Conocemos a alguien y siempre nos fijamos en las cosas más evidentes, si
es guapo, si es joven, si tiene buen cuerpo, si tiene buenas nalgas, o buen
miembro, si su color de piel nos gusta, si tiene bonitos ojos, bonita sonrisa,
después quizá nos interesarán otras cosas, si tiene coche, si tiene un buen
trabajo, si viste con ropa de marca, si usa una loción cara, los lugares a los
que ha viajado, los sitios de moda, y así inconscientemente vamos haciendo una
lista cuidadosa de los requisitos que cubre de acuerdo a nuestra propia
expectativa de lo que buscamos, pero en realidad somos más que eso, somos una
historia, el cúmulo de experiencias y las circunstancias que nos han hecho ser
lo que hoy somos, esa historia es la que nadie pregunta, la que no es
interesante, una historia personal sin glamour, cruda, difícil, una historia
que solo la damos a conocer a pocas personas, muy pocas, solo a aquellas que
son únicas, que pueden entenderme, que pueden acompañarme en mi trayecto de
vida. Esta pues, es mi historia.
Mi primer recuerdo es el de mi madre, mientras ella cocina, de cuando en
cuando me mira con dulzura y me dice palabras de cariño, yo estoy jugando con
un gato negro, no estoy muy seguro pero creo que tengo unos 3 años. Crecí en un
hogar muy pobre, en el seno de una familia de diez hijos, yo era el menor. En
casa solo vivíamos otro hermano y otras dos hermanas, los últimos cuatro hijos
de la familia y mis padres, los seis hermanos mayores no vivían en casa, no
sabía por qué. Unos años después, cuando cumplí 6 años, un día llego a casa uno
de los hermano mayores, lo reconocí por las fotos que había en casa, llego con
una mujer, inmediatamente me cargaron en sus brazos y me comenzaron a decir “hijo”,
yo me resistía a sus cariños, y volteaba a ver a mi madre, ella solo sonreía,
en ese momento papá se acercó y me dijo que esos recién llegados, eran mis
verdaderos padres, que él y la que conocía como mi madre, en realidad eran mis
abuelos, yo no lo creía, le pregunte a
mi madre si eso era cierto, ella solo asintió con la mirada.
La pareja estuvo unos días más y
de pronto desaparecieron, así como habían llegado. Todavía los vi durante seis
años más, aparecían de pronto en cualquier época del año y así como llegaban
desaparecían. Hasta que cuando cumplí doce años, se me informo que ellos habían
muerto. Nunca supe por qué mis verdaderos padres nunca se encargaron de mí, ni
a que se dedicaban ni como ocurrió su muerte, todas las veces que pregunte,
jamás se me dijo nada convincente, con el tiempo deje de preguntar. Mis abuelos
siempre se hicieron cargo de mí y a ellos siempre les dije padres.
Desde muy pequeño descubrí que la vida era difícil y eso me hizo un niño
muy temeroso, agresivo y desconfiado. La vida en familia no era muy agradable,
mi padre era un hombre alcohólico y violento y mi madre una mujer muy sencilla
y sumisa, pero muy responsable y trabajadora, nunca falto comida en casa
gracias a ella. Mi padre parecía tener doble personalidad, era un hombre
responsable con trabajo durante un mes y
el siguiente era un ebrio de los que se quedan tirados en la calle, a los que
no les importa nada, así fue toda la vida hasta que envejeció y ya no pudo
seguir igual. Después me entere que tres de mis hermanos mayores, se fueron
antes de cumplir 15 años y nunca volvieron. Cuando cumplí 13 años, mi hermana
la mayor de los que vivíamos en casa, siete años mayor que yo, comenzó a actuar
raro, y tiempo después descubrimos que padecía esquizofrenia, mi otro hermano
mayor que yo, desarrollo paranoia, lo cual lo hace muy difícil de tratar y
también lo incapacita para tener un trabajo estable.
