Siendo apenas un joven adolescente me fui a trabajar como profesionista a
un lugar muy lejano, en la montaña alta de Guerrero. Hasta ese momento había
sido un hijo de familia, pero tenía que trabajar. Llegué sin conocer a nadie, me enfrente a una vida que para mí resulto muy difícil, sin comodidad alguna,
era una comunidad rural y aunque ya había luz y agua potable, carecía de
drenaje, y eran pocas las casas que tenía fosa séptica, la gente hacía sus
necesidades a la intemperie, algo que yo no estaba acostumbrado. Los días
fueron pasando, extrañaba las comodidades de mi casa, el agua caliente, la
cama, el baño, la comida, no me podía acostumbrar a esta nueva vida.
Pasados unas semanas me invitaron a una reunión de políticos de la
comunidad para las elecciones que venían, el único partido era el PRI y era
quien controlaba y ponía a las autoridades, pero Guerrero nunca ha sido
tranquilo, en aquel tiempo se estaba formando el PSUM y había inquietud entre
la gente. La reunión era de gente del PRI, hubo comida y bebida a granel. Ahí
conocí a un joven menor que yo, con gustos afines de la vida de los jóvenes, y comenzamos
a platicar. El tiempo fue transcurriendo entre trago y trago, la reunión termino y al ver que ya era muy tarde
me invitaron a quedarme a dormir ahí, ya era muy noche y accedí, además no
estaba acostumbrado a tomar y me sentía bastante borracho.
Me llevaron a a un cuarto que tenía una cama, ¡por fin iba a dormir en
una cama y no en el catre que tenía donde vivía!. Me acosté y caí dormido. En
algún momento de la noche me desperté pues no estaba solo, el joven con el que
había estado platicando y al que llamare Antonio, estaba en mi cama, tocándome
la verga debajo del pantalón y pretendiendo besarme. Por la borrachera que
cargaba no podía despertarme bien, solo le decía: “déjame dormir”. Él se
detenía pero al poco rato y ya estando nuevamente dormido, me desperté porque
Antonio me estaba mamando la verga. Yo sabía que estaba en casa ajena y no
podía hacer más ruido, así que lo dejé que siguiera hasta que me hizo venirme a
chorros. Él solo se dio media vuelta y escupió en un papel sanitario que
llevaba. Al amanecer me levante tambaleándome aun, al salir lo vi y le dije: “de
esto nadie sabrá”. Él no dijo nada, solo fue a abrir el portón para que saliera.
Yo no sabía pero esa casa era de una de sus tías, él había hecho la comida para
la reunión y tenía confianza de usar la casa como si fuera suya. Yo me despedí
de él con temor a que fuera a comentar algo en la comunidad.
Era fin de semana, llegue a mi cuarto donde rentaba, me bañe y me quede
dormido. Serían como las cinco de la tarde aproximadamente cuando escuche que tocaban
la puerta, era Antonio que quería hablar conmigo. Le dije: “pasa ¿que se te
ofrece?”. Me dijo “solo quiero platicar contigo un rato, de lo que pasó nadie
lo sabrá” y en seguida agregó: “.. y si gustas puedes irte a vivir a mi casa. Vivo
solo, mi tía es la dueña de la casa pero esta independiente, además pues acá no
tienes baño y sé que ha de ser muy incómodo para ti, no te cobrare renta, solo quiero que me ayudes
con los gastos de la alimentación y yo hare la comida, tengo dos camas, una
para cada uno”. Le agradecí la propuesta y le dije que lo pensaría. Durante
unos días pensé en el ofrecimiento, vivía solo entre incomodidades y comía mal,
así que al final me pareció buena la propuesta y accedí. Una semana después lleve
mis pertenencias a su casa. Fue así que comenzamos una vida de amigos, por lo
menos de palabra.
Con el paso de las semanas, como no había banco en ese lugar, mi cheque
lo cambiaba en las tiendas, pero pedían hacer una compra regular, yo como
pretexto pedía un cartón de cervezas, lo llevábamos a la casa y empezábamos a
tomar, de vez en cuando él se insinuaba sexualmente, lo rechazaba y le decía: “solo
amigos ¿está bien?” y todo quedaba ahí. Un
día, ya pasadas las horas y tomados, el empezó a abrazarme y a besarme, yo
tenía días sin tener sexo y poco a poco fui accediendo hasta que nos fuimos a
la cama. Me desnudó con mucha pasión, esta vez disfrute de sus labios en mi
verga, era muy bueno, se la tragaba toda y yo podía gemir de placer, nadie nos
escuchaba. De repente se levantó y fue por una cerveza, le dio un trago y así
me la mamó, sentí la frescura de la cerveza en mi miembro, me gustó y después
volvió a tomarle, pero esta vez me dio un beso, me tenía caliente y le dije: “¿quieres
que te penetre?”, me respondió “sí, pero despacio, casi no lo hago, además tu
verga está muy gruesa”. Le dije “esta
bien, ponte crema”, lo puse en cuatro y se la deje ir despacio, no aguantó y se
dió la vuelta, me dijo: “cógeme de frente, patitas al hombro, así veo tu cara
de macho cogiéndome”. Así lo hice y mientras se la metía veía que se retorcía
de dolor y placer, para que no gritara lo bese y lo penetre hasta el fondo y me
quede quieto un rato hasta que se acostumbró al grosor de mi verga. Lo estuve
bombeando un buen rato hasta que eyacule y mi verga fue poniéndose flácida
dentro de su rico culito. Nos dimos un regaderazo y nos acostamos a para
dormir.
