21 de septiembre de 2016

Mi familia natural

Nota: Las oraciones entrecomilladas al inicio de cada párrafo han sido tomadas de las consignas y declaraciones del Frente por la Defensa de la Familia.  

“A favor de la familia natural, la familia entre hombre y mujer está hecha para la generación de la vida”

Era el año de 1942, iniciaba la segunda guerra mundial, Manuel Ávila Camacho era el Presidente de México, quien en el año 1946 habría de fundar el Partido Revolucionario Institucional. En algún lugar remoto de provincia se celebraba un matrimonio civil y religioso entre un hombre y una mujer, una unión donde la felicidad era lo que menos se veía, la fotografía del recuerdo de la pareja reflejaba todo eso, en ella se podía ver a la novia ataviada de vestido blanco con un ramo de flores en un brazo, pero luciendo seria. Él, con camisa a medio fajar luce más bien molesto, de expresión adusta, la tiene tomada del brazo. A pesar del paso del tiempo la foto en tonos sepia dice mucho de ese día. Ella se fue a vivir a casa de él, quien vivía con su mamá y hermanas, al poco tiempo ella quedó embarazada. El matrimonio no funcionó, apenas unos cuantos meses ella pudo aguantar los maltratos que su legítimo esposo, su suegra y sus cuñadas le daban, sin tener derecho a comer hasta que su marido hubiera regresado del campo, aun estando embarazada y debiendo hacerse cargo de las labores de toda la casa, un día sin avisar dejó esa casa y regresó con sus padres a quienes les rogó que la recibieran de nuevo, que ya no podía regresar con quién se había casado.

“La familia sufre accidentes, entiéndanlo, ustedes están equivocados tratando de confundir lo que es la familia, la familia es un hombre y una mujer que quisieron tener hijos pero en el camino pudo haber un divorcio, una madre soltera…”

Él no se quedó cruzado de brazos, la buscó cuando ella salía de su casa y le exigió volver con él para hacerse cargo de su casa, no podía dejarlo así nada más. Ella se negó y corrió alejándose de él. Era el mes de Diciembre, era el día 24, era Navidad por la mañana cuando ella fue a comprar al mercado del pueblo lo que requerían para una comida modesta cuando vio a su marido acompañado de los gendarmes ir hacia ella, fue aprendida y llevada a la cárcel bajo el cargo de abandono de hogar.

“Todos los niños tienen derecho a un papá y a una mamá”

Esa Nochebuena, mientras en todos los hogares había una celebración familiar, ella pasaba la noche en la cárcel, embarazada, mientras sus padres trataban de sacarla, eso fue hasta el día siguiente en que se enfrentaron a las autoridades municipales. Pasó el tiempo, su hija nació sin padre, él nunca la buscó, fue registrada como “hija natural”. Pocos años después él se volvía a casar, sin haber hecho nunca el trámite de divorcio. Simplemente un día acudió al registro civil y arrancó del libro de actas la hoja donde estaba inscrito su matrimonio. Así, todo eso nunca pasó.

“La familia es producto de un hombre y una mujer”

La niña creció sin un padre, sin haber recibido nunca de él nada, sin haberlo conocido. Creció con sus abuelos, sus tíos. La niña se hizo adulta, conoció de voces de sus familiares su historia, para ese tiempo él ya había muerto, unos ladrones de ganado a los que había sorprendido le dispararon, quedó desangrándose todo el día hasta que lo encontraron por la noche, ya muerto.  La niña tuvo una infancia llena de carencias y señalamientos, como si sus circunstancias fueran su culpa, una culpa que habría de acarrear hasta hoy, una doble culpa porque ella también llego a ser madre soltera, un doble señalamiento en un pueblo de moral recalcitrante. Y sin embargo, esa moral fue la que ella aprendió y también enseño a su hijo.

