23 de octubre de 2014

Chacal: el obscuro objeto del deseo

- Me gusta ir a ese antro en las afueras de la ciudad porque siempre van chacalillos muy guapos.
- Es cierto, el otro día conocí uno que me gustó mucho. Tenía una herramienta como de 20 cm, espero que la próxima vez que vaya, lo vea de nuevo. Solo tuve que invitarle los tragos esa noche.
- Yo prefiero los que son delgados, pero que tienen pinta de machos y que sean bien entrones, pero la última vez que fuí conocí uno gordito que se veía bien machote y se le notaba un bulto muy grande, pero yo no le guste, se fue con una jota bien fea.

Todos en el ambiente homosexual, hablan de lo que es un chacal, como si fuera una especia de raza especial, con ciertas características definidas y casi siempre como si se tratase de un platillo exótico, algo que se desea pero que al mismo tiempo causa cierta repulsión, sin embargo es la fantasía de casi todos los homosexuales, aunque la mayoría lo niegue, sobre todo los más refinados, los más nice, los que están al tanto de la moda, del restaurante de lujo, de sus maravillosos viajes, son los que más buscan al chacal, pero frente a sus amigos siempre lo negarán o ni siquiera lo mencionaran, pero bien que se pasearan en su carro por las zonas de su ciudad donde se sabe que pueden encontrarles.

¿Quiénes entran en la categoría de un chacal? ¿Cuáles son sus características? Primero recurramos a Carlos Monsivais, él lo define de esta forma: “El chacal es el joven proletario de aspecto indígena o recién mestizo, ya descrito históricamente como Raza de Bronce (o sea morenazo). El chacal es la sensualidad proletaria, el cuerpo que proviene del gimnasio de la vida, del trabajo duro. Es la friega cotidiana y no el afán estético que decide esbeltez. El chacal tiene por hábito sentirse ampliado, deseado así nadie lo contemple. El chacal no mira para no regalar su mirada, pero se deja mirar para ascender en su autoestima. Las camisetas entalladas, los jeans ajustados y convenientemente rotos, las gorras de béisbol, el perfeccionamiento de la mirada hostil o indiferente que sin embargo invita, de ningún modo el prostituido, en modo alguno el inaccesible…”.

Algunos adjetivos atribuidos al chacal son que es un producto del mestizaje, aspecto indígena, de clase trabajadora, mirada hostil, de mataputos, lenguaje proletario, poco educado, un macho inaccesible, no se reconoce como gay, la palabra gay le choca, es sinónimo de afeminados, pero él mismo no se reconoce como chacal, a él no le importa toda la tinta que los intelectuales escriben en torno a él, es machista, misógino, se supone sexualmente activo por naturaleza, él no ama, no quiere a otros hombres, solo se los coge, los usa para su placer momentáneo, no aspira a tener una pareja, es fiel a su gueto, a sus raíces, un diamante sexual en bruto, y ahí su atractivo, es buscado por quienes buscan una experiencia sexual fuerte, algo que en el mundo gay ya no existe, el hombre químicamente puro.

Dentro de las características de un chacal se supone que estos tienen un cuerpo “marcado”, atribuido al rudo trabajo que desempeña en labores que requieren fuerza. Quienes los buscan, sueñan encontrarse con un chacal que los acaricie con sus manos rudas, toscas, que los callos de sus manos raspen sus cuerpos finos y delicados, y que con ese solo roce sientan estar ante un hombre real, pero antes los bañaran, y aun así el olor de su sudor corporal persistirá. A pesar de ser un hombre mestizo, los homosexuales buscan que tenga rasgos atractivos, de acuerdo a la estética del homosexual, los quieren “feos pero no tanto”, cuando el hombre de ascendencia indígena en México es una persona de rasgos que chocan con el ideal de belleza que podemos ver anunciados en cualquier revista gay, incluso sus cuerpos no son los de un stripper que lo ha formado en un gimnasio, no son cuerpos con vello corporal, este es escaso, el bigote es muy poco común en ellos y es muy poco poblado. El chacal está más cerca de los albañiles, cargadores de la central de abastos, jornaleros, campesinos, donde la belleza no abunda, donde los cuerpos por lo general no son atléticos sino más bien panzones, chaparros y prietos, lo cual no es lo que buscan los homosexuales de tinta, quienes idealizan al chacal en un trailero, un cortador de madera, un almacenista, cuyos estereotipos han idealizado en las películas porno, prometiéndonos el mejor sexo.

