27 de junio de 2018

Reseña de la XL Marcha



-          ¿Cómo crees que nos vaya en la marcha, habrá problemas?
-          No importa cómo nos vaya, lo importante es que estaremos juntos…

Llegamos a la CDMX un día antes, las redes sociales habían estado muy activas informando de los cambios en la logística de la marcha por la coincidencia en el Ángel de la Independencia de la XL Marcha y del festejo de la selección nacional por un muy probable triunfo ante Corea. La hora de la marcha se había corrido a las 12:00 hrs, una hora antes que la hora de salida tradicional, y para el caso de los vehículos automotores que iban a desfilar, estos habían sido reagrupados a un costado de la glorieta de la Palma, con excepción de unos pocos que habían dejado en el Ángel. Algunos decían que podría haber algún enfrentamiento puesto que a esa hora ya se sabría si la selección habría ganado el partido y los aficionados comenzarían a llegar al Ángel justo en la hora en la que la marcha comenzaría a salir.

Sábado por la mañana, amanecemos como lo hacemos cada día desde que estamos juntos, abrazados, en un día que es especial para nosotros ya que, de alguna forma la marcha nos ha permitido conocer una faceta de nosotros y nos ha permitido unirnos más en algo en lo que al principio teníamos diferencias. Corremos las ventanas, el día parece que será benévolo en clima. Salimos a desayunar ya con la mochila donde llevamos el atuendo leather que usaré, las calles del centro histórico lucen globos con los colores del arcoíris, los bares ya están abiertos y ofrecen lo mismo ver el partido que celebrar el pride, lucen banderas de México y banderas arcoíris, ambos eventos significan una derrama económica, y son el mismo día. En el restaurante las meseras portan la playera de la selección y pelucas de colores, sí, todos los festejos caben en ésta ciudad, todas las expresiones, hoy todos los lugares del centro histórico, Reforma y calles aledañas son gayfriendly, los cafés, restaurantes, tiendas en general, lucen banderas arcoíris y globos multicolores, hoy no hay homofobia en las calles de la ciudad, por lo menos por donde pasará la marcha.

Tomamos un taxi, le pedimos nos lleve lo más cerca del Ángel, el taxista lleva encendida la radio que transmite el partido de futbol, las calles de reforma están vacías, a la mitad del trayecto se escucha el grito de ¡Gool!, han anotado un gol, si, van a ganar el partido y los aficionados van a llegar al Ángel. Llegamos, el monumento se encuentra cerrado con vallas y resguardado por policías, hay poca gente de la comunidad, el tradicional templete frente al Ángel no está, detrás y hacia la Diana hay varios stands con organizaciones y negocios dirigidos a la comunidad, en el extremo algunos vaqueros, aún son pocos. Me quito la camisa y me coloco el arnés, lo completo con un sombrero. Nos dirigimos de vuelta al Ángel, la gente va aumentando, ya es difícil caminar, a un costado hay un camión vistoso, son las 11:30, sin más anuncian a Jessie & Joy, no hay discurso. Avanzamos hacia la glorieta de la Palma, aquí se puede caminar, escuchamos discursos, van finalizando, más gente va llegando y tratan de llegar al Ángel como es la tradición, pero no, esta vez el arranque será en la glorieta de la Palma.

Son casi las 12:00 hrs, escuchamos la cuenta regresiva y la marcha comienza. El primer contingente que veo lleva una lona protestando por el asesinato de tres activistas  de la comunidad la semana anterior en Taxco, exigen justicia, detrás viene toda la algarabía, y las empresas. Hay un globo grande flotando de un banco, hay un contingente de Unilever con pancartas con las marcas más conocidas de productos, hay más empresas inclusivas, todos uniformados por su empresa, pulcros, son gente bien, pueden ser incluso como uno, es la imagen políticamente correcta de lo que debe ser la marcha para las buenas conciencias, vestidos impecablemente, algunos con familiares, también uniformados, las playeras portan el nombre de sus empresas y alguna leyenda alusiva a la diversidad, se habla de que son alrededor de 50 empresas que van a marchar ese día, que han hecho de la inclusión una política propia. Sin embargo, hay algo que no me termina de convencer, a pesar que hablar de la diversidad, no son diversos, están uniformados, correctos… y asexuados. Cuando pasen, en el resto de la marcha vendrán las vestidas, los desnudos, los disfraces con una carga sexual, los que ofenden a las buenas conciencias, a quienes hablan de putería y exhibicionismo. Bueno, ésta parte de la marcha les gustaría, es muy correcta y las fotos pueden publicarse hasta en un suplemento religioso, lo gay es cool, correcto, hasta normal. Es la parte heteronormadada de la marcha, como debieran ser todos los homosexuales.

Luego todos los demás, mezclados en un caleidoscopio multicolor formado por las más distintas expresiones de la elegebetiza. La marcha avanzaba lentamente por los carriles de Reforma hacia el Zócalo, mientras en sentido contrario comenzaban a llegar los aficionados de futbol a celebrar el triunfo de la selección hacia el Ángel, todo Reforma se llenó de gente, creo que para muchos de los que iban por el partido era la primera vez que veían una marcha gay, miraban con curiosidad hacia el otro lado del camellón a los carros alegóricos, algunos tomaban fotos. Los aficionados continuaban aumentando, en cierto momento los aficionados aumentaron y hacían bastante ruido, trompetas, gritos, nosotros estábamos en el centro del camellón, de frente iba pasando la marcha y a nuestras espaldas iban los aficionados. En el punto en el que estaba no vi agresión o gritos de “eh puto”, de lo que me tocó ver, venían cantando el cielito lindo, muchos se acercaban a la gente que veía la marcha y los arengaban a cantar con ellos, y seguían de largo al Ángel.

