Los últimos meses habían sido muy duros para mí en sentido económico,
había perdido el trabajo y no había podido encontrar ninguno en varios meses,
durante ese tiempo que no tuve trabajo termine con todos mis ahorros, y hasta
mis posesiones las tuve que ir vendiendo para poder subsistir. Poco a poco me
fui despojando de todo lo que tenía, hasta que me quede solo con lo más básico,
ya no tenía ni para pagar la renta del lugar donde vivía. Me quede sin nada y
sin amigos, nadie quería ser amigo de un don nadie. A mis 40 años me era más difícil conseguir
trabajo, casi todas las ofertas que veía en los periódicos eran para hombres de
hasta 35 años, no importaba que hubiese estado en una empresa durante casi 20
años y que tuviera experiencia, lo que importaba para los empleadores era que
fuera más joven.
Cierto día, mientras caminaba sin rumbo fijo por el centro de la ciudad,
me encontré a un conocido. Era un ex compañero de trabajo que también había
corrido la misma suerte que yo, lo habían corrido, le conté mi situación y
sorpresivamente me pregunto qué opinaba de él, le respondí que lo veía muy
bien, se veía saludable y bien vestido. Me dijo que había resuelto sus
problemas de dinero trabajando en el oficio más antiguo del mundo, que si yo lo
deseaba podía obtener los mismos beneficios o quizá más, pues tenía muy buen
aspecto físico aunque ya tuviera 40 años aún era atractivo. Le pregunte cómo
podía hacer eso, pues yo no podía tener sexo con otras personas si no me
atraían.
Él me dio una cátedra de cómo tener sexo con extraños y me dijo también,
que si decidía dedicarme a eso, cuando estuviera con un cliente que no me
agradara, buscara por lo menos algo que sí me gustara, y que me centrara en ese
sólo aspecto de la persona y aislara el resto, podía ser algún aspecto físico
como sus manos o sus piernas o algún rasgo de su personalidad que me fuera
atrayente y que pensando en eso podía tener una erección y cumplir con el
servicio. Mi primer intento fue un fracaso, ocurrió lo que conté en la
introducción de este relato, por más que busque en el cliente algo que me
gustara, simplemente no le encontré nada agradable.
Después de mi primer fracaso, volví a la zona donde se buscaba cliente.
Dio la casualidad que de pronto se detuvo un lujoso auto frente a mí y el tipo
me llamo, me acerque y me saludo con mucho agrado, yo no lo ubique en el
momento, pero él me dijo quién era. Resulto que era uno de mis contactos del
FB, el cual me había insistido muchas veces tener sexo conmigo, yo amablemente
lo había rechazado muchas veces y finalmente había dejado de insistir, pero sus
intenciones debían ser las mismas. Me pregunto qué hacía en esa zona, le dije
que había salido a caminar y sin darme cuenta había llegado hasta ese lugar. Solo me miro con incredulidad, pero me
invito a tomar algo y acepte, pues ya no recordaba cuando había sido la última
vez que había comido en forma. Además a
juzgar por el auto que llevaba, debía tener dinero.
Me llevo a un restaurante y me dijo que pidiera lo que deseara, cenamos
juntos y disfrute mucho la comida, por lo cual le agradecí mucho la invitación.
Él me dijo que no me veía muy bien, que además hacía mucho tiempo que no
publicaba en mi perfil del FB y que ya no sabía nada de mí. Entonces le conté
lo que me pasaba, se mostró comprensivo y me dijo que lamentaba mi situación, y
en ese momento me hizo una propuesta, me dijo que si yo lo deseaba me podía dar
hospedaje y que hasta me podía conseguir trabajo, yo me alegre por un momento
al escuchar lo que me decía, pero inmediatamente pensé que eso debía ser a
cambio de algo que quizá no me gustara y se lo pregunte. Me respondió que sabía
muy bien que no era de mi agrado, pero que ahora no tenía muchas oportunidades
y que lo único que pedía era que tuviéramos sexo una sola vez y me daría una
buena cantidad de dinero, pero que si además aceptaba ser su pareja, me daría
todo lo que quisiera.
La oferta era tentadora, y mientras platicábamos yo trataba de recordar
qué era lo que me había motivado a rechazarlo tanto tiempo, pues el tipo
parecía muy agradable, no era el hombre guapo que la mayoría tiene en su mente,
pero no era afeminado, eso ya era un punto a su favor y además mostraba ser
alguien que sabía conversar, era atento, amable e interesante y tenía un acento
extranjero. Lo que me daba algo de desconfianza era que parecía un viejo lobo
de mar, es decir, parecía ser muy colmilludo, me ofreció una cantidad de dinero
sin ningún compromiso. Me dijo que me la daba y que después lo buscara si
quería aceptar su propuesta, el cenaba todas las noches a las 9 en ese
restaurante y que le daría mucho gusto volver a verme. Así que salí del
restaurante, para pensar que debía hacer.
