28 de diciembre de 2016

La Jaula de las Locas



Hay veces en que la vida parece repetirse, hay veces en que las historias parecen ser las mismas a través del paso del tiempo, como si la historia se viviera una vez más, solo que con diferentes protagonistas, como cuando se vuelve a dar la puesta de una obra de teatro, una imagen en el espejo de la vida. En 1993 fue la primera vez que la ví en teatro, el mismo año que intentaría establecer por primera vez una relación de pareja con otro hombre…

Lo había conocido hacía poco, se llamaba Nacho, era unos ocho años mayor que yo, casado, muy atractivo, parecía ser norteño, cuando no usaba el traje del trabajo gustaba vestir estilo vaquero pero sin sombrero. Nos veíamos furtivamente en hoteles de paso debido a su situación de casado, tenía un muy buen trabajo, exitoso, parecía ser el tipo de persona que cualquiera querría tener como pareja, excepto por un detalle, estaba enamorado de su esposa y sus hijos eran su adoración. Tenía mucha experiencia, era un hombre de mundo, mientras yo era un tímido y modesto provinciano sin experiencia en el medio, tenía un trabajo que apenas me permitía cubrir mis necesidades básicas, muy lejos del tipo de trabajo que él tenía, de la ropa que usaba, de las lociones caras que usaba, era desenvuelto, desenfadado, extrovertido, sonriente casi siempre, y al hacerlo se le dibujaban un par de hoyuelos en las mejillas, tenía el pelo quebrado aunque lo usaba muy corto, y un gran bigote que enmarcaba una sonrisa franca.

Tendríamos unos dos meses de estar viéndonos cuando me propuso pasar un fin de semana en la hoy CDMX, yo acepté con mucho gusto. Nos vimos un sábado por la tarde, él puso como pretexto a su esposa una invitación de un cliente suyo. Pasó por mí al punto donde quedamos en vernos en su auto, al llegar a la ciudad nos dirigimos a la colonia Roma, buscó un hotel donde nos hospedamos, atardecía y salimos a caminar. Era para mí una experiencia nueva, le estaba muy agradecido, todo parecía nuevo. Me llevó a cenar a un restaurante elegante, yo que solo estaba acostumbrado a comer en lugares de comida rápida y de tacos, él me hacía sentir especial. Después de cenar caminamos y encontramos el teatro Silvia Pinal, la obra que estaba en el teatro era “La Jaula de las Locas”. Yo había visto la película original, él me propuso entrar a verla, compró los boletos y entramos. Durante la función me tomó de la mano, ambos nos divertimos mucho, era la primera vez que yo veía una obra con esta temática, para aquel tiempo era una apuesta arriesgada pero funcionaba muy bien, la forma como lo trataban era muy natural, y él era casado y tenía hijos.
 
Al salir del teatro fuimos a un antro que ya no existe, bailamos, tomamos y nos fuimos al hotel donde tuvimos una noche de caricias y sexo, una noche de amor, porque yo estaba enamorado. Al día siguiente regresamos a Cuernavaca, me dejó en donde siempre y se fue a su casa. Por una noche me sentí especial, querido, amado por alguien extraordinario, él tenía muchas cualidades a mi vista. Sin embargo esto no duró. En el mes siguiente él decidió que esto había llegado muy lejos y que no podía poner en riesgo su matrimonio por andar de cabrón con otro hombre. Sí, debo decir que lloré, pero también debo decir que esa era una relación que no tenía ningún futuro. A veces uno se aferra de cosas que no son reales, de imposibles, que de seguir adelante hubiese terminado en un juego donde todos hubiésemos perdido algo. Aquí realmente no perdí nada, porque nunca me prometió nada. Solo pasamos juntos un buen tiempo, si yo llegué a entender otra cosa fue el costo de mi aprendizaje. Él solo me dijo que ese fin de semana nunca lo iba a olvidar…

Han transcurrido 23 años desde entonces, han pasado muchas cosas. No solamente a mí me han roto el corazón algunas veces, yo también he roto algunos corazones en el camino. Abrí mi perspectiva, conocí el medio, supe de desamor, y también de amor, conocí algunas personas que valieron la pena, otras que no, tuve tropezones, caídas, errores, y algunos aciertos. A veces es difícil reconocer cuando uno se equivoca, o cuando uno acierta, a veces solo con el transcurso del tiempo nos damos cuenta si estamos bien, o si estamos mal. Ya no soy joven, la persona que era hace 23 años ha quedado muy atrás y casi no la reconozco en mí. Hace algunos años conocí a una persona más joven que yo, el proceso de conocerla fue muy complicado al principio, ambos teníamos un carácter muy difícil el cual poco a poco fuimos moldeando y entablamos una relación de pareja.

La semana pasada tuve unos días libres, decidimos ir a la CDMX. Han vuelto a poner en escena “La Jaula de las Locas”, quise volver a verla con quien es mi pareja actual, 23 años después de la primera vez. A veces pareciera que las historias se repiten, pero no es así. No solo cambian los protagonistas de la obra, también yo he cambiado y ahora me acompaña alguien para quien no soy un amante ocasional, ahora voy con quien es mi pareja por elección propia y libre. Lo hacemos sin ocultarnos, sin temer por el mañana. Y así como la obra se ha modernizado, también ha cambiado la forma como ahora la vemos. Ahora soy yo quien tiene un hijo, ahora soy yo quien es mayor que mi pareja. Y al regresar mañana a nuestra vida habitual, no lo haremos para regresar cada quien a su vida individual, regresaremos a casa, donde estaremos juntos, para seguir haciendo nuestro día a día juntos.

Ya no es un solo fin de semana, un sábado por la tarde para regresar un domingo temprano, ya no hay incertidumbre por no saber cuándo nos volveremos a ver. En la CDMX caminamos juntos, tuvimos un tiempo más amplio para hacer más cosas, para visitar más lugares, para encontrarnos con buenos amigos, para recorrer la ciudad. Al anochecer llegamos al teatro, la obra “La Jaula de las Locas”. Hoy en la CDMX es legal el matrimonio entre personas del mismo sexo, algo que hace 23 años parecía imposible. La obra tiene hoy más significado, y es el marco para reflexionar cómo el tiempo nos ha cambiado y cómo se ve hoy la vida, y al volver la vista atrás queda un camino lleno de vicisitudes, de cosas rotas, de cosas construidas, de años que nos han cambiado. Veo el desarrollo de la obra, pero también lo veo a él, con esa mirada alegre que le conozco, con ese gusto por las cosas simples, por estar juntos cuando todo parecía estar en contra.
 

Salimos del teatro y lo abrazo, la ciudad se ve luminosa por las luces de Navidad que la adornan, vamos a cenar a un lugar agradable y después caminamos hacia República de Cuba, el bar Oasis ha vuelto a abrir, estamos un rato y optamos por ir a algún otro lugar para tomar una cerveza, luego nos vamos al hotel. Esa noche nos amamos, de la forma como se aman quienes saben que tienen todo el tiempo por delante, con la embriaguez de algunas cervezas encima, con los sentimientos que nos han hecho estar juntos. Cuando todo pasa él se acurruca en mi pecho para dormir, platicamos de lo mucho que nos gustó la obra de teatro, encontramos situaciones nuevas que son parecidas en algunas cosas a nosotros mismos, en un último susurro antes de quedar dormidos él me pregunta: “¿y si tenemos un hijo juntos?”… Esa pregunta me llena de alegría y expectativas y con esa idea me duermo imaginando escenarios futuros donde la vida parece ser eso, un sueño, que sin embargo hoy puede ser una realidad.

Por: Martín Soloman

14 de diciembre de 2016

Papá Oscar

Esa noche ocurría algo raro, había salido con mis compañeros de clase de la Universidad a un antro y se nos había unido un joven llamado Oscar que era pretendiente de una de mis compañeras. Desde el comienzo me buscaba mucho para platicar y eso le molestaba a mi compañera Laura, se le notaba en la mirada, era muy evidente que ese joven tenía cierta atracción hacia mí, pero yo fingía no darme cuenta y solo seguí bailando, bebiendo y disfrutando con mis demás amigos, pero en el transcurso de la noche todos comenzaron a irse a sus casas, cuando me di cuenta ya solo quedábamos Oscar, Laura y yo. También yo tenía cierta atracción hacia Oscar, era muy varonil, de muy buen aspecto, era delgado, de brazos fuertes y tenía un bigotito que lo hacía ver muy atractivo, me parecía curioso que aunque pretendía a Laura, que era una chica muy guapa, todavía se acercaba mucho a mi persona y me decía cosas al oído, a veces no entendía lo que me decía porque la música estaba muy alta y en una ocasión hasta su bigote rozo mi oreja, eso me excito mucho y me estremeció. Sin embargo, hasta ese momento jamás me propuso nada sexual, pero su forma de verme, de tocarme y el interés en lo que yo decía parecía otra cosa. Cuando nos quedamos solo los tres, les dije que tenía que irme, eran las tres de la mañana y estaba seguro que Laura no se había ido antes sólo porque veía lo que pasaba entre nosotros, todo el tiempo nos había estado observando, sentía su mirada de desagrado hacia mí. Cuando les dije que ya me iba, nos salimos del antro y nos dirigimos a los taxis, pero en el camino la mamá de Laura le marco al celular, la regaño y le dijo que ya tenía que volver a su casa, entonces cuando paramos el taxi, Oscar dijo que ese taxi era para Laura, nos despedimos de ella y se fue, viendo como nosotros nos quedábamos.

