2005
-“¿Por qué me botas como algo que ya no sirve?”
Aún recuerdo sus palabras, no supe qué decir, ambos estábamos ahora en
situaciones diferentes y sin embargo tan conocidas, cada uno sabía la respuesta
a la pregunta y sin embargo no dejaba de doler, la vida nos había llevado a
cada uno a este punto, y no había nada que pudiéramos hacer…
1996
En este año, conocí a Alberto. En aquel tiempo un amigo me había dicho
que al parecer yo tenía la obsesión de andar con hombres casados. Pero, no es
que yo los buscara casados, simplemente eran situaciones que se daban así. A
Alberto lo encontré en un lugar al que acudían exclusivamente homosexuales y
cuando lo conocí no supe que era casado. Nos vimos algunas veces en ese lugar y
al poco tiempo nos comenzamos a citar en otros lugares, terminábamos siempre en
un hotel de paso. Fue hasta la tercera vez que nos vimos en un hotel, que
comenzamos a hablar de cosas más personales, acerca de quiénes éramos.
Fue hasta entonces que supe que era casado y que tenía tres hijos, la
mayor de 13 años, el que seguía tenía 6 años y el menor apenas tenía un año, se
había casado muy joven y en 1996, cuando lo conocí, era un hombre cercano a los
40 años y yo me encontraba cerca de los treinta. Cuando me contó de su familia,
también quiso saber de mí, le dije que estaba soltero, pero que en algún
momento también a mí me gustaría tener un hijo y ser padre, él me escuchó y me
dijo que eso le parecía algo bueno. Luego hablamos de otras cosas. Si me
preguntan cómo era Alberto les diré que no era guapo para muchos, aunque sí lo
era para mí, no tenía cuerpo de gimnasio y podía pasar por un padre de familia
común, pero había algo en él que me resultó muy atrayente, quizá era su forma
de ser, quizá era su actitud ante la vida, no lo sé, pero poco a poco fuimos
construyendo una relación de pareja, sin que lo dijéramos con esas palabras.
Cuando nos dimos cuenta ya llevábamos un buen rato de frecuentarnos,
entonces optamos por rentar un cuarto, solo había una cama y un baño, una mesa
empotrada y una sola silla, ese pequeño cuarto se convirtió en nuestra
madriguera, un lugar donde ambos podíamos ser lo que realmente éramos y por un
corto periodo de tiempo durante el día, ambos éramos libres, para ser, para
hacer, para amarnos. Nos veíamos después de que ambos salíamos del trabajo,
Alberto salía primero y me esperaba en el cuarto, yo salía después y lo
alcanzaba ahí, estábamos juntos un par de horas, quizá un poco más, la memoria
me falla en algunos detalles, no había más tiempo ya que él tenía que regresar
a su casa para estar con su esposa, con sus hijos, siempre fue así, y esas dos
horas era todo lo que nos bastaba para amarnos.
1998
Había pasado un tiempo que llevábamos así la situación, sin embargo para
mí el tiempo que pasábamos era muy poco, yo sentía algo muy especial por él y
sabía que él sentía lo mismo por mí, así que al cabo de unos años de vivir así,
comencé a reclamarle, a pedirle más tiempo, quería que por lo menos pasara
algunas noches conmigo, al principio me decía que después lo haría, pero ese
tiempo nunca llegó, hasta que habló conmigo y me dijo que eso no podía ser ya que
eso le iba a traer problemas con su esposa y que no era tanto por ella sino por
sus hijos, estaban pequeños y lo necesitaban, su hija estaba por cumplir quince
años y estaba entusiasmada con los preparativos para su fiesta, su hijo de en
medio tenía ocho años y necesitaba su apoyo y el menor apenas tenía tres años,
me dijo que tenía yo que entender que ellos lo necesitaban más que yo y que no
podía hacer nada, que ya en la situación actual tenía problemas con su esposa
cuando llegaba tarde algunas veces en la semana y había gritos y reclamos. Me
suplicaba que por favor lo entendiera, pero por supuesto, yo no entendía eso,
solo sabía que necesitaba estar más tiempo con él.
