Amores prohibidos
“Amores prohibidos que vienen y van
que nunca se han ido
que no volverán
Amores que matan que duelen de más
amor de mentiras, amor de verdad
acércate más...” (Amores prohibidos, Elefante)
¿Cómo comenzó? Hace ya 18 años de esta situación, una que, aún al día de
hoy sigue ocurriendo…
Recuerdo perfectamente ese día, terminando las clases, toda la familia
se reunió junto con una gran cantidad de gente de las comunidades cercanas para
observar la inauguración oficial de un nuevo pozo de agua que cubriría la
necesidad del vital líquido en muchos lugares y el cual fue un evento donde todo
el mundo acabó mojado como parte del festejo.
Ese mismo día, en la tarde, el resto de mi familia había salido, no
recuerdo a donde ni nada, yo era el único en casa y, como solía hacer cuando se
presentaba esa oportunidad, me dediqué a ver caricaturas aunque, con tan mala
suerte que la recepción de la televisión apenas me permitía distinguir unos
cuantos manchones de color, mismos que tras tratar de interpretar por varios
minutos, finalmente me llevaron a darme por vencido e ir a ver si en su casa
había mejor recepción.
No recuerdo ya por qué fui con él exactamente, había vecinos más
cercanos y con los que me llevaba mejor en ese tiempo, con él, desde que tenía
uso de razón, nos la pasábamos peleando y, aún a tan corta edad ya nos habíamos
agarrado a golpes en más de una ocasión pero, como sea, esta vez fue distinto,
bastante diferente a lo que yo esperaba y es que, al llegar a su casa y él
salir a abrirme, lo vi como nunca antes lo había visto, vestido únicamente con
un short, su moreno pecho ya tenía los rasgos de un adolescente, su frente
estaba cubierta de sudor por el excesivo calor y su usual sonrisa no tenía el
característico toque de burla que usualmente reconocía en él cuando lo veía en
la escuela, acompañado siempre de sus amigos a los que, al igual que él, yo
consideraba unos simples imbéciles…
Me invitó a pasar y a ponerme cómodo mientras que él despausaba su
videojuego y continuaba como si no hubiera sido interrumpido, no me preguntó el
motivo de mi visita ni nada aunque, al notar mi inquietud, cambió el cartucho
del viejo Nintendo frente a él y puso el clásico tetris para que pudiéramos
jugar los dos, yo tomé el segundo control y, sentándome a su lado mientras
observaba sus piernas que ya empezaban a cubrirse de vello, comenzamos a jugar,
no sin que yo le hiciera el comentario, más bien inocente, de que me resultaba
raro verlo así a lo que él respondió con una sonrisa que el calor era excesivo
y la mojada de unas horas lo había dejado con mayor deseo de refrescarse aún y
sin ganas de usar ropa alguna aunque, por mi llegada, se había puesto
apresuradamente el short para cubrir sus partes más íntimas, una confesión que
me resultó inesperada y me hizo sentir incómodo, más cuando, agarrándose el
pene por encima del short, me cuestionó sin pudor alguno si quería comprobar
que no traía ropa interior…
Mis dudas fueron grandes, estaba frente a uno de los más grandes
abusadores de la escuela, alguien muy cercano a mí y que me había hecho la
infancia de lo más dura posible pero, al final, la curiosidad fue mayor así que
asentí levemente, de una manera apenas perceptible mientras él, sin dejar de
sonreír, se bajaba el short apenas lo suficiente para revelar los vellos que
recién comenzaban a surgir antes de sugerir que nos fuéramos a su cuarto ya que
ahí habría más privacidad y ante lo cual, asentí como un autómata, siguiéndolo
hasta ese lugar en donde, sin pena alguna, me ayudó a desnudarme hasta quedar
en ropa interior para luego quitarse frente a mí el short revelando al fin una
verga morena enorme y gruesa, misma que, tras contemplar unos momentos, tomé
entre mis manos y empecé a sacudirla torpemente sin que él pusiera objeción
