Nota: Las oraciones entrecomilladas al inicio de cada párrafo han sido tomadas de las consignas y declaraciones del Frente por la Defensa de la Familia.
“A favor de la familia
natural, la familia entre hombre y mujer está hecha para la generación de la
vida”
Era el año de 1942,
iniciaba la segunda guerra mundial, Manuel Ávila Camacho era el Presidente de
México, quien en el año 1946 habría de fundar el Partido Revolucionario
Institucional. En algún lugar remoto de provincia se celebraba un matrimonio
civil y religioso entre un hombre y una mujer, una unión donde la felicidad era
lo que menos se veía, la fotografía del recuerdo de la pareja reflejaba todo
eso, en ella se podía ver a la novia ataviada de vestido blanco con un ramo de
flores en un brazo, pero luciendo seria. Él, con camisa a medio fajar luce más
bien molesto, de expresión adusta, la tiene tomada del brazo. A pesar del paso
del tiempo la foto en tonos sepia dice mucho de ese día. Ella se fue a vivir a
casa de él, quien vivía con su mamá y hermanas, al poco tiempo ella quedó
embarazada. El matrimonio no funcionó, apenas unos cuantos meses ella pudo
aguantar los maltratos que su legítimo esposo, su suegra y sus cuñadas le
daban, sin tener derecho a comer hasta que su marido hubiera regresado del
campo, aun estando embarazada y debiendo hacerse cargo de las labores de toda
la casa, un día sin avisar dejó esa casa y regresó con sus padres a quienes les
rogó que la recibieran de nuevo, que ya no podía regresar con quién se había
casado.
“La familia sufre
accidentes, entiéndanlo, ustedes están equivocados tratando de confundir lo que
es la familia, la familia es un hombre y una mujer que quisieron tener hijos
pero en el camino pudo haber un divorcio, una madre soltera…”
Él no se quedó cruzado
de brazos, la buscó cuando ella salía de su casa y le exigió volver con él para
hacerse cargo de su casa, no podía dejarlo así nada más. Ella se negó y corrió
alejándose de él. Era el mes de Diciembre, era el día 24, era Navidad por la
mañana cuando ella fue a comprar al mercado del pueblo lo que requerían para
una comida modesta cuando vio a su marido acompañado de los gendarmes ir hacia
ella, fue aprendida y llevada a la cárcel bajo el cargo de abandono de hogar.
“Todos los niños tienen
derecho a un papá y a una mamá”
Esa Nochebuena,
mientras en todos los hogares había una celebración familiar, ella pasaba la
noche en la cárcel, embarazada, mientras sus padres trataban de sacarla, eso
fue hasta el día siguiente en que se enfrentaron a las autoridades municipales.
Pasó el tiempo, su hija nació sin padre, él nunca la buscó, fue registrada como
“hija natural”. Pocos años después él se volvía a casar, sin haber hecho nunca
el trámite de divorcio. Simplemente un día acudió al registro civil y arrancó
del libro de actas la hoja donde estaba inscrito su matrimonio. Así, todo eso
nunca pasó.
“La familia es
producto de un hombre y una mujer”
La niña creció sin un
padre, sin haber recibido nunca de él nada, sin haberlo conocido. Creció con sus
abuelos, sus tíos. La niña se hizo adulta, conoció de voces de sus familiares
su historia, para ese tiempo él ya había muerto, unos ladrones de ganado a los
que había sorprendido le dispararon, quedó desangrándose todo el día hasta que
lo encontraron por la noche, ya muerto.
La niña tuvo una infancia llena de carencias y señalamientos, como si
sus circunstancias fueran su culpa, una culpa que habría de acarrear hasta hoy,
una doble culpa porque ella también llego a ser madre soltera, un doble
señalamiento en un pueblo de moral recalcitrante. Y sin embargo, esa moral fue
la que ella aprendió y también enseño a su hijo.