¿Cómo fue que duramos varios años así? Supongo que había sentimientos
fuertes, podíamos hablar de todo lo que nos pasaba, había intereses comunes y
debo decir que fue la persona más detallista como pareja que haya conocido. En
el aspecto sexual había mucha química, siempre se mantuvo el deseo y la
excitación era mucha, ambos alcanzábamos el orgasmo al mismo tiempo sin tener
que ponernos de acuerdo, sin hablar o preguntar ¿te falta mucho? ¿ya te vas a
venir? ni nada de eso, solo se daba, ambos terminábamos al mismo tiempo, algo
que difícilmente se dio con las posteriores personas con las que tuve sexo.
Muchas veces él era capaz de eyacular sin tocarse el miembro, sin masturbarse,
solo veía como eyaculaba entre gemidos mientras yo mismo estaba eyaculando,
mientras lo penetraba. Eso, también debo decirlo, no lo he visto en alguien
más, y como persona era muy alegre, le gustaba cantar, tenía buena voz y a
veces le daba por cantar alguna canción que se le ocurría. Así era nuestra
relación, yo estaba muy a gusto con todo eso.
Sin embargo comenzaba a haber problemas entre nosotros por mi reclamo de
pasar más tiempo juntos, aunque yo no sabía cómo debía vivir una pareja
homosexual, solo sabía que necesitaba más tiempo con él…
2004
Esa situación derivó en otra, después de cumplir los treinta años las
presiones en mi casa comenzaron a aumentar. No tuve el valor de decirles que yo
era homosexual, ahora me arrepiento, no tuve huevos para reclamar mi vida y
vivirla como hubiese querido, quizá ellos sabían lo que yo era y por ello era
más la presión, me dijeron que si no quería casarme que por lo menos tuviera un
hijo.
Esto hartó a Alberto, me dijo que cuando estuviera con él apagara el
celular, que era poco el tiempo que pasábamos como para estar con
interrupciones y que en dos horas él sabía que no podía pasar algo, él había
criado a tres hijos, de hecho así les decía, los críos. Lo hice, pero duró
poco, un día llegué al departamento y estaba mi familia, cuando ella no me
encontró en el celular les habló a ellos y ahí estaban, con regaños y
acusaciones hacia mí y mi falta de sensibilidad. No podía con la presión, al poco
tiempo tuve que hablar con Alberto y pedirle que nos dejáramos de ver un
tiempo, en lo que yo veía como organizarme. Él estuvo de acuerdo y terminamos
como amigos. Sin embargo ya nunca volvimos. Fue cuando me dijo: “¿ahora me
entiendes?”. Si, ahora lo entendía, pero estaba yo atrapado por lo mismo que
había deseado.
2005
Un año después nos seguíamos hablando por teléfono, a veces nos veíamos
para comer y platicábamos cómo nos iba, fue en una de esas comidas al final
cuando me dijo esa frase: -“¿Por qué me botas como algo que ya no sirve?”. Era
cierto, yo lo había dejado por las razones que yo mismo había reclamado años
antes. Y no podía hacer nada, él supo entonces que nunca íbamos a volver a
estar juntos.
2006
Un año más tarde él había vuelto a hacer su vida con otro hombre, sus
hijos ya eran grandes, su hija mayor tenía 23 años, el mediano tenía 18 años y
se estaba haciendo independiente mientras que el menor tenía 11 años, estaba
cerca de terminar la primaria y de alguna manera estaba el apoyo de los hijos
mayores. Alberto se separó de su mujer, se fue a vivir con el hombre que había
conocido, sin embargo seguimos siendo amigos, él me dijo que ahora podía volver
a hacer su vida con libertad, ya sin las presiones de criar a sus hijos puesto
que ya eran adultos, sin embargo quedaba algo en nuestras miradas cuando nos
llegábamos a ver. En ese año las cosas tampoco iban bien conmigo, la situación
con la madre de mi hijo se complicó, ella regresó a su casa e hizo todo lo
posible por acabarme, me demandó y estuve a punto de perder mi trabajo. La vida
es muy irónica, ahora yo volvía a estar libre, pero Alberto tenía una nueva
pareja a la cual podía dedicarle todo el tiempo que a mí no pudo darme mientras
yo se lo pedía y fue así como yo quede solo, sin mujer, sin hijo y sin Alberto,
solo lamentando mi situación.
Cierto día un amigo común me habló al trabajo. Juan había tenido un
accidente cerebrovascular y estaba en coma. Tres días después falleció. Lloré
mucho, la impotencia y los remordimientos me atormentaron mucho tiempo, son
sentimientos que aun cargo hasta el día de hoy.
Fue entonces cuando hice la promesa de no volver a enamorarme.
Por: Martín Soloman