A la mañana siguiente me desperté, el ya no estaba en la cama, ya había
preparado el desayuno. Así empezó una vida rutinaria, era como una vida en
pareja. Con el paso del tiempo algunos compañeros del trabajo y lugareños
empezaron a cuestionarme si de verdad vivía solo con Antonio. Esas preguntas
eran incómodas y yo siempre contestaba que vivía en la casa de su tía para
estar más cómodo. En una ocasión un chavo me dijo con una sonrisa socarrona: “Antonio
es mi primo y sé que le gusta la verga, se lo anda cogiendo, ¿verdad?”, a lo
que respondí que no, que solo éramos amigos, me dijo: “yo me lo he cogido y la
mama bien rico, déle verga, lo tiene a sus disposición, jejejeje…”.
Dicen que pueblo chico, infierno grande. Los lugareños me veían salir
con Antonio para todos lados, la gente murmuraba, así que comencé una relación
de noviazgo con una compañera de trabajo, solo lo hice para aplacar los rumores
que dudaban de mi reputación y comencé a andar con ella a la vista de todos.
Para hacer más creíble mi noviazgo hetero, le pedí a mi novia se fuera a vivir
con nosotros. Todos éramos jóvenes y hacíamos las cosas sin pensar en las consecuencias,
una buena idea termina no siéndolo al final.
Ella accedió a irse a vivir con nosotros, también trabajaba en esa comunidad y estaba sola y de repente ya no éramos dos, sino tres en
esa casa, tres camas, dos hombres y una mujer durmiendo en dos cuartos. A
Antonio no le gustó la idea, pero le expliqué que era necesario para justificar
mi presencia ahí y que la gente no hablara más, él me preguntó si me
avergonzaba de él, yo no le contesté y solo le dije que era necesario. ¿Cómo
viví esa etapa con un hombre y una mujer juntos bajo el mismo techo y
manteniendo relaciones sexuales con ambos?. Bueno, cuando Antonio se iba a la
escuela, ella y yo teníamos relaciones, Cuando ella salía aprovechábamos él y
yo y nos entregábamos a la pasión sexual, cada acostón era un rapidín por el
temor que nos fueran a caer, él se había dado cuenta de mi relación con ella y
la había aceptado con tal que no me saliera de sus casa, aun estando en contra
él accedió a compartirme. Yo tenía un culito y una panocha para mi y a los dos
los disfrutaba por igual. Con el paso de los meses nos llevábamos muy bien, a
veces salíamos a la ciudad más cercana, nos quedábamos en un hotel el fin de
semana, todo iba bien hasta que algo pasó. Contra lo que yo pensaba de que los
rumores se calmarían, no fue así. Por el contrario, la gente comenzó a rumorar
más cosas y nos comenzó a señalar, a veces se nos quedaban viendo y hablaban
entre sí en voz baja. Mi novia fue la más afectada. Fueron nuestros compañeros
de trabajo los que me dijeron que la gente decía que ella se acostaba conmigo y
con el otro. Los rumores llegaron hasta ella por lo cual decidió salirse de la
casa y terminó su relación conmigo entre gritos y reclamos. Volví a quedarme
solo con Antonio, eso no había sido bueno y entonces los rumores se centraron
hacia mí y mi sexualidad, yo vivía en casa del putito, aunque había tenido una
novia y cogía con ella, no podía evadir lo que la gente rumoraba. Y
desafortunadamente, yo trabajaba con la gente de esa comunidad.
Pocos días después me notificaron que mi contrato se había terminado en
ese lugar. Fue como una salvación para mí. No le comente nada a Antonio, a
escondidas preparé mi maleta con mis documentos, solo lo que podía caber en una
maleta que pude ocultar bajo la cama. Esperé hasta el fin de semana que nos
tomáramos unas cervezas, no quería romper su corazón, se había entregado a mi
sin traba alguna, yo solo lo había aceptado por no estar solo en un lugar muy
distante lejos de la civilización. En realidad nunca sentí amor, solo fingía
besárlo con pasión. Llegando la media noche le dije: “tengo algo que decirte:
el día lunes me notificaron que tendría que irme a otro lugar, una región muy
distante, por lo que me tengo que ir la próxima semana, aquí termina nuestra ´amistad¨…”.