En cuanto ella se fue, Oscar me invito a su casa con el pretexto de tomar la última chela, yo con curiosidad acepte ir, él vivía con su familia en un edificio y en la azotea del último piso se podía estar tomando, fuimos hasta allá, con un paquete de cervezas, hablamos de muchas cosas y estuvimos muy a gusto, de pronto él me dijo que tenía frio y me abrazo, también lo abrace y gire mi cabeza para ver si alguien nos observaba, cuando volví mi rostro, el me dio un beso y yo lo acepte, incluso lo disfrute, me dijo que desde que me había conocido esa noche le atraje mucho, yo no sabía que decirle, aun no procesaba por completo lo que estaba pasando, pero me gustaba. Entonces me dijo que le gustaría tener sexo conmigo, le dije que no podía hacerlo, primero porque aún no había estado con nadie de mi mismo sexo, a pesar de mis 26 años, y que no podía hacerlo, él me dijo que si yo quería podía penetrarlo a él, pero que primero quería ver cómo era mi herramienta, cuando tímidamente se la mostré se le pego y me dio la mamada de mi vida, jamás me habían dado tanto placer, tenía la boca más experta que yo hubiese conocido, nunca más nadie me la mamo de la misma forma, no aguanté mucho y me vine en su boca, lo cual me gusto bastante. No acepte penetrarlo, aunque me mostro su culito, le dije que sería para otra ocasión y me despedí de él.

Al siguiente día, Laura ya me había contactado a mi celular, me había enviado un mensaje de texto para averiguar si me había quedado con su pretendiente, pero solo me limite a decirle que me fui a mi casa después de ella, lo cual seguramente no creyó. Después me contacto Oscar y me dijo que no me preocupara por ella, que solo no le contara de nosotros. Me quede pensando… ¿había un nosotros? A esas edades, creo que todos estamos en un estado de ensoñación y de alguna forma me gusto escuchar eso de él. Esa misma tarde nos volvimos a ver y me llevo a su casa, sus padres habían salido a una fiesta, me dijo que no se llevaba bien con ellos y evitaba esos compromisos sociales, solo estaba con su hermano pequeñito, el cual mando a ver tv en el cuarto de sus padres, mientras yo le puse una buena cogida en el suyo. Después de esa primera vez, comencé a verlo más seguido para eso. Tener sexo con él se me hizo una adicción, lo hacíamos casi a diario en cualquier lugar que se pudiera. Mientras tanto, en la universidad ya no sabía cómo ocultar ante Laura que me veía con Oscar, ella se distancio de mí y en una ocasión mientras platicaba con otra compañera, la otra le preguntaba cómo iba con Oscar, entonces ella le respondió mirándome, “me lo gano un putote, ahora anda con él, resulto ser puto también”.

Como era de esperarse, debido a mi poca o nula experiencia, me enamore de Oscar ya que durante un tiempo las cosas parecían algo perfecto, nos veíamos casi a diario y disfrutábamos mucho lo que teníamos, nunca hablamos de ser una pareja, pero era como si lo fuéramos, cuando nos veíamos no solo teníamos sexo, también íbamos al cine o hacíamos otras actividades, pero de pronto, después de un tiempo ya no estaba para mi, ya no contestaba mis mensajes y comencé a ponerme muy ansioso, pues dejo de buscarme, me decidí a espiarlo y descubrí que andaba con otro chavo, eso me entristeció mucho, pero seguí tratando de verlo, aunque era obvio que él tenía mucha experiencia haciendo eso y ya me había sustituido por alguien más, yo aún me negaba a aceptarlo.

Me parecía que todo había acabado muy rápido, pero yo no estaba dispuesto a que todo terminara tan fácilmente. Creo que uno siempre se clava mucho con la primer persona con la que se tiene sexo, así que un día fui a buscarlo al departamento donde vivía, yo no conocía a sus padres, siempre que fui con Oscar ellos no estaban porque trabajaban durante el día. Me recibió su mamá, era una mujer de unos cuarenta y tantos, muy guapa, le dije que era amigo de su hijo y que estaba buscándolo porque ya tenía mucho tiempo que no nos veíamos y no tenía su número, me invito a pasar y me presento al papá de Oscar, que también tenía el mismo nombre que él, cuando vi al Sr. me pareció tremendamente guapo, era un hombre de unos 40 años, de muy buen cuerpo, piel morena y de rasgos muy varoniles de cabello abundante y muy negro con un pequeño mechón plateado a un costado de su cabeza, entonces comprendí por qué razón Oscar era tan atractivo. La mamá y el pequeño hermano de Oscar se fueron y me dejaron con su papá, él me dijo que su hijo no tardaría, que lo esperara y me invito a sentarme a su lado mientras veíamos el foot ball. Me ofreció un refresco y se levantó del sillón donde estaba sentado para ir al refrigerador y pude ver sus enormes nalgas, era obvio que hacía mucho ejercicio. De pronto olvide a Oscar y me concentre en su papá, era el señor más atractivo que jamás había visto. Como a mí también me gustaba el foot ball, me asegure de demostrárselo al señor y terminamos haciéndonos buenos amigos esa tarde, me dijo que sabía que a Oscar no le gustaba el foot ball, pero que si yo quería me invitaba a jugar un partido que tenía con sus amigos para el siguiente sábado, acepte con mucho gusto. No busqué ya a Oscar, era como si comenzara a borrarse de mi cabeza, ahora quien estaba en mi mente era su papá, con esa figura y ese enorme y delicioso trasero. Esa tarde, cuando me despedí del Sr., le pedí que no le dijera a Oscar que lo había ido a buscar, el Sr. sólo me respondió con una sonrisa y me dio un apretón de manos. Tiempo después Oscar se fue a estudiar a los Estados Unidos y ya nunca volvió.

Los días pasaron y llego el tan esperado sábado, cuando vi al Sr. Oscar, no pude evitar tener una erección, llevaba un short que le quedaba muy ajustado a sus nalgas y piernas musculosas, jugamos un buen rato y demostré que sabía jugar muy bien, lo cual me garantizó que me invitaran a sus siguientes partidos. A pesar de la diferencia de edades me recibieron muy bien y me invitaron a tomar la chela con sus amigos, eran puros señores de unos cuarenta y tantos, entre los cuales destacaba el Sr. Oscar por ese cuerpazo, al final me dijo que me daría un aventón a mi casa y yo muy contento acepté. Durante el camino la conversación se complicó un poco, el Sr. Oscar me dijo que ahora que me conocía mejor, no entendía por qué yo era amigo de su hijo, éramos muy distintos, esa pregunta me puso en aprietos, pero de alguna manera la sortee, él observaba mis reacciones a sus preguntas. Incluso me dijo que yo era más parecido a él que su propio hijo, yo estudiaba la misma carrera que el Sr. y Oscar parecía no interesarse en nada, entendí que su relación padre-hijo no era buena. De alguna manera, el hecho que el Sr. Oscar me dijera que éramos parecidos me gustaba, sentía que yo le agradaba y eso era mucho para mí, me gustaba estar a su lado, aunque jamás pudiera tener algo con él. Así seguí yendo a jugar cada sábado con él y sus amigos.

Cierto día al regresar del foot ball en su coche, se detuvo cerca de un gimnasio al que me dijo que iba y me pidió que lo acompañara, porque quería darse un baño antes de llegar a su casa, que yo también podía hacerlo si quería. Entramos al gimnasio y había poca gente, me comento que ese lugar le pertenecía a un amigo de él y que no había problema en que yo entrara también. Nos dirigimos a las regaderas y lo que había fantaseado durante varios días se cumplió en ese momento, se desnudó ante mí con toda naturalidad y me invito a hacerlo también para que ambos nos quitáramos el mal olor, sin dejar de platicar me siguió preguntando más cosas de mi. De pronto me pidió que le tallara la espalda, y yo me acerque y se la comencé a tallar, él me seguía platicando mientras yo tenía una erección, en cierto momento acerqué mi pene a sus nalgas y lo rocé. Él dejó de hablarme y se volteó mirándome de frente, se veía serio, quizá enojado, su respiración era agitada, yo me había propasado, el deseo me había ganado, esperaba un golpe en cualquier momento… y de pronto, él cayó de rodillas y sin decir nada me mamó la verga, no lo esperaba, el señor sabía lo que hacía, luego se incorporó y me dio la espalda para ofrecerme su delicioso culo, con esas enormes nalgas, lo cual yo disfrute como nunca.


