28 de febrero de 2018

Cazador Cazado


Hoy decidí regresar a casa por un atajo por el que hace mucho no pasaba, está en una colonia popular al lado de la autopista a la CDMX, pero hoy precisamente tuvo que haber un accidente a esa altura en la pista y después de haberlo pensado un rato me encamine por ese rumbo, aun es de día, todavía no oscurece y hay poca circulación, entonces vienen a mi mente recuerdos de ese lugar, más adelante pasare por una calle donde vive Esteban, supongo que aún vive ahí, no sé qué fue de él o si finalmente se fue a los Estados Unidos, como me contaba de vez en cuando que era a donde quería irse a trabajar, han pasado muchos años, ya debe ser muy distinto ahora, supongo que yo también he cambiado con el tiempo, ahora creo menos en la gente que voy conociendo, en sus intenciones reales y en lo que me dicen o prometen con tal de tener sexo o cualquier otra ventaja, sí, algunas cosas no cambian.



En aquellos años recién había regresado a la ciudad y sin conocer a nadie, sin tener amistades, sólo pude conseguir trabajo en un Elektra, ahí hacía de todo y muchas veces me enviaban a llevar o recoger documentación a varios lugares. Una de esas veces llegué a una empresa que ya había visitado antes, al llegar al portón había un guardia de seguridad que no conocía, me llamó la atención cómo se veía con su uniforme, no era alto, de menos estatura que yo pero con un cuerpo bien formado, un bigote recortado y una mirada de recelo muy fuerte, serio me preguntó a quién buscaba, le dije que sólo venía por unos documentos que debía haber dejado en recepción, me preguntó mi nombre y se comunicó por teléfono a recepción, colgó y me dijo que iban a buscar a la persona que tenía los papeles, que esperara. Me quedé ahí parado esperando, y lo observé de reojo tratando de pasar desapercibido, se le veía que tenía barba que rasuraba meticulosamente, sus brazos estaban cubiertos de un vello delgado y lo que más me llamó la atención fueron sus manos, grandes, bien formadas, su forma de hablar era tosca, pero tenía algo en su acento que la hacía más grave.

Seguí esperando y entonces me preguntó si venia yo de Elektra, asentí, me dijo que estaba queriendo sacar un préstamo pero que al parecer lo habían rechazado por un atraso en buró, me dijo que era porque ya había tenido un préstamo y que él creía que el cobro era los lunes pero que en realidad le cobraban los viernes y él depositaba los lunes, pero que corrigió y pago. Me preguntó si yo podía ayudarle, no era mi trabajo pero le dije que podía verlo con alguien de la tienda, le pedí me anotara su nombre pero él sacó su credencial, copié su nombre, ahí supe que se llamaba Esteban, su dirección era de una colonia popular, en eso sonó el teléfono y me dijo que la persona con los documentos no estaba, que regresara después, antes de retirarme me encargó que viera lo de su préstamo, le dije que lo haría y entonces me preguntó: “¿Y cómo me vas a hablar si no tienes mi número?” era cierto, entonces intercambiamos números de teléfono.

Ese día regresé contento, en ese punto me consideré un cazador de chacales, pues había conseguido el nombre, dirección y teléfono del guardia de seguridad moreno y rudo el mismo día que lo conocí. Al llegar a la tienda les pedí me ayudaran con el trámite de su préstamo. Esa tarde le hablé para comentarle que ya lo estaban viendo y que pronto le hablarían, su tono de voz se hizo menos golpeado, lo cual sentí que era una buena señal. Como todo tramite llevaba su tiempo, lo que aprovechaba para hablarle, o bien él me llamaba, me enteré que por la marca en el buró le habían rechazado el préstamo, no era mucho lo que pedía, eran cinco mil pesos. Le hablé para darle la mala noticia pero me dijo que mejor lo fuera a buscar saliendo de su trabajo para que le explicara. Era una buena oportunidad para verlo por más tiempo, durante días me había preguntado si él era bisexual ya que por su solicitud supe que estaba casado, pero ¿y si no? ¿y si todo lo que yo pensaba lo había interpretado de otra forma? Era un guardia de seguridad, ¿y si me rompía el hocico si se daba cuenta que me gustaba y que yo buscaba algo más con él?