“En contra de la ideología de género”

Esa niña hoy adulta conoció a un hombre y ambos tuvieron un hijo, lo que el hijo sabe de sus padres, es que tuvieron diferencias fuertes en aspectos importantes como son el dinero que cada uno recibía producto de su trabajo, ambos trabajaban y él pretendía cobrar el cheque de ella y solo irle dando lo que él considerara suficiente para los gastos de ella, así trataron de funcionar hasta que ella se negó y lo dejó. El niño nació sin que su padre nunca lo hubiera conocido, su abuela se había vuelto a casar y creció con ellos, aún eran jóvenes, de hecho por su edad podrían haber sido sus padres. Tuvo un buen ejemplo paterno y materno, a sus abuelos les decía “papá” y “mamá”, aunque sabía que no lo eran. Fue educado en los principios religiosos, en la fe católica, para formarse como un hombre de bien, para formar una familia. Solo que esta vez había una diferencia con las historias anteriores, de su madre y su abuela, el niño tenía una orientación sexual “diferente”…

“No se nace homosexual” (Desde la fe)

Desde que tengo uso de razón sé que soy “diferente”. Crecí en una familia “normal” y fui educado de forma conservadora, no tuve malos ejemplos y fui un buen estudiante, pero era “diferente”. Mi infancia y adolescencia fueron difíciles, trataba de ser un buen hijo  o de ser el hijo que mis padres hubiesen querido que fuera, mi proceso de aceptación como homosexual se dio muy tarde por haber tenido esa crianza tan tradicional. Nadie tiene la culpa de ser quien soy, y he tomado algunas decisiones buenas y otras malas, como cualquier persona, lo que hoy soy es el resultado de dichas decisiones. Cuando mi madre se enteró de mi homosexualidad, me preguntó si ella tuvo la culpa de que yo fuera así por la forma de educarme, pero le he dicho que no, que hizo un buen trabajo cuando fui niño, no ha sido así, ahora que soy adulto, porque me ha presionado a tomar decisiones que han ido en contra de quien soy. El ahora esposo de mi madre, solo calla, pero veo en sus ojos mayor aprobación hacia mí, que mi propia madre. Mi abuelo sigue siendo muy bueno conmigo y también prefiere callar ante el tema, ante todo sé que me ama.

“Pueden llamarse como quieran, pero nunca serán una familia”

Y a pesar de todo lo que hago para llevar la fiesta en paz y ver por mí familia, sé que nunca me verán como cuando era niño y no sabían lo que yo era. Sé que me agradecen el que esté con ellos, que no los haya abandonado en cuanto tuve independencia económica, que haya cuidado de mi abuela hasta el día de su muerte, que esté al pendiente que nada les falte, que les dedique tiempo y atenciones, pero sigo siendo de “esos maricones” como les dice mi madre cuando se enoja conmigo y no se atreve a decírmelo directamente, sí, esa es su forma de hacerme saber cuando está a disgusto con mi forma de ser, con mi estilo de vida, se refiere así a otros para que yo lo entienda que es hacia mí, “pues así les dicen, ¿qué no?”. Y aunque mi pareja y yo la recibimos en casa, convivimos con ella y ambos le dedicamos  tiempo y atenciones, sé que le molesta verme con otro hombre, aunque frente a ella no podamos tener muestras de afecto. Cierto, nunca ha sido agresiva con él, pero expresa mucho con su mirada, el disgusto, el rechazo, quizá el asco. Para ella la única familia posible es la que nunca tendré, pero que tampoco ella tuvo, aunque no es consciente de ello. Y no es que no me quiera, creo que si lo hace, a su manera, y eso no implica que me acepte con todo lo que soy.

Y sin embargo, creo que tengo el derecho de elegir a quien amar, con quien vivir, con quien formar una familia, tener hijos, establecer una relación donde no requiero de ningún  papel legal para formar una pareja, aun en contra de quienes marchan, en contra de quienes odian, aún en contra de mi propia madre… Los homosexuales siempre hemos logrado muchas de esas cosas que deseamos, aun en épocas pasadas cuando parecía imposible lograr esas metas, simplemente porque son decisiones personales, donde nadie más tiene que ver y donde es uno el que busca la forma de autorrealizarse con sus propias estrategias.

Por: Martín Soloman