18 de marzo de 2015

Mi tío el Jarocho


(Relato enviado por Roberto H. Bocardo)

No siempre estuve consciente que yo era homosexual, en mi adolescencia mi vida era muy parecida a la de cualquier chico heterosexual, tuve novias y mantuve relaciones con algunas de ellas. Eso cambió cuando estaba en la preparatoria y tuve mi primera relación homosexual, pero esa historia la contaré en otra ocasión, lo que hoy quiero contar es cómo fui descubriendo mi gusto por los hombres maduros, aunque aún no me siento preparado para tener una relación formal con uno de ellos, no me siento listo como para andar de forma abierta con un hombre mayor por la calle, creo que es algo que en provincia aún se ve mal, y mucho menos cuando ese hombre mayor es… un ex tío.

Provengo de una familia como muchas, cuando yo era chico mis padres se separaron, mi papá se fue a vivir a otra ciudad y mi hermana y yo nos quedamos a vivir con mi mamá. Mi hermana con el tiempo se casó y se fue a vivir con su esposo, yo me quedé solo con mi mamá. Con el tiempo ella conoció a otro hombre y se casaron. Nunca pude llevarme bien con mi padrastro, simplemente nunca nos entendimos. Por aquel tiempo, mi tía, una hermana de mamá se casó con un hombre que venía de Veracruz, para ambos era su segundo matrimonio, fue así que llegó a mi vida mi tío. A veces ellos venían a la casa, otras veces íbamos a visitarlos, y por alguna razón sentía más confianza con mi tío que con mi padrastro, quizá era su forma de ser tan abierta, el caso es que yo lo comencé a buscar mucho como figura paterna. A veces yo iba a su casa a comer, otras veces él me llevaba a la escuela, en fin, lo usual entre un tío y un sobrino.

Mi mamá tiene dos taxis, uno de ellos lo trabaja mi padrastro, tiene turno por la noche, el otro lo renta. Él llegaba saliendo el sol a dormir y no podía hacer ruido porque dormía, así que no tenía mayor comunicación con él.  En cambio con mi tío me sentía en confianza, desde chico me acostumbré a decirle tío y él me decía sobrino. Con el paso del tiempo y después de varios años, mis tíos se separaron, pero quedaron en buenos términos, y aunque ya no vive con mi tía aún mantiene contacto con la familia y yo lo sigo viendo como a un tío. Aquí es donde comienza mi historia, para ese tiempo yo tenía 19 años y además de estudiar trabajaba por las noches en un restaurante. Ya había tenido relaciones sexuales con jóvenes de mi edad, pero siempre era algo muy rápido, terminaban de volada y a mí me dejaban con la verga parada sin haber terminado y queriendo más, esa era la forma como tenía sexo.

Mi tío es dueño de un taxi y lo trabaja también de noche, es un señor maduro, tenía 47 años cuando esto pasó, es rollizo, alto y peludo, de brazos y piernas gruesas ya que antes de tener el taxi trabajó de mecánico mucho tiempo y por la fuerza que hacía le hizo agarrar cuerpo. En aquel tiempo yo salía tarde de trabajar, entre 12 y 1 de la mañana y mi tío hacía sitio en una disco que estaba cerca del restaurant, de tal forma que varias veces le pedía que me llevara a mi casa y durante el camino mi tío acostumbraba a platicar conmigo como con cualquier otro hombre, acerca de viejas. Me preguntaba que con cuantas viejas andaba y si ya me las había cogido, etc. En ocasiones le contaba las experiencias que había tenido o simplemente le mentía, puesto que él no sabía que yo era gay. No siempre me llevaba a casa pero cuando lo hacía siempre llegaba a masturbarme  por las conversaciones que teníamos ya que él también me contaba cuando se cogía a una vieja, tenía una forma de platicar muy fluida que me envolvía, podía imaginarme muy bien las escenas que me contaba.

En ocasiones él iba a la casa a visitarnos y cuando estaba yo me saludaba y me abrazaba, era algo que realmente me excitaba mucho por su olor y al sentarse se le notaba un chingo el bulto entre sus piernas, y yo me quedaba viéndolo de reojo. Nunca me preguntó nada acerca de otro hombre o que haya dado alguna señal de haber estado con alguno, siempre platicaba de viejas, hasta que un día que me llevó a casa, íbamos platicando como siempre y en el trayecto paso algo que realmente nunca olvidare. Camino  a casa pasamos al lado de un auto y pudimos ver a un tipo dándole sexo oral a otro. Al principio nos reímos pero después me dijo “Se ve que se la está mamando chingón ¿solo viste la cara del otro cabrón?”. Le dije: “solo vi al tipo que estaba mamando”. Me preguntó: “¿Nunca te la ha mamado un bato?”  Le respondí: “no, ¿y a usted?” Se rió y me dijo con expresión seria: “Todo lo que platicamos aquí es entre nosotros dos sobrino, yo confío en ti...”.  Le conteste que sí y entonces me empezó a contar una historia que tuvo con un wey que le mamaba la verga ahí en el taxi cuando lo iba a dejar a su casa. Lo que había visto en el otro coche y lo que me contaba mi tío me tenían muy excitado, sentía que no podía aguantar más, mi verga fácilmente se ponía dura a esa edad. Antes de llegar a mi casa se estacionó y me dijo: “ese wey si la sabía mamar... hasta de acordarme se me para la verga”. Yo solo me reí nervioso y le dije “pues yo ya la traigo bien parada” me dijo “sí, ya te note pinche chamaco, yo también...”. Sin pensarlo miré ahí en su parte y se le notaba la verga bien parada. Solo me dijo “pero pues ni modo a ver a quien me encuentro ahorita, jajaja...”. 

