Atardecía cuando llegamos al cuarto de hotel de Carlos y Federico,
estaba contiguo al nuestro, era el momento de tener sexo después de haber
pasado la tarde en la alberca, tomando vino, comiendo, bromeando. Pusieron en
la cama un pequeño maletín del cual comenzaron a sacar todo lo que tenían para
una sesión de sexo: condones, lubricante, lidocaína, poppers, pipas para
hierba, y otras cosas más que no pude distinguir. Si, iba a ser una noche
larga, debíamos desquitar lo que habían gastado en nosotros para estar con
ellos ese fin de semana, además el alcohol que habíamos tomado nos había
relajado y nos había quitado las inhibiciones, ellos prepararon las pipas, nos
quitamos los trajes de baño, los miembros saltaron erectos, ambos se nos
quedaron viendo y se acercaron a nosotros, Carlos conmigo y Federico con
Roberto, bocas húmedas, cálidas, hambrientas, vergas erectas, deseosas, cuerpos
ansiosos, luego cambiaron…
¿Cómo llegué a esto? Cuando conocí a Roberto, venía yo de una relación
cerrada, muy tradicionalista, una relación de pareja de seis años alejada del
medio homosexual, llevábamos una relación en la cual parecía que nosotros dos
éramos los únicos en el mundo, nunca fuimos a algún bar, algún antro gay, así
fue hasta que él murió. Conocer a Roberto fue reiniciar de nuevo, al principio
tuve la idea de que podría volver a tener todo aquello que había perdido, todo
lo bueno que hubo antes, pero es un error, cada persona es diferente, cada
relación es distinta y las formas de vivirla lo son también. Lo que me atrajo
de Roberto era esa apariencia de señor casado, serio, padre de familia
responsable, maduro emocionalmente, y a esa imagen me aferré durante mucho
tiempo. Nos íbamos conociendo y así hablamos de nuestros amores anteriores, yo
le hablaba de mi relación anterior donde mi pareja había muerto, él me hablaba
de un amor de juventud que se había casado del cual se refería como la primer persona
de la cual se había enamorado, no lo decía pero me gustaba pensar que yo era la
segunda persona de la que Roberto se había enamorado, eso creía…
Pero las cosas tomaron un rumbo distinto, quizá fue que en realidad no
conocíamos gran cosa del mundo homosexual y comenzamos a ir a antros gay, y
comenzamos a conocer otras personas, a hacer nuevos amigos, a ver otras formas
de relacionarse. Lo que inició todo fue una vez que fuimos a un antro gay que
ya no existe hoy en día, era un lugar que estaba en decadencia y cuyas mejores
glorias ya habían pasado y sólo vivía del nombre, un lugar largo de dos pisos
donde en el primero se concentraba la gente, tomaban y bailaban, el segundo
piso lucía abandonado, descuidado, pero al fondo había una cortina negra que
daba a un cuarto oscuro, entramos y nos sentamos frente a frente, no había
nadie, nos quedamos un rato y comenzamos a besarnos, entonces entró alguien del
que solo veía la silueta que la luz de la entrada recortaba contra su cuerpo,
no le hicimos caso, el tipo se colocó frente a nosotros y entonces, con la luz
de la entrada pude ver la silueta de la mano de Roberto buscando la bragueta
del tipo. Me levanté y le pedí que nos fuéramos, tomamos una cerveza que me
supo más amarga y en el hotel lo confronté, él siempre negó el hecho, como
habría de negar muchas otras cosas en el tiempo que estuvimos juntos.
Cuando eso ocurrió, teníamos poco como pareja y me pareció que eso era
como una traición al compromiso que teníamos, tenía una imagen distinta de él y
quizá necesitaba conocerlo más, me
consolé pensando que un error lo puede cometer cualquiera y tal vez todo había
sido producto de la borrachera que ambos teníamos en ese momento. Sin embargo
la realidad es que en algún punto agotamos la relación de pareja demasiado
pronto, una cosa fue llevando a otra, un lugar fue llevando a otro, una persona
fue llevando a otra, y en algún momento decidimos abrir la relación, después de
todo, todas las parejas que habíamos conocido hasta entonces y que tenían años
como pareja o incluso de estar casados, funcionaban ya como parejas abiertas
donde el sexo entre ellos dejaba de ser importante o dejaban de tenerlo entre
sí para buscarlo con otras personas, y sin embargo seguían estando juntos como
pareja, cada una tenía formas distintas de llevar su relación abierta, cada
pareja tenía reglas distintas, lo que le funcionaba a una no era igual a lo que
le funcionaba a la otra, cada quien encontraba los acuerdos que mejor les
funcionaran, pero todas las parejas, invariablemente, parecía que terminaban
siendo al final una pareja abierta, y así era como seguían juntos, algunos incluso
casados legalmente.
