2 de octubre de 2019

¿Cómo fue que nos conocimos?


¿Cómo fue que nos conocimos? Es la pregunta que me hacen, y no me ha gustado contarla porque es muy simple, muy común, y muy mundana, en el sentido de que es del mundo real, no de uno idealizado, quizá no estoy empezando a contar bien, diré mejor cómo es que no fue.

No nos conocimos como un evento romántico, como el encuentro falso que el personaje de Rupert Everett narra en la película “La Boda de mi Mejor Amigo” en la escena del restaurante y cuenta cómo conoció a Julia Roberts y todos terminan cantando “I say a little pray for you”, no puedo decir que cuando lo conocí supe que iba a ser el amor de mi vida, y que estábamos destinados a estar juntos. Somos hombres que se relacionan sexual y afectivamente con otros hombres, y esa forma de relacionarse es diferente a la forma en la que los heterosexuales lo hacen, donde tienen una relación de noviazgo y después se casan y viven felices para siempre. Muchos homosexuales tienen esa forma idealizada de entablar relaciones entre sí, ó al menos de contarla de esa forma, como un noviazgo heterosexual, con un romanticismo que exuda miel, y crean un mundo ideal donde conocen a un tipo guapo (siempre es alguien guapo), inteligente, y sienten emociones que nunca antes habían experimentado por otro hombre, y viven un noviazgo rosa, con cenas románticas, viajes, regalos y miel, mucha miel. Bueno, ése no fue nuestro caso.

No nos conocimos en un café mientras saboreaba un late y tú estabas en la mesa de al lado y ví tu nombre escrito en tu vaso y entonces tú volteaste a verme y me sonreíste mientras abrías tu laptop y yo revisaba unos papeles del trabajo y después salimos para caminar bajo la luz de la luna, tampoco te conocí en una fiesta familiar a donde llegaste como invitado de un amigo de la familia y alguien nos presentó y entonces nos quedamos viendo el uno al otro sin saber qué decir pero tampoco sin dejar de sonreír y nos la pasamos platicando buena parte de la fiesta y descubrimos que había química, no, las cosas tampoco fueron así, nos conocimos en un lugar donde nadie va a buscar conocer a una persona, un lugar donde jamás buscarías el amor de tu vida, de hecho tú no creías en las relaciones de pareja entre dos hombres y yo había dejado de creer en ello, así que, simplemente no nos buscamos nunca, y las probabilidades de encontrarnos alguna vez eran muy bajas.

Ese día, caminaba por la ciudad hacia la parada de mi camión cuando al voltear del otro lado de la calle vi caminar en sentido contrario a un señor, me llamó la atención, se veía que tenía un cuerpo rollizo a pesar de la ropa formal que usaba, una camisa con las mangas arremangadas, se le veía una espalda ancha, pantalones de vestir formales y un andar despreocupado. Sentí curiosidad por tal hombre, en cierto modo me agrado lo que vi, no sé si para los demás era alguien ordinario o atractivo, pero a mí me llamo fuertemente la atención. Decidí seguirlo un poco, no tenía prisa por llegar a casa con mi mujer. La verdad es que nuestra relación ya estaba muy desgastada y las tardes con ella eran muy aburridas como para desperdiciarlas. De pronto el susodicho llego a un callejón que era la entrada a un viejo cine, yo sabía que era un cine porno, lo mire cuando pago su entrada y se metió, dudé un poco, pues no acostumbraba ir a ese cine (para tener sexo yo siempre preferí el vapor), pero me decidí a entrar también. Cuando entre me quede cerca de una parte iluminada antes de entrar a la sala, mientras  mis ojos se acostumbraban a la oscuridad de dentro.

Mi cuerpo experimento muchas sensaciones al darme cuenta que ahí adentro en los pasillos del cine y en los asientos se daban encuentros sexuales entre los asistentes, la mayoría eran hombres maduros, de clase baja, trabajadores de algún oficio. Busqué al hombre que inicialmente había visto en la calle pero no pude encontrarlo, supongo que se sentó en algún lugar donde no pude distinguirlo, entonces me quede parado en una esquina de uno los pasillos y pasaron uno a uno varios hombres, ninguno llamo mi atención hasta que llegó un tipo que insistía en tocarme la entrepierna, cuando lo mire de cerca me di cuenta que no era desagradable, así que le permití tocarme y me gustó, comenzó a hacerme sexo oral ahí mismo y lo disfrute pero no me vine. Después lo deje y me fui a sentar, entonces llego un hombre joven que también quería mamar, lo deje un rato y fue en ese momento que el hombre que había seguido hasta el cine apareció, se detuvo frente a nosotros y nos observó un momento, pero yo estaba disfrutando del oral que me estaban haciendo, así que se fue. Más tarde me fui de ahí a otro pasillo del cine y mientras estaba en ese lugar, llego el hombre que había seguido, se me acerco y me toco la verga, me dijo que le gustaría verme en otra ocasión, le dije que si quería algo ahí mismo la mamara, y así lo hizo, él era el hombre por quien yo había llegado a ese cine, me di cuenta que tenía un cuerpo que me gustó mucho, le dije que aceptaba verlo en otra ocasión, pero que quería penetrarlo, él dudó un momento y luego contestó que ya veríamos, luego intercambiamos números de teléfono, se fue y yo me quede otro rato, estaba seguro que no nos volveríamos a ver, sólo había sido un encuentro ocasional, como tantos otros en mi vida, como tantos otros en la suya, como tantos otros en la vida de cualquiera, que olvidas muy rápido, que no trascienden.

