uno mismo en libertad. El sexo tiene ese componente liberador, de aceptación y realización. Y todo ello entra en el ámbito estrictamente privado. Mi vida personal es privada, si decido casarme o no es una decisión que no consultaré con nadie, ni con mi familia, los homosexuales no están de moda, los aplausos son huecos, aún hay un largo camino de lucha, pero este pasa por el libre ejercicio de la sexualidad, y que cada quien lo ejerza de la forma que considere conveniente, en responsabilidad y sin culpa, sin juzgar ni condenar. Menos cuando se trata de los mismos homosexuales.

Por: Martín Soloman

8 de julio de 2015

Juan

Mi progenitora fue madre soltera, pero cuando tenía yo unos diez años se juntó con otro hombre. Mi padrastro ya era viudo y tenía tres hijos de su anterior matrimonio, era un hombre mayor pero fuerte, una persona de campo muy noble, que sin ser mi padre fue tan bueno conmigo, que cumplió esa función. Me trato como a su hijo menor, sin distinguirme de los demás hijos que tuvo, me dio lo que un padre le da a su hijo. Yo llegue a apreciarlo tanto que incluso aunque mi madre y él se separaron más tarde, yo seguí visitándolo y respetándolo como un padre.

Los dos hijos mayores de mi padrastro ya tenían más de 18 años y quizá fue porque ya eran independientes que de alguna manera no me vieron como un hermano en esa época, aunque tampoco me trataron mal no hicieron ningún intento por convivir conmigo, su interés estaba más en tener novias, excepto el menor de ellos, Juan.  Él era solo cuatro años mayor que yo y estaba en la edad en la que terminaba por salir de la niñez para entrar a la adolescencia y a veces jugábamos juntos. Muchas de las cosas de lo que hoy me atraen se remontan a esa época. Ellos eran gente de campo, no terminaron de estudiar y se metieron a trabajar en el campo, en la albañilería. Combinaban ambas cosas, en el mes de Junio iniciaban la siembra de maíz y llegaba la cosecha en Diciembre. Los meses que no estaban en el campo trabajaban de albañiles. De todos ellos Juan era diferente, no solo porque era el más cercano a mí en edad, sino porque era distinto a sus hermanos. Juan compraba revistas de fisicoculturismo y tenía pesas hechas con latas que llenaba de cemento con un tubo en medio y hacía ejercicio, debía tener buena genética o el trabajo físico le ayudaba, porque en poco tiempo logró desarrollar un buen cuerpo.

Para entonces las cosas entre mi madre y mi padrastro no habían funcionado y se separaron en términos amistosos, se conservó una buena amistad entre ellos y se seguían frecuentando ya como amigos. Yo conservé la amistad de Juan y comencé a admirarlo en secreto. Recuerdo que cuando iba a visitarlos él era el único que me hacía caso, me hablaba y me trataba bien, a veces era el único que estaba en su casa, sus hermanos salían por las tardes con sus novias o amigos y mi padrastro también supongo que trabajaba. Como gente de campo no acostumbraban usar camisa en su casa y les gustaba andar descalzos. Cuando Juan tenía unos 18 o 19 años cierta vez que fui a visitarlo lo encontré haciendo mezcla para una reparación de su casa. Tenía un cuerpo muy bien formado, aún guardo la imagen de cómo con tan solo reírse los músculos de sus abdominales se le marcaban en un perfecto six pack. No era atractivo de cara, sus facciones eran burdas, nariz chata, labios gruesos, su piel era muy morena, más por el sol del campo sobre su cuerpo. Sus pies eran gruesos, sus manos con callos, de modales toscos. Siempre le gustó el ejercicio y tenía guantes de box y un costal lleno de arenilla donde practicaba.

No sé en qué momento pero comenzamos a jugar a las luchas, él de mayor edad y con ese cuerpo siempre me inmovilizaba, me ponía boca abajo en el piso y se montaba encima de mí, entonces como un juego comenzaba a sentir que su verga se ponía dura entre mis nalgas, yo sentía raro, una mezcla entre placer y morbo pero al mismo tiempo de algo prohibido, entonces hacía movimientos para zafarme hasta que él me dejaba y entonces volvíamos a empezar, intercambiábamos algunos golpes y terminaba inmovilizándome, siempre con su verga dura que ponía entre mis nalgas. Nunca me dijo nada, nunca le dije nada, solo jugábamos y el juego iba avanzando cada vez más. Me compre un par de guantes de box y por mi lado comenzaba a hacer ejercicio.

