La primera vez que lo vi me llamó la atención el color de su piel, era
moreno, muy moreno, quizá no era de esta parte del país, aunque la gente
originaria del Estado es morena, no alcanza esa tonalidad de piel, tenía una
camisa de cuadros clara con los botones del pecho abiertos que contrastaba con
su piel haciéndola ver más oscura aún, a primera vista parecía tener un cuerpo
trabajado, con hombros anchos y podía verse claramente la línea que divide los
pectorales, algo que no todos los hombres pueden lograr aún con ejercicio.
Sabía que era observado por quienes pasaban caminando por la plaza cívica del
centro de la ciudad, quizá esperaba algo, quizá esperaba a alguien, como muchos
de los que caminaban sin prisa en esa tarde de verano a donde yo también había
llegado tratando de huir de mi realidad.
En ese tiempo yo aún era joven, pero para alguien de provincia ya no lo
era tanto, todos mis compañeros de mi edad ya estaban casados y comenzaban a
tener hijos, lo que al inicio era una ligera presión para que yo también
tuviera una novia y me casara había pasado a ser una presión bastante fuerte,
sobre todo por parte de mi padre, siendo yo el hijo mayor y aún soltero. Aunque
siempre traté de ser buen hijo, nunca estuve a la altura de las expectativas de
mi padre, quien trabajó duro toda su vida para sacarnos adelante y esperaba
mucho de todos, sobre todo de mí. Demasiado temprano se había dado cuenta que
yo no iba a ser como él hubiera querido, pero aún así yo trataba de esforzarme
por complacerlo aunque sin éxito. Después de mi trabajo hacía algunas cosas en
la casa, me gustaba la carpintería y poco a poco me había ido comprando alguna
herramienta y maquinaria básica con la cual comenzaba a hacer algunos muebles,
pero eso no era lo que mi padre quería de mí, él esperaba que un día cualquiera
llegara a la casa con una mujer y la presentara como mi novia, poco después me
casara y le diera nietos, pero eso no iba a pasar, por lo menos no tan pronto.
La tensión entre mi padre y yo crecía cada momento, cuando estaba en
casa era insoportable estar cerca de él, sabía lo que mi padre quería para mí,
no sé qué esperaba yo que pasara, pero tampoco sabía qué hacer, ése sábado
estaba en casa haciendo algo de carpintería, en el patio había improvisado una
mesa de trabajo y estaba cortando madera cuando vi a mi padre que me observaba
en silencio, lo conocía, sabía que quería decirme algo pero no lo hacía, sólo
daba vueltas a la idea en su cabeza una y otra vez y cuando lo dijera iba a ser
muy fuerte, yo seguía con la madera tratando de dar forma a las piezas que iba
a necesitar cuando mi padre se me quedó viendo y me gritó: “-¿y qué estás
haciendo aquí haciéndote pendejo? Te largas de aquí y no regresas hasta que
vengas con una mujer, lárgate ya y ve a ver a dónde la buscas, pero no te
quiero más aquí así como estás, te largas pero ya!”. Me quedé frío, pocas veces
lo había visto así de furioso, sentí que estaba a punto de darme un golpe, dejé
tirado todo, la herramienta, la madera y me metí a mi cuarto. No era bueno
quedarme ahí, así que me cambié y me salí de la casa para irme a no sabía
dónde, sólo comencé a caminar mientras sus palabras retumbaban en mi cabeza.
Esa fue la última vez que hice algo para la casa de mi padre, la
herramienta se fue oxidando o se perdió y la madera quedó almacenada mucho
tiempo y se fue ocupando como pedacería para cualquier cosa, no volví a meter
mano para nada y a partir de entonces hice todo lo posible para independizarme.
Habrían de pasar muchas cosas aún pero a partir de ese día ya no volví a tomar
parte de nada de lo que se hiciera en la casa, en su casa, en la casa de mi
padre que entonces dejé de sentir como parte de mi vida, y mientras seguí
viviendo ahí era como una casa de huéspedes para mi donde yo era el invitado
incómodo. Así, caminando llegué hasta la plaza cívica del centro de la ciudad,
tantas veces había estado ahí, y sin embargo no la conocía realmente, a través
de su gente. Sin nada que hacer me senté en una banca a observar a la gente que
estaba ahí, familias paseando a sus hijos, vendedores de globos y dulces,
boleros de zapatos, pero me llamó la atención la diversidad de personas que
había, muchas mujeres jóvenes que parecían ser trabajadoras domésticas de casas
ricas en su tarde libre, muchas con rasgos foráneos, jóvenes y tímidas
esperando a su novio que seguramente también trabajaba en cosas de jardinería
en las mismas casas, ahí llegaban los hombres jóvenes buscando a su novia, se
veían y se sonreían, quizá después irían al cine, quizá después tendrían sexo,
quizá tendrían después un embarazo no deseado, qué ironía, mientras mi padre me
había corrido de la casa por no poder ser como ellos, siendo yo una decepción
tras otra en su vida. Pero también vi a mujeres solas, a hombres solos, y
también pude reconocer por la mirada a uno que otro hombre que iba a buscar a
otro hombre con el cual tener sexo, hombres que no se reconocen como
homosexuales pero que tienen sexo con otros iguales.