Pasaron varios días, la verdad olvide el incidente, ya no recordaba bien a ese hombre que había conocido, lo había visto de forma fugaz en la penumbra del cine, no recordaba bien sus rasgos, sólo la forma de su cuerpo, seguramente sólo había sido una persona más de esas que conoces en esos ambientes, pero después de unos días me buscó y me dijo que quería verme en otro lugar que no fuera el cine, con más tiempo, yo accedí, quizá tendríamos sexo una vez más y sería todo. Cuando nos vimos en otro lugar, parecía ser otra persona, era muy atento y educado, al parecer yo le atraía mucho, pero siempre he sido desconfiado, así que preferí ocultarle quién era yo y opté por decirle que yo era albañil, me comporte como en otras ocasiones cuando conocía a personas del ambiente, no estaba dispuesto a contar nada personal, solo esperaba sexo de ese encuentro y no tenía caso darme a conocer como persona, no lo creía necesario, por experiencia sabía que la gente que se me acercaba de forma afable era porque buscaban algo de mí, sexo, luego de eso cambiaban y se mostraban cual eran, personas caprichosas, egoístas, centradas sólo en sí mismas.

Yo entendía perfectamente que quizá esa persona veía en mi a un chacal, o al menos eso creía proyectar, ya que me lo habían dicho en otras ocasiones, eso me molestaba pero lo había encontrado una forma efectiva de tener sexo, y no sé si inconscientemente me comportaba de ese modo, yo era el objeto de deseo y el otro debía complacerme si es que quería tenerme, disfrutaría el momento mientras durara, sólo el momento, sólo el desahogo sexual, sin más expectativa, sin nada por delante. Y hasta ahí podría terminar la historia de cómo nos conocimos, y sí, es una historia muy mundana, una historia común que muchos al contar la suya prefieren crear una historia rosa, como princesas Disney, como historia de noviazgos heterosexuales. Pero la cuestión es que, hasta éste punto que he contado, en realidad no nos habíamos conocido aún. Es decir, nos habíamos visto, habíamos tenido sexo ocasional, pero no sabíamos nada el uno del otro, no conocíamos nada de nosotros como personas, quienes éramos en realidad, lo que nos gustaba, lo que no, lo que queríamos, lo que temíamos, los logros, las frustraciones, los demonios personales, lo bueno, lo malo.

Conocernos en realidad fue un proceso muy largo que tomó años, un proceso en el que al principio estuvimos solos, nos veíamos unas dos veces a la semana y teníamos sexo intenso, pero después llegamos a compartir espacio con otras personas en un mismo empleo y de esa forma llegamos a conocernos mucho mejor, y eso incluye lo malo en uno, las manías, el carácter, incluso al principio coincidimos en que éramos buenos como amantes, pero pésimos como amigos. Sin embargo él fue interesándose cada vez más en mí, como persona, en mi bienestar y tuve que ir dando detalles de mí, de quien era, de lo que quería, de lo que yo esperaba de la vida y eso me cambio y me hizo mostrarle la persona que yo era realmente, al darme cuenta que, sin importar nuestras diferencias, él siempre estaba listo para apoyarme como un buen amigo. Fue un proceso muy difícil durante el cual fuimos descubriendo cosas de nosotros mismos que no conocíamos, nos fuimos enfrentando a lo peor de nosotros, conocernos implica un proceso mucho más largo y complejo de lo que suena, y no tiene que ver con ir al cine, ir a tomar un café, una cerveza, o tener sexo satisfactorio. Así que, la pregunta inicial ¿cómo fue que nos conocimos? es una pregunta más complicada que la mera coincidencia de habernos encontrado inicialmente en un lugar de encuentros ocasionales, y sí, es más atractivo decir que fue una historia de princesa Disney, como muchos optan por contar, sin embargo mi historia y la de mi pareja, es esa.




Por: Tigrillo Serch