30 de octubre de 2013

Juan quería morir...


Creo que te comienzas a dar cuenta de que estas envejeciendo cuando las personas que más conoces son las que ya han muerto, y dejas de compartir cosas con las personas que están vivas y que te rodean. La muerte tiene un significado diferente para cada uno de nosotros, dependiendo de cómo sea cuando nos enfrentamos a ella en el transcurso de nuestra vida. La primera vez que supe de cerca esto fue cuando estaba en la primaria, un compañero de mi grupo había muerto ahogado durante el fin de semana cuando su familia visitó una laguna, no sabía nadar y la canoa donde estaban se había volcado. No había una amistad, así que asistí al funeral por ser compañeros de grupo, para mi solo fue dejar de verlo, al igual que cuando terminamos la primaria y dejé de ver a muchos de mis compañeros. El tiempo fue pasando y la muerte se fue haciendo presente en diferentes etapas de mi vida, acercándose cada vez más hasta que me tocó de forma personal en personas de mi familia. Dicen que la muerte se siente, dicen que los perros aúllan cerca cuando alguien va a morir, dicen que hay objetos que se caen sin que nadie los toque, dicen que se oyen ruidos de objetos que se rompen sin que haya nada, dicen que quien va a morir hace cosas que nunca antes había hecho, diferentes a su rutina. Quizás algo de cada una de estas cosas me hayan pasado, quizá solo las he imaginado.

Juan quería morir. No es solo porque me lo haya dicho, sino porque yo lo vi cómo es que fue perdiendo las ganas por todo aquello que va haciendo la vida día con día. Meses antes de su muerte les había dicho a sus hijos que cuando él muriera quería que lo cremaran, su esposa decía que no, que tenía que ser sepultado porque así decía Dios que tenía que ser para poder resucitar en el juicio final. Pero él decía que estaba acostumbrado a ser libre, a ir de un lado a otro, porque siempre le había gustado andar de pata de perro y que no iba a aguantar estar encerrado en una tumba, que si lo cremaban entonces iba a ser libre para andar por todos lados. En todo caso nadie pensaba que pudiera morir, aún era joven, sus hijos eran adolescentes, tenía buena salud, pero fue perdiendo las ganas de vivir. Hacía más de un año que ya no eramos pareja, pero nos seguíamos viendo, como amigos, él sabía que yo ya tenía otra persona en mi vida, alguien que se había decidido a compartir su vida conmigo, mientras que Juan, por el hecho de ser casado, nunca se había decidido a hacer. Fuimos pareja durante seis años de los cuales solo nos veíamos por ratos, una o dos horas al salir del trabajo, para después cada quien volver a su vida “normal”. Hasta que llegó un momento en que decidimos que no podíamos llegar a nada más y entonces terminamos la relación de pareja, pero quedamos como buenos amigos. Mientras fuimos pareja rentamos un cuarto en donde nos veíamos, le decíamos “la madriguera”, era nuestro refugio. Sin embargo, en todo ese tiempo solo una vez se quedó a dormir conmigo, yo quería más con él, supongo que presione demasiado y decidimos terminar.

Juan conoció a mi pareja, sin que este lo supiera, le platicaba lo que pensábamos, lo que él me decía, los planes que teníamos, y entonces supo que ya no había forma de volver a estar juntos. Durante más de un año fue cayendo en una espiral sin fondo, haciendo todo lo que en seis años no se había decidido a hacer. Conoció a otro hombre y se iba a quedar con él los fines de semana, en su casa confesó su preferencia sexual a su esposa y a sus hijos, todos le dieron la espalda, fue un apestado en su propia casa. Juan me dijo de mi pareja “ese cabrón te quiere”, era su forma de aceptarme y aceptar al otro. Por alguna razón durante esos seis años coleccionábamos conejos, en peluche, cerámica. Cierta vez llegó con un regalo para mi, pero no era un conejo, era un perrito de peluche, me extrañó, siempre eran conejos, le pregunté pero no dijo nada. Platicamos un rato y luego se fue, en medio de la noche, la avenida por donde se fue estaba cubierta de árboles, me pareció que la noche era más oscura que otras veces, soplaba un viento frío que hacía que los arboles susurraran, las hojas caían. Fue la última vez que lo vi. Días después murió.