Esta vez las cosas eran diferentes, estaba ante un hombre maduro que sabía lo que quería, sin decir que era homosexual, bisexual o lo que fuera, solo me dijo que cada vez que nos viéramos podíamos repetir lo mismo, que me iba a inscribir en ese gimnasio y que por supuesto también debía seguir yendo a los partidos de futbol con sus amigos. Desde entonces he dejado de salir con compañeros de mi edad, me parecen muy inmaduros, buscando solo la diversión del momento, saltando de una persona a otra, divirtiéndose en el antro de moda y probando nuevas experiencias. Yo prefiero alguien ya experimentado, que no tiene prisa en saber cómo disfrutar, que tiene una plática más interesante, y un cuerpo madurado por la experiencia, porque a partir de entonces el Sr Oscar y yo somos los mejores amigos del mundo, aunque ya han pasado diez años de eso… Pronto me casare con una hermosa chica, adivinen quien será mi padrino de bodas…

Por: Tigrillo Serch



16 de noviembre de 2016

Mi nuevo empleo

Me encontraba con ese sujeto en su departamento y su persona me provocaba repulsión, no entendía cómo podía haber llegado hasta ahí, su olor, su aspecto me daba asco, la sola idea de tener sexo con él, me hacía querer vomitar, mientras él me ofrecía su intimidad y además había puesto unos billetes frente a mí, como pago por mi compañía. Yo tenía una lucha interna, por un lado necesitaba el dinero, pero para lograr tal cosa tenía que hacer algo que mi persona no podía aceptar. Por un momento desee con todas mis fuerzas, ser como esos amigos que tenía que son todo terreno, que no les importaba tener sexo con cualquiera, que no se fijaban en las características de la persona que quería coger con ellos, simplemente se entregaban y hasta lo disfrutaban, pero yo no era así, era, como diría un conocido, un mal puto. Llegue a un punto en el que supe que no podría hacerlo y salí de ahí corriendo, aunque necesitaba el dinero, simplemente no podía acostarme con ese tipo, era más de lo que yo podía soportar. ¿Cómo fue que llegue a encontrarme en esa situación?

Los últimos meses habían sido muy duros para mí en sentido económico, había perdido el trabajo y no había podido encontrar ninguno en varios meses, durante ese tiempo que no tuve trabajo termine con todos mis ahorros, y hasta mis posesiones las tuve que ir vendiendo para poder subsistir. Poco a poco me fui despojando de todo lo que tenía, hasta que me quede solo con lo más básico, ya no tenía ni para pagar la renta del lugar donde vivía. Me quede sin nada y sin amigos, nadie quería ser amigo de un don nadie.  A mis 40 años me era más difícil conseguir trabajo, casi todas las ofertas que veía en los periódicos eran para hombres de hasta 35 años, no importaba que hubiese estado en una empresa durante casi 20 años y que tuviera experiencia, lo que importaba para los empleadores era que fuera más joven.

Cierto día, mientras caminaba sin rumbo fijo por el centro de la ciudad, me encontré a un conocido. Era un ex compañero de trabajo que también había corrido la misma suerte que yo, lo habían corrido, le conté mi situación y sorpresivamente me pregunto qué opinaba de él, le respondí que lo veía muy bien, se veía saludable y bien vestido. Me dijo que había resuelto sus problemas de dinero trabajando en el oficio más antiguo del mundo, que si yo lo deseaba podía obtener los mismos beneficios o quizá más, pues tenía muy buen aspecto físico aunque ya tuviera 40 años aún era atractivo. Le pregunte cómo podía hacer eso, pues yo no podía tener sexo con otras personas si no me atraían.

Él me dio una cátedra de cómo tener sexo con extraños y me dijo también, que si decidía dedicarme a eso, cuando estuviera con un cliente que no me agradara, buscara por lo menos algo que sí me gustara, y que me centrara en ese sólo aspecto de la persona y aislara el resto, podía ser algún aspecto físico como sus manos o sus piernas o algún rasgo de su personalidad que me fuera atrayente y que pensando en eso podía tener una erección y cumplir con el servicio. Mi primer intento fue un fracaso, ocurrió lo que conté en la introducción de este relato, por más que busque en el cliente algo que me gustara, simplemente no le encontré nada agradable.

Después de mi primer fracaso, volví a la zona donde se buscaba cliente. Dio la casualidad que de pronto se detuvo un lujoso auto frente a mí y el tipo me llamo, me acerque y me saludo con mucho agrado, yo no lo ubique en el momento, pero él me dijo quién era. Resulto que era uno de mis contactos del FB, el cual me había insistido muchas veces tener sexo conmigo, yo amablemente lo había rechazado muchas veces y finalmente había dejado de insistir, pero sus intenciones debían ser las mismas. Me pregunto qué hacía en esa zona, le dije que había salido a caminar y sin darme cuenta había llegado hasta ese  lugar. Solo me miro con incredulidad, pero me invito a tomar algo y acepte, pues ya no recordaba cuando había sido la última vez que había comido en forma. Además  a juzgar por el auto que llevaba, debía tener dinero.

Me llevo a un restaurante y me dijo que pidiera lo que deseara, cenamos juntos y disfrute mucho la comida, por lo cual le agradecí mucho la invitación. Él me dijo que no me veía muy bien, que además hacía mucho tiempo que no publicaba en mi perfil del FB y que ya no sabía nada de mí. Entonces le conté lo que me pasaba, se mostró comprensivo y me dijo que lamentaba mi situación, y en ese momento me hizo una propuesta, me dijo que si yo lo deseaba me podía dar hospedaje y que hasta me podía conseguir trabajo, yo me alegre por un momento al escuchar lo que me decía, pero inmediatamente pensé que eso debía ser a cambio de algo que quizá no me gustara y se lo pregunte. Me respondió que sabía muy bien que no era de mi agrado, pero que ahora no tenía muchas oportunidades y que lo único que pedía era que tuviéramos sexo una sola vez y me daría una buena cantidad de dinero, pero que si además aceptaba ser su pareja, me daría todo lo que quisiera.

La oferta era tentadora, y mientras platicábamos yo trataba de recordar qué era lo que me había motivado a rechazarlo tanto tiempo, pues el tipo parecía muy agradable, no era el hombre guapo que la mayoría tiene en su mente, pero no era afeminado, eso ya era un punto a su favor y además mostraba ser alguien que sabía conversar, era atento, amable e interesante y tenía un acento extranjero. Lo que me daba algo de desconfianza era que parecía un viejo lobo de mar, es decir, parecía ser muy colmilludo, me ofreció una cantidad de dinero sin ningún compromiso. Me dijo que me la daba y que después lo buscara si quería aceptar su propuesta, el cenaba todas las noches a las 9 en ese restaurante y que le daría mucho gusto volver a verme. Así que salí del restaurante, para pensar que debía hacer.

Esa noche dormí muy bien, olvidé su propuesta pues al siguiente día tenia entrevistas de trabajo y tenía esperanza en encontrar algo. Al otro día me levanté con mucho ánimo y fui a mis entrevistas que prometían algo bueno, fui a todas y en todas me rechazaron. Llego nuevamente la tarde y no había logrado nada. Todo el día me había estado dando vueltas en la cabeza la propuesta que me hicieron el día anterior. Así que decidí buscar al hombre que me ofreció su ayuda y sabía dónde encontrarlo. Cuando me aproxime a él en el restaurante, se notaba muy contento de verme de nuevo, se levantó de su asiento y me recibió con los brazos abiertos, amablemente me invito a cenar y eso me hizo sentir muy bien. Después de cenar y platicar de muchas cosas hizo una pausa y entonces me pregunto que había pensado de su propuesta, le dije que le agradecía mucho su propuesta, que yo no me sentía tan atractivo como al parecer él me veía, y que en cuanto a que aceptara ser su pareja me parecía algo apresurado, pero que lo mejor era ver como funcionábamos en la intimidad primero, que eso parecía ser algo que comenzaba a interesarme. Sus ojos demostraron mucha emotividad, pero se controló, me dijo que yo le parecía un hermoso caballero, y que respetaba mucho lo que yo le acababa de decir. Solo le pedí que me dejara tomar la iniciativa, que hiciéramos las cosas a mi modo y él aceptó.

Cuando llegamos a donde vivía, me sorprendió su enorme casa, era muy grande y lujosa, fuimos a su recamara y para iniciar, le pedí que se recostara en su cama, lo observé recordando el consejo que mi amigo me había dado y trataba de encontrar algo en su físico que me atrajera, intelectualmente ya me había conquistado, pero físicamente todavía no había algo que me atrajera, él era un hombre de edad y con un trabajo de oficina, su tipo de cara tampoco me gustaba. Poco a poco le fui quitando su ropa, primero le quite sus zapatos y sus calcetines y note unos pies muy bien cuidados, después le quite su camisa y descubrí un pecho limpio, sin vellos, después le quite sus pantalones y lo deje solo con su bóxer, me gustó mucho que usara bóxer, siempre he pensado que alguien que usa bóxer es alguien masculino y no me gusta para nada que los hombres usen tangas, pues me parecen algo femenino, pero lo importante aquí fue, que encontré algo que me gustó mucho, sus muslos y sus piernas estaban cubiertas de un fino bello muy negro, eran unas piernas ejercitadas, marcadas, seguramente hacia ejercicio, no eran piernas de fisicoculturista, sino de alguien que hace ejercicio moderado, como caminata o corredor, eso fue lo que me excito, lo puse boca abajo y comencé a acariciarle las piernas hasta llegar a sus nalgas, seguramente sintió mi erección cuando estaba yo sobre él mientras él estaba boca abajo, comencé a besar su nuca y a masajear sus nalgas, que también eran deliciosamente peludas, fue así como comencé y finalmente lo hice mío y disfrute de él, ahora tenía bien presente su nombre, Ernesto. De ahí la importancia de llamarse Ernesto, aunque no estaba seguro si de verdad ese era su nombre.

