22 de enero de 2015

Seis meses

"No sé si fue que malgasté mi fe
en amores sin porvenir,
que no me queda ya
ni un grano de sentir"
Silvio Rodríguez

El tiempo nos puede jugar malas pasadas, el tiempo es relativo para todos, a veces se quiere pase rápido, otras que transcurra muy lento, lo cierto es que no hay tiempo que no se cumpla, y el tiempo termina por alcanzarnos a todos. Sin embargo, para la mayoría de los homosexuales, cuando llegamos a la madurez como adultos estamos menos desgastados que los hombres heterosexuales, pues si permanecimos solteros no tuvimos que batallar con la responsabilidad de criar hijos; aun así no falta aquel hermano o hermana listo que trata de que nosotros asumamos la responsabilidad de criar un sobrino, pero bueno, eso sería tema de otra historia. Lo que me interesa resaltar es que si corrimos con suerte y no tuvimos una gran responsabilidad, llegamos a los 40 años y todavía no estamos tan desgastados físicamente. Pues bien, ese es mi caso y aunque no me veo totalmente joven, de lejos si doy el gatazo. El día de mi cumpleaños número 40 era un día como otros, nada especial, regresaba del trabajo por la tarde, me subí al pesero y pronto me di cuenta que unos ojos muy negros se clavaron en mi persona. Esos ojazos pertenecían a un joven moreno de unos 20 años, al menos eso le calcule, mientras avanzaba yo por el pasillo del bus no dejaba de mirarme, yo me inquiete, pensé que él era muy joven para que yo le atrajera, además no tenía el aspecto de las jotitas tan habituales hoy en día. Más bien se veía como un joven heterosexual recién salido de su trabajo, quizá de albañil o en algún otro oficio, se veía muy chacalito. Me senté en un asiento paralelo al de él, pues me intrigó.

Usualmente a mí no me gustan los hombres tan jóvenes, los prefiero mayorcitos, de unos 30 años o más, hombres que ya sepan lo que quieren, incluso a veces acepto de unos 28 años pero de 20 como que nomás no me laten. Aun así ese día que estaba cumpliendo mis cuarenta años y que comenzaba a sentirme viejo, en cierto modo me halagaba que alguien joven me encontrara atractivo, así que decidí ver que ocurría. ¿De verdad yo le gustaría?. Mientras el pesero avanzaba por la ciudad, y personas subían y bajaban y otros pasajeros se sentaban junto a mi o junto a él, llego un punto en el que el bus se iba vaciando, pero el chacalito y yo seguíamos, por momentos nos lanzábamos miradas. Finalmente, cuando solo quedábamos unos cuantos, el chacalito se pasó a mi asiento y sin ningún preámbulo, me dijo “¿tu casa o la mía?”. No sabía que responderle, pero cuando se pasó a mi asiento pude disfrutar el panorama, el chacalito de cerquita se veía mucho mejor, un cuerpo delgado con un culito bien paradito y una espalda en V y unos brazos muy bien formados, un vello muy fino que apenas nacía adornaba su cuerpo. Carajo, eso sí me excito. Solo pude balbucear “en tu casa...” Nos bajamos juntos, donde él vivía no estaba muy lejos de mi colonia.

Mientras caminábamos a su casa trate de conocerlo un poco, efectivamente tenía 20 años, era albañil, pero por el momento no tenía trabajo así que trabajaba de limpiaparabrisas en un crucero muy céntrico de la ciudad, me sorprendió su sinceridad, yo estaba acostumbrado a tratar con jotas muy orgullosas que ni por asomo dejaban ver que tenían un origen humilde, por lo general cuando se presentaban alardeaban de buenos trabajos y de una buena posición económica, siempre hablaban de marcas de ropa, viajes, perfumes caros, tarjetas de crédito y autos, pero este joven no negaba su origen ni lo que era, tampoco parecía avergonzado, lo dijo de forma natural. En algún momento me puse a pensar que debía tener cuidado con él, porque acababa de conocerle y no sabía cuáles podían ser sus verdaderas intenciones, íbamos a su casa, era su territorio.