En cierto momento venía pasando una familia de aficionados, todos con sus playeras de la selección, uno de ellos me llamó: “¡Hey amigo, ¿te tomarías una foto con mi mamá?” accedí, era el hijo mayor, quizá unos 25 años, llevaba una cámara fotográfica, la señora se acercó a mi y antes de tomar la foto el hijo me dice: “¡pero cachondéatela bien!”, la abrazo y le doy un beso en la mejilla, me agradecen la foto y el hijo bromea con su mamá. “¡ahora si, ya tengo las pruebas, le voy a enseñar esta foto a mi papá!”, todos ríen y siguen su camino al Ángel. Otros aficionados más que pasan toman fotos discretamente, por un momento pareciera que no somos tan diferentes unos de otros y que todos teníamos algo que celebrar ese día.

Avanzamos hasta llegar a donde había una manifestación de los 400 pueblos, las mujeres estaban totalmente desnudas, piel tostada por el sol, algunas platicaban con quienes hacían una pausa en la marcha, otras recolectaban dinero entre los que marchaban, por un momento las desnudeces se encontraban una al lado de la otra, una protesta política con una manifestación de celebración, desnudos por ambas partes, la desnudez como forma de protesta política, la desnudez como reivindicación del cuerpo, la desnudez como elemento desexualizado a fuerza de repetirse, la desnudez como sexualidad incitante, los contrastes estaban ahí, y de cerca familias observando la marcha. La desnudez podía pasar inadvertida, como parte de una normalidad que sólo pasaba ese día, era inevitable no recordar todo lo que circulaba en la red en torno a que no fueran desnudos y vulgares a la marcha. La desnudez es ofensiva y reprobable cuando es una protesta política, y el marchar desnudos quienes así lo quisieran es la apropiación del cuerpo y del placer, el sexo es también un acto político.

Los límites de la sexualidad se desdibujan, estoy viendo una parte de la marcha, es ya tarde, hace hambre, hay cansancio, y de pronto siento una mano muy suave que me acaricia la espalda desnuda, de pasada, volteo a ver y es una pareja de lesbianas que van abrazadas como lo harían dos hombres que ya van tomados, una apoyándose en la otra, la que me acarició la espalda es la más tomada, las fronteras de la sexualidad se mezclan ese día, las miradas se cruzan en el camino, unos van, otros vienen, algunos buscan algo, más que la inmediatez del sexo, una ilusión, un sueño, un hombro donde descansar, unos ojos donde verse reflejados, alguien en quien confiar, con quien amanecer cada día, ¿lo encontrarán?

La marcha termina, nosotros sólo llegamos hasta Bellas Artes, hemos dejado de ir al Zócalo desde que se volvió un espectáculo de farándula con nombres que no reconocemos, supongo es parte de la brecha generacional que nos va situando en una generación que también va de salida. Toda la gente se mezcla a lo largo de la Alameda, las banderas multicolores ondean, la bandera gay ha dejado de ser un símbolo de protesta y hoy es un símbolo de aceptación, es una invitación que hacen los negocios para consumir, lo gay es inn, es dinero rosa, es mercancía, es consumir, es gastar, desde un cigarro en alguna tienda de conveniencia hasta un viaje, todo está al alcance de la mano, o del límite de crédito que se tenga en la tarjeta. Anochece, la ciudad se comienza a iluminar, los antros han abierto sus puertas desde muy temprano, siempre habrá un espacio para cada gay, sea como sea que se identifique, siempre habrá un lugar donde nunca estará solo, donde la fiesta podrá continuar, por lo menos por una noche.

Es un día donde las historias se suceden una tras otra. Tomamos el metro para ir al hotel, los contrastes se dan fuera de las calles donde la marcha transcurrió. Una señora va leyendo las historias que encuentra en la red a su acompañante varón: “mira esta historia, es un chavo de 18 años que le dijo a su mamá que quería ir a la marcha pero no tenía nadie con quién ir, y su mamá le dice que no irá solo, que la tiene a ella”, es una bonita historia, mientras un chavo de escasos veinte años que va frente a mí aprovecha que la gente va apretada para deslizar su mano y tocarme la bragueta. Sí, es una ciudad llena de contrastes, es una ciudad generosa que abre sus puertas a todos.

La noche va avanzando, son las dos de la mañana, la gente está aún en los antros que se preparan a cerrar, la lluvia ha caído, en las calles del centro quedan pedazos de cartón, de brillantina, de tela, pedazos de ilusiones, el maquillaje se ha corrido, los rostros lucen cansados, en más de uno asoman las lágrimas, el glamour ha quedado atrás, la noche avanza hacia un nuevo día donde todo habrá de ser igual, donde nada habrá cambiado, donde la ilusión por tener un lugar en la sociedad habrá de seguir peleándose, donde la ilusión por ser aceptado habrá de quebrarse porque la tarjeta de crédito fue sobregirada. Han pasado cuarenta años de marchas, muchas cosas han cambiado, otras no. No estuvimos en una marcha sino hace apenas siete años, no sabemos cuántas más nos tocará estar, pero tenemos la certeza que siempre lo haremos juntos.

Por: Martín Soloman
Junio 2018



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