(Relato enviado como anónimo)
Anteriormente cuando veía a una persona homosexual yo la evitaba, me
parecían personas repulsivas, quizá era porque mi concepto acerca de ellas
estaba muy limitado, yo solo veía al individuo afeminado o vestido con prendas
femeninas, me parecía muy desagradable que existieran hombres que desearan ser
mujeres, eso no me cabía en la cabeza, yo consideraba eso como algo
antinatural. Pero algo ocurrió en mi vida que me hizo redefinir mi sexualidad,
o al menos eso creo, aunque es algo que aún estoy explorando.
Dicen que son las acciones las que nos definen lo que somos, por ello no
puedo decir mi nombre, puedes llamarme Juan, antes me decía Don
Juan, siempre he tenido suerte con las mujeres. Nunca sentí atracción por otros hombres, desde que
recuerdo siempre tuve muchas novias, mis relaciones sexuales con mujeres
comenzaron a una edad temprana, no me considero atractivo pero ellas veían algo en mí y me buscaban. En casa me presionaban para no embarazar a alguna antes de poder
terminar mi licenciatura, pero justo pasó eso, mi novia quedó embarazada. Nos
enfrentamos a nuestras familias y decidimos casarnos. Como pude terminé la
licenciatura y tuve que buscar trabajo. Debo decir que me casé enamorado, mi
esposa era una buena mujer, siempre me apoyó y el sexo con ella era fabuloso,
puedo decir que realmente nos complementábamos. Sin embargo el estar casado no
evitaba que otras mujeres me buscaran, y llegué a tener encuentros sexuales
ocasionales con varias de ellas, lo cual mantenía en secreto. El miedo a que
alguna de ellas quedara embarazada me hacía evitar el eyacular dentro de ellas,
cuando estaba a punto de llegar al orgasmo me salía interrumpiendo el orgasmo
para luego masturbarme fuera y lograr eyacular, algo que les disgustaba a
ellas. Esta costumbre de interrumpir el orgasmo me fue dificultando el
lograrlo, pero conocí a una mujer casada con la cual tuve relaciones de la
forma que acostumbraba, a ella no le molestaba y una vez que me salía de ella
me ayudaba a alcanzar el orgasmo. Ahí inició todo, al estar teniendo sexo con
ella y antes de eyacular me salía y me tumbaba a masturbarme y ella comenzó a
tomar la iniciativa de acariciarme los testículos mientras yo me masturbaba,
eso me ayudaba a alcanzar el orgasmo. Después comenzó a lamer mis testículos
mientras me masturbaba hasta que una vez pasó su lengua más abajo, hacia mi ano. La primera vez que lo hizo me
sorprendí, su lengua tocaba terminaciones nerviosas que no sabía yo que
existían, mi eyaculación fue más rápida y abundante, terminé con una sensación
de satisfacción que no conocía hasta entonces. Me fui acostumbrando a buscarla,
aunque yo la penetraba en diversas posiciones, siempre me salía para terminar
mi orgasmo masturbándome, más ahora ya no era para evitar terminar dentro de
ella, sino porque buscaba el placer que me proporcionaba a mi ano, hasta que
cierto día que me manoseaba el ano introdujo uno de sus dedos. No supe cómo
reaccionar, aunque mi primer instinto fue rechazarla, la sensación del orgasmo
a punto de llegar me hizo dejarla hacer, teniendo uno de los orgasmos más
intensos hasta ese momento. Aunque había mucha franqueza en mi relación con
ella, todo se resumía a un encuentro sexual ocasional entre ambos, nos
buscábamos para coger, algunas veces ella, otras yo, siempre la penetraba
primero y luego ella me dedeaba de forma delicada hasta que sin poder más yo
eyaculaba.
