El primer bar para
homosexuales que conocí está ubicado en el Centro Histórico del DF. Es una
cantina, desde que lo conocí hasta el día de hoy casi nada ha cambiado. Quizás
las mesas, algo de la decoración, la barra de la entrada, las pantallas, pero
son pocos cambios a lo largo de los años. Cuando lo conocí fue porque me llevó
la primer persona que conocí en el ambiente y que me mostró la vida nocturna de
la ciudad de México. Aunque esta persona resultó en una gran decepción, el bar
tuvo algo que me gustó, aunque no supe bien en ese momento que era lo que me
había gustado, quizá lo prohibido del medio en aquellos años, el tipo de gente
que iba, no lo sé. Después de esa primera vez pasó algún tiempo para que
volviera a ir a ese bar, ahora ya fui solo. Y pasó el shock de ver a dos
hombres bailando, abrazándose, besándose, que era algo nuevo para quien había
estado siempre viviendo en provincia y en un medio heterosexual.
Debo confesar que
nunca me han gustado los antros que hoy día hay en la zona rosa, la mayoría
repletos de jóvenes con amaneramientos y playeras ceñidas a cuerpos
delgadísimos en colores chillantes, con el pelo acicalado y las cejas
delineadas, oliendo a perfumes dulzones y con voces atipladas.
Este lugar en realidad
era una cantina, en el día nadie pensaría que era una cantina para
homosexuales, era una más del centro histórico, quienes atendían las mesas eran
señores de edad, nada delataba lo que era. Poco a poco iba llenándose de
hombres comunes, de todas las edades, gente que salía de su trabajo, cualquiera
que fuera, pantalones de mezclilla, botas, sombreros, gorras, camisas a
cuadros, alguno que otro de traje, cuerpos comunes, no parecían ser “de
ambiente”.
Me gustó el tipo de
música, una rockola donde cada quien ponía la música que quisiera, no había música
electrónica, era música popular, en español, rancheras, baladas, y cumbias.
Siempre he ido a ese bar, me gusta ver a la gente que va, aunque va todo tipo
de gente creo que predomina quienes no van a posar, muchos son clientes viejos
que solo van a olvidar un rato su soledad, a estar en un medio donde puedan
estar sin nadie que los moleste. Siempre me ha gustado volver de vez en cuando
a ese bar. Nunca he ido a ligar, nunca he salido de ahí con alguien, nunca me
han invitado una cerveza. Cuando he ido solo, he estado solo, pero muy a gusto,
en un lugar donde puedo soltar mis pensamientos, donde puedo disipar un rato mi
soledad. Cuando estuve con mi primer
pareja con la cual dure seis años nunca venimos a este bar, ambos en provincia,
el casado. Cuando dejamos de ser pareja él me pidió varias veces venir a este
bar, como amigos. Para entonces ya estaba yo con mi actual pareja y no podía yo
hacerlo. El sabía que yo ya tenía pareja, pero era muy respetuoso y solo quería
conocer este bar del cual le había hablado. Incluso me dijo que podíamos pedir
habitaciones separadas en un hotel, realmente quería conocer el bar. Nunca lo
hice, al poco tiempo él había muerto, y durante mucho tiempo me pesó no haber
hecho más por él.
Con mi pareja hemos
ido muchas veces a ese bar, ahí aprendimos a bailar juntos, ahí nos hemos
besado, nos hemos emborrachado, hemos pasado muchos buenos momentos. Una sola
vez alguien nos mandó un ramo de flores, nunca conocimos a quien lo hizo. Ahí nos
reencontramos a viejos amigos de ambos, y cuando podemos regresamos ahí. En
algún momento cerró por varios meses, pero abrieron de nuevo. El tiempo ha
pasado, los meseros han cambiado, la diversidad se ha hecho presente, pero el
bar permanece. Hace poco fui a la ciudad de México, por cuestiones de trabajo
fui solo, y aunque era lunes quise visitar el bar, los lunes casi no hay gente,
pero igual la paso a gusto cuando voy. Pedí cerveza, escuche algo de música de
la rockola, me bolearon los zapatos, y después de un rato salí, pensando en
cuantas cosas habían pasado durante todos estos años por mi vida. Ese bar es un
lugar importante en mi vida, donde he reído, donde he bailado, donde también he
llorado la muerte de alguien, es el primer bar para homosexuales que conocí,
donde me he embriagado, y a donde vuelvo de vez en cuando, donde puedo ir solo,
y donde nadie impedirá que regrese, porque es parte de la noche de la ciudad de
México, de esa noche que es cómplice para muchos como nosotros, los que no
queremos que amanezca jamás, la noche donde se tejen historias, y eso es el bar
para mi, presente en las historias de mi vida.
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