1 de mayo de 2014

Augusto


-          ¿Entonces es definitivo Augusto? ¿no vas a ir a la marcha este año?
-          No, me gustaría ir, pero ya sabes cómo es mi pareja, Hugo, a él no le gustan esas cosas, dice que eso no es marcha, que es puro exhibicionismo
-          Pero si tú nos animaste a marchar el año pasado, fue la primera vez que bajamos de la banqueta a la marcha, y nos acompañaste con el torso desnudo, lo que no hubiéramos podido hacer sin tu entusiasmo, y pues este año iremos de nuevo y estábamos seguros nos ibas a acompañar…
-          Tú sabes que nunca me he perdido una marcha, pero no quiero hacer algo que me cause problemas con Hugo, lo quiero mucho y ante todo está él como mi pareja…
-          Te extrañaremos mucho…
-          Les deseo suerte y disfrútenla mucho



Conocía a Augusto de hace años, éramos amigos, nuestra amistad había comenzado con un encuentro sexual en unos baños de vapor, era un galán, un hombre joven con una mirada muy alegre y una sonrisa pícara que me hizo sentir en confianza y que de alguna manera me hizo sentir atracción por él. Tuvimos un encuentro la primera vez, después platicamos fuera, era muy vanidoso, le gustaba mucho cuidar todo su aspecto, hacía ejercicio, iba a un gimnasio y aunque no tenía músculos grandes si tenía una buena definición en su cuerpo, se veía atlético. Varias veces tuvimos sexo, cada vez más espaciado, pero conservamos siempre la amistad. Tiempo después conocí a mi pareja y se lo presenté, le tenía toda la confianza y también a él le cayó muy bien. Augusto fue un amigo muy importante en nuestra relación que nos ayudó a aceptarnos más y nos acompañó a los antros del centro histórico, digamos que conocimos la vida nocturna por él, mucha gente lo conocía, todos lo saludaban con mucho gusto, era una persona que se hacía querer, siempre con esa sonrisa pícara. Él nos enseñó a bailar. 
Poco tiempo después llegó un día muy contento al antro que frecuentábamos, nos dio la noticia de que se había enamorado, el soltero incorregible por fín tenía pareja, se llamaba Hugo. Quisimos conocerlo pero nunca fue, nos dijo que era un hombre de provincia que no estaba acostumbrado al “ambiente” y que no le gustaban las joterías, como los antros para putos, las marchas donde iba pura loca vestida y menos que dos hombres bailaran juntos. A partir de ese día lo fuimos viendo cada vez menos.
-          Augusto, que tal, no esperaba verte por aquí tan temprano
-          Vine a comer, y a tomar una cerveza
-          Si, yo también, a esta hora no hay nadie aquí, pero en la noche esto es otra cosa, lleno de gente
-          Si, aún lo recuerdo, cuando venía con ustedes, ¿se acuerdan?
-          No me digas que ya no vienes aquí
-          No, por lo menos no en la noche, venir a comer aquí es lo único que tengo ahora para recordar ese tiempo
-          Pero, ¿por qué?
-          No quiero que Hugo se moleste conmigo, es muy celoso y yo la verdad es que lo amo mucho, no quiero perderlo, y sabes que a él no le gusta “el mundo frívolo de las jotas” como le llama él a este ambiente, dice que es decadente y vacío…
-          Pero a ti te gustaba…
-          Sí, pero él me ha hecho ver las cosas de otro modo, él es el único que me valora por lo que soy, es el hombre que quiere estar conmigo para siempre, el que se preocupa realmente por mi y el único que no me quiere nomas para un acostón de un rato –y al decir eso se me quedó viendo a los ojos, por primera vez en años ví en sus ojos una mirada de reproche-
-          Te deseo que seas feliz –fue lo único que acerté a decir-
-          Lo soy, y voy a hacer que él sea feliz conmigo, por él voy a cambiar, voy a alejarme de todo esto…