La muerte cambia el rostro de las personas, dicen que algunos rejuvenecen, otros parecen dormidos. Juan tenía en su rostro una expresión de sufrimiento. Fue cremado, como había sido su voluntad. La causa de su muerte fue un derrame cerebral. Aunque dentro de mi pienso que todos contribuimos a su muerte, es como si cada uno de nosotros cargara con una parte de la culpa por su muerte. Y entonces me dolió su ausencia, creando una vacío en alguna parte de mi sentir. Quería verlo en la esquina de la calle donde casi siempre me esperaba, pero él ya no estaría ahí nunca. Quería verlo para hablarle, para decirle muchas cosas que me había faltado decirle, por orgullo, por soberbia, pero ya nunca iba a escuchar lo que tenía que decirle. Solamente en sueños, aunque cada vez tardo más tiempo en soñarlo, siempre tengo un sueño recurrente con él. Siempre sueño que lo veo y que está vivo, y entonces le preguntó que donde ha estado todo este tiempo, que a mi me dijeron que él estaba muerto, y él solo se sonríe y me dice que no es así, que solo me quiso dejar solo un tiempo y no quiso que yo supiera nada de él, pero que ahí esta; en mi sueño yo le reclamo que por qué nunca me habló por teléfono, pero él no me da explicaciones, solo me mira, se sonríe y me pregunta cómo he estado y después hablamos de otras cosas que no recuerdo al despertar. Han pasado muchos años, la muerte ha estado presente en estos años, y nunca esta uno preparado, durante este tiempo ha habido también nacimientos, y también partidas. La muerte nos recuerda lo que es la vida, y la vida es sueño.

Ya se va para los cielos
ese querido angelito
a rogar por sus abuelos
por sus padres y hermanitos.
Cuando se muere la carne
el alma busca su sitio
adentro de una amapola
o dentro de un pajarito.
La tierra lo está esperando
con su corazón abierto
por eso es que el angelito
parece que está despierto.
Cuando se muere la carne
el alma busca su centro
en el brillo de una rosa
o de un pececito nuevo.
En su cunita de tierra
lo arrullará una campana
mientras la lluvia le limpia
su carita en la mañana.
Cuando se muere la carne
el alma busca su diana
en el misterio del mundo
que le ha abierto su ventana.
Las mariposas alegres
de ver el bello angelito
alrededor de su cuna
le caminan despacito.
Cuando se muere la carne
el alma va derechito
a saludar a la luna
y de paso al lucerito.
Adónde se fue su gracia
y a dónde fue su dulzura
porque se cae su cuerpo
como la fruta madura.
Cuando se muere la carne
el alma busca en la altura
la explicación de su vida
cortada con tal premura,
la explicación de su muerte
prisionera en una tumba.
Cuando se muere la carne
el alma se queda oscura.

23 de octubre de 2013

Jacinto (relato anónimo)

