Iniciaba el mes de
Enero de un año cualquiera, Martín había estado sin trabajo desde hacía varios
meses, como todos los que se quedan sin trabajo había querido iniciar un pequeño
negocio, algo que le permitiera mantenerse, algo sin grandes pretensiones.
Caminando por la calle cierto día pasó por un sitio donde leían la bola de
cristal, sin mucho que perder preguntó cómo
le iría en el año, la respuesta no fue muy halagadora, “Enero, un mes malo, muy
malo, Febrero, un mes también malo…” la perspectiva no era muy buena.
A pesar de que tenía
clara su preferencia sexual y que actuaba en consecuencia, se consideraba de
closet, un lugar cómodo donde no había que dar explicaciones de su vida
privada. Durante el tiempo que estuvo en su anterior trabajo había tenido un
hijo, las cosas no había funcionado con la señora y no habían podido llegar a algo
más, así que se separaron y la señora se quedó con el hijo, al cual él veía
poco. Las cosas con ella había terminado realmente mal y ella lo odiaba, jamás
habían podido tener ya un acercamiento y hubiera hecho todo para acabarlo.
Sin embargo eso le había permitido cambiar la
percepción que pudieran haber tenido de él en su trabajo, como dice el dicho “soltero
maduro, puto seguro”, así que a su edad el tener un hijo aún sin un matrimonio
era algo que lo legitimaba socialmente. No fue sino hasta que tuvo un hijo
cuando sus antigüos compañeros del trabajo lo aceptaron en su círculo de
amistades, lo cual hasta antes de ese evento resultaba difícil ya que la
plática entre sus compañeros por la edad caía siempre, inevitablemente, en el
tema de los hijos. Que si la escuela, que si la desvelada por la enfermedad,
que si los juguetes de navidad, que si la última película infantil, que si la
fiesta de cumpleaños del amiguito, etc. Y él ahí, sin nada que decir, pero una
vez que tuvo un hijo todo fue diferente y comenzó a participar en esas
platicas, de cambiar pañales, de dar biberón, etc, todas esas platicas que los
heteros hacen, y eso reforzó el closet en el que vivía.
La frase de cómo le iba
ir en esos meses no era halagadora, pero no se desanimó y a los pocos días
encontró una oferta de trabajo, no era buena pero por lo menos era algo. Hizo
su solicitud y comenzaron a correr los tramites, el estudio socioeconómico, la
entrevista y finalmente le dijeron que era aceptado en el trabajo. Eso le dio mucho
gusto, y pensó en que quién le había leído la bola de cristal era pura
charlatanería. Y comenzó a reunir los papeles que le pedían, la hoja rosa del
IMSS, etc, hasta que le pidieron algo.
Siempre había contado
ante todos los heteros una historia alrededor de su vida, porque consideraba
que era muy complicado explicar y luego que entendieran como era posible que no
viviera con la mujer con la cual había tenido un hijo, y más aún el por qué no
veía a su hijo, y si su relación con esa mujer había fracasado como era posible
que no hubiera conseguido otra mujer, casarse y tener una familia, después de
varios años de seguir soltero, así que lo más cómodo y fácil era seguir dentro
del closet e inventar que si vivía con ella pero en unión libre, y esa misma historia
la había repetido en la entrevista y en la solicitud de empleo.
Todo iba bien hasta
que en la empresa en la cual entraría a trabajar le pidieron la copia del acta
de nacimiento de la madre de su hijo con la cual supuestamente vivía, de acuerdo
a lo que había inventado, pero ahí no terminaba todo, también le pedían
fotografías de ella y su firma en los formatos de seguro y de ingreso. ¿Y ahora
de donde iba a sacar todo eso? Podía decir que había mentido y en ese momento
aceptar que era un mentiroso sin ética y poco confiable para el trabajo.
Así que tuvo que pagar
el precio de estar en el closet y tuvo que decir que había recibido otra
propuesta mejor y que declinaba la propuesta de trabajo. Ese día se dirigió a
un bar y se emborrachó hasta que sus amigos fueron por él. Ese día supo que
Enero era un mes realmente malo, tal y como se lo habían dicho en la lectura de
la bola de cristal.
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