24 de septiembre de 2014

La vida es sueño

Hay una calle en el sur de Cuernavaca que conozco bien, aunque hace muchos años que no paso por ahí, pero la conozco bien, muchas veces manejé por esa calle, conozco su trazo, las intersecciones, el tráfico es tranquilo, ahora voy manejando por ahí hasta que llego a una casa que tiene barda de piedra en el exterior de la que cuelgan algunas plantas, el portón es blanco y no tiene timbre, me estaciono a bordo de la acera y bajo del auto, la calle luce solitaria, no veo a nadie más, y observo la casa, nada ha cambiado a pesar de los años.

Es la casa de Emiliano, amigo de Manuel con el cual llevo saliendo varios meses, Manuel es casado, por alguna situación que nunca he entendido, siempre me ha tocado que las personas con las cuales tengo algo que ver son casados, no es algo que yo busque, porque cuando los conozco es en un lugar de ambiente, ellos están ahí, pasa algo, nos entendemos y es hasta tiempo después que me entero que son casados, así que no es algo así como un requisito que yo busque, solo se ha dado. Cuando conocí a Manuel fue también hasta tiempo después que me dijo que estaba casado, y no teníamos un lugar donde poder estar juntos, un espacio donde tener intimidad, así que un día me llevó a esa casa con barda de piedra, era de su amigo Emiliano quien vivía solo y que también era homosexual. Con Emiliano la relación fue buena, más por la amistad que llevaba con Manuel que por aceptarme a mí. Creo que en el fondo nunca hubo una amistad entre Emiliano y yo, quizá su comportamiento demasiado obvio me hacía guardar distancia, pero nos ofreció un cuarto de su casa donde podíamos tener intimidad. Ellos dos se habían conocido en un trabajo común que tuvieron y aunque ya no trabajaban juntos siguieron siendo amigos, Manuel le habló de mi a Emiliano y le pidió como favor si podíamos vernos en su casa y él accedió.

Estaba ahí en la calle y me dirigí al portón blanco, sin saber bien qué hacía yo ahí después de varios años que había dejado de ir, toqué la puerta, al poco tiempo escuche unos pasos acercándose y entonces me abrió la puerta Manuel, ahí estaba, después de varios años de no verlo, no podía entenderlo, ¿Dónde había estado todos esos años? ¿por qué se había alejado, dónde se había ido estando en la misma ciudad y cómo fue que nunca habíamos coincidido? Sabía que él nunca dejaría a su familia por mí, pero eso no había sido obstáculo para que antes hubiésemos estado juntos muchas veces en esa misma casa.

Siempre llegábamos y Emiliano nos abría la puerta de su casa, charlábamos un poco y después nos íbamos a uno de los dos cuartos que tenía la casa y que Emiliano no ocupaba, era un acumulador compulsivo, el cuarto estaba lleno de libros tirados por doquier, piezas de cerámica ya viejas y un montón de cajas apiladas sin ningún orden, y ahí, en medio de ese cuarto estaba un colchón viejo sobre el cual Manuel y yo dábamos  rienda suelta a nuestra pasión, nos amábamos con la desesperación de un condenado que sabe que tiene poco tiempo y que tal vez esa podría ser la última vez que podríamos estar juntos. Siempre estaba la amenaza constante de que en algún momento su esposa llegara, ella también era amiga de Emiliano y sabía dónde vivía. Después descansábamos un rato acurrucados el uno junto al otro, y después salíamos ante la mirada risueña y cómplice de Emiliano quien en un gesto típico se tapaba la cara con una mano dejando descubiertos los ojos. Estábamos un rato más en el la sala y luego nos íbamos.

La última vez que vi a Emiliano, recuerdo que estaba yo en mi trabajo y desde la ventana que daba al exterior vi cuando pasó y fui a su encuentro, lo pasé al pequeño cubículo que tenía asignado, supe que algo estaba mal, Emiliano nunca antes me había llamado ni buscado y esta vez traía los ojos rojos y llorosos, me alarmé y entonces me preguntó si no sabía qué había pasado, le dije que no y entonces me dijo que Manuel estaba muy mal en el hospital, había tenido un derrame cerebral y se soltó a llorar. No pude entender bien lo que me decía, solo pude tomar el teléfono y avisar a mi jefe que algo pasaba y debía salir, fui con Emiliano al hospital pero no pude pasar, Manuel estaba en estado de coma.

Y ahora, después de tantos años Manuel estaba frente a mí, tenía yo tantas preguntas, él me invitó a pasar a la casa, entré y cerró la puerta y me miró con una gran sonrisa, yo debía tener una cara de sorpresa, él prácticamente no había cambiado después de todos esos años, le pregunté dónde había estado y me dijo que había cambiado de trabajo, que se había alejado de todo y que se había dedicado a su familia, había dado de baja su número de teléfono, le pregunté por qué nunca me buscó y solo encogió los hombros, mirándome con tristeza aunque sonriendo aún, quiero abrazarlo, quiero besarlo, pero aún no alcanzo a entender muchas cosas después de todos estos años y entonces le pregunto: “¿por qué fingiste tu muerte?”.

Entonces me doy cuenta que estoy soñando, me despierto aún con la imagen de su rostro sonriéndome, han pasado muchos años desde que Manuel murió, y a veces tengo estos sueños con él, siempre lo sueño así, que de repente lo encuentro y sé que está vivo, y que todo este tiempo solo se ocultó de mí, pero el sueño no continúa, no hay un nuevo inicio, en algún punto del sueño me doy cuenta que estoy soñando y entonces despierto, aún en el sueño no puedo continuar con él, solo tengo muchas cosas que quise haberle dicho y que ya no pude, nunca volvió en sí del coma, fue algo que no esperaba que pasara, y me quedé con muchas cosas que hubiera querido decirle, pero ya no pude, se quedaron ahogadas en mi interior.


Tres días después de la visita de Emiliano a mi trabajo donde me dijo de Manuel, iba yo manejando a mi trabajo, era una mañana fría y lluviosa de Septiembre, no había podido dormir en toda la noche cuando sonó mi celular, era Emiliano y solo me dijo “ya pasó…” fue todo. Colgué el teléfono y seguí manejando mientras mis ojos se llenaban de lágrimas y un grito se ahogaba en mi pecho…

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