18 de enero de 2017

Chavo ruco: Un momento fugaz de madurez

Algunos dicen que no hay nada nuevo bajo el sol, que todo lo que ha de ser, alguna vez fue, otros dicen que todo cambia, que nada es para siempre, no lo sé, quizá el deseo de cambiar está en cada uno de nosotros, pero también es cierto que nos acostumbramos a ciertas cosas, a vivir de cierta forma, cada quien va llevando adelante su vida, con sus limitantes, con sus posibilidades, con sus errores, con algunos aciertos, hay quienes en algún momento de la vida, nos cuestionamos, mostramos insatisfacción con lo que somos, y entonces deseamos cambiar algo, buscamos vivir de forma diferente, vivir mejor… y no estar solos…

Es sábado por la noche, decido salir a caminar, el frío viento de la noche comienza a soplar sobre mi rostro, me dirijo hacia el centro, la gente sale a divertirse, camina dirigiéndose a algún lugar, van acompañados, yo camino solo. No hice planes para salir de fiesta, no tuve deseos de salir con mis amigos como lo hago siempre en fines de semana. Sí, hace frío, pero quizá es más el frío que siento dentro de mí. Estoy cansado de esas noches que antes parecían incansables, de visitar bares y tomarme fotos con los conocidos de siempre, otras personas tan solitarias como yo, que se encuentran en ese torbellino de fiestas y salidas a lugares para sentir que están vivas, pero que en realidad están muertas, envueltas en vidas sin sentido, que solo viven por vivir y que no se dan cuenta del frágil lugar en el que están parados. Hoy por fin me doy cuenta que no es la vida que quiero tener, deseo algo más.

Quiero una persona con la cual compartir mi vida, disfrutar de su compañía, no solo del sexo, sino de dormir juntos y despertar cada mañana abrazados, con la esperanza de envejecer juntos, de lavar la ropa, de hacer comida, de limpiar la casa, de ir al cine, de visitar lugares turísticos, de viajes, pero sobre todo de compartir todas esas cosas de la vida cotidiana y… ¿por qué no? de criar juntos a otra persona, a un hijo o a alguna otra personita, que quizá está esperando nuestro amor de padres. Quiero llegar a casa sabiendo que alguien me espera, alguien que me pregunte ¿cómo te fue hoy?, y no solamente una mascota que me mueva la cola, amo los perros y los gatos, tengo un perrito de mascota para disimular la soledad en la que vivo, pero necesito de alguien más con quien tener interacción en la intimidad de mi casa, que me reciba con un abrazo y un beso, con quien pueda reír, hablar de lo que siento, compartir mis vivencias, compartir mi lecho.

Los años de juventud han pasado sin darme cuenta, ahora soy un hombre maduro, me he divertido mucho pero no deseo ser una persona que por siempre ande divirtiéndose gastando sus recursos como si fuera un joven sin responsabilidades y ansioso de diversión. Deseo invertir lo que aún tengo de vida en algo que valga la pena. Quiero que cuando este viejo y a punto de morir, haga un resumen de mi vida y me sienta satisfecho con lo que hice, que los errores que cometa y he cometido sean menos que los aciertos que tenga para entonces, y entonces no tendré miedo de partir de este mundo, quiero morir sintiéndome satisfecho conmigo mismo y en paz con los demás.

Mientras camino por el centro de la ciudad, reflexiono en todas esas cosas, mis intereses son otros, muy diferentes a los que demuestro en mi exterior, quizá se está dando un cambio en mi persona y creo que es muy bueno, quiero establecer otras metas, quiero darme la oportunidad de conocer a alguien por su forma de ser, por sus sentimientos, no solo por su físico. De pronto paso por un edificio de vidrio, donde se ve reflejada mi imagen, me detengo un momento y observo lo que ven los demás en mí, soy un cuarentón, pasado de peso, con un atuendo que representa mi adhesión a un grupo que forma parte de la comunidad homosexual en la CDMX, no importa de cuál de esos grupos que hay de vaqueros, osos o leathers. Entonces descubro también que por apegarme a los criterios de la comunidad a la que pertenezco he perdido mi propia individualidad, sé que el ser humano es sociable por naturaleza, pero no me di cuenta que en mi deseo por pertenecer a uno de estos grupos dejaba a un lado mi propia forma de ser, de lo que me hace único y especial. Al huir de un estereotipo del hombre homosexual afeminado adopté otro estereotipo al amparo de una comunidad que me ofreció no estar solo nunca, y me dio una identidad semejante a todos los que ahí participamos, en una fiesta interminable. Pero en realidad estaba solo, la estridencia que me rodeaba me hacía pensar que estaba acompañado, pero al llegar a mi casa es cuando el silencio que me recibe me recuerda que en realidad estoy solo, la compañía fugaz de mis amigos llega hasta el próximo antro, hasta la próxima fiesta, hasta el próximo beso, hasta la siguiente cama…

Sigo pensando en todo eso, cuando de pronto se me acerca alguien, es un conocido reciente muy atractivo que pertenece al grupo al que asisto, me reconoce y de inmediato me invita a ir con sus amigos, es más joven que yo y es muy guapo, por lo que recuerdo es uno de los que más son deseados en el antro, siempre pensé que era muy exclusivo y presuntuoso, pero ahora que lo veo de cerca parece alguien que no es complicado, en realidad sólo quiere divertirse, pasar un buen rato, tiene esa mirada alegre que he visto antes, y acepto ir con él.

En ese momento olvido todo lo que antes había pensado y casi sin darme cuenta regreso a la vida de la que estaba intentando alejarme, de nuevo se repite el ciclo, voy al bar, salgo ebrio con gente diferente y al otro día despierto en la cama de alguien más cuyo nombre ni siquiera recuerdo. El sexo fue bueno porque era alguien nuevo por lo menos para mí, pero ese encuentro será pronto olvidado por otros que pronto vendrán, los recuerdos tienden a ser fugaces, los nombres se van olvidando, las sábanas serán cambiadas, han cumplido su función.

¿Eso es divertido? No puedo negar que el sexo y la fiesta reportan placer y diversión y hay mucha gente que desean que sea interminable, si supieran lo que pienso, dirían que soy un tonto porque no quiero seguir disfrutándola ahora que puedo, pero yo estoy cansado de eso desde hace tiempo, quiero otra cosa, quiero un compañero de vida, quiero tener una pareja, pero no puedo detenerme, solo voy a la deriva, pues cuando trato de interrumpir el ciclo,  pronto vuelvo a los mismos lugares que ya conozco, regreso con mis conocidos de siempre, otras personas atrapadas en el mismo ciclo, las noches ofrecen una fiesta que parece ser interminable, llena de risas, baile, cerveza y gente nueva que se puede conocer cada noche. Y sin embargo es como un espejismo que solo evita que podamos ver nuestro reflejo y nos muestre tal cual somos, sin maquillaje ni luces ni humo seco, pero sí con las huellas que esas noches eternas van dejando en el rostro, en el cuerpo, en la forma de andar, en la mirada que termina por ver nada más que lo efímero. Ahí regreso cada noche buscando que sea diferente, pero donde término haciendo lo mismo que todas las anteriores. Mientras bebo mi cerveza fría y escucho la canción de moda pienso: ¿Podré en algún momento salir de ese ciclo interminable? ¿Ustedes que creen?...


 Por: Tigrillo Serch




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