Esto me hizo pensar en que, quizá al final y después de cierto tiempo,
abrir la relación era el paso lógico al que todas las parejas llegaban, tarde o
temprano, y si no lo hacían tenían sexo con otros a espaldas de su pareja, así que,
después de haber tenido algunos episodios de éste tipo entre nosotros, hablamos
y decidimos abrir la relación, establecimos para ello algunas reglas de común
acuerdo, la más importante era no enamorarse de otros, establecimos lo que
podíamos hacer, lo que no, y eso quitó tensión a la relación que teníamos, de
repente todo lo que tradicionalmente estaba considerado como algo prohibido se
volvía posible, el ver otro cuerpo, el desearlo, el tenerlo, parecía que la
presión por hacer lo correcto se liberaba y se podía dar rienda suelta a los
instintos sexuales, decíamos que era sólo sexo con otros, que la relación era
de nosotros dos, que quien aceptara entrar a nuestra cama debía ajustarse a
nuestras reglas, y que al irse terminaba todo, nosotros seguíamos como pareja,
como compañeros de vida, como amigos, cómplices, que se permitieron por un
momento y bajo ciertas reglas, hacer lo que muchas parejas sólo piensan, lo
imaginan, lo desean en silencio sin atreverse a hacerlo en la realidad, y si lo
hacían lo guardaban en secreto.
Digamos que conocimos a muchas personas, y era divertido, las
posibilidades de tener sexo entre una pareja y un tercero eran amplias, se
podían hacer posiciones sexuales que hasta entonces sólo las había visto en una
película porno. Y en ese camino conocimos a la pareja de la cual inicie
contando, Carlos y Federico, ellos parecían ser una pareja consolidada, nos
agradaron, ambos tenían una conversación interesante y relajada, llevaban
varios años como pareja y otros tantos como pareja abierta, y a diferencia mía
donde yo aún parecía tener los escrúpulos de un pueblerino pasado de moda,
ellos eran totalmente abiertos, de mundo, nos platicaban de sus viajes a países
de Europa, nosotros nos quedábamos con cara de asombro ya que apenas y habíamos
ido a Acapulco, era un estilo de vida muy cosmopolita el que ellos llevaban,
sabían de viajes, de vinos, de comidas, de ropa, de marcas. En ese momento eran
como un modelo aspiracional de pareja, lo que muchos homosexuales desearían, un
par de gays de clase media alta, de mundo, con la vida resuelta y dispuestos a
probar todos los placeres que se encontraran a su alcance, juntos, como pareja.
Y eran nuestros amigos.
Cierto día nos hablaron por teléfono, vendrían de fin de semana a
nuestra ciudad, querían vernos, se quedarían hospedados en un hotel, y a pesar
de que nosotros vivíamos en la ciudad nos habían reservado una habitación
contigua para que nos quedáramos con ellos el fin de semana. Por supuesto,
aceptamos, físicamente uno de ellos, Carlos, era de nuestra misma edad, moreno
claro, de barba de candado y cuerpo atlético, su pareja Federico, era de mayor
edad, de barba cerrada y cuerpo muy velludo, gordito, tipo oso. Sabíamos que el
objetivo era tener sexo entre todos como parejas abiertas, las posibilidades
eran interesantes. Llegamos al hotel cuando ya estaban instalados, y si, había
una habitación reservada para nosotros, ellos estaban en traje de baño a la
orilla de la alberca, en la mesa una botella de vino y algunos canapés, nos
sonrieron al vernos y comenzamos a platicar, entonces supimos que era un hotel
gay, así que no había problema de lo que hiciéramos o si hablábamos en voz
alta, y nos platicaron de su último viaje a Europa.
Algunas cosas me llamaron la atención, hasta entonces me habían parecido
una pareja sólida, consolidada, y durante la conversación por primera vez pude
ver que había algunas diferencias entre ambos. Por ejemplo, Federico, el mayor,
tenía un interés cultural en las ciudades que visitaban, le atraían los museos,
las construcciones históricas, mientras que Carlos, el más joven, tenía un
interés por conocer la vida sexual nocturna, platicaban que cuando llegaban al
hotel Federico se quedaba dormido temprano y Carlos salía a los lugares que le
indicaba una guía gay que tenía, y hablaba de los lugares de encuentro y bares
donde se mezclaban hombres de diversas nacionalidades en cuartos y pasillos
interminables hechos para tener sexo, y hablaba de los hombres con los que
había tenido sexo, italianos, franceses, etc., llegaba al amanecer al hotel
donde dormía poco hasta que Federico lo levantaba para salir temprano al
siguiente tour a lugares históricos, tours durante los cuales Carlos dormitaba
las cogidas y borracheras de la noche anterior. Pero quizá lo que más me llamó
la atención era el tipo de personas que les gustaban, a Carlos, siendo
musculoso le gustaban hombres musculosos, a Federico, siendo oso le gustaban
hombres con panza, ¿qué hacían juntos cuando a cada quien le gustaba alguien
diferente al que tenían de pareja?