Ernesto quedo muy satisfecho conmigo y se interesó mucho en mi persona, él fue mi primer cliente, lo veía cada viernes que cenábamos juntos y después teníamos sexo y también el día domingo que nos veíamos por la tarde para ir a algún museo o al cine y después de cenar teníamos sexo, a partir de entonces él me daba una mensualidad que me permitía vivir muy bien, además de que cada vez que nos veíamos me pagaba el servicio. Durante años fue mi mejor cliente. Descubrí que en el FB podía encontrar clientes, sin arriesgarme mucho en las calles, así que me hice un perfil para ofrecer mis servicios y fue así como conseguí otros cuatro clientes con los cuales me podía dar una vida de lujo, pero no lo hice así, solo gastaba lo que necesitaba, y vivía bien pero modestamente, pues me puse a ahorrar para la vejez, me puse una meta en dinero para iniciar un negocio y poder subsistir cuando ya no pudiera trabajar de acompañante. Me esforcé por mantener contentos y satisfechos a mis clientes, y cuando perdía a uno, buscaba otro para poder seguir con mis metas trazadas. En una ocasión perdí a tres de los clientes que tenía, así que me desespere y salí a las calles a buscar nuevos clientes, fue cuando conocí a un taxista más joven que yo, que me gustó mucho, pero esa es otra historia, que con mucho gusto les contare en otro relato.


Finalmente, después de unos tres años que estuve viendo a Ernesto, en una ocasión me invito a cenar y después de platicar durante mucho tiempo, saco de su portafolios unos documentos de propiedad de un pequeño negocio y las llaves de este y me las entrego, me dijo que eran en pago por todas esas noches de compañía, placer y por la amistad que yo le había proporcionado. Tenía que volver a su país porque su empleo como funcionario en México había terminado, ya no podríamos vernos y era su forma de despedirse de mí, obviamente tuve que agradecer por la herencia que me estaba entregando, así que esa noche lo hice muy feliz. Jamás volví a ver a Ernesto, pero fue más que un cliente y un amigo, fue el hombre que resolvió mi vida para siempre…


Por: Tigrillo Serch

27 de octubre de 2016

El juego que no supe jugar

El juego que no supe jugar


Marzo 2002

Hay algunas cosas que uno se niega a ver, a entender, y a vislumbrar en la perspectiva del tiempo. Pero todo inicio supone un cúmulo de cosas positivas, proyectos, sentimientos, y esto no corresponde con el razonamiento. Era algún día del mes de Marzo del año 2002, mi pareja y yo teníamos muy pocos meses de habernos conocido e iniciado una relación formal, no teníamos un lugar propio y nos veíamos en hoteles de paso, esa ocasión habíamos ido a la hoy CDMX de fin de semana, nos hospedamos en un hotel del Centro Histórico, en aquel tiempo no conocía casi nada del ambiente nocturno de la ciudad y creo que él tampoco, pero ambos nos estábamos aventurando en una relación nueva que no sabíamos aún a donde nos habría de llevar en el tiempo.

Yo conocía de años atrás un lugar que se llamaba “El Klandestine”, un antro popular en los años noventas que con el tiempo fue decayendo, lo cual yo desconocía. Le propuse ir a ese antro, quedaba del otro lado de la Alameda Central, un espacio largo no muy grande con dos pisos. Cuando llegamos ya no era lo que yo había conocido, ahora parecía un lugar decadente, poca gente, escasa iluminación, mal servicio, ningún atractivo. Pedimos un par de cervezas y luego subimos, al fondo había una cortinilla de tela negra donde algunos entraban y salían. Decidimos entrar.

El espacio era un cuarto oscuro, en el interior había algunas sillas, al momento de entrar no había nadie al interior, nos quedamos sentados uno frente al otro y nos besamos, teníamos poco tiempo juntos y aún nos estábamos conociendo, había una atracción muy fuerte entre ambos y el entusiasmo de una relación que inicia. En eso estábamos cuando entró alguien más al cuarto oscuro, por la ubicación donde estábamos sentados, cerca del fondo, en la oscuridad del cuarto podía ver la sombra de quien había entrado contra la luz del exterior que se filtraba por la cortinilla de la entrada. El desconocido se colocó de pie junto a nosotros, mi pareja me tomo la cara con una mano para besarme con mayor intensidad y entonces alcancé a ver la silueta de su otra mano dirigirse a la bragueta del que había entrado y agarrarle la verga mientras me besaba.

En ese punto sentí un vacío en el estómago, me levanté y me salí mientras él iba tras de mí. No le dije nada, pagamos la cuenta y nos fuimos al hotel con unas cervezas que compramos en el camino. Teníamos muy poco tiempo de haber iniciado nuestra relación de pareja, se suponía que éramos una pareja cerrada, así lo habíamos planteado al momento de iniciarla, nunca habíamos hablado de abrir la relación, y el entusiasmo debía ser, en ese punto, solo entre el uno y el otro. Tomamos las cervezas y entonces le pregunté si tenía algo que decirme, me dijo que no, ya con voz de sueño, entonces le dije lo que había visto hacer y le pedí fuera sincero conmigo, pero lo negó, dijo que eso no había pasado, que no había hecho nada, mientras su voz era más y más somnolienta. Le dije que le creía. Un error muy estúpido…

Algunos años después, él habría de reconocer que si le había agarrado la verga a ese tipo, le pregunté por qué lo había negado pero no dijo nada, solo se encogió de hombros.

Octubre 2014

Pasaron muchas cosas, pasaron muchos años, paulatinamente fuimos “abriendo” la relación, más temprano que nada, conocí más de mí mismo, de mi sexualidad, las reglas se fueron flexibilizando, luego se fueron relajando, hasta que no hubo ninguna regla, hasta que todo fue “un juego”. El sexo con otros fue parte de la cotidianidad, el sexo con otros era ya el eje de nuestra relación, el “nosotros” se fue diluyendo, sin embargo seguíamos siendo “pareja”, guardábamos las apariencias ante los demás y nos mostrábamos como una pareja “solida”, lo suficientemente “madura” como para ser una pareja abierta sin que por ello se pusiera en riesgo nuestra relación, los terceros eran solo “un juego”. El episodio del cuarto oscuro era ahora como si hubiese sido una travesura de kínder.
 
El año era ya 2014, el juego había durado más de diez años, pero seguíamos siendo pareja. En algún punto y por medio de FB fuimos conociendo gente, sin embargo nuestros gustos en cuanto a terceros eran cada vez más distintos, el tipo de gente que a uno le gustaba no era el mismo que al otro. Las redes sociales facilitan la comunicación, mi pareja había conocido a otra persona, digámosle Osito, el cual a su vez tenía una pareja. Se comenzaron a escribir por whatsapp, mientras que la comunicación entre nosotros dos era cada vez menor. Cierta vez le tomé su teléfono y revisé su whatsapp, encontré una conversación de él con Osito en términos amorosos donde le decía “eres la segunda persona de la cual me he enamorado”, solo un detalle, yo sabía que yo no era la primer persona de la cual él se había enamorado, ese lugar le correspondía a un amigo suyo de su juventud el cual había fallecido, luego entonces yo no era la segunda persona que amaba, simplemente yo no estaba en su lista de amores, pero si estaba Osito.

En Octubre de 2014 fuimos a la hoy CDMX de fin de semana, nos acompañaba un amigo común que conocíamos hacía tres años. Ya estando en el hotel mi pareja me dijo que también irían Osito y su pareja de fin de semana y que se iban a quedar en el mismo hotel. Lo cuestioné pero me dijo que le habían preguntado de algún hotel y él, amablemente, les recomendó el mismo donde nosotros nos hospedábamos. Serían cerca de las 6 pm y estábamos todos en el lobby, con algunos clientes que citamos en el hotel y les estaba explicando de algunos productos cuando vimos llegar a Osito y su pareja, nos vieron pero solo saludaron a mi pareja, tomaron su llave de recepción y se fueron a su cuarto. Inmediatamente mi pareja me dijo “ahorita vengo, voy con ellos” y se fue a seguirlos. No pude decir nada porque estábamos con clientes, terminamos con ellos y se fueron mientras nuestro amigo y yo nos íbamos al cuarto a esperar a mi pareja. Se supone que no debía molestarme porque ya no había reglas entre nosotros, sabía que mi pareja estaba en la habitación de Osito y su pareja, haciendo algo más que “platicar”, solo que no nos había dado tiempo comer y no sabía cuánto tiempo se iba a tardar mi pareja en regresar.

Esperamos una hora, le llamé a su celular pero estaba apagado, esperamos dos horas, hasta que nuestro amigo y yo decidimos salir a buscar algo de comer, estábamos a una cuadra del hotel cuando suena el celular, era mi pareja preguntando dónde estábamos porque estaba tocando a la puerta de la habitación y obviamente nadie le abría. Le dijimos que la llave estaba en recepción y que íbamos para allá. Nos lo encontramos a mitad del camino sumamente enojado, nos miró con coraje y nos dijo: “¿qué estaban haciendo? ¿estaban cogiendo?”.  No, ni siquiera habíamos podido comer, pero la táctica era simple, acusar al otro de lo que él mismo había hecho. Le pregunté qué era lo que él había estado haciendo en el cuarto de Osito y su pareja, le dije que él sí había estado cogiendo con ellos pero lo negó, dijo que solo habían estado platicando muchas cosas de cada uno, de cómo vivían, y que no habían tenido sexo.
 