Sentía la mirada curiosa de algunos hombres sobre de mí, ahí sentado en
una banca de la plaza un sábado por la tarde, solo, con mil pensamientos dando
vueltas en mi cabeza, me levanté de la banca y comencé a caminar. Ahí fue
cuándo lo vi, un hombre joven, muy moreno, algo más joven que yo, estaba
sentado en una de las bancas con actitud indiferente, no era de por aquí, como
muchos de los trabajadores que acudían a la plaza, su color de piel era muy
llamativo, quizá era de la costa pero su pelo era lacio y tenía un ligero
bigote fuera del cual no tenía más vello corporal, su ropa era vieja pero
limpia, mientras lo observaba me volteó a ver y me sostuvo la mirada mientras
me observaba. Me senté en una banca cercana desde donde lo podía ver, otros
hombres pasaban y lo miraban, no a todos les gustaba su aspecto, su color de
piel, pero algunos se sentían atraídos por él. Alguien pasó y se le quedó
viendo, le dijo algo, se sentó en su misma banca y comenzaron a platicar, desde
donde estaba no podía oír nada, después de un rato ambos se levantaron y se
fueron caminando, al pasar a mi lado el hombre moreno me volteó a ver haciendo
un leve movimiento con la cabeza que le correspondí, luego se perdieron entre
la gente.
Anochecía cuando llegué a la casa de mi padre, en ese tiempo no había celulares,
así que no tenía forma de comunicarse conmigo, al entrar le fui indiferente, yo
traté de hacer como que nada había pasado, pero a partir de entonces comencé a
ausentarme cada vez más de mi casa, los fines de semana que no tenía nada que
hacer me salía a vagar, no tenía amigos así que solo me salía sin ningún
objetivo, sólo era pasar el tiempo y esperar que anocheciera para regresar a
casa, en un desperdicio total de tiempo. A la semana siguiente volví a ver al
moreno, estaba sentado en alguna otra de las bancas de la plaza cívica, iba
vestido de forma parecida, pantalones de mezclilla deslavados y botas, cuando
pasé junto a él me reconoció y me hizo señas de que me sentara a su lado, lo
hice, me dio la mano, me dijo su nombre, Omar, le dije el mío, su mano era
gruesa y firme, parecía que hacía algún trabajo físico porque la forma de sus
dedos era la de alguien que trabaja, como si sus manos hubieran tenido la
necesidad de crecer aprisa. Me preguntó qué andaba haciendo ahí, que no me
había visto antes, yo no sabía qué tanto
debía decirle de mí y sólo le dije que tenía problemas con mi padre y que
prefería no estar en casa.
Él me miró con una sonrisa que parecía más a burla, me daba a entender
que no me creía, entonces me comenzó a hablar de él, me dijo que seguramente yo
ya sabía a qué se dedicaba él, que se había dado cuenta cómo lo observaba la
semana anterior, yo pretendí no saber, él hizo una mueca de fastidio y me dijo:
“yo cobro, ¿ya te cayó el veinte?” lo miré sorprendido y entonces me quedó
claro a qué se dedicaba, me lo contó de forma natural, como si fuera cualquier
trabajo, por eso quería saber qué hacía yo ahí, entonces tuve más confianza
para contarle algo más de los problemas que tenía con mi padre, él sólo me dijo
“por eso me fui de mi casa”, sin dar más detalles pero también más tranquilo,
sabía que yo no era competencia pero también que no era un posible cliente, de
repente el interés en mí se diluyó y sólo me dijo que tenía que ir a dar una
vuelta a ver qué encontraba. Nos despedimos de mano y se fue, al poco tiempo
pude verlo a lo lejos platicando con un señor, luego se fueron juntos.
Así pasaron algunas semanas, siempre que lo encontraba solo platicaba un
rato conmigo, parecía tenerme más confianza pero no daba ningún detalle de su
vida personal, lo que me contaba era de cómo le iba con los hombres con los
cuales se iba y de cómo se los cogía, él estaba consciente de que su color de
piel podía jugar en su contra o bien en su favor, había aprendido a ver para
quienes era alguien feo y para quienes era como si se tratara de una comida
exótica, de ingredientes fuertes que sólo puedes comer de vez en cuando antes
de volver a tu dieta aburrida, y a eso le sacaba ventaja, y les daba lo que
esperaban de él, sexo rudo, fuerte, una buena revolcada con la que no pudieran
olvidarlo. Me contaba de algunas cosas de las que sacaba ventaja como su cuerpo
y la forma de resaltar su miembro en los pantalones de mezclilla donde usaba
cloro para aclarar el contorno de la verga. A veces lo veía tarde y entonces
íbamos a comer a una cocina económica de las que había cerca, llena de gente
que tenía la tarde libre en sus trabajos, poco a poco me iba teniendo confianza
y para mí era una compañía en mis solitarios fines de semana y me olvidaba por
un rato de mis propios problemas.