Él se puso histérico reclamándome “¡y mi vida ¿qué?!, ¡no te importa!, ¡yo te
di todo!”. Sus lágrimas rodaban por su rostro, no podía calmarlo. “Nuestras
noches de pasión, los paseos, el recorrido por el rio, las cogidas que me dabas
en los riachuelos cuando íbamos por la leña no valen nada para ti, ¡entonces no
significo nada para ti!”, me dijo.
Yo deje que me dijera todo y le respondí: “Tú bien sabias que yo solo
estaba de paso, te agradezco toda tu atención y los momentos felices que me
diste en la cama, te dejo todo lo que he comprado, así algún día podré
visitarte”. Pero mi intención era nunca regresar, solo se lo dije porque en su
histeria me dijo que se iba a cortar las venas si lo dejaba y que le iba a contar
a su tía cuál era la vida que llevábamos y que la comunidad se iba a enterar de
mí, que al fin de cuentas de él ya sabían que era puto. Cerca del amanecer salí
de su casa, llevaba solo la maleta que tenía preparada, el tiempo que había
pasado ahí se resumía en esa pequeña maleta. Antes de irme me gritó que no lo
dejara porque se iba a matar. No hice caso y me fui.
Pasaron tres años, yo trabajaba en otra comunidad, rentaba un cuarto con
un compañero, sus hermanas vivían también ahí pero en otro cuarto, ellas hacían
la comida. A veces el destino se empeña en repetir la historia una y otra vez. Éste
compañero era gay, pero no era de mi agrado, compartíamos la misma cama pero
nunca tuvimos relaciones, supongo que yo tampoco era de su agrado. Solo se
masturbaba viéndome, nunca se me antojo ni siquiera abrazarlo, esa será otra
historia. Cierto día estaba yo en un curso de capacitación cuando me encontré
con Antonio. No esperaba volver a verlo, al salir él me busco diciéndome “ya
tengo mi carrera, puedo ir por ti a donde quiera que estés”. No le dije nada, Antonio
me vio poco interés y me dijo que no había conseguido hotel y que si no habría
posibilidad de quedarse donde yo estaba. Yo busqué una forma de decirle que no
y le comenté: “estoy compartiendo cuarto y cama, deja ver si es posible”. En ese
momento mi compañero de cuarto pasó y le comente de Antonio, que no tenía donde
quedarse y que si se podía quedar con nosotros, que solo sería esa noche. Yo
estaba seguro de que no accedería pero para mi sorpresa él accedió. Esa noche estábamos
los tres en la cama. Antonio estaba en medio y vi que se sintió atraído por mi
compañero, para mi mejor. Cuando mi compañero salió al baño me dijo: “me gusta,
¿no hay problema?”. Le dije “adelante, por mí no te detengas”, así que esa
noche ellos se quedaron abrazados y besándose, yo me quedé dormido y ellos estuvieron
cogiendo.
A la mañana siguiente que nos levantamos para desayunar me dijo: “otro
día te busco, tenemos que platicar”. Pero eso no pasó, Antonio comenzó a
frecuentar a mi compañero y con el paso del tiempo ambos se hicieron amantes.
En aquel tiempo era frecuente que cambiara de comunidad donde trabajaba, por lo
que al poco tiempo volví a cambiarme y les perdí la pista. Por pláticas con
otros compañeros supe que ellos seguían juntos, y que la gente los ubicaba como
dos tipos “raros”.
El tiempo pasó, muchas cosas pasaron, yo me olvidé de Antonio. Habían pasado trece años cuando un día que estaba en casa de mis papás me dijeron que me llamaba Antonio. No me acordé de él hasta que lo tuve en la línea, trece años después volví a escucharlo. Me dijo que lo típico, que no me había podido olvidar, me pidió que regresara, me contó parte de su vida, que ya estaba solo, que el hombre con el que vivía y que había sido mi compañero se había ido de su lado dejándolo por otro hombre más joven, que me necesitaba, que recordáramos aquellos viejos tiempos, que ahora serian mejor. Lo escuché en silencio y entonces le dije que eso no era posible, que lo que había pasado había quedado en el olvido. Insistió y entonces le dije “estoy casado, tengo un hogar con hijos, así que por favor no insistas”. Se quedó un momento en silencio y me dijo “está bien, jamás volveré a llamarte” y colgó. No volví a saber de él.
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