Creo que ahí, en ese punto, era cuando debí haber dado fin a la relación de “pareja” que aún mantenía con él. No se puede jugar un juego donde ya no hay ninguna regla, donde el hecho de seguir juntos como pareja era solo para atraer a más gente en búsqueda de sexo, donde ya no había un “nosotros”, solo un cada quien por su lado haciendo lo mismo que haríamos si estuviéramos solos, tener sexo con otros. Ahí debí haber terminado todo, pero no fue así. La relación continuó unos meses más entrando en un rápido deterioro. Cuando negó haber tenido sexo con Osito y su pareja no le creí, pero ya no me importó, simplemente dejó de importarme lo que hacía y con quién lo hacía, de todos modos con o sin mi opinión él haría lo que quisiera.

Meses después y una vez concluida la Marcha del año 2015 terminamos nuestra relación, fue inevitable, era el único desenlace posible, el juego que era para él dejó de serlo para mí desde hacía tiempo, sostuvimos la quebrada relación forzando los tiempos solo hasta marchar juntos, hasta que otras cosas que dependían de él también dejaron de importarme. En los meses que siguieron hube de retroceder sobre mis pasos para encontrar lo que en ese camino había perdido. Antes de terminar y hablando del episodio que había tenido en el hotel con Osito y su pareja me confesó que sí habían tenido sexo, me contó los detalles de lo que habían hecho, pero ya no tenía importancia.

Epílogo: “Sólo era un juego, no supiste jugar el juego”

Por: Martín Soloman


6 de octubre de 2016

Esta es mi historia

Conocemos a alguien y siempre nos fijamos en las cosas más evidentes, si es guapo, si es joven, si tiene buen cuerpo, si tiene buenas nalgas, o buen miembro, si su color de piel nos gusta, si tiene bonitos ojos, bonita sonrisa, después quizá nos interesarán otras cosas, si tiene coche, si tiene un buen trabajo, si viste con ropa de marca, si usa una loción cara, los lugares a los que ha viajado, los sitios de moda, y así inconscientemente vamos haciendo una lista cuidadosa de los requisitos que cubre de acuerdo a nuestra propia expectativa de lo que buscamos, pero en realidad somos más que eso, somos una historia, el cúmulo de experiencias y las circunstancias que nos han hecho ser lo que hoy somos, esa historia es la que nadie pregunta, la que no es interesante, una historia personal sin glamour, cruda, difícil, una historia que solo la damos a conocer a pocas personas, muy pocas, solo a aquellas que son únicas, que pueden entenderme, que pueden acompañarme en mi trayecto de vida. Esta pues, es mi historia.

Mi primer recuerdo es el de mi madre, mientras ella cocina, de cuando en cuando me mira con dulzura y me dice palabras de cariño, yo estoy jugando con un gato negro, no estoy muy seguro pero creo que tengo unos 3 años. Crecí en un hogar muy pobre, en el seno de una familia de diez hijos, yo era el menor. En casa solo vivíamos otro hermano y otras dos hermanas, los últimos cuatro hijos de la familia y mis padres, los seis hermanos mayores no vivían en casa, no sabía por qué. Unos años después, cuando cumplí 6 años, un día llego a casa uno de los hermano mayores, lo reconocí por las fotos que había en casa, llego con una mujer, inmediatamente me cargaron en sus brazos y me comenzaron a decir “hijo”, yo me resistía a sus cariños, y volteaba a ver a mi madre, ella solo sonreía, en ese momento papá se acercó y me dijo que esos recién llegados, eran mis verdaderos padres, que él y la que conocía como mi madre, en realidad eran mis abuelos, yo no lo creía, le pregunte a  mi madre si eso era cierto, ella solo asintió con la mirada.

La pareja  estuvo unos días más y de pronto desaparecieron, así como habían llegado. Todavía los vi durante seis años más, aparecían de pronto en cualquier época del año y así como llegaban desaparecían. Hasta que cuando cumplí doce años, se me informo que ellos habían muerto. Nunca supe por qué mis verdaderos padres nunca se encargaron de mí, ni a que se dedicaban ni como ocurrió su muerte, todas las veces que pregunte, jamás se me dijo nada convincente, con el tiempo deje de preguntar. Mis abuelos siempre se hicieron cargo de mí y a ellos siempre les dije padres.

Desde muy pequeño descubrí que la vida era difícil y eso me hizo un niño muy temeroso, agresivo y desconfiado. La vida en familia no era muy agradable, mi padre era un hombre alcohólico y violento y mi madre una mujer muy sencilla y sumisa, pero muy responsable y trabajadora, nunca falto comida en casa gracias a ella. Mi padre parecía tener doble personalidad, era un hombre responsable con trabajo durante un mes  y el siguiente era un ebrio de los que se quedan tirados en la calle, a los que no les importa nada, así fue toda la vida hasta que envejeció y ya no pudo seguir igual. Después me entere que tres de mis hermanos mayores, se fueron antes de cumplir 15 años y nunca volvieron. Cuando cumplí 13 años, mi hermana la mayor de los que vivíamos en casa, siete años mayor que yo, comenzó a actuar raro, y tiempo después descubrimos que padecía esquizofrenia, mi otro hermano mayor que yo, desarrollo paranoia, lo cual lo hace muy difícil de tratar y también lo incapacita para tener un trabajo estable.

Pero también desde pequeño descubrí que lo mío, lo mío, eran los hombres. No es que me gustaran todos los hombres como creen los heterosexuales, pero si descubrí que el objeto de mi deseo eran personas de mi mismo género, recuerdo la atracción que sentí por algunos de mis compañeros en primaria y después en secundaria. Hasta que conocí a Ernesto en tercero de secundaria. Me atrajo una piel más clara que la mía, pues yo soy moreno, sus ojos café claro me atrajeron mucho y por supuesto un cuerpo bien definido ligeramente musculoso, pero con una pequeña cintura y nalgas puntiagudas. Él fue mi primer pareja, recuerdo esas tardes que salíamos de secundaria y pasábamos a jugar maquinitas, mientras pegábamos de brincos de la emoción y nos sujetábamos de los controles del juego, nuestros cuerpos adolescentes se restregaban, él ponía sus nalgas y yo le restregaba mi entrepierna. Todo parecía un juego para los demás, pues todo lo disfrazábamos como lo hacen los demás hombres con bromas y albures. Pero nunca llegamos a la penetración, si nos besábamos y nos tocábamos, pero no hacíamos más, supongo que porque teníamos miedo, pero todo eso termino cuando acabamos la escuela secundaria y cada quien tomo rumbos diferentes.

El tiempo paso, me hice adulto y desarrolle una personalidad depresiva y de esa forma interactuaba con la gente, me sentía incompleto y sin esperanza, me convencí de que no existía el amor, como muchos conocidos lo expresan, por eso me decidí a disfrutar del sexo. Y eso se convirtió en un escape para mí. He tenido que responsabilizarme de situaciones difíciles en mi familia, me dedique a cuidar a mis padres envejecidos porque la mayoría de mis hermanos desarrollaron enfermedades mentales y los que no lo hicieron solo se alejaron. He tenido una vida difícil y fuera del sexo casi nada me hacía sentir mejor. Conocí a muchas personas, creo que lo que les gustaba de mi era algo muy inmediato, quizá pensarían que me utilizaban, quizá yo también jugaba a que no me daba cuenta pero también los usaba, en un juego de sexo sin más que conocer del uno y del otro, un tiempo en lo que aparecía el siguiente.

Pero aproximadamente hace cinco años conocí a una persona que me gustó mucho, con el tiempo me di cuenta que representaba todo lo que yo había deseado, no pensaba en formar una pareja, de hecho es algo en lo que no creía que fuera posible, pero él se tomó el tiempo de conocer de mí más allá del encuentro inmediato, me trató como una persona igual, se interesó en mi como individuo, con mis complicaciones y mis limitantes, y me aceptó, así como yo lo acepté en la complejidad de su propia vida. Y fue cambiando mi percepción de lo que puede ser una pareja formada por dos hombres, lo vi como algo posible y entonces tomé un camino diferente, donde ya no estaba solo, donde había alguien a mi lado.

 Hemos estado juntos desde entonces, si digo que soy muy feliz a su lado no es solo una frase hecha, porque junto con su madre hemos formado una nueva familia, con la cual comparto mi vida, en los tiempos que tengo que es cuando una de mis hermanas cuida a mi madre envejecida. Este hombre, al que amo, ha cambiado mi vida, me ha enseñado que la vida puede ser mucho mejor de lo que yo creía, y que el amor si existe, que se puede tener una pareja con la cual tener una vida muy gratificante. Es bueno puntualizar aquí, que no tenemos una vida como la de los heterosexuales, los homosexuales podemos tener una vida de pareja muy buena, pero sin imitar los modelos heteros, nadie nos ha puesto el ejemplo de cómo se debe vivir en pareja, pero con madurez, mucha paciencia y teniendo una mentalidad abierta, hemos hecho frente a los desafíos que se presentan. Disfrutamos mucho de nuestra vida en pareja y después de haber comenzado con una relación abierta, poco a poco hemos ido cerrando nuestra relación, nos hemos vuelto más hogareños y cada actividad que realizamos juntos nos ha unido cada vez más. Eso me ha dado la tranquilidad que antes no tenía y me impulsa a seguirme esforzando por el día a día.