Así comenzamos la costumbre de vernos por la tarde y jugar a las luchas, creo que él también me esperaba para iniciar el juego. Ambos forcejeábamos sin camisa, no tenía mucha oportunidad de tocar su cuerpo ya que él era más fuerte pero llegaba a hacerlo y eso me gustaba mucho, sus músculos eran duros, la tensión del juego los hacía resaltar más, hasta que en una ocasión al tenerme otra vez dominado sobre mí, me bajó el pantalón, se abrió la bragueta y me puso su verga dura entre mis nalgas, sin penetrarme, solo la tenía ahí, dura y babeando. Yo sentía raro pero me gustaba, con el paso de los días yo dejaba de hacer fuerza para que él me pudiera bajar el pantalón y ponerme su verga en mi entrada.  En otra ocasión comenzamos a hablar de sexo y él alardeaba y era despectivo conmigo, presumiendo que él ya había cogido y yo aún no. Le preguntaba cómo era eso, lo que se sentía y me preguntó si yo me masturbaba, eso era algo que me daba vergüenza en ese tiempo, pero el verlo a él con su cuerpo sin camisa y oírlo hablar de forma diferente del sexo me producía excitación. Le dije que quería verle la verga y él se bajó la bragueta. Hasta entonces solo tenía como referencia mi propio pene, cuando ví el de él me gustó, era más grande y grueso que el mío, muy moreno con la cabeza oscura, y babeaba mucho. Me pidió que sacara mi pene y lo hice con pena, el mío era chico comparado al de él, me miró y me dijo que le mostrara cómo me masturbaba, lo hice y se rio, dijo que así no se hacía y me comenzó a mostrar cómo él se masturbaba, recorriendo con su mano todo el tronco de su verga. Me dijo que ahora lo hiciera yo, que le agarrara la verga y lo masturbara. Era la primera vez que agarraba una verga erecta, se sentía dura y caliente. Comencé a masturbarlo torpemente y él tomó mi mano con la suya para mostrarme cómo se debía masturbar y se vino.

Esa fue mi primer experiencia en ver y tocar una verga diferente a la mía en vivo. Durante los siguientes días me masturbaba pensando en lo que había pasado, y volví a su casa a buscarlo. Lo encontré como siempre sin camisa, hablamos de cualquier cosa y luego me preguntó si había estado practicando cómo se debe masturbar, le dije que sí y me dijo que le mostrara, yo me abrí el pantalón y comencé a masturbarme, él también sacó su verga y me pidió que me bajara los pantalones, se acercó a mí y me puso de espaldas mientras acercaba su verga hacia mis nalgas. Sentí su glande entre mis nalgas, duro y lubricado mientras me decía que me siguiera masturbando. Creo que ambos éramos torpes, intentó penetrarme pero no pudimos, yo tenía miedo y me cerraba. Fue así como comenzamos, al principio solo terminábamos masturbándonos, pero como nos veíamos frecuentemente, hacíamos lo mismo y tanto me restregaba la verga en el ano, que terminó dando en el blanco, poco a poco iba entrando en mí, al principio con dolor, luego con placer. A partir de ahí cuando nos veíamos pasaba algo parecido, a veces jugando, a veces solo se daba, eso pasó durante algún tiempo.

Todo cambia, con el paso del tiempo yo salí a estudiar fuera del pueblo, el contacto que mantenía con Juan se fue perdiendo. Lo que supe de él fue de oídas cuando llegaba a ir al pueblo, pero no lo busqué. Supe que todos sus hermanos se habían casado, también Juan lo hizo, yo no pude ir a ninguna de sus bodas, sus hijos fueron naciendo, sus casa fueron cambiando, demolieron la vieja casa familiar y dividieron el terreno para que cada quién tuviera su propia casa. Yo por mi parte fui conociendo a otras personas, fui haciendo otro camino por mi lado. Aunque volví al pueblo ya no es lo mismo, no conozco a nadie, salgo a la ciudad, pero no en el pueblo, estando allá es como si no viviera ahí. Cierto día nos llegó la noticia de que quien había sido mi padrastro había fallecido. Fui al velorio, ahí me reencontré con ellos y también con Juan. Ya no es quien había sido, de ese cuerpo musculoso no queda rastro, aún tiene los brazos gruesos pero en lugar del six pack hay una prominente barriga. Yo tampoco soy joven, ambos hemos cambiado. Nos reconocimos al vernos a pesar de los años, me acerque, le extendí la mano para saludarlo pero él me dio un abrazo, me dijo que le daba gusto que los acompañara en ese momento y me presentó con sus hijos, ya son adultos. Sus hermanos también me recibieron bien, a pesar de que no hay lazos de sangre ni compromisos de ningún tipo me hicieron sentir bien.