Cuando llegué a donde estaba su empresa, el portón ya estaba cerrado pero él estaba un poco más adelante esperándome, ya sin su uniforme vestía un pantalón de mezclilla, una camisa a cuadros y una gorra, la calle estaba vacía, me saludó de mano y me preguntó, le expliqué que habían rechazado su préstamo y su semblante se ensombreció, parecía como si su cuerpo se hubiera inclinado, me dijo que necesitaba el dinero por una enfermedad de su hijo, necesitaba comprar unos medicamentos que no tenían en el Seguro Social. Me sentí mal por él y le dije que yo le podía prestar algo de dinero, no era mucho pero quizá le podría servir de algo, él me miró con alegría y me preguntó si yo haría eso por él, le dije que sí, que me parecía una persona honrada y le presté tres mil pesos, me dijo que conforme tuviera dinero me los iba a ir pagando. Mi intención era que, a través del préstamo que le estaba haciendo, pudiera tener el pretexto perfecto para estar cerca de él, verlo con frecuencia y quizá, si, ¿por qué no?, quizá en alguna ocasión podría tener sexo con él. Lo vi con la camisa a medio desabrochar y su pecho tenía algo de vello delgado, se veía fornido, con esa división a medio pecho que sólo se logra con ejercicio, y su piel morena parecía reflejar la luz de las lámparas de la calle. Se despidió de mí y se fue a su casa, “eres a toda madre”, me dijo y me dio un abrazo. Yo sabía dónde trabajaba, donde vivía, y sabía que en adelante iba a verlo con más frecuencia, si la primera vez que lo conocí obtuve su información, esta vez había conseguido la forma de estar cerca de él.

Pasaron algunos días y un viernes me habló y me dijo que le gustaría invitarme una cerveza en agradecimiento del favor que le había hecho, con gusto acepté, nos vimos en una cantina del centro, no era de ambiente pero era un lugar agradable donde se podía platicar sin que nadie interrumpiera. Lo vi contento, me dijo que el dinero le había ayudado mucho y que en cuanto pudiera me iba a comenzar a pagar, y comenzó a platicarme de él y a preguntar de mí, su actitud recelosa del inicio había cambiado, lo veía sonreír y en ocasiones me tomaba del brazo o de la rodilla mientras me platicaba de él y de su familia, yo hacía lo mismo, mi mirada se fijaba mucho en cada detalle de él, me gustaban sus manos fuertes con unas uñas anchas y bien formadas, con el color que tiene la gente morena, no sé si él se daría cuenta de la forma como lo veía pero de vez en cuando se rascaba la entrepierna, no supe qué pensar pero quería ser cuidadoso, no me había hecho ninguna insinuación, toda su plática era de su familia, de su esposa, de sus hijos. Ese día cada quien se fue a su casa sin nada más que pasara.

En la semana siguiente me habló a media semana, me dijo que me iba a comenzar a pagar, donde él trabajaba quedaba cerca del Elektra donde yo estaba, quizá a unos diez minutos a pie, fui a verlo y me tenía una cantidad que no recuerdo bien, quizá serían unos trescientos pesos, no era mucho, me dijo que poco a poco me iba a estar pagando, que al fin que yo no le cobraba intereses, y me invitó a su casa para el fin de semana, quería presentarme con su familia ya que me querían conocer para agradecerme del préstamo. Me puse nervioso, mi plan era verlo sólo a él, no a su esposa, no había estado en una situación así pero quería verlo aunque fuera en esas circunstancias, así que acepté. Llegué a su casa el sábado por la tarde, me recibieron muy bien, quizá demasiado bien, no percibí desconfianza de su esposa, al parecer estaba acostumbrada a que Esteban invitara amigos a su casa, y para los niños yo era un “tío”, así les dijo que yo era, “el tío fulanito”, sin ninguna explicación del porqué del parentesco. La comida era modesta y había un par de cervezas que pronto se acabaron. Me preguntó si quería yo seguir tomando para que fuéramos a la tienda, le dije que sí, salimos a la tienda y de alguna manera quise corresponder a la invitación pagando las cervezas y comprando algunas golosinas para sus dos hijos y pan para la cena.

