Cada día nos hacemos más viejos, y con el paso del tiempo comenzamos a
ver en retrospectiva lo que fue nuestra vida, o lo que no fue, y cuán torpes e
ingenuos fuimos en algunos momentos. Todo eso que nos ocurrió, hoy es como un
sueño muy lejano, el ritmo tan acelerado de nuestra vida actual hace difícil
creer que alguna vez vivimos en otras circunstancias, donde no existían todas
esas cosas con las que hoy convivimos, las personas, las desventuras, las
frustraciones, los sueños rotos, las pérdidas, incluyendo la pérdida de la inocencia,
porque todos alguna vez fuimos inocentes, aunque ya lo hayamos olvidado…
Creo que desde que tengo uso de razón me han llamado la atención las
personas de mí mismo sexo, pero no era algo que yo hiciera consciente en mi
infancia, era más bien una especie de admiración por otros niños que estaban
más desarrollados que yo, que eran mejores en los deportes, algo opuesto a lo
que yo era, un niño muy delgado que había sido muy enfermizo, débil y por lo
mismo muy malo para los deportes, cuyo refugio lo encontraba en la biblioteca
de mi pueblo, donde pasaba la mayor parte del tiempo. Nunca he negado mis
orígenes, provengo de una familia pobre, gran parte de mi niñez vivíamos en dos
cuartos que el abuelo nos prestaba, sin agua potable, únicamente con energía eléctrica que sólo servía para
los focos porque no teníamos ningún aparato electrodoméstico ya que estaban
fuera de nuestro alcance. Y la mayoría de los niños éramos así, pobres, en un
pueblo de raíces prehispánicas, profundamente religioso y que vivía del campo,
sembrando maíz, jitomate y después caña de azúcar.
Así pasé la vida hasta llegar a la secundaria, tuve algunas novias pero
todo era demasiado blanco, demasiado ingenuo, sin embargo, en secreto admiraba
a los compañeros que eran mayores que yo, a los que les comenzaba a salir el
bigote, que tenían cuerpos con vello corporal y quería ser como ellos, me
parecían muy masculinos, muy diferentes a mi
debilucho cuerpo de adolescente, era un pensamiento sublimado a través
de idealizarlos. En el fondo no era consciente de mi orientación sexual,
pensaba que quizás algún día yo también me casaría con una mujer, tendría
hijos, y viviría feliz, pensaba de ese modo porque ya había tenido novias con
las que tuve mis primeros jugueteos sexuales sin llegar a la penetración y
había sido placentero. Desconocía la forma como se daba el sexo entre dos
hombres, no había tenido relaciones con ninguno, solo admiraba sus cuerpos,
quería ser como ellos, aún no era consciente de que realmente tenía una
preferencia sexual diferente y el hecho de que proviniera de una familia muy
conservadora no me permitía reconocerlo ni siquiera para mí.
Mi sexualidad en ese momento no era un tema tan importante para mí como
lo era el de la profesión u oficio que elegiría y que me permitiría mantenerme
el resto de mi vida, así que si no quería terminar como la mayoría, trabajando
en el campo, tenía que seguir estudiando y tendría que ser fuera del pueblo
donde estaban las oportunidades, así que comencé a ver junto con mi familia las
opciones para seguir estudiando. Una de las opciones era ingresar a una escuela
rural, tenía un sistema de becas para estudiantes de bajos recursos que
incluían la Preparatoria y la Universidad con un internado, de tal forma que no
habría que preocuparse por hospedaje y alimentación. Era una buena escuela pero
tenía mucha demanda, había que hacer un examen de admisión y pasarlo. Dicen que
debes tener cuidado con lo que deseas porque se puede hacer realidad. Ese
examen habría de cambiar todo y habría de enfrentarme por primera vez con la
pregunta de: “¿Quién soy yo?” y a
cuestionarme todo lo que daba por sentado hasta entonces, a romper mi esquema
de vida y a enfrentarme con la realidad, esa que no siempre nos gusta, esa que
nos golpea.
Hasta entonces había vivido como hijo de familia, no conocía gran cosa
de la vida, parecía como si hasta entonces hubiera estado en una gran burbuja
familiar donde todos tenían buenas intenciones y yo podía confiar en todos.
Tenía en ese momento 14 años cuando fui a sacar mi ficha para el examen de
admisión para nuevo ingreso a Preparatoria que sería en unos tres meses. Pasó
el tiempo y se llegó la fecha de presentar el examen de admisión. La escuela me
quedaba lejos, así que un día antes me fui con unos parientes lejanos que me
dieron alojamiento por esa noche para que al día siguiente, muy temprano, antes
del amanecer, me trasladara a la escuela para presentarme al examen. Me
acompañó una tía, llegamos temprano, éramos muchos aspirantes esperando que
abrieran las rejas para ingresar al examen, muchos jóvenes con la esperanza de
poder continuar estudiando, muchos acompañados de sus familiares, otros solos,
todos con cara de nervios, humildes, sencillos, igual que yo. Por fin abrieron
las rejas y entramos, mi tía me dijo que me iba a estar esperando bajo la
sombra de unos árboles, todos buscábamos los carteles que nos indicaban en qué
edificio nos tocaba presentarnos, localicé el mío y me dirigí hacia allá.