alguna sino que, por el contrario, pedía más así que, aislando mis dudas,
acepté chuparla, algo que, al menos en mi caso, no era la primera vez que lo
hacía aunque sí me resultaba particularmente difícil dado su descomunal grosor
así que, tras unos minutos, la retiré de mi boca a la vez que él, para mi
sorpresa, se ponía de rodillas frente a mí y me devolvía el favor anterior
introduciendo mi erecto miembro entre sus labios, algo que nunca nadie antes
había hecho y que me hizo estremecerme en una sensación de placer por varios
minutos antes de que él volviera a sentarse en la orilla de la cama indicando
que quería que me sentara en sus piernas y frotara mis nalguitas contra su
enorme pene, algo que no dudé en hacer aunque sabiendo que, al menos en ese
entonces, resultaba imposible que algo como eso entrara en mi aún virgen ano
como enseguida pudimos comprobar aunque eso no le molestó en lo absoluto, se
limitó a moverme como quiso sin dejar de acariciar mi entrada con la punta de
su verga hasta que al fin, súbitamente y sin decir nada ni hacer ningún ruido,
me cubrió mi trasero de su esperma, tras lo cual y aún sin hablar, ambos nos
vestimos y volvimos a jugar videojuegos como si nada hubiera pasado, esa fue la
primera vez…
A partir de ese día, nuestros encuentros siguieron repitiéndose en
muchas y diversas ocasiones, al menos una vez por semana me buscaba o yo a él y
teníamos ese contacto, intercambiábamos sexo oral y luego jugaba con mi trasero
hasta venirse mientras que yo me masturbaba aunque él nunca se preocupó por
saber si yo acababa o no, durante mucho tiempo yo sólo fui su objeto e incluso,
en la escuela, nuestra rivalidad no sólo continuó sino que, cuando él empezó a
tener novias y los rumores sobre mi timidez se corrieron, se volvió aún más
marcada, cuando estábamos solos yo le reclamaba pero él siempre me decía que
era mejor así para no despertar sospechas de nadie sobre lo que pasaba entre
nosotros aunque eso no evitó que, en una ocasión, su madre descubriera que
había algo raro ya que llegó de improviso y, aunque ambos nos vestimos de
inmediato, él no se puso su ropa interior y ella la vio tirada bajo la cama
cuando entró a mi cuarto, nunca supe que le dijo ni nada pero, a partir de ese
momento, se aseguró de jamás dejarnos solos de nuevo durante bastante tiempo
mientras que a mí, me dejó de hablar por completo a menos que fuera
absolutamente necesario.
Un año después de eso y con nuestros esporádicos encuentros cada vez más
separados, llegó el momento de tomar caminos distintos, él se fue a estudiar a
México, yo a Pachuca y ambos sabiendo que, si acaso, nos veríamos los fines de
semana de haber oportunidad, no hubo despedida ni nada, simplemente dejamos de
vernos de un día para otro pero, apenas a unos meses de haber iniciado esa
nueva vida y con los celulares recién surgidos, volvió a mandarme mensajes cada
noche y, por primera vez, conocí a la persona detrás del abusador, hablábamos
por horas de la soledad que sentíamos lejos de nuestras familias, de cómo nos
iba en nuestras carreras y, desde luego, de lo que haríamos si estuviéramos
juntos, teniendo largas pláticas mezcla de erotismo y amistad que,
posteriormente, seguíamos en los fines de semana en que lográbamos vernos, a
veces con sexo incluido cuando nuestras familias se ausentaban.
Fue por esas épocas cuando él, una noche, me convenció de hacer algo
distinto al fin, ya no nos bastaba nuestro juego sexual común, queríamos algo más
y, tras buscar un lugar lejano de donde pudiéramos ser descubiertos, me entregó
su virginidad siendo él pasivo por primera vez, algo que jamás esperé aunque, a
partir de ese día, se repitió en varias ocasiones a pesar de que él mismo
negaba disfrutarlo pero decía que no le quedaba de otra ya que yo me seguía
negando a ser penetrado.