Mi mundo entero se cayó a pedazos, tan pronto se supo la noticia de mi homosexualidad y siendo una figura pública en mi ciudad que es homofóbica hasta el tuétano, los medios locales me destrozaron, lo peor era que cada entrevista hecha a mi familia, era echarle mas sal a la herida. Parecía que esas personas a las que yo llamaba "mi familia" nunca habían sentido nada bueno por mí, ni siquiera agradecimiento, todos desde el más pequeño hasta el mayor de mis familiares, cada vez que me veían o les hablaban de mí, vociferaban cosas horribles. Fue así como fui despojado de casi todo lo que tenía, perdí mi trabajo, fui rechazado por todo el que me conocía, nadie me respetaba, era un apestado. Tuve que huir en busca de refugio, no me detuve hasta que estaba muy lejos y cuando llegue a un lugar desconocido cambie mi identidad. No fue fácil levantarme, durante un tiempo me sumí en la desesperanza y el alcohol, las perdidas habían sido muchas y la vida en esas condiciones, yo no la quería.
Paso mucho tiempo de eso y de pronto un día me vi en un espejo, la persona que vi reflejada no era agradable, estaba delgadísimo, tenía muchas canas y no me sentía nada bien. Sabía que eso tenía que terminar porque si no moriría, pero ¿cómo hacer para cambiar? tenía un dolor en el corazón que no me permitía ni siquiera disfrutar del alcohol. Una cosa era segura, tenía que hacer nuevos recuerdos buenos, que me motivaran a seguir viviendo, empezaría de nuevo. Ya no podía ejercer profesionalmente, durante un tiempo trabaje como ayudante de todo tipo de trabajo y teniendo siempre cuidado de no delatarme, tenía mucho miedo de volver a encontrar a las personas que me hicieron daño, poco a poco fui recuperando la tranquilidad y mis heridas emocionales cicatrizaron, aunque a veces deseaba volver a la vida que tuve previamente, me recordaba que eso ya no podía ser.
Entonces tuve una idea genial, pondría un taller, en mi infancia y adolescencia mi padre me enseño el oficio de carpintero y aunque yo ya tenía muchos años que no hacia trabajo de ese tipo decidí retomarlo, junte todos mis ahorros y rente una pequeña casa con un local que convertí en taller de carpintería y me puse a trabajar, el negocio funciono, pero ahora necesitaba un ayudante y pegue un anuncio solicitándolo.
Fue así como conocí al pequeño Jacinto, él era un joven de 25 años, de porte agradable, bajito, algo tímido y muy listo, aunque admitió no saber nada del oficio, dijo que aprendía rápido y lo demostró, además era muy servicial y responsable. Tarde un poco en notarlo, pero, ese joven hizo que olvidara todo lo malo de mi vida pasada y pensara solo en cosas positivas. Pasábamos mucho tiempo juntos en el taller, no parecía tener amigos y cuando después del trabajo nos quedábamos platicando, no parecía tener prisa por irse, parecía alguien que necesitaba mucho amor, poco a poco fui conociendo su historia y eso me unió más a él. Un día después de unas cervezas me confesó que no conoció a su padre, que tenía dos hermanos mayores que él, pero que no tuvieron el mismo padre y que no tenía buena relación con ellos, que no vivían en casa con su mamá, que desde muy joven estaba al cuidado de su madre y que era lo único que tenía.
Pronto descubrí que había tenido pocas oportunidades en la vida y que por ello solo había cursado la educación básica, estaba lejos de conocer el mito griego de Apolo y Jacinto, estuve a punto de contárselo, cierta vez que hablábamos del origen de los nombres, pero me arrepentí, no quise que le asustara la idea, si pensaba que yo le estaba tratando de decir que podría ser homosexual, solo le dije que el Jacinto era una planta de color muy agradable, tampoco lo considere prudente porque el nuevo nombre que adopte en secreto era Apolo. Jacinto, tiene un porte muy masculino, en especial cuando usa para trabajar playeras que muestran sus fuertes brazos y también su comportamiento era siempre masculino y yo todavía no sabía qué era lo que le interesaba sexualmente.
