8 de enero de 2013

El padre Antonio


Cuando conocí a Carlos (un rostro ajeno al que yo amaba), conté que él vivía en “un departamento que rentaban entre cuatro personas pero solamente dos vivían de fijo ahí. Los otros dos ocupaban el departamento de medio tiempo y principalmente para sus ligues o cuando se les hacía tarde y no podían llegar a sus casas”. Una de esas personas era un tipo un poco mas bajo de estatura que yo, un poco gordito, pelo lacio, con barba cerrada, y muy velludo, por lo menos es lo que apreciaba yo de sus brazos. Me llamaba la atención su forma de vestir, pantalones amplios, oscuros, de vestir, nunca mezclilla, y camisas tipo guayaberas, cerradas hasta el cuello. A pesar de que tenía barba, no me era atractivo, sus facciones eran redondas y a mi me han gustado siempre los hombres con facciones recias, creo que un hombre de facciones redondas pierde masculinidad, él se llamaba Antonio. Digamos que era un osito muy tierno.
Cuando estaba con Carlos a veces llegaba y se metía a su cuarto, saludaba amablemente y no se metía con lo que hacíamos, aunque todos sabíamos lo que pasaba, todos eramos homosexuales ahí y todos íbamos ahí a coger. Antonio algunas veces estaba con también con algún fulano que llevaba, hacía lo que todos hacíamos, cogía también con el amante en turno, cada quien respetaba su privacidad y solo lo sabíamos por los ruidos y gemidos naturales de cada acostón. Siempre fue muy discreto, hasta que un día Carlos me dijo que Antonio era padre, sacerdote, de los que ofician misa. La iglesia donde atendía quedaba cerca del departamento y la casa donde vivía quedaba muy lejos, así que la mayor parte del tiempo entre semana se iba a dormir ahí. Nunca supe como lo habían conocido, lo que si supe además es que tenía un hijo, no me enteré que fue de la madre, pero vivía en su casa y lo estaba criando con sus padres y él se hacía pasar como su tío.
En alguna ocasión que fui a buscar a Carlos al departamento no lo encontré, pero estaba el padre Antonio, como ya nos conocíamos me hizo pasar y estuvimos platicando, ahí vi que su plática era agradable. En alguna ocasión que lo vi ya no llevaba barba, al preguntarle me dijo que se la quitó porque un tipo lo estaba acosando y le había dicho que le gustaba mucho por su barba, así que se la había cortado y se la había entregado en un sobre. Con el tiempo me fue hablando mas y cuando decidí no volver a ver más a Carlos, el padre Antonio me dio su teléfono y me dijo que podíamos seguir hablándonos y viéndonos, que quería conservar mi amistad y así fue. Para no coincidir con Carlos pasaba a visitarlo a su iglesia, era una sensación extraña verlo con la sotana y oficiando misa y al mismo tiempo saber que era homosexual, haberlo visto llevar fulanos al departamento, tener sexo con ellos y también saber que tenía un hijo. Con él podía yo hablar abiertamente, de alguna manera en mi juventud lo veía como un sacerdote al cual podía confiarle cosas. Ambos vivíamos en ciudades diferentes, a veces le hablaba por teléfono y era yo el que hablaba, como si estuviera en confesión, del otro lado del teléfono solo escuchaba jadeos sutiles. Muchas veces me pidió vernos, me invitaba a quedarme a su casa, pero mi trabajo no me dejaba mucho tiempo, además de que el padre Antonio aunque tenía barba no me atraía sexualmente. Creo que no a todos les queda la barba y no toda persona con vello facial me es atractiva sexualmente.
Por ese tiempo conocí a un hombre casado en mi ciudad, nos hicimos pareja, y de alguna manera el padre Antonio era el único amigo que tenía en ese tiempo, y fuimos a visitarlo, lo vimos en su iglesia y nos invitó a su casa. Platicó con él, como sacerdote. Fue hasta tiempo después que me dijo lo que habían platicado. El padre Antonio le había dicho que me dejara porque él era casado y no podía ofrecerme nada.
Un día no supe más del padre Antonio, perdí su teléfono, no volví más a su iglesia y él ya nunca me buscó. Con el tiempo y deduciendo cosas creo que yo le gustaba de más al padre Antonio y que de alguna forma el manipuló las cosas. Supe que Carlos era un chichifo por el padre Antonio. Creo que hizo lo que pudo para que yo dejara a las personas con las cuales me relacionaba. Incluso en alguna ocasión me dijo que Carlos tenía VIH, aunque 20 años después que me encontré a Carlos este seguía ahí, diferente a quién yo había amado pero no se veía como una persona que tenga 20 años viviendo con VIH. También lo hizo con el hombre casado con el cual estaba yo cuando fuimos a verlo, trató de persuadirlo de que me dejara. Y estoy seguro que cuando hablábamos por teléfono se masturbaba.
Ese fue mi primer encuentro con un sacerdote, y ahí se rompieron mis creencias religiosas, aunque nunca haya habido ningún encuentro sexual. Lo que vi de él en sus dos facetas, como homosexual común y como sacerdote era un choque. Años después, muchos años después conocería a otro sacerdote con el cual si hubo sexo, pero no supe de pronto que era sacerdote, eso fue descubierto por accidente, pero eso es otra historia. Volviendo al padre Antonio, hace algunos años supe que había muerto hacía tiempo. No conozco las causas de su muerte, era un hombre joven, no quise preguntar más de él.

No hay comentarios: