9 de abril de 2013

Un viejo Bar


El primer bar para homosexuales que conocí está ubicado en el Centro Histórico del DF. Es una cantina, desde que lo conocí hasta el día de hoy casi nada ha cambiado. Quizás las mesas, algo de la decoración, la barra de la entrada, las pantallas, pero son pocos cambios a lo largo de los años. Cuando lo conocí fue porque me llevó la primer persona que conocí en el ambiente y que me mostró la vida nocturna de la ciudad de México. Aunque esta persona resultó en una gran decepción, el bar tuvo algo que me gustó, aunque no supe bien en ese momento que era lo que me había gustado, quizá lo prohibido del medio en aquellos años, el tipo de gente que iba, no lo sé. Después de esa primera vez pasó algún tiempo para que volviera a ir a ese bar, ahora ya fui solo. Y pasó el shock de ver a dos hombres bailando, abrazándose, besándose, que era algo nuevo para quien había estado siempre viviendo en provincia y en un medio heterosexual.
Debo confesar que nunca me han gustado los antros que hoy día hay en la zona rosa, la mayoría repletos de jóvenes con amaneramientos y playeras ceñidas a cuerpos delgadísimos en colores chillantes, con el pelo acicalado y las cejas delineadas, oliendo a perfumes dulzones y con voces atipladas.
Este lugar en realidad era una cantina, en el día nadie pensaría que era una cantina para homosexuales, era una más del centro histórico, quienes atendían las mesas eran señores de edad, nada delataba lo que era. Poco a poco iba llenándose de hombres comunes, de todas las edades, gente que salía de su trabajo, cualquiera que fuera, pantalones de mezclilla, botas, sombreros, gorras, camisas a cuadros, alguno que otro de traje, cuerpos comunes, no parecían ser “de ambiente”.
Me gustó el tipo de música, una rockola donde cada quien ponía la música que quisiera, no había música electrónica, era música popular, en español, rancheras, baladas, y cumbias. Siempre he ido a ese bar, me gusta ver a la gente que va, aunque va todo tipo de gente creo que predomina quienes no van a posar, muchos son clientes viejos que solo van a olvidar un rato su soledad, a estar en un medio donde puedan estar sin nadie que los moleste. Siempre me ha gustado volver de vez en cuando a ese bar. Nunca he ido a ligar, nunca he salido de ahí con alguien, nunca me han invitado una cerveza. Cuando he ido solo, he estado solo, pero muy a gusto, en un lugar donde puedo soltar mis pensamientos, donde puedo disipar un rato mi soledad.  Cuando estuve con mi primer pareja con la cual dure seis años nunca venimos a este bar, ambos en provincia, el casado. Cuando dejamos de ser pareja él me pidió varias veces venir a este bar, como amigos. Para entonces ya estaba yo con mi actual pareja y no podía yo hacerlo. El sabía que yo ya tenía pareja, pero era muy respetuoso y solo quería conocer este bar del cual le había hablado. Incluso me dijo que podíamos pedir habitaciones separadas en un hotel, realmente quería conocer el bar. Nunca lo hice, al poco tiempo él había muerto, y durante mucho tiempo me pesó no haber hecho más por él.
Con mi pareja hemos ido muchas veces a ese bar, ahí aprendimos a bailar juntos, ahí nos hemos besado, nos hemos emborrachado, hemos pasado muchos buenos momentos. Una sola vez alguien nos mandó un ramo de flores, nunca conocimos a quien lo hizo. Ahí nos reencontramos a viejos amigos de ambos, y cuando podemos regresamos ahí. En algún momento cerró por varios meses, pero abrieron de nuevo. El tiempo ha pasado, los meseros han cambiado, la diversidad se ha hecho presente, pero el bar permanece. Hace poco fui a la ciudad de México, por cuestiones de trabajo fui solo, y aunque era lunes quise visitar el bar, los lunes casi no hay gente, pero igual la paso a gusto cuando voy. Pedí cerveza, escuche algo de música de la rockola, me bolearon los zapatos, y después de un rato salí, pensando en cuantas cosas habían pasado durante todos estos años por mi vida. Ese bar es un lugar importante en mi vida, donde he reído, donde he bailado, donde también he llorado la muerte de alguien, es el primer bar para homosexuales que conocí, donde me he embriagado, y a donde vuelvo de vez en cuando, donde puedo ir solo, y donde nadie impedirá que regrese, porque es parte de la noche de la ciudad de México, de esa noche que es cómplice para muchos como nosotros, los que no queremos que amanezca jamás, la noche donde se tejen historias, y eso es el bar para mi, presente en las historias de mi vida.