Llegué a tiempo al salón, aún faltaba la mitad de los aspirantes que
poco a poco fueron llegando. Al frente ya estaban los profesores que aplicarían
el examen, en ese momento supuse que lo eran, tiempo después habría de darme
cuenta que no lo eran. A la edad que yo tenía los veía ya mayores, quizá de
unos treinta años, uno era flaco, cara larga y marcada por el acné. El otro
regordete, de cachetes inflados y de bigote escurrido. Nos repartieron los
exámenes y nos dieron las indicaciones, creo que nadie de los aspirantes nos
conocíamos, todos estábamos nerviosos, así, el examen inició. El profesor
regordete andaba entre las filas, me parecía que se detenía mucho junto a mí,
en algún momento y con el pretexto de ver lo que estaba contestando en el
examen, me repegó su entrepierna, rozando con su miembro mi hombro. Me quedé
frío, estaba seguro que había sido intencionado, hasta ese momento yo no había
tenido algún acercamiento sexual con un hombre, ni siquiera estaba seguro de lo
que yo quería.
El impulso que tuve al momento fue de rechazarlo, pero no podía hacerlo,
no era un momento adecuado para eso, él era una figura de autoridad ahí y me
puse muy nervioso, no podía decir nada, no podía hacer nada, era el examen de
ingreso a la escuela que era mi única oportunidad de continuar estudiando,
tenía claro que mis padres no podían pagarme los estudios en ningún lado. ¿Por qué entre todos los que estaban ahí me
había elegido a mí? El profesor fue agarrando confianza y volvía de vez en
cuando junto a mí, era como hacer valer su posición de poder al ser el que
supervisaba la aplicación del examen. Y siguió con más, en algún momento se
puso de cuclillas junto a mí y fingió apoyar su mano en mi pierna, pero lo que
realmente estaba haciendo era buscar mi verga por encima del pantalón. Tuve una
reacción inesperada, una erección involuntaria, no asociada al deseo sexual, mi
cuerpo estaba frío y tenso, la sensación de placer quedaba aplastada por un
sentimiento de repugnancia, de asco, de
algo prohibido que recorría mi cuerpo como un veneno amargo y helado. No era
algo que yo quisiera, no era alguien que me gustara, no era algo para lo que yo
estuviera consciente de querer hacer, al contrario, pero no podía hacer nada
porque él era un profesor con la autoridad que en ese momento tenía como
aplicador del examen y por el hecho de que lo quisiera hacer con quien era un
recién egresado de la secundaria, yo realmente era un menor de edad.
Sentía que el tiempo pasaba muy lento, no sabía si los otros estudiantes
se daban cuenta o no, concentrados cada quien en su propio examen. Y ambos
profesores estaban en complicidad. Después de uno de los toqueteos del profesor
y al caminar hacia el frente donde estaba el otro aplicador del examen, pude
ver como el regordete que me toqueteaba le hacía una señal clara con las manos
de “a este ya me lo cogí” mientras el otro profesor asentía y sonreía
socarronamente. En ese momento decidí que no podía quedarme hasta el final, algunos
de los que estaban en el salón habían comenzado a entregar sus pruebas, yo aún
no terminaba pero en ese momento me levanté para entregar mi examen, el
profesor que me había estado tocando me dijo que me quedara, por si algo
estuviera mal en mi examen, le dije que no podía porque mi familia estaba
afuera esperándome y salí. Recuerdo que una vez fuera corrí por la explanada
hacia la salida, corrí hasta llegar fuera a donde estaba mi tía esperándome.
Ella llevaba algo para almorzar, recordé que por salir temprano no tenía
alimento en el estómago, pero le dije que no, que nos fuéramos, no quería estar
más ahí, ella insistió en que comiera algo, comí sin hambre y rápido, sólo
quería irme de ahí.
Regresé a mi casa diciendo que sentía que me había ido muy mal en el
examen, los vi a todos cabizbajos, sabía que no podían costearme estudiar en
algún otro lado, si quería seguir estudiando debía irme a la capital del
Estado, y aun cuando entrara a una preparatoria pública, eso implicaba costear
traslados, hospedaje, alimentos, y sabía que mi familia no podía hacerlo. Esa
escuela rural era mi única opción para estudiar, enfrentaba un sentimiento
encontrado entre el deber ser y el querer ser, algo que habría de estar
presente en adelante en las decisiones de mi vida. Pero el sentido del sexo se
volvió para mi algo vergonzoso, desde ese incidente cada vez que me masturbaba
inmediatamente después de la eyaculación tenía un enorme sentimiento de culpa,
culpa por lo que era, por ser un homosexual, y la sensación era desagradable,
algo satisfactorio como el orgasmo se volvía inmediatamente en lo opuesto.
No había más que esperar, pasaron un par de meses sin tener noticias de
la escuela rural, yo comenzaba a buscar otras opciones, pero en el fondo tenía
miedo, miedo de que un día me dijeran que había pasado el examen y de lo que
sabía que podía venir, los días se hacían largos, hasta que un día llegó un
telegrama, había sido aceptado como estudiante bajo la modalidad de internado.
Mi familia estalló en alegría, yo sólo hice una mueca, sabía lo que me
esperaba, y debía enfrentarlo solo, a partir de entonces estaría solo, ya no
había nadie en quien confiar, me daba cuenta que la gente era perversa por
naturaleza, era como si de repente la juventud hubiera terminado y no sabía
cómo enfrentar la vida que se me venía encima, solo. Había llegado el fin de la
inocencia para mí…
Por: Martín Soloman