Tomé mi cerveza lentamente mientras lo veía en silencio. Era temprano, la luz del día aún entraba por la puerta de imitación cantina, y pude ver que había comenzado a echar una pequeña panza que antes no tenía, su ropa también era diferente, era más oscura, había dejado atrás los tonos coloridos que siempre le gustaba vestir, y se había dejado de afeitar. Le pregunté si seguía yendo al gimnasio y me dijo que no, que a Hugo le gustaba que engordara porque así nadie más se iba a fijar en él, y menos la bola de jotas de sus amigas que nomás estaban buscando el momento de cogérselo. Hugo era el único que lo valoraba, y decía que ir al gimnasio era una frivolidad.
No lo vimos en la marcha de ese año. Para nosotros era la segunda vez que marchábamos, ahora ya sin el empuje que Augusto nos había dado, pero conocimos a más personas, iniciamos nuevos proyectos, el tiempo pasa, las personas que uno quiere no siempre con nosotros pero otras con mucha valía llegan a nuestras vidas. Un par de meses después de la marcha lo encontré caminando por el centro histórico, se veía diferente, siempre había caminado con porte pero ahora traía los hombros caídos, su mirada era triste y había perdido la jovialidad. Lo saludé y le pregunté cómo le iba, me dijo que había tenido problemas con Hugo, por un comentario que le encontró que había puesto en un perfil de un amigo suyo; yo lo conocía, era un hombre maduro pero muy atractivo y muy mediático, era un comentario cortes, pero Hugo le reclamó diciéndole que de seguro quería que el otro se lo cogiera y que por eso había puesto eso. Augusto juraba y yo le creía que no era cierto, y fue cuando me mostró en su teléfono su conversación con Hugo,
-          Hugo, te juro que no lo hice por querer estar con él, solo te amo a ti
-          Nunca se te a quitar lo puto...
-          Ya dejé de ir a lugares de ambiente, por ti
-          Pobre de ti, que inocente eres
-          Y he dejado de frecuentar a mis amigos
-          Que tristeza, ya no vas a poder ver a tus amigas
-          Hugo, es cierto lo que te digo
-          Siempre te han gustado las vergas, a mi no me ves la cara, y ese güey te gusta
-          No Hugo, solo te quiero a ti
-          ¿Y entonces por qué le pusiste ese comentario?
Y así seguía el dialogo que ya no quise seguir leyendo. Augusto juraba que su pareja lo amaba, y que todo lo hacía porque lo quería, que si no lo celara era como si no le importara. Yo solo callé. Poco después me encontré con Augusto en el Facebook, y por inbox me dijo que se iba a retirar de nosotros porque Hugo se había dado cuenta que nosotros hacíamos fiestas de albercada y que él le había reclamado que de seguro ese fin de semana iba a ir con sus amigos de Soloman para que todos se lo cogieran. Le dije que si quería yo podía hablar con Hugo y decirle que no era así, pero eso lo asustó más y me dijo que por favor no fuera a decirle nada. A partir de ese momento evitamos hablar con él o mencionarlo, poco después anunció en su muro que iba a cerrar su cuenta de Facebook porque había encontrado el amor de su vida y que no necesitaba nada más. No dijo más y cerró su cuenta. Nunca tratamos de hablarle por celular, era seguro que también había cambiado su número.
Quiero pensar que Augusto fue feliz con su pareja, quiero pensar que se fueron a vivir a provincia donde tienen una casita y viven alejados de todo el bullicio y de malas compañías, donde solo se tiene el uno al otro y cada noche se aman como si no existiera el mundo, y donde no existe el mañana. Pero la realidad no es así, a dos meses de la marcha me pareció verlo de lejos en la calle, pero no estoy seguro que fuera él, quizá mi imaginación me esté jugando una mala pasada, será que recuerdo que fue él quien nos llevó la primera vez a la marcha y que por él ahora marchamos cada año con el torso desnudo.

Su nombre no es Augusto, pero le llamé así por un cuento de Herman Hesse, Augusto era querido por todos, pero era incapaz de querer a nadie, un día deseó tener la capacidad de amar, y entonces nadie lo amo más, pero fue feliz…

1 comentario:

Las Recetas del Oso dijo...

Esta bueno, me gusto, muy bien redactado