“En contra de la
ideología de género”
Esa niña hoy adulta
conoció a un hombre y ambos tuvieron un hijo, lo que el hijo sabe de sus padres,
es que tuvieron diferencias fuertes en aspectos importantes como son el dinero
que cada uno recibía producto de su trabajo, ambos trabajaban y él pretendía
cobrar el cheque de ella y solo irle dando lo que él considerara suficiente
para los gastos de ella, así trataron de funcionar hasta que ella se negó y lo
dejó. El niño nació sin que su padre nunca lo hubiera conocido, su abuela se
había vuelto a casar y creció con ellos, aún eran jóvenes, de hecho por su edad
podrían haber sido sus padres. Tuvo un buen ejemplo paterno y materno, a sus
abuelos les decía “papá” y “mamá”, aunque sabía que no lo eran. Fue educado en
los principios religiosos, en la fe católica, para formarse como un hombre de
bien, para formar una familia. Solo que esta vez había una diferencia con las
historias anteriores, de su madre y su abuela, el niño tenía una orientación
sexual “diferente”…
“No se nace
homosexual” (Desde la fe)
Desde que tengo uso de
razón sé que soy “diferente”. Crecí en una familia “normal” y fui educado de
forma conservadora, no tuve malos ejemplos y fui un buen estudiante, pero era
“diferente”. Mi infancia y adolescencia fueron difíciles, trataba de ser un
buen hijo o de ser el hijo que mis
padres hubiesen querido que fuera, mi proceso de aceptación como homosexual se
dio muy tarde por haber tenido esa crianza tan tradicional. Nadie tiene la
culpa de ser quien soy, y he tomado algunas decisiones buenas y otras malas,
como cualquier persona, lo que hoy soy es el resultado de dichas decisiones.
Cuando mi madre se enteró de mi homosexualidad, me preguntó si ella tuvo la
culpa de que yo fuera así por la forma de educarme, pero le he dicho que no,
que hizo un buen trabajo cuando fui niño, no ha sido así, ahora que soy adulto,
porque me ha presionado a tomar decisiones que han ido en contra de quien soy.
El ahora esposo de mi madre, solo calla, pero veo en sus ojos mayor aprobación
hacia mí, que mi propia madre. Mi abuelo sigue siendo muy bueno conmigo y
también prefiere callar ante el tema, ante todo sé que me ama.
“Pueden llamarse como
quieran, pero nunca serán una familia”
Y a pesar de todo lo
que hago para llevar la fiesta en paz y ver por mí familia, sé que nunca me
verán como cuando era niño y no sabían lo que yo era. Sé que me agradecen el
que esté con ellos, que no los haya abandonado en cuanto tuve independencia
económica, que haya cuidado de mi abuela hasta el día de su muerte, que esté al
pendiente que nada les falte, que les dedique tiempo y atenciones, pero sigo
siendo de “esos maricones” como les dice mi madre cuando se enoja conmigo y no
se atreve a decírmelo directamente, sí, esa es su forma de hacerme saber cuando
está a disgusto con mi forma de ser, con mi estilo de vida, se refiere así a
otros para que yo lo entienda que es hacia mí, “pues así les dicen, ¿qué no?”.
Y aunque mi pareja y yo la recibimos en casa, convivimos con ella y ambos le
dedicamos tiempo y atenciones, sé que le
molesta verme con otro hombre, aunque frente a ella no podamos tener muestras
de afecto. Cierto, nunca ha sido agresiva con él, pero expresa mucho con su
mirada, el disgusto, el rechazo, quizá el asco. Para ella la única familia
posible es la que nunca tendré, pero que tampoco ella tuvo, aunque no es
consciente de ello. Y no es que no me quiera, creo que si lo hace, a su manera,
y eso no implica que me acepte con todo lo que soy.
Y sin embargo, creo
que tengo el derecho de elegir a quien amar, con quien vivir, con quien formar
una familia, tener hijos, establecer una relación donde no requiero de
ningún papel legal para formar una
pareja, aun en contra de quienes marchan, en contra de quienes odian, aún en
contra de mi propia madre… Los homosexuales siempre hemos logrado muchas de
esas cosas que deseamos, aun en épocas pasadas cuando parecía imposible lograr
esas metas, simplemente porque son decisiones personales, donde nadie más tiene
que ver y donde es uno el que busca la forma de autorrealizarse con sus propias
estrategias.
Por: Martín Soloman

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