En retrospectiva, me doy cuenta que la vida puede ser muy difícil, que hay problemas que jamás podremos resolver sin importar lo que hagamos, y seguir esperando que se resuelvan solo afectara nuestra salud física y emocional. Lo mejor es cambiar de actitud y reconocer nuestras limitaciones y aprender a vivir con lo que se tiene, con lo que se puede. Y aunque no tengo glamour y nunca conozca París, como me lo dice mi pareja, la vida que tenemos es sencilla pero llena de cariño, de comprensión, de apoyo y de algo de locura, de detalles cotidianos, sin grandes aventuras más que la misma aventura de la vida, que ahora compartimos juntos y que es nuestra forma de amarnos. Esta es mi humilde aportación.



Por: Tigrillo Serch

21 de septiembre de 2016

Mi familia natural

Nota: Las oraciones entrecomilladas al inicio de cada párrafo han sido tomadas de las consignas y declaraciones del Frente por la Defensa de la Familia.  

“A favor de la familia natural, la familia entre hombre y mujer está hecha para la generación de la vida”

Era el año de 1942, iniciaba la segunda guerra mundial, Manuel Ávila Camacho era el Presidente de México, quien en el año 1946 habría de fundar el Partido Revolucionario Institucional. En algún lugar remoto de provincia se celebraba un matrimonio civil y religioso entre un hombre y una mujer, una unión donde la felicidad era lo que menos se veía, la fotografía del recuerdo de la pareja reflejaba todo eso, en ella se podía ver a la novia ataviada de vestido blanco con un ramo de flores en un brazo, pero luciendo seria. Él, con camisa a medio fajar luce más bien molesto, de expresión adusta, la tiene tomada del brazo. A pesar del paso del tiempo la foto en tonos sepia dice mucho de ese día. Ella se fue a vivir a casa de él, quien vivía con su mamá y hermanas, al poco tiempo ella quedó embarazada. El matrimonio no funcionó, apenas unos cuantos meses ella pudo aguantar los maltratos que su legítimo esposo, su suegra y sus cuñadas le daban, sin tener derecho a comer hasta que su marido hubiera regresado del campo, aun estando embarazada y debiendo hacerse cargo de las labores de toda la casa, un día sin avisar dejó esa casa y regresó con sus padres a quienes les rogó que la recibieran de nuevo, que ya no podía regresar con quién se había casado.

“La familia sufre accidentes, entiéndanlo, ustedes están equivocados tratando de confundir lo que es la familia, la familia es un hombre y una mujer que quisieron tener hijos pero en el camino pudo haber un divorcio, una madre soltera…”

Él no se quedó cruzado de brazos, la buscó cuando ella salía de su casa y le exigió volver con él para hacerse cargo de su casa, no podía dejarlo así nada más. Ella se negó y corrió alejándose de él. Era el mes de Diciembre, era el día 24, era Navidad por la mañana cuando ella fue a comprar al mercado del pueblo lo que requerían para una comida modesta cuando vio a su marido acompañado de los gendarmes ir hacia ella, fue aprendida y llevada a la cárcel bajo el cargo de abandono de hogar.

“Todos los niños tienen derecho a un papá y a una mamá”

Esa Nochebuena, mientras en todos los hogares había una celebración familiar, ella pasaba la noche en la cárcel, embarazada, mientras sus padres trataban de sacarla, eso fue hasta el día siguiente en que se enfrentaron a las autoridades municipales. Pasó el tiempo, su hija nació sin padre, él nunca la buscó, fue registrada como “hija natural”. Pocos años después él se volvía a casar, sin haber hecho nunca el trámite de divorcio. Simplemente un día acudió al registro civil y arrancó del libro de actas la hoja donde estaba inscrito su matrimonio. Así, todo eso nunca pasó.

“La familia es producto de un hombre y una mujer”

La niña creció sin un padre, sin haber recibido nunca de él nada, sin haberlo conocido. Creció con sus abuelos, sus tíos. La niña se hizo adulta, conoció de voces de sus familiares su historia, para ese tiempo él ya había muerto, unos ladrones de ganado a los que había sorprendido le dispararon, quedó desangrándose todo el día hasta que lo encontraron por la noche, ya muerto.  La niña tuvo una infancia llena de carencias y señalamientos, como si sus circunstancias fueran su culpa, una culpa que habría de acarrear hasta hoy, una doble culpa porque ella también llego a ser madre soltera, un doble señalamiento en un pueblo de moral recalcitrante. Y sin embargo, esa moral fue la que ella aprendió y también enseño a su hijo.

“En contra de la ideología de género”

Esa niña hoy adulta conoció a un hombre y ambos tuvieron un hijo, lo que el hijo sabe de sus padres, es que tuvieron diferencias fuertes en aspectos importantes como son el dinero que cada uno recibía producto de su trabajo, ambos trabajaban y él pretendía cobrar el cheque de ella y solo irle dando lo que él considerara suficiente para los gastos de ella, así trataron de funcionar hasta que ella se negó y lo dejó. El niño nació sin que su padre nunca lo hubiera conocido, su abuela se había vuelto a casar y creció con ellos, aún eran jóvenes, de hecho por su edad podrían haber sido sus padres. Tuvo un buen ejemplo paterno y materno, a sus abuelos les decía “papá” y “mamá”, aunque sabía que no lo eran. Fue educado en los principios religiosos, en la fe católica, para formarse como un hombre de bien, para formar una familia. Solo que esta vez había una diferencia con las historias anteriores, de su madre y su abuela, el niño tenía una orientación sexual “diferente”…

“No se nace homosexual” (Desde la fe)

Desde que tengo uso de razón sé que soy “diferente”. Crecí en una familia “normal” y fui educado de forma conservadora, no tuve malos ejemplos y fui un buen estudiante, pero era “diferente”. Mi infancia y adolescencia fueron difíciles, trataba de ser un buen hijo  o de ser el hijo que mis padres hubiesen querido que fuera, mi proceso de aceptación como homosexual se dio muy tarde por haber tenido esa crianza tan tradicional. Nadie tiene la culpa de ser quien soy, y he tomado algunas decisiones buenas y otras malas, como cualquier persona, lo que hoy soy es el resultado de dichas decisiones. Cuando mi madre se enteró de mi homosexualidad, me preguntó si ella tuvo la culpa de que yo fuera así por la forma de educarme, pero le he dicho que no, que hizo un buen trabajo cuando fui niño, no ha sido así, ahora que soy adulto, porque me ha presionado a tomar decisiones que han ido en contra de quien soy. El ahora esposo de mi madre, solo calla, pero veo en sus ojos mayor aprobación hacia mí, que mi propia madre. Mi abuelo sigue siendo muy bueno conmigo y también prefiere callar ante el tema, ante todo sé que me ama.

“Pueden llamarse como quieran, pero nunca serán una familia”

Y a pesar de todo lo que hago para llevar la fiesta en paz y ver por mí familia, sé que nunca me verán como cuando era niño y no sabían lo que yo era. Sé que me agradecen el que esté con ellos, que no los haya abandonado en cuanto tuve independencia económica, que haya cuidado de mi abuela hasta el día de su muerte, que esté al pendiente que nada les falte, que les dedique tiempo y atenciones, pero sigo siendo de “esos maricones” como les dice mi madre cuando se enoja conmigo y no se atreve a decírmelo directamente, sí, esa es su forma de hacerme saber cuando está a disgusto con mi forma de ser, con mi estilo de vida, se refiere así a otros para que yo lo entienda que es hacia mí, “pues así les dicen, ¿qué no?”. Y aunque mi pareja y yo la recibimos en casa, convivimos con ella y ambos le dedicamos  tiempo y atenciones, sé que le molesta verme con otro hombre, aunque frente a ella no podamos tener muestras de afecto. Cierto, nunca ha sido agresiva con él, pero expresa mucho con su mirada, el disgusto, el rechazo, quizá el asco. Para ella la única familia posible es la que nunca tendré, pero que tampoco ella tuvo, aunque no es consciente de ello. Y no es que no me quiera, creo que si lo hace, a su manera, y eso no implica que me acepte con todo lo que soy.

Y sin embargo, creo que tengo el derecho de elegir a quien amar, con quien vivir, con quien formar una familia, tener hijos, establecer una relación donde no requiero de ningún  papel legal para formar una pareja, aun en contra de quienes marchan, en contra de quienes odian, aún en contra de mi propia madre… Los homosexuales siempre hemos logrado muchas de esas cosas que deseamos, aun en épocas pasadas cuando parecía imposible lograr esas metas, simplemente porque son decisiones personales, donde nadie más tiene que ver y donde es uno el que busca la forma de autorrealizarse con sus propias estrategias.