Poco a poco fui demostrándole que confiaba en él, al dejarle más responsabilidades y al cabo de un año, yo podía dejarlo trabajando todo el día solo si tenía que dedicarme a otra cosa, nunca me ha fallado. Durante todo ese primer año del taller, estuve yendo al gym y recupere mi buen aspecto, a mis cuarenta años, me veo bastante bien y en ocasiones creía ver que Jacinto me veía con interés sexual, pero no podía asegurarlo así que mantenía mi distancia con él en ese aspecto. Le había contado parte de mi historia y de esa manera justificaba el ya no buscar una relación con otra mujer. El también comentaba que por el momento no buscaba casarse porque no tenía nada que ofrecer.
Cierto día Jacinto no llego al trabajo, le envié un mensaje y solo contesto con otro, que no podía ir que había ocurrido una desgracia en su casa, que lo disculpara que después iría, yo me fui de inmediato a buscarlo, pensando en que le habría ocurrido, llegue a su casa y me encontré con un funeral, su madre había muerto el día anterior y la estaban velando. Adentro el discutía con sus hermanos y escuche cuando le decían que ahora que su madre había fallecido, el ya no tenía que hacer ahí. Una mujer de las que estaban en el funeral, me comento que lo más seguro era que sus hermanos lo corrieran porque la casa había pertenecido al padre de ellos y no al de Jacinto. Cuando salió y me vio se plantó frente a mi pero no dijo nada, me conmovió mucho y lo abrace, le dije que lo que fuera que necesitara yo lo apoyaría y él contesto que lo único que lo mantenía en esa casa ya no estaba y que era el momento de irse, que si yo podía recibirlo en mi casa temporalmente. Le dije que sí, que en mi casa él podía estar todo el tiempo que quisiera. Me pidió lo esperara un poco y después salió con una maleta, se acercó al féretro de su madre, se despidió y me dijo nos fuéramos, dijo que no iría a su entierro.
Ese día no abrí el negocio, yo me dedique a arreglarle un cuarto y mientras lo deje descansar un rato, él se durmió casi todo el día, cuando despertó, le ofrecí de comer y después una cerveza que él tomo con ansia, yo también tome una y encendí el televisor, seguimos tomando y platicando de otras cosas, de momentos graciosos, me dio gusto olvidara por un momento lo triste y sonriera, tenía una sonrisa que me gustaba mucho, se acercó a mí en el sillón y lo abrace, seguimos bromeando y de pronto me dio un beso en la boca, yo aunque sorprendido lo correspondí, seguimos besándonos y en poco tiempo la ropa fue despojada de nuestros cuerpos, mi hermoso y pequeño ayudante estaba proporcionándome mucho placer, yo desde hacía tiempo estaba enamorado de él y deseaba que esto que estaba pasando entre nosotros fuera el principio de algo hermoso. No lo podía creer pero esto superaba por mucho lo que alguna vez tuve cuando viví con esposa e hijos, ahora tenía muchos deseos de vivir, de vivir al lado de mi bello Jacinto. El estaba en un periodo de transición y yo estaría ahí para apoyarlo, no estaba solo, yo estaría con él. A partir de ahí, nuestra vida cambio, yo conocí cada vez más a Jacinto y entre más lo conocía más me enamoraba de él, pude descubrir a una persona de nobles sentimientos y de muchas más cualidades, finalmente me confesó que desde la primera vez que me vio le guste, cuando vio el anuncio solo pensó en estar cerca de mí, que anteriormente tuvo una relación con otro hombre pero que lo dejo muy lastimado y que ya no creía en el amor, hasta que me conoció. Es así como le dimos nueva vida al mito de Apolo y Jacinto, con ciertos cambios por supuesto y en esta historia, el bello Jacinto vivía. Seguramente mi tocayo Apolo está envidiándome en el Olimpo, porque yo sí puedo disfrutar a mi pequeño Jacinto... sí, mi bello Jacinto.
 