Sin embargo, todo esto, al final, le viene importando un pepino al que se le atribuye el adjetivo de chacal, porque él mismo no se reconoce en tal categoría, se rige por sus propias ideas, quizá incluso él mismo no sepa lo que quiere, quizá solo sea vivir el rato, pasarla bien, sin importar quién sea el puto en turno con el cual coge, porque para el chacal, en sus propios términos, no se acuesta con otro, se lo coge parado. Lo cual nos hace plantearnos la siguiente pregunta ¿Cómo se da el sexo con un Chacal?¿Es tan placentero? Quizá esto dependa de la definición de lo que es tener un "buen sexo". El concepto más común es cuando hay química, cuando hay lenguaje corporal, interacción de ambas partes. Lo opuesto es cuando quienes tienen sexo buscan solo su propia satisfacción sin importar la de la otra persona con la cual cogen. En términos del mundo homosexual, la pasiva solo pone la cola para que cualquiera se lo coja, sin importar quién sea ni cuánto dure. El chacal que es activo por su parte solo buscará un culo a dónde meter su verga, sin importar quién sea la persona, porque para el chacal el homosexual pasivo no es una persona, es un culo más y lo cogerá a su propio ritmo marcado por su propio placer hasta eyacular sin importar si la pasiva lo gozó o se quedó a medias.

Hay quienes creemos que el chacal no existe como si fuese una especie definida, sino que más bien es una utopía creada por los intelectuales que viven en un medio rosa marcado por el buen gusto y las buenas costumbres, que ven con ojos de deseo e idealización un mundo que les es ajeno pero atractivo por el tipo de hombres con las características que definieron como chacal, un hombre químicamente puro, instinto puro, sexo puro, representa las características masculinas que el mundo gay ha perdido en aras de una glamurización y supuesta sofisticación que no es más que la feminización del lenguaje y amaneramiento de los homosexuales los cuales, al irrumpir abiertamente en la sociedad lo hacen reclamando una identidad LGBTTTI pero al mismo tiempo, cada una de esas letras es un giro hacia lo obvio, perdiendo las características masculinas, son autoexpulsados de un paraíso primigenio de hombres masculinos. La búsqueda del chacal se vuelve una búsqueda hacia una utopía, porque el chacal es una imagen de algo que no existe, porque en el momento que el chacal acepte formar una relación con un homosexual y se adapte al modo de vida homosexual, habrá perdido su esencia y pasará a ocupar alguna de las múltiples categorías existentes y que definen a los homosexuales obvios que juegan a ser masculinos. Sin embargo ante la demanda aparecen sujetos que por varios intereses sean estos monetarios o simplemente por reconocer su propia homosexualidad reprimida aceptan el juego de roles que se da entre ellos categorizados como “chacales” y otros homosexuales.

Parece darse entonces un equilibrio cuando el chacal y el homosexual declarado o jota, comienzan con una negociación, el chacal quizá no cobre pero el otro ofrece algo a cambio por sexo, unas chelas, la cena, pal taxi, etc. permitiendo esto que la jota en cuestión no adopte al chacal o lo haga su pareja, sino que obtenga placer al contratarlo para eso y que ambos se queden en su mundo al cual pertenecen, conservando el chacal su esencia y convirtiéndose en un producto de consumo para todas las jotas refinadas que abundan en todas las ciudades. Como Carlos Monsivais de quién por cierto, se rumora que frecuentaba la ciudad de Cuernavaca para convivir con chichifos con aspecto de chacal, obviamente jóvenes, pero que además tuvieran una alta capacidad intelectual con los cuales pudiera dialogar y debatir sobre temas literarios. Al parecer él buscaba una buena charla para terminar haciendo el amor y no ir directamente a la cama.

Podemos concluir entonces que el sujeto definido como chacal no tiene una ideología y no se conceptualiza como tal. Sin embargo los homosexuales intelectuales cuando hablan del chacal, lo hacen como si se tratara de una especie existente y que solo espera ser encontrada para brindarles satisfacción incansable, pero quizá el chacal ni siquiera está interesado en ellos. Eso me hace recordar una escena de la película del Indio Fernández, La cucaracha, donde María Félix es una soldadera que se desvive por su general, el Indio Fernández, ella le habla y le cuenta de un futuro juntos, mientras el general, indiferente y harto de su palabrería, le dice una sola frase para darle por su lado: “si pués”...

…Y ustedes, ¿a qué antro van a ir buscar chacal esta noche?


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