Juan me ofreció sentarme hasta adelante, en el lugar reservado solo para los familiares más cercanos. La gente iba llegando con flores o veladoras, se acercaban al féretro y decían alguna oración. Una señora se extrañó que estuviera yo sentado al frente y le preguntó a Juan quién era yo, a lo que él le contestó: “es mi hermano”. Era la primera vez que me decía así, ni siquiera cuando su papá y mi madre estuvieron casados me llegó a decir así, hasta ahora, eso me hizo sentir bien. La señora nos miró, no dijo nada y se fue. No sé qué pensaría porque físicamente somos muy diferentes, desde el color de piel, las facciones, la complexión, todo. Me ofrecieron tequila, lo acepté, le pregunté a Juan cómo le había ido y solo me dijo que bien, pero su cara no expresaba lo que decía, Juan ya no era la persona alegre que cuidaba su cuerpo y alardeaba que yo había conocido, ahora era un señor que había engordado, con mirada sombría y rostro cansado.


Estuve yendo a verlos los días que siguieron, con todas las costumbres que tienen en los pueblos cuando alguien muere. En el último día que fui cuando fue la levantada de la cruz, me despedí y fue cuando Juan se me acercó, me dio otro abrazo y me dijo al oído: “ven a verme más seguido”. No sé si lo haga, nunca dijimos nada de lo que pasó cuando éramos jóvenes, pero estoy seguro que él también lo recuerda. Aunque en su momento me gustaba mucho, creo que ni yo ni él somos los mismos de aquellos años. Mientras bebo un tequila pienso en aquellos días y creo que quizá haya recuerdos que deban permanecer para siempre ahí, solo como recuerdos.

1 de julio de 2015

Marchando, un día en la vida

Amanece, no sé qué hora es pero el cuarto del hotel donde nos quedamos está oscuro, aún no suena la alarma, intento dormir un poco más pero ya no tengo sueño. Me levanto, corro las cortinas de la ventana y el día se ve nublado, estuvo lloviendo toda la noche, será un día frío, ayer fue un día soleado, el clima hoy no es tan bueno como esperábamos. Un baño nos despeja por completo y revisamos lo que hay que llevar a la marcha: arneses, correas, gorra, cámara fotográfica, batería de respaldo. Vuelvo a asomarme por la ventana, el cielo está muy nublado, no creo que haga falta bloqueador. Nos ponemos las botas, el pantalón de mezclilla, una playera ligera que luego nos quitaremos y salimos para tomar un desayuno ligero ya que el baño siempre es un problema en las marchas. Vemos la gente en las calles abrigados, con chamarras, y nosotros con una playera ligera.

Tomamos un taxi, el hotel donde estamos está en el centro histórico, al pasar por Bellas Artes hay policías en las calles, le pregunto al taxista la razón y dice que ya son permanentes, y que los de Ayotzinapa están en Bellas Artes, también dice que ya no dejan que ninguna manifestación llegue al Zócalo, y añade “al rato habrá un desfile”. Es el primer comentario de lo que para los demás es la marcha, y tiene razón. Un día antes un amigo nos contaba que no podía faltar a la marcha como no lo ha hecho desde la primera que se hizo y en la que él estuvo presente. Con el tiempo han cambiado, hay una curiosa mezcla de marcha, protesta, pero también de festividad, de carnaval, de desfile. Un día antes nos enteramos que la Corte de Justicia de Estados Unidos había declarado constitucional el matrimonio entre personas del mismo sexo en todo EU, una semana antes lo había hecho la Suprema corte de Justicia de la Nación, de tal forma que había razones para celebrar estos avances.