A pesar de que la primera impresión que tuve de él, era que parecía ser de pocas palabras, en realidad era un gran conversador, yo siempre he sido medio lento para una conversación pero estando con él todo parecía fluir, su esposa nos dejaba solos mientras se ocupaba en la cocina y por ratos nos acompañaba discretamente. Él contaba que a veces le daban ganas irse al otro lado, su esposa sólo le decía que estaba loco. La noche fue cayendo, la colonia donde él vivía era peligrosa, me preocupé de cómo me iba a regresar, ese rumbo tenía fama de ser violento. Esteban me dijo que no me preocupara, que podía quedarme, que además ya estaba tomado. Él ya lo tenía resuelto, los niños se iban a quedar en el cuarto de ellos y dormirían con su mamá y en el cuarto de los niños nos quedaríamos a dormir Esteban y yo. Les dije que yo me podía quedar en el sofá pero tanto Esteban como su esposa insistieron en que no, que siempre que alguien iba se acomodaban así y que no había problema. Su esposa se llevó a los niños a su cuarto y nos dejó solos, luego Esteban me llevó al cuarto de los niños, la música de banda seguía sonando en la sala.

Apenas entramos él cerró la puerta tras de sí sin encender la luz y quedó frente a mí, viéndome fijamente en la penumbra del cuarto, sólo sentía el aliento de su respiración resoplando frente a mi cara, sin decir nada, sus ojos negros tenían un extraño brillo en la oscuridad, entonces tomó mi cabeza con su mano para que no pudiera moverme y me plantó un beso. Sentí su aliento a cerveza y probé el sabor de su saliva, recargó su cuerpo sobre de mí contra la pared y sentí la dureza de su erección por encima del pantalón, luego me tomó del hombro y me puso de rodillas, quedando mi cara frente a su bragueta, nuevamente tomó mi cabeza y la restregó contra su entrepierna, sentí su erección, como pude le bajé el zipper y aflojé el cinturón, lo que vi me gustó, tenía un olor muy fuerte, a sudor mezclado con otros olores, eso me excitó más y metí su trozo en mi boca, él solo respiraba más fuerte mientras me miraba con morbo, luego me levantó y de un movimiento me puso de espaldas, me tomó de los hombros con fuerza y empujó mi espalda hacia adelante, luego me penetró con fuerza, quise gritar pero su mano tapó mi boca, y así comenzó el mete y saca, hasta que sentí su respiración más rápida, luego un jadeo y entonces acabó. Se separó, se acomodó el pantalón y salió al baño dejándome ahí aún sin haber yo eyaculado. Regresó y se tumbó en la cama, al poco rato ya estaba roncando. Salí al baño y regresé con la última cerveza que tomé mientras lo veía dormir, perdido, ebrio, y satisfecho.

Al día siguiente me desperté primero, salí del cuarto y fui a la sala donde los niños ya andaban jugando mientras su esposa me ofrecía un café, todo era normal, ella se disculpó conmigo porque no había para desayunar, me dijo que Esteban no le había dejado dinero “ni para unos huevos”, y no se había levantado aún. Le dije que yo le podía prestar para que comprara algo en la tienda, le di cien pesos que recibió con mucha pena y fue a la tienda a comprar huevos, leche, pan y tortillas. Cuando Esteban se levantó su esposa ya tenía el desayuno listo, él la besó en la boca como si nada y se sentó a desayunar, poco después me fui a mi casa. Hasta ese punto parecía que había yo conseguido lo que quería, tener sexo con Esteban, lo que había querido desde la primera vez que lo vi. Pero, me sentía confundido ¿quién cazó a quién? Se suponía que yo era el cazador de chacales, pero lo sucedido me hacía pensar que tal vez las cosas no eran así.