Esa noche dormí muy bien, olvidé su propuesta pues al siguiente día
tenia entrevistas de trabajo y tenía esperanza en encontrar algo. Al otro día
me levanté con mucho ánimo y fui a mis entrevistas que prometían algo bueno,
fui a todas y en todas me rechazaron. Llego nuevamente la tarde y no había
logrado nada. Todo el día me había estado dando vueltas en la cabeza la
propuesta que me hicieron el día anterior. Así que decidí buscar al hombre que
me ofreció su ayuda y sabía dónde encontrarlo. Cuando me aproxime a él en el
restaurante, se notaba muy contento de verme de nuevo, se levantó de su asiento
y me recibió con los brazos abiertos, amablemente me invito a cenar y eso me
hizo sentir muy bien. Después de cenar y platicar de muchas cosas hizo una
pausa y entonces me pregunto que había pensado de su propuesta, le dije que le
agradecía mucho su propuesta, que yo no me sentía tan atractivo como al parecer
él me veía, y que en cuanto a que aceptara ser su pareja me parecía algo
apresurado, pero que lo mejor era ver como funcionábamos en la intimidad
primero, que eso parecía ser algo que comenzaba a interesarme. Sus ojos
demostraron mucha emotividad, pero se controló, me dijo que yo le parecía un
hermoso caballero, y que respetaba mucho lo que yo le acababa de decir. Solo le
pedí que me dejara tomar la iniciativa, que hiciéramos las cosas a mi modo y él
aceptó.
Cuando llegamos a donde vivía, me sorprendió su enorme casa, era muy
grande y lujosa, fuimos a su recamara y para iniciar, le pedí que se recostara
en su cama, lo observé recordando el consejo que mi amigo me había dado y
trataba de encontrar algo en su físico que me atrajera, intelectualmente ya me
había conquistado, pero físicamente todavía no había algo que me atrajera, él
era un hombre de edad y con un trabajo de oficina, su tipo de cara tampoco me
gustaba. Poco a poco le fui quitando su ropa, primero le quite sus zapatos y
sus calcetines y note unos pies muy bien cuidados, después le quite su camisa y
descubrí un pecho limpio, sin vellos, después le quite sus pantalones y lo deje
solo con su bóxer, me gustó mucho que usara bóxer, siempre he pensado que
alguien que usa bóxer es alguien masculino y no me gusta para nada que los
hombres usen tangas, pues me parecen algo femenino, pero lo importante aquí
fue, que encontré algo que me gustó mucho, sus muslos y sus piernas estaban
cubiertas de un fino bello muy negro, eran unas piernas ejercitadas, marcadas,
seguramente hacia ejercicio, no eran piernas de fisicoculturista, sino de
alguien que hace ejercicio moderado, como caminata o corredor, eso fue lo que
me excito, lo puse boca abajo y comencé a acariciarle las piernas hasta llegar
a sus nalgas, seguramente sintió mi erección cuando estaba yo sobre él mientras
él estaba boca abajo, comencé a besar su nuca y a masajear sus nalgas, que
también eran deliciosamente peludas, fue así como comencé y finalmente lo hice
mío y disfrute de él, ahora tenía bien presente su nombre, Ernesto. De ahí la
importancia de llamarse Ernesto, aunque no estaba seguro si de verdad ese era
su nombre.
Ernesto quedo muy satisfecho conmigo y se interesó mucho en mi persona,
él fue mi primer cliente, lo veía cada viernes que cenábamos juntos y después
teníamos sexo y también el día domingo que nos veíamos por la tarde para ir a
algún museo o al cine y después de cenar teníamos sexo, a partir de entonces él
me daba una mensualidad que me permitía vivir muy bien, además de que cada vez
que nos veíamos me pagaba el servicio. Durante años fue mi mejor cliente.
Descubrí que en el FB podía encontrar clientes, sin arriesgarme mucho en las
calles, así que me hice un perfil para ofrecer mis servicios y fue así como
conseguí otros cuatro clientes con los cuales me podía dar una vida de lujo,
pero no lo hice así, solo gastaba lo que necesitaba, y vivía bien pero
modestamente, pues me puse a ahorrar para la vejez, me puse una meta en dinero
para iniciar un negocio y poder subsistir cuando ya no pudiera trabajar de acompañante.
Me esforcé por mantener contentos y satisfechos a mis clientes, y cuando perdía
a uno, buscaba otro para poder seguir con mis metas trazadas. En una ocasión
perdí a tres de los clientes que tenía, así que me desespere y salí a las
calles a buscar nuevos clientes, fue cuando conocí a un taxista más joven que
yo, que me gustó mucho, pero esa es otra historia, que con mucho gusto les
contare en otro relato.
Por: Tigrillo Serch