25 de octubre de 2012

Tu nombre me sabe a hierba


Cada persona tiene un olor corporal diferente, en principio puede ser la loción que usan, la cual puede despertar diferentes emociones, desde la atracción hasta el rechazo. A lo largo del tiempo se recuerda a una persona por su olor, cada quien usa también una cierta fragancia, que cuando se asocia a la parte visual de la persona puede potenciar la atracción y después la excitación.

Algunos gustan por usar lociones afrutadas, dulzonas, empalagosas, y encima se vacían el frasco de perfume…Personalmente prefiero una persona que huela a hombre, sin que caiga en el exceso de lo sucio, el olor puede decir mucho de alguien, de lo que hace, de cómo es, con el tiempo se aprende a reconocer a una persona también por su olor característico, único, peculiar.

Estampas desagradables:

Una, cierta vez fui con un tipo al hotel, buen cuerpo, musculoso, entrón. Todo iba bien en el hotel, hasta que se quitó los tenis y los calcetines y quiso que me lo cogiera patas al hombro, el hedor de patas era insoportable,  más en esa posición. Una sola vez bastó para que, a pesar de su apariencia varonil, no volviera yo a verlo.

Dos, en una cantina, estando yo solo cierta vez un tipo que tenía buen lejos, me mandó una cerveza con el mesero, lo clásico, lo vi, me pareció agradable, bigote recortado cuidadosamente, su ropa se veía perfectamente arreglada, pulcro, se acercó a mi mesa y se sentó. Al poco me llegó el olor de su loción, a frutas, muy dulce, nada que ver con su imagen varonil, al cabo de un tiempo y aunque no acostumbro fumar, preferí pedir un cigarro al mesero, lo que le desagrado al tipo, yo continué fumando hasta que opto por  irse, por suerte.

No cabe duda de que el olor corporal juega un papel muy importante, si no te gusta el olor de una persona, tiendes a rechazarla.

“Al reprimir el sentido del olfato, el hombre ha reprimido su sexualidad”, dejó escrito Freud.  No estoy en contra de quienes usan loción, pero creo que la elección debe ser cuidadosa, porque lo mismo puede elevar la libido que terminar con ella. Cuando conocí a mi pareja, la primera vez no hubo mucho tiempo porque yo llevaba prisa. Sin embargo me gustó visualmente, era casi de mi misma edad, le guste, intercambiamos algunas frases. Recuerdo que me gustó su tono de voz, su color de piel morena, su rostro de facciones definidas, su seriedad, usaba bigote y barba de candado muy recortados. Había poco tiempo por lo que acordamos vernos la semana siguiente, un sábado, en un parque. Durante la semana procuraba recordar como era, había sido poco tiempo el que lo había visto, los detalles se perdían en mi memoria a pesar que me había gustado muchísimo, recordaba una y otra vez hasta que llegó ese día con la incertidumbre de saber si se había animado a llegar. Yo llegue primero y espere poco tiempo, al cabo de un rato vi su cuerpo a lo lejos acercándose, con esa forma de caminar que hoy conozco tan bien, como quien camina sin prisa. Una sola vez nos habíamos visto y ahora nuevamente estábamos frente a frente, reconociéndonos, ahora con tiempo, dudando al hablar, pero poco a poco tomando confianza. Era mas agradable de lo que yo recordaba, y después de un rato de platicar para conocernos mejor, decidimos buscar un hotel. En el camino compramos una botella de licor y unos refrescos. Al estar solos en el coche recuerdo que comencé a percibir un aroma agradable, olía a maderas, pero no era una loción, era un olor muy ligero pero reconocible, como de la madera cuando es cortada y desprende un aroma a madera nueva.

Al llegar al hotel platicamos con más confianza, una de las cosas de las que me enteré es que era casado, tenía dos hijos, uno entrando a la adolescencia, el otro aún era niño. Eso me desanimó, ya había tenido antes una pareja que era casado y la cosa no había terminado nada bien, pero ahora apenas nos estábamos conociendo, quizás todo terminaría ahí ese mismo día, después del primer momento. En todo caso había que aprovechar la tarde.  Nos acercamos con timidez y nos dimos un primer beso. Y ahí pude percibir nuevamente ese olor que me había agradado, su aliento tenía ese olor a madera nueva, a madera de pino, de cedro recién cortada. Nos abrazamos, recorrí con mis manos su cuerpo macizo, y cada que aprendía cada parte de su cuerpo podía percibir su aroma, saliendo de cada uno de sus poros, lo que agradó bastante, avanzando más y más.