Ese tipo de invitaciones se fueron repitiendo, a veces lo veía entre semana y siempre era cuando le pasaba algo, a veces lo habían asaltado en la ruta y le habían quitado la quincena, otras veces necesitaba dinero para los útiles de los niños, o para comprarles ropa, pero el sexo parecía estar siempre ahí, siempre era igual, Esteban estaba acostumbrado a tomar lo que quería cuando lo quería, lo que el otro, yo, sintiera, no era algo que le preocupara. En cierta ocasión hice cuentas, de lo que le había prestado en realidad no había recuperado nada, cualquier dinero que me daba en pago se iba comprando cosas para su casa o pagando la bebida, en ese punto me di cuenta que en realidad él no me pedía nada, era yo quien siempre le ofrecía dinero, y algunas veces Esteban parecía ofenderse de que le ofreciera dinero pero siempre lo recibía. Yo quería ahorrar para un coche de uso, pero así como estaba no podía ahorrar nada y a veces apenas si llegaba al fin de quincena. Y entre más fuerte era lo que le prestaba de dinero, más fuerte era la forma de tener sexo con él, siempre imponiéndose con su cuerpo sobre el mío, dominándome con su sensualidad que me atraía y que rechazaba, yo quería más, quería fuera de otra forma, quería fuera algo completo, pero eso no se daría nunca.

Así que un día simplemente no lo vi más, me costó mucho esfuerzo dejar de verlo. Dejé mi trabajo en Elektra para buscar algo mejor, destruí mi teléfono celular (en aquel tiempo no había chips) y di por perdido el dinero que le había dado. Sabía que mientras lo siguiera viendo iba a pasar siempre lo mismo. Y esa forma de vida no era ajena a su esposa, quien tiempo después me enteré por un conocido en común, que ella sabía muy bien lo que su esposo hacía para conseguir dinero, y que no era yo el único “tío” que los niños conocían. Pero ya no lo volví a ver, aunque seguí en la misma ciudad, dejé de ir al bar que conocía el cual poco después cerraron. La ciudad cambió, la ampliación de la autopista rompió la estructura urbana, surgieron plazas comerciales y no supe más de Esteban, hasta hoy que acabo de pasar cerca de su casa y veo a un hombre sentado en una banqueta, cuando me acerco en mi auto descubro que es Esteban, el tiempo ha pasado y ya no es el mismo que conocí, ahora es un hombre maduro con un vientre abultado y canas en las sienes, es un borrachito, ignoro que más sea de su vida hasta que repentinamente sale una mujer y lo regaña, es su esposa quien también ha cambiado físicamente, pero lo único que aparentemente no ha cambiado en ellos, son sus costumbres, cuando paso cerca de ellos, Esteban extiende la mano y al parecer me pide algunas monedas y se me queda viendo fijamente, no sé si me reconocen, pero yo no me detengo a averiguarlo y sigo avanzando.
 
Después de esa experiencia que tuve con Esteban, me di cuenta que las cosas a veces no son como parecen, el cazador, en realidad puede resultar ser la presa, en mi caso fui la presa de alguien que me había estado observando desde la primera vez que nos vimos, alguien fue más observador que yo, alguien que me vio como el homosexual desesperado  de sexo dispuesto a todo, que yo era, mientras yo lo veía físicamente él me observaba a fondo, reconociéndome como una presa fácil, y en realidad todo lo demás yo mismo lo fui propiciando, durante un tiempo fui su fuente de préstamos que nunca pago, y lo mejor era que yo estaba tan enculado que yo mismo le ofrecía dinero. Este no habría de ser el último error que cometería, pero a fin de cuentas, de eso está hecha la vida, de muchos errores y tan solo algunos pocos aciertos, pero eso ya no importa, el alejarme de él fue uno de los pocos aciertos que tuve…


Por: Martín Soloman