Esto cambió cuando cierta vez fui enviado por parte de mi trabajo a
Acapulco. Los viajes de trabajo no tienen nada de placentero, ir a Acapulco es
ver la playa desde el taxi circulando mientras el calor húmedo nos ensucia la
ropa la cual debe lucir presentable para el trabajo. Ese día terminé temprano
mi trabajo y por la tarde me fui al centro a conocer. Ya era tarde para ir a la
playa y en aquel tiempo no conocía yo gran cosa de Acapulco, así que solo
caminé por calles del centro y en una de estas encontré un cine, la curiosidad
me hizo detenerme, era un cine donde proyectaban películas porno. Sin tener
otra cosa que hacer decidí entrar. No sabía lo que pasaba en un cine porno, la
sala no era muy grande pero estaba lo suficientemente iluminada para ver lo que
pasaba. Lo que ví me sorprendió y me llenó de pensamientos que contradecía todo
lo que hasta ese momento tenía en mi mente acerca del sexo. Hombres teniendo
sexo con otros hombres, me llamaba la atención que no eran afeminados, nunca
había visto algo así en vivo, nadie veía la película, pero lo que más me llamó
la atención fue un hombre que estaba prácticamente desnudo sin estarlo, era un
señor como de unos cincuenta años, muy masculino, típico acapulqueño, piel
quemada por el sol, barrigón, con algo de vello en el pecho, el calor en el
cine hacía que su cuerpo brillara a la luz de la pantalla, llevaba una bermuda
la cual estaba hasta sus tobillos y una camisa de manga corta la cual estaba
totalmente desabotonada y abierta, dejando al descubierto su panza, llevaba
sandalias que había hecho a un lado dejando sus pies descalzos. De frente a él
y de rodillas estaba un hombre joven mamándole la verga, nadie más parecía
verlos, todos estaban buscando algo ó haciendo lo suyo, el hombre panzón era el
único que parecía no importarte estar prácticamente desnudo, por alguna razón
no podía dejar de verlo y entonces vi como el joven comenzaba a lamer sus
testículos y cómo su lengua bajaba, el hombre maduro se deslizó en su asiento
hacia adelante dejando su ano libre y entonces el joven comenzó a lamerlo, y a
dedearlo. No me di cuenta pero mi verga estaba erecta y dura, tenía una extraña
sensación entre placer y pecado, entre deseo y prohibido, el morbo me hacía no
poder dejar de ver lo que veía, entonces me salí del cine, llegué al hotel y me
masturbé mientras uno de mis dedos acariciaba por primera vez mi ano. No tarde
mucho en venirme, pero aún me quedaba un día más en Acapulco, al día siguiente
debía regresar a casa.
Algo nuevo estaba ocurriendo en mi mente, todo el día mis recuerdos me
llevaban al cine que había visitado la tarde anterior, así que al terminar el
trabajo me dirigí a la terminal de autobuses y pregunté por el último autobús
de regreso. Pude cambiar mi boleto, puse mi maleta en el guarda equipaje y mire
mi reloj, tenía unas tres horas libres, sin pensarlo más tomé un taxí que me
dejó a una cuadra del cine, no deseaba supiera a donde iba, pagué mi boleto y
entré. Me senté en la fila de en medio la cual separaba las filas delanteras,
en ese lugar había visto al hombre maduro, ahora estaba yo ahí. No tardó en
llegar alguien a sentarse a mi lado, por un momento sentí vergüenza de estar
ahí y lo mire de reojo, era un hombre de mi edad, acapulqueño, parecía normal,
no parecía ser de esos, no quise ver más. Al principio yo estaba muy nervioso,
pero la oscuridad del cine y la certeza de que estaba muy lejos de casa me
relajaron. El hombre a mi lado comenzó a rozar mi pierna con los nudillos de
sus manos, al no reaccionar yo, tomó confianza y su mano se dirigió a mi
bragueta, la abrió y sacó mi miembro para llevárselo a la boca. La sensación
fue muy agradable, diferente a lo que conocía del sexo oral, sus labios eran
gruesos, la cavidad de su boca era más grande, sabía lo que hacía. Pero no era
eso lo que yo buscaba, así que me desabroché el cinturón y bajé mis pantalones,
con mi mano bajé su cabeza a mis testículos mientras me deslizaba hacia abajo
en el asiento. Él pareció entender, pasó de lamer mis testículos hacia mi ano y
entonces metió uno de sus dedos, la sensación era muy morbosa, mientras me
metía un dedo su boca se prendía de mi miembro, hasta que no pude aguantar más
y eyaculé en su boca. Cuando todo pasó cayó sobre mí un sentimiento de culpa y
remordimiento, pensé en mi esposa, a toda prisa me subí los pantalones y salí
de ahí hacia el autobús. Todo el viaje me debatía entre el remordimiento y la
culpa y al mismo tiempo el placer que sentí, un placer culposo, pero placer al
fin, una sensación que me recorría de la punta del glande bajando por debajo de
mi pene hasta mi ano. Al llegar a mi casa me recibió mi esposa, me disculpe
diciendo que venía muy sudado por el viaje y me metí directo a bañar. No cené y
me acosté con ella, buscó mi cuerpo y tuvimos relaciones, sin embargo, por
primera vez, no pude tener un orgasmo.
A partir de ese día las cosas cambiaron, amo a mi esposa, me siguen
atrayendo las mujeres, pero soy incapaz de alcanzar un orgasmo si no tengo la
estimulación en mi ano, y la única mujer que me lo hacía ya no puedo verla a la
cara después de lo que pasó en Acapulco. Aquí en mi ciudad descubrí un cine
porno, pero no me he animado a ir, es un lugar donde cualquiera puede
reconocerme, sin embargo he visto de lejos que clase de hombres entran ahí y
van algunos que en aspecto no se ven afeminados, los veo similares a mí,
¿buscaran lo mismo que yo?. Cada vez mi necesidad por lograr un orgasmo es
mayor, ya lo he decidido, mañana iré a ese cine, buscaré mi placer, lo que pase
después no lo sé, cómo cambié yo y las consecuencias tendré que afrontarlas, no
sé si esto me haga menos hombre, pero
deseo volver a disfrutar de un orgasmo como el que tuve en aquel cine de
Acapulco…
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