Momentos antes me dijo que tuvo un mal día y que solo había ganado 80 pesos, pero que a veces si le iba muy bien. Entramos a donde vivía, era un barrio pobre, su casa eran solo dos cuartos con un baño y unos pocos muebles, tenía hecho un desorden, pero me dijo que esa casa era suya, que su abuelo se la había heredado. Me dijo que se daría un baño, que si podía esperarlo, que yo me veía muy limpio. Se desnudó frente a mí, su cuerpo era muy hermoso, joven y bien formado.

Cuando salió del baño, se acercó hasta mí y me tomo de la mano, me llevo al siguiente cuarto y me dio un beso, mientras sus manos recorrían mi cuerpo, yo quise preguntar algo más, pero me callo con otro beso, comenzó a desnudarme y cuando se arrodillo para quitarme el pantalón, mi pene ya estaba erecto, lo tomo con sus labios y comenzó a mamar suavemente con maestría. A continuación nos tiramos en la cama y tuvimos el sexo más placentero que yo no había disfrutado en mucho tiempo. Después del sexo le invite a cenar y el acepto con gusto, fuimos a los tacos, y después nos despedimos, quedando vernos de nuevo el siguiente lunes.

El tiempo fue pasando, nos hemos visto ya durante cuatro meses sin establecer ningún compromiso, pero creo que yo me estoy enamorando de él, su forma de ser me atrae mucho, sin pretensiones, sin superficialidades, sus problemas son reales, no imaginarios como el de mis amigos cuya mayor preocupación es su corte de pelo ó el cómo combinar su ropa, vive con el día a día y aun así es capaz de mantener una sonrisa en su rostro, su juventud ha dejado de ser un problema para mí pues aunque es joven no es estúpido como si lo son muchos a esa edad, quizá se deba a que ha tenido una vida difícil que lo ha obligado a madurar y desde hace mucho ha tenido que valerse por sí solo. Tiene un porte muy varonil y hay algo más, es inter y posee una gran herramienta de unos 18 o 20 cm que descubrí desde la primera vez, pero eso no es todo, es un buen chico, honrado y sincero, no pretende hacerse pasar por quien no es, aunque no tiene más que la secundaria posee una aguda inteligencia que me asombra. A veces no puedo ocultarle que estoy loco por él, y le pregunto insistentemente si siente algo por mí, él solo me observa y con sus hermosos ojos negros me mira fijamente y sólo me dice que yo le gusto mucho, que a veces sueña que está conmigo teniendo sexo, pero nunca menciona la palabra amor. Luego me recuerda con firmeza que desde el inicio me dijo que generalmente él, cuando tiene una relación con alguien, su interés en esa persona solo dura unos seis meses, que no busca una relación de largo plazo y que después de ese tiempo ya no siente nada y debe dejar a la persona para buscar alguien más. Cuando me lo dijo la primera vez no me importó, a mí tampoco me interesaba una relación duradera con alguien de escasos 20 años, pero con el paso del tiempo me fui enamorando de él sin darme cuenta, y ahora que me lo dice solo callo y en silencio me paso las noches temiendo que se cumplan los seis meses.

Durante este tiempo me he acostumbrado a su persona, nos vemos con frecuencia y me he dado cuenta que no había conocido a nadie como él, se ha convertido en mi razón de vivir, es quien arranca de mi cara, antes inexpresiva, las mejores sonrisas, antes de él mi vida era gris y aburrida, ahora me levanto con más ánimo y me he vuelto terriblemente romántico. Solo sé que cuando el tiempo llegue y él se canse de mi voy a sufrir mucho. Creo que se da cuenta que me tiene en sus manos, yo estoy dispuesto a hacer lo que sea por él y aun así nunca me saca ventaja, lo cual contribuye a que yo me sienta aún más interesado en su persona, a veces el rechazo de alguien solo acrecienta el interés en esa persona, y aunque sé lo que va a pasar aún me pregunto en silencio, ¿seguirá interesado en mi cuando se cumplan los 6 meses? Muy pronto conoceré la respuesta a esa pregunta, el tiempo se acerca, y no hay plazo que no se cumpla...


1 comentario:

Unknown dijo...

a mi me gustaria andar con un albañil pero se ponen fresas