Llegamos muy temprano al Ángel de la Independencia, poca gente, pasaban los minutos y poco a poco iban llegando, algunos amigos nos saludaron, un templete al frente del Ángel estaba aún vacío, decidimos ir al baño de Sanborns antes de cambiarnos, los empleados tienen una corbata arcoíris. Regresamos al Ángel, nos quitamos la playera, al vernos alguien comenta “inicia la operación transformer”. Y si, los más llamativos van llegando con sus disfraces. Caminamos hacia la glorieta de la Diana, el tráfico ya está cerrado en un sentido, poca gente, nos encontramos a Doña Julia, una activista que no conocíamos, nos tomamos una foto con ella, lleva sus banderas, de muy buen ánimo se toma la foto con nosotros. Más adelante nos encontramos al Grupo Leathers de Guadalajara, y vemos a los primeros contingentes listos: empresas como Banamex, Google, American Express, Scotiabank, Microsoft, las cuales han integrado la diversidad a sus valores.

Al regresar al Ángel ya hay más gente, no se puede pasar, avanzamos poco a poco y vemos a las diferentes expresiones de la diversidad, vaqueros, osos, leathers, trans, lesbianas, etc. La marcha sale tarde, el sol ha comenzado a salir, después de todo parece que será un buen día. En el transcurso de la marcha vemos a muchos curiosos que presencian el desfile, familias, por lo menos a nosotros no nos tocó ver muestras de rechazo, si de curiosidad y también de apoyo. Decidimos quedarnos un poco en el camellón central de Reforma, de repente una camioneta pasa pitando, volteamos a ver y en ese momento de la camioneta comienzan a ofrecer botellas de agua para los de la marcha, otros vehículos se solidarizaban, algunos tomaban fotos furtivamente, quizá por las noticias del día anterior pero hay una sensación de convivencia pacífica, alguna señora que va con el marido le pregunta si se puede tomar una foto con nosotros, le dice que sí y él mismo se la toma con su celular.

No faltan las consignas, algunas muy ingeniosas, otras muy fuertes en el sentido de la reflexión. Una niña porta una cartulina que dice “A mí sí me educaron, por eso te respeto”. Una señora va marchando con una cartulina en alto: “Soy la abuela de una hermosa niña a la que amo ¡y es gay!”. Fueron miles quienes marcharon, me parece que esta fue la marcha más numerosa de todas las que hemos estado, una de las más entusiastas y más festivas, motivos para celebrar había.

Hace ya muchos años fue cuando decidimos asistir a la marcha, en aquel tiempo como espectadores, cuidando que no nos fueran a identificar como uno de “ellos”, aún como simples espectadores, “banqueteras” como les dicen quienes participan marchando desde la orilla de la banqueta a quienes no tenían ningún problema en marchar. En algún momento comenzamos a marchar al final de los contingentes, en las últimas calles. En algún momento decidimos marchar, ser visibles, decir que estábamos ahí, compartiendo una causa, un motivo. No nos identificamos con muchas de las expresiones que se dan a lo largo de la marcha, pero todas son valiosas y valientes y dignas de respeto, tal y como lo pedimos todos en el marco de una sociedad donde tengan cabida las distintas formas de expresión. Aún queda mucho por luchar, muchos prejuicios por derrumbar, incluso dentro de la misma comunidad homosexual, la cual no tiene una cohesión. Los dirigentes son hechos a un lado, los verdaderos protagonistas son quienes marchan a pie, quienes participan, quienes están ahí.

Alguien se me acerca con un pizarrón y me pide que exprese lo que para mí es ser gay en una sola palabra y que la escriba en el pizarrón para una foto. Escribo “orgullo”. Leo después algunas críticas: “¿te sientes orgulloso de ser gay?”. En realidad quiero expresar otra cosa, estoy orgulloso de ser quien soy, de que aun viviendo en un núcleo familiar y una sociedad homofóbica haya tenido la fuerza para ser quien yo he decidido ser, para vivir mi vida como homosexual y ser una persona productiva y comprometida con quienes quiero, de tener la capacidad de crear, y de amar a otro hombre, y poderlo mostrar con orgullo. De eso es de lo que estoy orgulloso.

Por: Martín Soloman