El juego que no supe jugar
Marzo 2002
Hay algunas cosas que
uno se niega a ver, a entender, y a vislumbrar en la perspectiva del tiempo.
Pero todo inicio supone un cúmulo de cosas positivas, proyectos, sentimientos,
y esto no corresponde con el razonamiento. Era algún día del mes de Marzo del
año 2002, mi pareja y yo teníamos muy pocos meses de habernos conocido e
iniciado una relación formal, no teníamos un lugar propio y nos veíamos en
hoteles de paso, esa ocasión habíamos ido a la hoy CDMX de fin de semana, nos
hospedamos en un hotel del Centro Histórico, en aquel tiempo no conocía casi
nada del ambiente nocturno de la ciudad y creo que él tampoco, pero ambos nos
estábamos aventurando en una relación nueva que no sabíamos aún a donde nos
habría de llevar en el tiempo.
Yo conocía de años
atrás un lugar que se llamaba “El Klandestine”, un antro popular en los años
noventas que con el tiempo fue decayendo, lo cual yo desconocía. Le propuse ir
a ese antro, quedaba del otro lado de la Alameda Central, un espacio largo no
muy grande con dos pisos. Cuando llegamos ya no era lo que yo había conocido,
ahora parecía un lugar decadente, poca gente, escasa iluminación, mal servicio,
ningún atractivo. Pedimos un par de cervezas y luego subimos, al fondo había
una cortinilla de tela negra donde algunos entraban y salían. Decidimos entrar.
El espacio era un
cuarto oscuro, en el interior había algunas sillas, al momento de entrar no
había nadie al interior, nos quedamos sentados uno frente al otro y nos
besamos, teníamos poco tiempo juntos y aún nos estábamos conociendo, había una
atracción muy fuerte entre ambos y el entusiasmo de una relación que inicia. En
eso estábamos cuando entró alguien más al cuarto oscuro, por la ubicación donde
estábamos sentados, cerca del fondo, en la oscuridad del cuarto podía ver la
sombra de quien había entrado contra la luz del exterior que se filtraba por la
cortinilla de la entrada. El desconocido se colocó de pie junto a nosotros, mi
pareja me tomo la cara con una mano para besarme con mayor intensidad y
entonces alcancé a ver la silueta de su otra mano dirigirse a la bragueta del
que había entrado y agarrarle la verga mientras me besaba.
En ese punto sentí un
vacío en el estómago, me levanté y me salí mientras él iba tras de mí. No le
dije nada, pagamos la cuenta y nos fuimos al hotel con unas cervezas que
compramos en el camino. Teníamos muy poco tiempo de haber iniciado nuestra
relación de pareja, se suponía que éramos una pareja cerrada, así lo habíamos
planteado al momento de iniciarla, nunca habíamos hablado de abrir la relación,
y el entusiasmo debía ser, en ese punto, solo entre el uno y el otro. Tomamos
las cervezas y entonces le pregunté si tenía algo que decirme, me dijo que no,
ya con voz de sueño, entonces le dije lo que había visto hacer y le pedí fuera
sincero conmigo, pero lo negó, dijo que eso no había pasado, que no había hecho
nada, mientras su voz era más y más somnolienta. Le dije que le creía. Un error
muy estúpido…
Algunos años después,
él habría de reconocer que si le había agarrado la verga a ese tipo, le
pregunté por qué lo había negado pero no dijo nada, solo se encogió de hombros.
Octubre 2014
Pasaron muchas cosas,
pasaron muchos años, paulatinamente fuimos “abriendo” la relación, más temprano
que nada, conocí más de mí mismo, de mi sexualidad, las reglas se fueron
flexibilizando, luego se fueron relajando, hasta que no hubo ninguna regla,
hasta que todo fue “un juego”. El sexo con otros fue parte de la cotidianidad,
el sexo con otros era ya el eje de nuestra relación, el “nosotros” se fue
diluyendo, sin embargo seguíamos siendo “pareja”, guardábamos las apariencias
ante los demás y nos mostrábamos como una pareja “solida”, lo suficientemente
“madura” como para ser una pareja abierta sin que por ello se pusiera en riesgo
nuestra relación, los terceros eran solo “un juego”. El episodio del cuarto
oscuro era ahora como si hubiese sido una travesura de kínder.