Por: Martín Soloman




17 de agosto de 2016

Acúsome Padre pues he pecado


No soy afecto a ir a las iglesias, pero esta vez había un motivo. Encaminé mis pasos hacia la parroquia, en una de las calles de una de tantas colonias populares de la Ciudad de México, no había algo particular que la identificara, era una construcción reciente, no muy grande,  los muros estaban pintados de blanco con detalles en color azul claro, las rejas metálicas pintadas de blanco estaban abiertas, caminé por el patio hacia la iglesia, alcanzaba a escuchar la voz del Padre Artemio quien a través de un micrófono oficiaba la misa, entré y me senté en una de las primeras bancas de la entrada. Ahí estaba el Padre Artemio, vestido con una sotana blanca y una estola al frente que le cruzaba el cuello, dirigió su mirada hacia mí y entonces me reconoció, esbozó una ligera sonrisa e hizo un leve movimiento de cabeza sin interrumpir su prédica. Le devolví la sonrisa y esperé a que la misa terminara para hablar con él.

Era el año 2005, hacía algún tiempo había conocido a un tipo que tenía una relación abierta y hacía reuniones en su departamento junto con su pareja, siempre me habían dado desconfianza ese tipo de reuniones principalmente por el hecho de que pudieran obligarte a hacer algo que no quisieras o que te forzaran a tener sexo con alguien que no te gustara, pero me dijo que a sus reuniones solo iba gente de apariencia machín y que fuera jaladora, así que después de varias invitaciones decidí ir, me dijo que podía llevar lo que quisiera llevar para tomar y que podía hacer hasta donde yo quisiera, que no había problema si solo quisiera ver. Recuerdo que en aquel tiempo me gustaban las caribe cooler y llevé varias, el ambiente me gustó, la casa tenía una iluminación discreta, tenían una sala donde estaban los invitados, todos en ropa interior, ahí se podía platicar y tomar un trago y habían acondicionado un cuarto para tener sexo, era como un cuarto oscuro apenas iluminado con una luz de noche que permitía ver lo que los invitados hacían, y eventualmente tomar parte.

En alguna de las veces que fui, llegó un señor como de cuarenta años, desde que lo vi me llamó la atención, y no por su físico, sino porque a pesar de no ser tan grande de edad se vestía de forma peculiar, usaba una camisa guayabera de manga corta abotonada casi hasta el cuello y un pantalón de vestir que le quedaba bastante holgado, los zapatos iban muy bien lustrados y su ropa era muy limpia, sin manchas o arrugas, eso lo hacía ver aún mayor de lo que era. Se comenzó a desvestir, debajo de la guayabera llevaba una camiseta blanca con mangas y usaba boxers de los “matapasiones”. En cuanto a su físico, era algo gordito, muy velludo, el pecho, los brazos, las piernas, tenía vello hasta en la espalda, solo se dejaba el bigote. Me acerqué a él y le pregunté si quería tomar de lo que yo tenía, me dijo que no tomaba y que un vaso con agua estaba bien, lo vi de cerca y me agradó, le dije si quería ir al cuarto oscuro y asintió con la cabeza.

Quedamos de frente, estábamos excitados, él me tocó el miembro por encima de la truza y me apretó, luego fue bajando hasta quedar de rodillas y con los dientes tomó el elástico de la cintura para bajarme la truza, quedando mi miembro erecto frente a su rostro, lo miró un momento y después acercó su boca. Era realmente bueno en lo que hacía, era capaz de estar mamando mucho tiempo sin cansarse y sin que disminuyera el ritmo con el que lo hacía, mientras se masturbaba de vez en cuando. Al cabo de un rato decidí salir por un trago, él se quedó dentro buscando alguien más para seguir teniendo sexo oral. Al poco tiempo regresó a la sala, ahí nos saludamos, me presenté y él también, dijo llamarse Arturo y ser amigo de los anfitriones desde hace algún tiempo, ser Maestro y dar clases en una primaria, realmente esos detalles no tenían importancia, finalmente la fiesta era para tener encuentros ocasionales y no para encontrar el amor de tu vida, solo era pasarla bien y después, si nos encontrábamos en la calle no nos saludaríamos.

Lo vi varias veces en el departamento de mis amigos, cada vez veía más detalles en él que me parecían peculiares, por ejemplo al desvestirse tenía una rutina muy específica para quitarse la ropa e irla acomodando en un gancho para ropa donde ponía el pantalón bien doblado y la camisa guayabera, estoy seguro que nunca le vi otro tipo de camisa que no fuera guayabera, siempre iba bien peinado y lo único que hacía era sexo oral. Y al parecer conocía gente, a veces llevaba a algún amigo suyo a las fiestas, generalmente pasivos, era como una complicidad donde él buscaba activos en la fiesta para hacerles sexo oral y si el activo quería penetrarlo entonces ponía a su amigo para que se lo cogieran, él ya había hecho sexo oral, a mí me pasó eso en algunas ocasiones en que quise penetrarlo, me rechazó cortésmente y me ofrecía a su amigo. Luego ambos se iban.

Algunas veces platicábamos en la sala, eventualmente tocábamos algunos temas en los que pareciera que alguien tan liberal como nosotros que teníamos sexo en grupo podía estar de acuerdo, como el caso del matrimonio y la adopción por parte de homosexuales, en cierta ocasión estábamos platicando acerca de lo que pasaba en otros países donde ya había algunos avances y recuerdo que Arturo nos dijo, con voz firme y en un tono más alto que el que le conocíamos, que él no creía en las uniones entre homosexuales y que definitivamente estaba en contra de la adopción por parte de estos, y ponía como ejemplo a los que estábamos ahí en calzones dispuestos a tener sexo con desconocidos, él decía que por eso gente como nosotros no podía tener una relación estable, que éramos una bola de promiscuos y que pobre del niño que fuéramos a adoptar. Y generalizaba, decía que todos los homosexuales que él conocía eran así.

Nadie quería entrar en polémica, y aunque teníamos otras ideas y no creíamos que fuera bueno generalizar, finalmente no estábamos ahí para discutir sino para coger. Así que optamos por tomar un trago y dirigirnos al cuarto oscuro, él nos siguió y todo quedó olvidado. Me recosté en la cama con el miembro erecto apuntando hacia arriba, Arturo se me quedó viendo y fue bajando hasta envolver  mi verga con sus labios. Alguien más se recostó junto a mí con el miembro erecto, Arturo se dio cuenta y comenzó a mamar con devoción ambas vergas, mientras lo hacía con el otro amigo pude ver su cara, realmente lo disfrutaba, algunos cuando lo hacían cerraban los ojos, otros miraban a la cara, pero Arturo tenía una mirada extraviada, miraba a ningún lado, casi como si pusiera los ojos en blanco, y nunca se cansaba de hacerlo.

Así pasaba el tiempo, sin embargo nunca lo vi fuera del departamento de mis amigos, de alguna manera cuando íbamos allá ambos nos buscábamos, a mí me gustaba cómo me hacía sexo oral y supongo que a él le gustaba hacérmelo. Cierta vez estaba yo en la sala cuando al poco tiempo de llegar Arturo tuvo que retirarse, me dijo que había tenido una situación familiar y que le habían hablado. Se estaba cambiando sentado junto a mí con la misma peculiaridad con la que se desvestía, se ponía cada prenda con mucho cuidado, cuidando de no arrugar la ropa y se peinaba impecablemente. Luego se fue, yo me quedé un rato más tomando unos tragos y entonces, al pasar mi mano al sofá para levantarme encontré un celular, era de Arturo, seguramente con la prisa al irse y con esos pantalones tan flojos se le había caído.

La curiosidad me hizo revisarlo, no estaba bloqueado y vi de rápido la lista de contactos: “Parroquia…”, “Sacristía…”, luego vi algunos mensajes que le habían enviado: “Padre Artemio, la misa de hoy…”, y así varios mensajes más. Arturo no se llamaba así, su nombre real era Artemio, y era sacerdote. Dejé el teléfono ahí y me dirigí al cuarto oscuro, al poco tiempo tocaron a la puerta del departamento, era él, Arturo ó Artemio, alcancé a escuchar que preguntó si no había dejado ahí su celular, mis amigos lo buscaron en el sofá, lo encontraron y se lo dieron, él lo agradeció y se fue. Yo me quedé dentro. Ahora entendía muchas cosas de su comportamiento.

Dejé de ir a las fiestas de casa de mis amigos, por diversas causas, pero aún recordaba a Arturo, como yo lo conocí. Cierto día se me ocurrió buscar la parroquia cuyo nombre había visto en su celular, tardé algún tiempo en encontrarla, estaba cerca del depa de mis amigos a los que ya no visitaba. Y ahí estaba yo, en la iglesia, esperando que el Padre Artemio concluyera la misa, al parecer no le había sorprendido verme cuando me reconoció.

La misa había concluido, algunas señoras con velo en la cabeza se le acercaban mientras él les ponía una hostia en la boca, me acerqué esperando ser el último, fue mi turno y entonces le dije “Acúsome Padre, pues he pecado…”
  

Por: Martín Soloman

7 de agosto de 2016

Feliz Cumpleaños

El tiempo es un concepto muy relativo, y para algunos ciertas cosas quedan grabadas para siempre, se dice que hay amores que duran toda la vida, pero también hay rencores que, como profundas heridas, no cicatrizan fácilmente.