Con el tiempo, los mensajes, las llamadas e incluso los encuentros se
fueron haciendo cada vez más distantes, él siempre fue el sociable y el popular
y, una vez que tuvo una relación estable con una mujer, yo acabé siendo
desplazado justo cuando empezaba a tomarle cariño pero, sabiendo que lo nuestro
desde un principio había sido imposible, seguí adelante, formé mis propias
relaciones con otros hombres, viví por primera vez lo que era ser pasivo con
una verdadera pareja, supe lo que se sentía amar a alguien y sufrir por alguien
mientras que él, supongo, también tuvo sus vivencias aunque siempre en el lado
heterosexual de la vida.
Una noche, tras casi un año de haber dejado de vernos, llegó a mi casa,
un poco borracho y notoriamente triste, su novia lo había dejado y tenía
problemas con sus padres, me pidió que lo hiciéramos pero a mí ya no me nació
hacerlo, fue cuando al fin me di cuenta, muy tarde, de que lo había querido y,
simplemente, me limité a abrazarlo para darle consuelo mientras él lloraba,
irónicamente, la noche en la que yo le dije que ya no quería estar con él fue
también la noche en la que él me dio mi primer beso justo antes de despedirse y
salir de mi casa sin que yo hiciera nada por detenerlo. A los dos o tres días
recibí un mensaje suyo, simplemente un agradecimiento por haberlo apoyado y una
petición de que oyera la canción con la que empecé este relato, la única que me
dedicó.
Con el paso del tiempo y aunque aún nos veíamos en reuniones familiares
y situaciones por el estilo, ambos superamos esa faceta de nosotros, yo me
junté en 3 ocasiones, él se casó con la que aún ahora es su esposa, tuvo dos
hijos e incluso se metió a estudiar en la universidad en la que yo daba clases,
siendo mi alumno durante 3 años y, a pesar de que eso obviamente aumentó de
nuevo la convivencia al grado de él llevarme a la escuela cada sábado ya que yo
no tenía carro en ese tiempo, nunca hablamos de lo que pasó entre nosotros
hasta hace poco, cuando, tomando y jugando ajedrez como acostumbramos hacerlo
cada fin de semana desde hace más de dos años, su mano resbaló hasta mi pierna…
Ya en ese momento, ya es de sobra sabido que yo soy gay mientras que, de
él, nunca se ha sabido que haya tenido encuentro alguno con otro hombre pero,
al sentir ese roce, supe de inmediato lo que quería y, aunque llevábamos casi
diez años sin hacerlo, nuestros cuerpos se adaptaron casi de inmediato de
nuevo, por primera vez supe lo que era ser pasivo con él, su verga, que antaño
me parecía enorme, ahora se desliza con facilidad dentro de mí, sus brazos me
sostienen mientras me hace recibirlo de espaldas a él, se sorprende al notar
que ahora sí busco mi propio placer, masturbándome hasta eyacular en el piso
mientras él, gimiendo como antes no solía hacerlo, se vacía en mi interior y ya
está, nos subimos los pantalones y volvemos a lo de antes como si nunca hubiera
pasado nada pero la sonrisa cómplice sigue ahí, antes de irse me pregunta si
volveremos a hacerlo a lo que yo simplemente le contesto “wey, estoy soltero y
me hace falta, no te hagas pendejo y visitame cuando gustes.”
¿Lo amo? No creo ¿Me gusta estar con él? Sí, más de lo que me gusta
admitirlo ¿Por qué no luchar más? Porque, como ya lo dije al principio, es un
amor prohibido, la persona con la que he estado de manera intermitente durante
ya 18 años no es más que mi primo…
Enviado como anónimo
Julio 2017
No hay comentarios:
Publicar un comentario