El año era ya 2014, el
juego había durado más de diez años, pero seguíamos siendo pareja. En algún
punto y por medio de FB fuimos conociendo gente, sin embargo nuestros gustos en
cuanto a terceros eran cada vez más distintos, el tipo de gente que a uno le gustaba
no era el mismo que al otro. Las redes sociales facilitan la comunicación, mi
pareja había conocido a otra persona, digámosle Osito, el cual a su vez tenía una
pareja. Se comenzaron a escribir por whatsapp, mientras que la comunicación
entre nosotros dos era cada vez menor. Cierta vez le tomé su teléfono y revisé
su whatsapp, encontré una conversación de él con Osito en términos amorosos donde
le decía “eres la segunda persona de la cual me he enamorado”, solo un detalle,
yo sabía que yo no era la primer persona de la cual él se había enamorado, ese
lugar le correspondía a un amigo suyo de su juventud el cual había fallecido,
luego entonces yo no era la segunda persona que amaba, simplemente yo no estaba
en su lista de amores, pero si estaba Osito.
En Octubre de 2014
fuimos a la hoy CDMX de fin de semana, nos acompañaba un amigo común que
conocíamos hacía tres años. Ya estando en el hotel mi pareja me dijo que
también irían Osito y su pareja de fin de semana y que se iban a quedar en el
mismo hotel. Lo cuestioné pero me dijo que le habían preguntado de algún hotel
y él, amablemente, les recomendó el mismo donde nosotros nos hospedábamos. Serían
cerca de las 6 pm y estábamos todos en el lobby, con algunos clientes que
citamos en el hotel y les estaba explicando de algunos productos cuando vimos
llegar a Osito y su pareja, nos vieron pero solo saludaron a mi pareja, tomaron
su llave de recepción y se fueron a su cuarto. Inmediatamente mi pareja me dijo
“ahorita vengo, voy con ellos” y se fue a seguirlos. No pude decir nada porque
estábamos con clientes, terminamos con ellos y se fueron mientras nuestro amigo
y yo nos íbamos al cuarto a esperar a mi pareja. Se supone que no debía
molestarme porque ya no había reglas entre nosotros, sabía que mi pareja estaba
en la habitación de Osito y su pareja, haciendo algo más que “platicar”, solo que
no nos había dado tiempo comer y no sabía cuánto tiempo se iba a tardar mi
pareja en regresar.
Esperamos una hora, le
llamé a su celular pero estaba apagado, esperamos dos horas, hasta que nuestro
amigo y yo decidimos salir a buscar algo de comer, estábamos a una cuadra del
hotel cuando suena el celular, era mi pareja preguntando dónde estábamos porque
estaba tocando a la puerta de la habitación y obviamente nadie le abría. Le
dijimos que la llave estaba en recepción y que íbamos para allá. Nos lo encontramos
a mitad del camino sumamente enojado, nos miró con coraje y nos dijo: “¿qué
estaban haciendo? ¿estaban cogiendo?”.
No, ni siquiera habíamos podido comer, pero la táctica era simple,
acusar al otro de lo que él mismo había hecho. Le pregunté qué era lo que él
había estado haciendo en el cuarto de Osito y su pareja, le dije que él sí
había estado cogiendo con ellos pero lo negó, dijo que solo habían estado
platicando muchas cosas de cada uno, de cómo vivían, y que no habían tenido
sexo.
Creo que ahí, en ese
punto, era cuando debí haber dado fin a la relación de “pareja” que aún
mantenía con él. No se puede jugar un juego donde ya no hay ninguna regla,
donde el hecho de seguir juntos como pareja era solo para atraer a más gente en
búsqueda de sexo, donde ya no había un “nosotros”, solo un cada quien por su
lado haciendo lo mismo que haríamos si estuviéramos solos, tener sexo con
otros. Ahí debí haber terminado todo, pero no fue así. La relación continuó
unos meses más entrando en un rápido deterioro. Cuando negó haber tenido sexo
con Osito y su pareja no le creí, pero ya no me importó, simplemente dejó de
importarme lo que hacía y con quién lo hacía, de todos modos con o sin mi
opinión él haría lo que quisiera.
Meses después y una
vez concluida la Marcha del año 2015 terminamos nuestra relación, fue
inevitable, era el único desenlace posible, el juego que era para él dejó de
serlo para mí desde hacía tiempo, sostuvimos la quebrada relación forzando los
tiempos solo hasta marchar juntos, hasta que otras cosas que dependían de él
también dejaron de importarme. En los meses que siguieron hube de retroceder
sobre mis pasos para encontrar lo que en ese camino había perdido. Antes de
terminar y hablando del episodio que había tenido en el hotel con Osito y su
pareja me confesó que sí habían tenido sexo, me contó los detalles de lo que
habían hecho, pero ya no tenía importancia.
Epílogo: “Sólo era un
juego, no supiste jugar el juego”
Por: Martín Soloman