Abrimos la botella y brindamos por ese momento, al poco tiempo las ropas fueron cayendo, y entonces vino el momento de preguntarnos algo que hasta antes de eso no había yo reparado, cuando era lo primero que preguntaba a un hombre cuando lo conocía, para poner las cosas claras y evitar malos entendidos:

-          ¿Qué eres, activo ó pasivo?

-          Soy activo, ¿y tu?

-          También soy activo- dije con decepción - ¿Y ahora que hacemos, espadazos?

Después de una pausa, un momento de bajón de la calentura y después de pensarlo, me dijo:

-          Pues vamos una y una, ¿Cómo ves?

Esta vez me toco pensarlo muy detenidamente a mi. Era muy varonil, yo no había sido pasivo antes, y no tenía ganas de serlo, así que podría simplemente salir de ahí, podía no hacer nada con él, podía solo acceder al cachondeo, quizás masturbarnos mutuamente, pero la atracción que sentía se iba incrementando con el olor a madera nueva que despedía su cuerpo, así que decidí correr el riesgo y aceptar su propuesta.

-          ¿y como le hacemos, quién va primero?

-          Pues lo dejamos a la suerte, ¿Qué tal un volado?

Sacamos una moneda y la echamos al aire, el resultado no importaba, era un pacto entre caballeros, a ambos nos tocaría ser pasivos. Cuando se quitó el bóxer me arrepentí de haber aceptado, era lo más grueso que había visto hasta ese momento y hasta ahora, pero ya había dado mi palabra y era mi turno de perder. Quise hacer tiempo y bajé hacia sus genitales, los testículos eran también muy grandes, morenos, fui bajando mi cara hacia ellos y quise olerlos por primera vez, el olor que percibí me excitó mucho más, era un olor fuerte pero agradable, olía a macho, tenía un olor fuerte, olía a lo que huelen los huevos, pero también con un ligero aroma a madera. Me detuve ahí mucho tiempo, jugándolos con mi lengua, absorbiendo su olor, recorriendo cada rincón, hasta que estuve lo suficientemente excitado para tomar el condón, abrirlo y ponérselo. El estaba boca arriba, así que me desplace encima de él, tome lo más que pude de lubricante y poco a poco me fui sentando en él. El dolor fue mucho, pero el que a hierro mata a hierro muere, así que ya no podría rajarme, él me alcanzó el trago y estando así me tomé toda la cuba, él se incorporó, me alcanzó el rostro y me besó tomando también la cuba de mi boca. Su cercanía me trajo nuevamente ese olor que tanto me excitaba y entonces dejé que se comenzara a mover, hasta que le dije: “ahora vas tú”, y entonces cambiamos de lugar…

Cuando todo pasó ya estaba oscureciendo. No habíamos comido, estábamos tomados, pero contentos, lo que había pasado había sido nuevo, diferente, y también muy grato. Recostados uno junto al otro nos platicamos más cosas, supe que era profesor, pero también que era carpintero, por eso tenía ese olor que aprendí a reconocer en él, al cortar la madera se desprendía un polvo muy fino que quedaba impregnado en la piel, después de mucho tiempo de trabajar la madera el aroma se iba integrando a su cuerpo. Nos seguimos viendo más veces, pero cada vez que estábamos juntos lo olfateaba, su olor se volvió parte de nuestros encuentros, y parte de un sentimiento del cual tuve miedo sentir, porque él era casado. Ese día salimos del hotel y cada quién se fue hacia su casa, intercambiamos mails, íbamos medio ebrios, y al despedirnos me dio su nombre, y a su nombre lo asocié con ese olor a cedro recién aserrado, cada que pensaba en él, en su nombre, en su cuerpo, en todo lo demás, me llegaba también su olor corporal, lo aspiraba y ahí fue cuando me encontré suspirando por él, por todo él.

Tu nombre me sabe a madera, así como dice la canción de Serrat: “Tu nombre me sabe a hierba

Porque te quiero a ti
porque te quiero,
aunque estas lejos
yo te siento a flor de piel.

Porque te quiero a ti
porque te quiero,
se hace mas corto
el camino aquel.

Tu nombre me sabe a hierba
de la que nace en el valle
a golpes de sol y de agua



2 comentarios:

Anónimo dijo...

El relato de nuestras vidas me hizo recordar tosas esas cosas buenas que hemos pasado juntos durante ya once años.
Y asi fue realmente como nos conocimos y sentimos esa atraccion de ambos, nuestros aromas nos dieron la oprtunidad de conocernos y llegar a vivir como hemos hecho hasta hoy. Ojala y otras pareja cuenten su historia, o una parte de ella, saludos a todo los que lo leyeron.

ALDEBARAN dijo...

SIN DUDA EL OLFATO ES EL SENTIDO MAS SENSIBLE Y EROTICO KE TENEMOS MAS KE LA VISTA Y EL TACTO