No dije nada solo me reí y de pronto me dijo “a ver si es cierto que la tienes bien parada, sácatela...”. Lo dudé un momento, pero estaba yo bien caliente y vi su mirada decidida, así que me la saque y me dijo “ay cabrón, ya  está crecidita...”. De lo excitado que estaba no me importo y le dije: “a ver usted…”. Mi tío también se bajó el cierre y saco su riata, de verdad estaba al 100, no tan grande pero si muy gruesa. Me dijo “lo que se comía aquel puto”. Solo reí y le dije “pues a ver cuándo me lo presenta...” Se rió y lo que  hizo y me dijo nunca lo olvidare: “Si quieres yo te la mamo” y agarró mi verga. Mi corazón latía a toda prisa y solo dije sí. Inclino el respaldo del asiento y me dijo “bájate todo el pantalón”. Acercó su boca y comenzó a mamar suave y de un solo golpe se la metía toda, estuvo como 5 minutos mamando pero la verdad también yo quería mamarle todo. Le dije “¿y usted no quiere?”. Me dijo “si, pero mi asiento no se hace para atrás”. Estábamos muy cerca de mi casa, así que le dije que si quería ahí en la casa podríamos hacerlo, mi mama ya estaba dormida a esa hora y mi padrastro llegaba hasta las 5 de la mañana, y pues yo dormía solo. Se acomodó la ropa, me subí el pantalón y nos fuimos.

Llegamos a la casa, sin hacer ruido pasamos hasta mi recamara y cerré la puerta. Mi mamá ya estaba dormida y no se daba cuenta cuando llegaba. Ni bien entramos cuando me desabotonó el pantalón y lo bajo de nuevo para empezar a mamar, también él se sacó la verga y empezó a masturbarse, me aparte y le dije que también se la quería mamar. Se acostó en el suelo para no hacer ruido sobre la cama, me hinque y comencé a mamársela, estaba riquísima, no tan grande pero tampoco pequeña pero eso sí, muy gruesa. De repente se quitó y solo me dijo “¿tienes condón?”  Le dije que sí pero que la tenía muy gruesa y no me iba a dejar coger. Entonces me dijo “me vas a coger a mi...”. Le di el condón, me  la mamo un rato más, se quitó el pantalón y me puso el condón. Se puso un chingo de saliva en el ano y me acostó en el piso. Me dijo “primero me ensarto yo para que entre y después me ensartas tu”. Poco a poco se la fue metiendo y me decía “... pinche sobrino, está bien parada cabrón”. Se la fue metiendo poco a poco hasta que entró toda, se movía despacio, después de un rato se paró y se acostó abriendo las piernas y me dijo “ahora sí, ensártame tú”. Se la acomode en el ano y se la empuje despacio  para que no le doliera mucho, hasta que volvió a entrar toda lo empecé a bombear despacio pero él quería cada vez más fuerte, solo me decía entre susurros “párteme el culo cabrón”... no aguanté más y le dije que me iba a venir, solo me dijo “sí, yo también, dale cabrón, dale” y lo hice, él también pero como estaba boca arriba y con las piernas abiertas, al momento de venirse salpicó por todas partes y uno de sus churros cayó en mi boca, no lo dude y me lo lamí. Se paró y se enjuago y me dijo “pinche Robertito, coges bien”. Se volvió a hincar y me la mamó un rato más, aún no se me bajaba por completo. Nos salimos y me dijo; “solo entre tú y yo, ¿ok? y aquí tendrás culo para rato”. Le dije que no había problema, que yo guardaría el secreto, él caminó hacia su taxi y se fue en la oscuridad de la noche.

Esa cogida fue algo rápida por la situación, pero después, ya en otras ocasiones que siguieron, me lo pude coger mejor

, y lo más rico de todo fue mamarle bien el culo, eso fue algo chingón. Creo que comerte a un maduro es algo de verdad muy rico. Los hombres maduros me resultan atractivos por el simple hecho de imaginar la experiencia que tienen, no solo en la cama sino en lo personal. Creo que los años que tienen te pueden enseñar trabajo, pensamientos, actitudes, sexo, muchas cosas. Particularmente la forma de tener sexo es diferente, sin prisas, entregándose por completo, percibiendo cada sensación. Mi tío tuvo dos hijos, pero uno vive en Estados Unidos y otro en el DF, después que se separó de mi tía se juntó con otra señora y vive con ella. Hasta la fecha de vez en cuando me lo cojo. En una ocasión me dijo que la verdad era muy caliente y llegaba el punto en que no se puede controlar y que su primera cogida se la dio su compadre cuando aún vivía en Veracruz. Pero no hemos hablado más de ese tema, finalmente él es mi tío y yo su sobrino…
 Por:

Roberto H. Bocardo

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Que buena historia! De estas historias me ponen bien arrecho! Ya quisiera tener un tio asi! Jeje

Anónimo dijo...

Presenta al tio

Anónimo dijo...

Yo me excite y me acordé cuando me quede en la casa de mi cuñada y me tocó dormir en el cuarto del Sobrino de mi mujer y me desperté cuando ví al Dilan sobandome la verga y lo puse a mamar fue delicioso

Unknown dijo...

No hay nada mejor que una verga gruesa.