http://www.historia-homosexualidad.org/historia-gay/historia-homosexualidad/literatura-gay/mitos-leyendas-gay/griega-gay/apolo-jacinto-mito-gay/apolo-jacinto-mito.html

17 de octubre de 2013

La pérdida de la "virginidad"


Sucedió hace mucho tiempo, yo era estudiante de licenciatura. En aquella época no tenía problema con mi sexualidad, tenía muchas novias con las cuales tenía relaciones sexuales pero también muchos hombres se fijaban en mi y me gustaban. También había tenido relaciones sexuales con hombres, siempre como activo. En aquella época usaba pantalones ajustados que remarcaban el bulto que formaban mi verga y mis testículos, y me gustaba pasear por el centro de la ciudad donde estudiaba, así conseguí que varios me invitaran las cervezas, la cena y algo para mis estudios, así que en cierta forma digamos que andaba de chichifo.
Tenía un amigo que era mi compañero de grupo, se llamaba Ernesto, era un chavo más alto que yo, moreno, de manos grandes y un carácter muy alegre, con el cual a veces nos íbamos a tomar. Su familia tenía mejor posición económica, así que era él quien siempre invitaba las cervezas. Me apoyaba en las tareas y varias veces que había estado en el cuarto donde él vivía, entre cerveza y cerveza, bromeábamos de a ver quien la tenía más grande, a veces nos abrazábamos con el pretexto de la borrachera y hasta ahí.
Cierta vez estábamos tomando en su cuarto y ahí comenzamos a bromear nuevamente, y llegó la pregunta: “¿y que va a ganar el que la tenga más grande?”, le dije, y me contestó: “el que la tenga mas grande se coge al otro”. A mi como activo nunca me habían penetrado, pero estaba yo seguro de que iba a ganar, así que acepté. Nos quitamos el pantalón y comenzamos a masturbarnos uno frente al otro, y ahí fue cuando vi que esta vez iba a perder, la mía era más gruesa que la de él, pero Ernesto la tenía más larga, aunque con una peculiaridad, el prepucio no le había bajado, su glande estaba cubierto parcialmente por la piel.
“Perdiste” me dijo, “ahora cumples, te voy a coger”. Yo intente hacer tiempo y quise emborracharlo más, pero también aguantaba tomando, y él seguía con la verga parada, así que hice mis cálculos y pensé que aunque lo intentara no iba a poder cogerme, iba a apretar las nalgas lo más que pudiera para que no me pudiera coger. Le dije que se sentara en la cama y que yo me sentaría en él y aceptó. Entonces me fui sentando poco a poco, apretando lo más que podía las nalgas, él por más que intentaba no podía entrar, así que en un intento por penetrarme me jaló hacia él, yo descontrolé el peso de mis rodillas y me recargué el cuerpo más de la cuenta y entonces Ernesto gritó y con una mano me aventó. Al voltear a verlo su verga estaba sangrando, y no era yo. El prepucio que le cubría el glande se había rasgado con el impulso y estaba sangrando, mientras él tenía una cara de espanto y de dolor. Me subí los pantalones y le di mi playera para que se cubriera. “¿Y ahora que hago?” me dijo. En mis pantalones traía antibióticos que me había dado, le di unas pastillas y le dije que se apretara con la playera para que le dejara de sangrar, me terminé de vestir, me puse una camisa y salí a buscar algún doctor. No encontré, cuando regresé ya no estaba en su cuarto.
Los siguientes dos días y el fin de semana no fue a clases. Llegó el lunes y llegó a clases, no quiso verme, estaba muy enojado conmigo, yo lo evitaba, y así estuvo varias semanas, hasta que un día me encontró de frente y me dijo que por qué no le hablaba. Le dije que era él quien no quería hablarme, le pregunté cómo estaba y me dijo que lo habían tenido que circuncidar. Se me quedó viendo y me dijo: “¿tu crees que eso no fue importante? Tu me quitaste la virginidad, siempre te voy a recordar”. Yo no supe que decirle, mi concepto de virginidad era diferente, pero él lo entendía por el hecho de que había sangrado en el intento de una relación sexual. No le dije nada, en adelante lo evité hasta que terminamos la licenciatura. Y aunque después lo veía de vez en cuando, nunca volví a estar con él.