Y ahí estábamos en su habitación de hotel, todos desnudos, erectos, dos
parejas compartidas sexualmente, ellos sin inhibiciones ni reglas, nosotros con
poca experiencia iniciando el viaje sin retorno de una relación abierta, aún
con escrúpulos, aún con reglas. Carlos y Federico estaban de rodillas en
cuatro, viéndose uno frente al otro, cada uno ofreciendo las nalgas, siendo
penetrados de forma simultánea, Carlos siendo cogido por mí y Federico siendo
cogido por Roberto, embistiendo profundamente, ambos viéndonos de frente como
si estuviéramos frente a un espejo, viendo al otro penetrar a alguien
diferente, mientras Carlos y Federico se miraban a la cara con los ojos
vidriosos, gimiendo, y dando a entender al otro que lo estaban disfrutando mientras
el otro asentía y le decía que lo disfrutara, se tomaban con la mano la cara
del otro para ver el placer que el otro sentía, luego los cambiamos de posición
y los pusimos de espaldas con los pies al hombro, acomodados uno al lado
contrario al otro de tal manera que podían ver como su pareja era penetrado,
había morbo en ver como su pareja era penetrado y cómo lo estaba disfrutando,
de eso se trataba el sexo en una relación abierta, no había prejuicios, no
había celos, sólo sexo instintivo, en bruto, no había caricias, era sexo
directo, sin preámbulos, sólo sexo. Las combinaciones se prolongaron por un
buen rato del que perdimos la noción del tiempo, hasta que el orgasmo que
habíamos estado prolongando estalló de pronto, con una sensación de placer y libertad,
luego el cansancio nos hizo dormir.
Yo más bien dormitaba por ratos, pasa que cuando duermo por cansancio y
por los efectos del alcohol duermo un rato y luego despierto y ya no puedo
volver a dormir de corrido, sólo dormito, y recordaba lo que había pasado,
hasta ese momento teníamos poco tiempo de haber abierto la relación, seguíamos
teniendo sexo entre nosotros y seguía siendo placentero, habíamos establecido
muchas reglas para los encuentros sexuales de una relación abierta, había
muchos escrúpulos e intenciones de controlar la situación, de no soltarse, de
no dejarse ir, y aún había muchas dudas, ¿había un futuro como pareja al abrir
la relación? ¿Qué pasaría entre nosotros al pasar del tiempo como pareja
abierta? ¿Qué pasaría cuando alguien le gustara únicamente a uno y no al otro?
Hasta ese momento sólo habíamos sido activos con terceros, era parte de las
reglas, pero ¿cómo iba a cambiar eso en el futuro? ¿Tendríamos aún reglas
cuando pasara el tiempo? Siempre quedaba la regla más importante que habíamos
establecido, no involucrarse sentimentalmente, y recordaba los rostros de
Carlos y Federico cuando estaban siendo penetrados, placer, complicidad,
aprobación, ¿todas las parejas terminaban así al final? ¿El sexo entre la
pareja dejaba de ser placentero? No lo sabía, aún habría mucho que conocer,
mucho por lo cual pasar, pero al igual que cuando inicié en las relaciones
sexuales con hombres y ya no hubo vuelta atrás, sentía que de igual forma al
abrir la relación no había vuelta atrás, estábamos entrando en un camino sin
retorno frente al cual en realidad no sabíamos nada, y cada uno de nosotros
habíamos de caminarlo de forma diferente, un camino que en algún punto se
comenzaba a partir, con grietas que aún no sabíamos que se estaban abriendo cada
vez más, sólo que entonces no las veíamos, y nadie más las veía, para todos los
demás, nosotros éramos la pareja perfecta.
Un encuentro fue sucediendo al otro mientras las reglas iban cayendo una
a una, las redes sociales facilitaban mucho los encuentros sin importar la
distancia, teníamos amigos en común, Roberto tenía un trabajo de medio tiempo y
le dedicaba más a sus redes sociales, en las noches se escuchaba el tintineo de
los avisos en celular de los mensajes que llegaban uno tras otro. Cierta noche
desperté y vi el teléfono de Roberto iluminarse con los mensajes que llegaban,
él dormía, borracho, tomé su teléfono y me puse a ver las conversaciones, eran
muchas, pero una llamó mi atención, lo conocía, era Miguel, un amigo común que
también tenía pareja, era una conversación amplia, entonces leí los mensajes
que Roberto le escribía, ya no era sólo sexo, eran mensajes de amor, y le eran
correspondidos, Roberto le decía “eres la segunda persona de la cual me he
enamorado en mi vida”, y yo sabía quién había sido la primera, me lo había
contado muchas veces, entonces supe que la última regla se había roto, Roberto
se había enamorado de Miguel…
Por: Martín Soloman