Esa mañana me sentía muy mal, toda la noche anterior había sufrido los estragos de una fuerte fiebre que ya había cedido, pero estaba convaleciente y añoraba mis días de niñez cuando estaba enfermito y mama dulcemente me trataba con cariño, mientras me daba mi medicamente y me preparaba la sopa que tanto me gustaba. Me encontraba solo, mi esposa había salido desde temprano a trabajar, le dije que ya me sentía bien pero que me tomaría el día, no quise alarmarla. Salí a buscar algún medicamento, la mañana era fría y solo veía la calle desolada mientras me dirigía  a la farmacia más cercana. El frio viento de invierno me golpeaba el rostro y me provocaba unas lágrimas, sin duda mi aspecto era triste. Y más porque sabía bien que llegaría al departamento donde vivíamos y estaría solo. Hacía poco menos de un año que me había casado por insistencia de mi familia, mis padres me decían que no podía llegar a los 30 años siendo soltero y yo nunca les dije mi orientación sexual real, mi gusto por otros hombres, siempre lo mantuve oculto, en el closet, hasta que me vi presionado a casarme. Las cosas iban regular, realmente me esforzaba por llevar bien la relación y durante ese tiempo me había alejado de lo que era.

Estaba saliendo de la farmacia cuando de pronto se me acerco un hombre, aproximadamente de mi edad. Me llamo por mi nombre y antes de que pudiera protestar que no lo conocía, me dio un fuerte abrazo, que disfrute mucho (él era atractivo, muy varonil), me dijo que me veía muy mal, que parecía que iba a caer. No sé si fue por lo mal que me sentía, que acepte me acompañara a mi departamento. Cuando llegamos a la puerta, le pregunte que amigos teníamos en común, me hablo de mi época de secundaria, y al parecer sí tuvimos los mismos compañeros, pero a él no lo podía identificar. El cansancio me venció y me quedé dormido en el sofá, cuando desperté estaba cubierto con una manta, me sentía aún muy adormilado y aun sentía el cuerpo cansado. Pero escuche que alguien hablaba en la cocina, recordé al hombre que había conocido en la calle, decidí escuchar lo que decía al celular, hablaba con alguien al que le decía que estaba en casa de un viejo amigo que se sentía muy mal y que lo estaba apoyando con la comida. En ese momento me llego un delicioso sabor a sopa y poco después apareció con un plato. Le volví a preguntar quién era, y solo me decía que era Federico. Sin embargo, por más que me esforzaba no podía recordarlo, decidí fingir que de pronto sabía quién era, ya estaba en mi casa y me sentía aún muy débil e indefenso. Tome mi sopa mientras platicaba con él, hablamos de anécdotas, de lugares y de personas en común de cuando éramos estudiantes, definitivamente si había estado en mi época, vagamente lo identifique como un compañero que iba en otro grupo y con el cual quizá habíamos tenido poco contacto, pero no estaba seguro, sin embargo la plática se centró más en lo que éramos actualmente, le dije que estaba casado y me pareció ver una sonrisa en su rostro, no supe cómo interpretarla, sin embargo olvide ese detalle, porque de inmediato cambio la conversación.

Me dijo que se tenía que ir pero que le gustaría estar en contacto conmigo, le pedí que me dejara su número de celular y que yo lo buscaría, lo escribió en un papel y me lo dio. Al día siguiente me levante muy temprano para ir al trabajo, no recordaba lo del día anterior, tenía mucha prisa, pero cuando regrese a casa por la tarde, nuevamente vi el papel con su número de teléfono, me quedé pensando en si debía llamarlo o no, tenía firmemente grabado en mi mente que no era alguien físicamente desagradable. Pasaron varias días y durante ese tiempo lo ignore, sentía desconfianza, pero al recordar lo que había pasado y que no había peligrado mi persona, decidí buscarlo para agradecerle, algo dentro de mí me impulsaba a buscarlo y creo que no era solo curiosidad. Aun me intrigaba saber si era quién yo pensaba, pero la verdad es que siempre he sido malo para recordar nombres, de hecho no recordaba los nombres de la mayoría de mis compañeros, pero si recordaba sus apodos, de hecho yo era quien les había puesto la mayoría de ellos, tenía un ingenio para hacerlo, quizá como una forma de distraer la atención que había sobre mí, debido a mi preferencia sexual distinta, hacia otros de mis compañeros con alguna característica que fuera más visible y buleable que la mía.

Ya no recordaba bien su rostro después de varios días, lo había visto una vez y solo recordaba que era guapo. Decidí verlo nuevamente, hicimos la cita en un lugar público y cuando se presentó, me impacto, iba muy bien vestido, de verdad era muy varonil, me preguntó cómo seguía de salud, y de ahí pasamos a otros temas más personales, no era difícil imaginar que yo le atraía por la forma en que me miraba y no sé en qué momento comenzamos a coquetear, me dijo abiertamente que yo le gustaba, me sorprendí, la verdad es que no esperaba involucrarme con alguien de mi mismo sexo tan pronto, todavía ni tenía un año de casado, y desde ese suceso había dejado mi vida anterior y había decidido no tener más sexo con hombres, y lo había cumplido… hasta ese día. Me vio titubeante y me invitó a un hotel, diciendo que no pasaría nada que no quisiera, tal vez solo platicaríamos, quise poner pretextos pero me encontré con esa sonrisa de dientes blancos bien alineados, y accedí. Iba bastante nervioso, pero en el hotel  me dio una revolcada de aquellas, como hace tiempo no me las habían dado ya. Nos seguimos viendo muy seguido, y con cada ocasión mis defensas se fueron bajando. Solo me importaba verlo. Las conversaciones por whatsapp eran diarias, había amor, era el hombre de mi vida.

Una noche mientras dormía, tuve un sueño de mi época de estudiante y lo vi, pero había algo raro en él, parecía ser alguien que no era cercano y no aparecía ante mí como alguien muy atractivo. El tiempo pasó y olvide ese sueño, ya teníamos casi medio año viéndonos. Y de pronto sentí que había un cambio en su persona, parecía como si ya no fuera muy autentico cuando me decía que me amaba. Entonces, su rostro se me hacía familiar, como si realmente lo hubiese conocido mucho antes, pero eso es lo que él siempre me decía, pensé que solo se trataba de eso y en algún momento lo recordaría. Comenzó a distanciarse, pero aún me buscaba de vez en cuando, yo le hacía escenas de celos y él siempre terminaba convenciéndome con sus encantos, de que aún me amaba y que sus ausencias se debían a asuntos familiares.

Mientras tanto, mi vida familiar se estaba complicando, las presiones de mi familia para conocer a su primer nieto iban en aumento, se aproximaba mi fecha de cumpleaños y mis padres me organizaron una comida, llegué con mi esposa, los amigos de nuestros trabajos iban llegando, todo iba bien cuando llegó Federico, me tomó por sorpresa, nunca me dijo que iba a ir, llevaba un portafolio, no supe qué pensar, su atuendo era diferente, tenía puestos unos enormes lentes y llevaba otro peinado. Y fue hasta ese momento que identifique quien era… Se trataba de un ex compañero al que todos buleábamos en la secundaria, en esa época no era nada atractivo, era enclenque, enfermizo y con mucho acné, con braquets y usaba unos enormes anteojos que empeoraban su aspecto. Nunca había sido mi amigo ni de los demás, y yo especialmente lo había maltratado, etiquetándolo con los apodos más desagradables e hirientes. En esa época, siempre me veía con odio. Un mar de pensamientos invadió mi mente.
 
Estaba en shock, había mucha diferencia entre ese joven de la secundaria al que yo había maltratado tanto y el hombre que ahora me había conquistado. Se acercó a mí y sonrió, pregunto si ya lo recordaba, solo asentí. Sin conocerlos, saludó a mis padres y a mi esposa con la misma familiaridad con la que me había saludado a mí el primer día que lo conocí, mientras de su portafolio sacaba unos sobres que les iba dando y dejándolos estupefactos, sin saber qué hacer, solo lo miraban. Luego se dirigió hacia mí, me jaló del brazo hacia fuera de la casa y entonces me habló, su mirada era dura, me dijo que estaba haciendo lo mismo que yo le había hecho años antes, arrebatarle su dignidad, me dijo que en aquellos días todos le habíamos hecho mucho daño, que había terminado la secundaria sin ningún amigo, solo y casi destruido, que le había tomado muchos años reponerse de todo lo que le habíamos hecho en esa época, y que sobre todo yo era quien más le había hecho daño, y que ahora me lo estaba devolviendo. “Felíz cumpleaños” me dijo, mientras se alejaba entre la oscuridad de la noche que en ese momento cubría la ciudad.

Entonces me percaté que la música se había apagado en la casa de mis padres, entré y sentí todas las miradas que me miraban con horror, de los sobres habían sacado las fotografías que Federico me había tomado junto con él en el hotel cuando me pedía “un recuerdo de nuestro amor”, y las conversaciones por whatsapp donde le contaba de mis preferencias sexuales reales y de amor por él. Afuera la noche caía más fría que nunca…

Por: Tigrillo Serch