9 de octubre de 2013

Solamente un buen recuerdo


Ustedes lo entenderán, porque tal vez guardan en su memoria el recuerdo de una persona que quizá pudo ser el amor de su vida, o algo así. A continuación les relatare acerca de un hombre del cual creo que me enamore, aunque nunca tuvimos sexo. Todo inicio cuando estábamos en esa edad en la que se da la transición entre jóvenes y adultos, aunque con más características de jóvenes dieciochoañeros. Saúl y yo nos conocimos cuando inicio el primer semestre de la licenciatura en administración, a los dos nos tocó en el mismo grupo y él estaba cerca de mí, después de una charla durante un breve receso, coincidimos en varias cosas, iniciamos amistad y a partir de ahí siempre nos buscamos durante la carrera.
Él era de esos jóvenes muy varoniles de barba de candado y pelo en pecho y una voz grave que te derrite nomas de escucharlo y verlo. Si todavía no les inquieta un poco, su cuerpo era delgado y musculoso, con el tiempo embarneció un poco y se veía súper bueno, era un placer contemplarlo cuando se quitaba la playera, después de un partido de futbol. Sobra decir que muchas de las chicas más guapas pasaron por su cama. Tenía unos ojos negros muy atrayentes y una mirada que inquietaba a más de una persona, yo creo que el atraía a mujeres y a hombres por igual, pero nunca le conocí algún amor de hombre.
Poco a poco nos fuimos conociendo y entrelazando nuestra historia, fuimos juntos al gym, compartimos muchas cosas y él fue ocupando en mi corazón un lugar muy especial, pero como les dije antes, él era muy popular con las chicas y no con cualquier chica, siempre eran las más bonitas. Eso hacía que yo me sintiera fuera de lugar y prefería no estar cerca cuando estaba con su novia. El solo me observaba, parecía entender que yo estaba celoso, pero nunca decía nada. Muchas veces, cuando veíamos en su cuarto los partidos de futbol, por la emoción el me abrazaba y me decía al oído en voz baja que me quería un chingo, por eso yo siempre estaba cerca de él. Nunca me pregunto qué onda conmigo, si era homosexual o algo así, ni yo le dije, pero debía de intuirlo, yo nunca tuve novia y generalmente pasaba por tímido.
Un día después de haber iniciado un semestre, me llamo y me pidió fuera a su cuarto donde rentaba porque quería hablar conmigo. Ese día, me conto que su madre había fallecido hacia poco durante las vacaciones y que no había hablado de eso con nadie, que no era fácil para él confiar en las personas y que yo era su único amigo de confianza, lo abrace y estuvimos así mucho tiempo, mientras el lloraba. Me quede con él esa noche y cuando pensó que yo dormía, se acercó a mí, me abrazo y me dio un beso en la espalda. Sin embargo al otro día el seguía siendo como siempre, mujeriego y encantador.
Pero lo más interesante pasó al final de la carrera. Para entonces, los nueve semestres que habían transcurrido desde que nos conocimos no habían pasado en balde sobre nosotros, éramos distintos, más adultos, más hombres, físicamente habíamos cambiado, nuestros cuerpos eran más robustos, yo ahora usaba bigote y él una barba cerrada. Unos días después de la ceremonia de graduación, nos vimos para despedirnos, él se iba con su familia a otro estado y yo me  quedaría solo, sin él. Esa tarde fue lluviosa, fuimos al billar que está cerca de la universidad y jugamos un rato y tomamos unas cervezas. Casi no platicamos, solo nos veíamos mucho y mientras nos movíamos alrededor de la mesa para golpear las bolas con los tacos, siempre nos rozábamos con nuestros cuerpos al cruzarnos. Yo sentía esa, atracción y sabía que él estaba sintiendo lo mismo.
De pronto llegaron otros conocidos de nuestra generación y se acercaron a jugar con nosotros. Así estuvimos un rato, entonces nos invitaron a casa de uno de ellos a seguir tomando y aceptamos, creo que ninguno de los dos se decidía a tomar la iniciativa y alejarnos e irnos juntos a un lugar donde solo estuviésemos los dos. En la casa de esos fulanos, seguimos solos platicando de lo que habíamos vivido juntos y los otros nos dejaron platicar a gusto, para entonces yo estaba ya muy borracho, lo último que recuerdo fue que me llevo a una parte oscura de la casa y nos besamos, al menos eso recuerdo.
Cuando desperté la mañana siguiente, estaba dormido solo en un cuarto del amigo de la casa que nos había invitado, cuando salí me dijeron que Saúl me había dejado de recado que fuera a verlo porque ese mismo día se iba y así lo hice. Cuando lo fui a buscar estaba con su familia, ya se iba. Me abrazo y me dijo que quedaba algo pendiente entre nosotros, se despidió y nunca más volví a verlo en estos cinco años.
Pero hoy, el me llamo a mi teléfono celular y me ha pedido nos veamos, porque "tenemos algo pendiente". No sé qué hacer, durante todo este tiempo guarde ese recuerdo como algo hermoso. Y si lo hecho a perder? Ustedes que opinan? Dicen que el hombre vive de recuerdos, yo quisiera conservar a Saúl, como un buen recuerdo