Pero también desde pequeño descubrí que lo mío, lo mío, eran los
hombres. No es que me gustaran todos los hombres como creen los heterosexuales,
pero si descubrí que el objeto de mi deseo eran personas de mi mismo género,
recuerdo la atracción que sentí por algunos de mis compañeros en primaria y
después en secundaria. Hasta que conocí a Ernesto en tercero de secundaria. Me
atrajo una piel más clara que la mía, pues yo soy moreno, sus ojos café claro
me atrajeron mucho y por supuesto un cuerpo bien definido ligeramente
musculoso, pero con una pequeña cintura y nalgas puntiagudas. Él fue mi primer
pareja, recuerdo esas tardes que salíamos de secundaria y pasábamos a jugar
maquinitas, mientras pegábamos de brincos de la emoción y nos sujetábamos de
los controles del juego, nuestros cuerpos adolescentes se restregaban, él ponía
sus nalgas y yo le restregaba mi entrepierna. Todo parecía un juego para los
demás, pues todo lo disfrazábamos como lo hacen los demás hombres con bromas y
albures. Pero nunca llegamos a la penetración, si nos besábamos y nos
tocábamos, pero no hacíamos más, supongo que porque teníamos miedo, pero todo
eso termino cuando acabamos la escuela secundaria y cada quien tomo rumbos
diferentes.
El tiempo paso, me hice adulto y desarrolle una personalidad depresiva y
de esa forma interactuaba con la gente, me sentía incompleto y sin esperanza,
me convencí de que no existía el amor, como muchos conocidos lo expresan, por
eso me decidí a disfrutar del sexo. Y eso se convirtió en un escape para mí. He
tenido que responsabilizarme de situaciones difíciles en mi familia, me dedique
a cuidar a mis padres envejecidos porque la mayoría de mis hermanos
desarrollaron enfermedades mentales y los que no lo hicieron solo se alejaron.
He tenido una vida difícil y fuera del sexo casi nada me hacía sentir mejor.
Conocí a muchas personas, creo que lo que les gustaba de mi era algo muy
inmediato, quizá pensarían que me utilizaban, quizá yo también jugaba a que no
me daba cuenta pero también los usaba, en un juego de sexo sin más que conocer
del uno y del otro, un tiempo en lo que aparecía el siguiente.
Hemos estado juntos desde
entonces, si digo que soy muy feliz a su lado no es solo una frase hecha,
porque junto con su madre hemos formado una nueva familia, con la cual comparto
mi vida, en los tiempos que tengo que es cuando una de mis hermanas cuida a mi
madre envejecida. Este hombre, al que amo, ha cambiado mi vida, me ha enseñado
que la vida puede ser mucho mejor de lo que yo creía, y que el amor si existe,
que se puede tener una pareja con la cual tener una vida muy gratificante. Es
bueno puntualizar aquí, que no tenemos una vida como la de los heterosexuales,
los homosexuales podemos tener una vida de pareja muy buena, pero sin imitar
los modelos heteros, nadie nos ha puesto el ejemplo de cómo se debe vivir en
pareja, pero con madurez, mucha paciencia y teniendo una mentalidad abierta,
hemos hecho frente a los desafíos que se presentan. Disfrutamos mucho de
nuestra vida en pareja y después de haber comenzado con una relación abierta,
poco a poco hemos ido cerrando nuestra relación, nos hemos vuelto más hogareños
y cada actividad que realizamos juntos nos ha unido cada vez más. Eso me ha
dado la tranquilidad que antes no tenía y me impulsa a seguirme esforzando por
el día a día.
En retrospectiva, me doy cuenta que la vida puede ser muy difícil, que
hay problemas que jamás podremos resolver sin importar lo que hagamos, y seguir
esperando que se resuelvan solo afectara nuestra salud física y emocional. Lo
mejor es cambiar de actitud y reconocer nuestras limitaciones y aprender a
vivir con lo que se tiene, con lo que se puede. Y aunque no tengo glamour y
nunca conozca París, como me lo dice mi pareja, la vida que tenemos es sencilla
pero llena de cariño, de comprensión, de apoyo y de algo de locura, de detalles
cotidianos, sin grandes aventuras más que la misma aventura de la vida, que
ahora compartimos juntos y que es nuestra forma de amarnos. Esta es mi humilde
aportación.
Por: Tigrillo Serch
2 comentarios:
Muy buen relato.... Es un ejemplo de relación que me gusta. Diferente a las que he vivido, mas agradable.
Gracias por compartir y espero sigan escribiendo este tipo de historias.
Salu2
Atte
gatooso
Yo ubiera querido protagonizar tu historia eres muy atractivo y solo de imaginarte se me eriza toda la piel
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