1 de octubre de 2013

El Cock Ring

Aunque los había visto en películas nunca me había llamado la atención el usar uno, solo se quedaban en la película, se veían curiosos, supuse su función era mantener una erección por un tiempo más prolongado, pero hasta ahí. Mi primer encuentro con un cock ring fue por parte de una persona que conocí y con la cual tuvimos algunos encuentros, era un tipo alto, corpulento, pelo quebrado, simpático, él era pasivo, y en algún momento cuando me hacía sexo oral me lo puso. Era una tira de cuero con estoperoles y un broche para dos medidas. Él lo usaba como pulsera de mano, y más por curiosidad me lo puso y si me quedó bien. No sé si fue la excita

ción del fetichismo al tener el cock ring ó si era la sensación de la sangre retenida en mi miembro, lo cierto es que sentía que la erección si era más firme. Cuando todo terminó le quise devolver su pulsera pero él me dijo que me lo regalaba, que me quedaba mejor como cock ring. No diré el grosor de mi verga pero lo que a él le quedaba como pulsera de mano a mi me quedaba justa alrededor de mi miembro y testículos, quedándome bien como cock ring. Ahí fue cuando comenzó a gustarme el usar algo así y en adelante lo usaba cuando tenía sexo, a la mayoría le gustaba, agregaba algo de morbo al encuentro y la sensación al coger también era diferente, como si la erección fuera dirigida.
Tiempo después busqué otro tipo de cock ring y comencé a probar con argollas de distintas medidas. Ponerse un cock ring metálico y cerrado es diferente a ponerse uno como el que usaba con broche, este tenía su chiste. Había que ponérselo cuando no había erección, y primero había que meter un testículo, luego otro y finalmente el miembro, y ajustarlo a la base del pene, después de eso se podía tener la erección. Encontrar la medida adecuada al tamaño llevó tiempo en probar la que mejor me quedaba. Para quitármelo la erección tenía que haber bajado, de otra forma no había forma de quitarlo. Cierta vez encontré una argolla, pero esta no iba soldada y me quedaba bien. Llegó el momento de usarla en una fiesta que me invitaron, y todo iba muy bien, mi verga sostenía una erección firme. Sin embargo, al terminar la fiesta yo seguía con la erección, aunque ya no tenía excitación, me metí al baño, me puse jabón para intentar quitármela y nomas no pude, la erección no bajaba. Así que me vestí y me fui en un taxi al hotel donde me hospedaba esa noche, supuse que en el trayecto la erección iba a bajar, pero al llegar al cuarto del hotel me encontré con que no bajaba, ya era algo doloroso, la erección ya no era normal y la sangre comenzaba a entumecerse en el miembro encerrado por la argolla. Me metí al agua fría, intenté con jabón, con aceite, y nada. Así pasó como una hora, el dolor era cada vez mayor, así que me vestí nuevamente y bajé al estacionamiento donde tenía el coche, ahí busque entre la herramienta de emergencia y no tenía nada, solo estaba el gato manual para ponchaduras. Tome un tubo hueco y pensando en una pretexto fui a la administración a preguntarles si no tenían pinzas ó algún tipo de herramienta para abrir una “cerradura”. Solo tenían unas pinzas, así que las tomé, me fui al cuarto y ahí con todo el dolor tuve que arreglármelas. Por un extremo de la argolla sin soldar introduje un poco la boquilla del tubo hueco, por el otro extremo pasé otra argolla la cual sujeté con la pinza y con toda la fuerza y cuidando de no lastimar la piel de mi verga fui abriendo poco a poco la argolla hasta que el espacio fue lo suficiente amplio para sacármela. Por fin descansé, me metí de nuevo al agua fría y me metí a la cama para dormir. Aunque ya no tenía la argolla la erección no me bajaba, pero el cansancio me venció y me dormí. Al amanecer aún tenía algo de erección pero ya era menos, mi verga estaba adolorida y algo morada y lastimada, Durante un par de días anduve así hasta que se normalizó. Por suerte no pasó a mayores. Decidí en ese momento no volver a usar un cock ring. Pero la curiosidad fue más, ahora uso otro tipo de cock ring, es un anillo de acero, solo espero no me pase lo mismo, porque ahí si no habrá forma de abrirlo…