Me fui acostumbrando a verlo, a distinguir el contorno de su cuerpo, a
ver detalles del color de su piel en su cuerpo, sus dientes blancos resaltaban
siempre, y debo decir que era el tipo de hombre que me gustaba, pero sabía que
no podíamos estar juntos ya que para él esto era un trabajo y por otro lado
siempre se había presentado como activo, y yo era activo, así que aunque me
gustara sabía que no podíamos hacer nada, sólo nos contábamos nuestras
anécdotas con otros hombres y bromeábamos. Cierto día fui algo tarde, había
tenido algo que hacer y pasé por costumbre por la plaza cívica lo encontré
sentado en alguna de las bancas, me vio y me hizo señas para que me sentara, me
dijo que el día había estado muy flojo y que no había caído nadie, le dije que
ya era tarde y me pidió que lo acompañara un rato, me miraba de una forma
extraña, como poniéndome más atención pero no me decía nada, hasta que por fin
me dijo que quería estar conmigo, eso me sorprendió ya que ambos éramos
activos, le dije que eso estaba difícil ya que yo era también activo y que
además yo no pagaba por sexo, me dijo que eso lo sabía y que no había problema,
que si bien era activo, a veces, muy de vez en cuando, se le antojaba hacer
otra cosa.
Omar no se consideraba a sí mismo como homosexual, de hecho tenía una
forma bastante despectiva de referirse a “las jotas” que lo buscaban, siempre se
dirigía a ellos en femenino pero a sí mismo siempre se miraba como un hombre
que, por un billete, se los cogía, y que esto era algo temporal y que alguna
vez lo dejaría para casarse y tener una familia. Por eso me sorprendió cuando
me propuso estar juntos, opté por no cuestionarlo, sentía que si comenzaba a
preguntar cosas se iba a arrepentir, así que le dije que fuéramos a algún hotel
cercano, me dijo que sabía de algunos que quedaban cerca, comenzamos a caminar,
reconocí para dónde íbamos, era una calle que en ese tiempo era como la zona
roja del centro, una pequeña calle donde había poco tráfico y había hoteles
viejos a los lados, en las puertas había mujeres que miraban inquisitivamente a
quienes caminaban por ahí, se podía ver que eran prostitutas. Antes de llegar
pasamos a una tiendita a comprar una botella de ron y unos refrescos, no quiso
cerveza, me dijo que necesitaría algo más fuerte. Luego entramos a uno de los
hoteles donde supongo que lo conocían, iba con un actitud despectiva, como
supongo era cuando iba con algún cliente, en la recepción lo conocían pero no
dijeron nada, sólo me dijeron la tarifa y pagué, me dieron una llave atada a un
pedazo de madera gastado con el número de la habitación.
Entramos a la habitación, olía a humedad y a viejo, los muebles, las
sábanas, era uno de esos hoteles en los que vas a lo que vas, el baño de
losetas cuadriculadas de color azul, el piso de cemento y una cama vieja,
detrás de la puerta un espejo de cuerpo completo. Comenzamos a tomar, Omar
parecía tener prisa en tomar, su vaso lo servía cargado de ron, los cuerpos se
comenzaron a calentar por el alcohol, Omar estaba sentado a la orilla de la
cama sin hacer nada, sólo me miraba, era tarde y oscurecía, quise prender la
luz pero me dijo que no lo hiciera, que quería que fuera a oscuras. Su
respiración se hacía más rápida, me acerqué a él y le comencé a desabrochar la
camisa, él sólo se dejaba desnudarse sin decir nada, miraba su torso oscuro,
las líneas de los músculos brillaban por la luz que se colaba de una ventana,
no tenía nada de vello, era un cuerpo macizo. Entonces me empujó a un lado y me
hizo sentarme en la cama a su lado, luego empujó mi torso para acostarme y
comenzó a quitarme el cinturón del pantalón y a abrir mi bragueta, sentí su
boca cálida cuando comenzó a mamar mi verga, al tiempo que yo me quitaba la
camisa y él se quitaba el pantalón, quedando con una truza blanca que resaltaba
más el color de su piel oscura.
Traté de acostarlo en la cama pero él me levantó y me llevó hacia la
puerta y se puso de espaldas frente al espejo de la puerta de la entrada,
entendí que lo que quería era que pudiera verse a sí mismo mientras era
penetrado, no es mi posición favorita pero accedí, ahí estaba de espaldas con
su truza blanca, me entretuve en su espalda ancha bajando hasta su cintura,
entonces le quité la truza y pude apreciar un par de nalgas aún más oscuras, la
piel era suave, parecía aterciopelada, eso aumentó más mi excitación y me puse
a mordisquear y a lamer entre sus glúteos. Omar arqueó la espalda y me miraba
por encima del hombro de vez en cuando, entonces lo comencé a penetrar, el
espejo nos reflejaba, el color de nuestros cuerpos contrastaba, lo oscuro de su
piel con lo más claro de la mía, él se veía a sí mismo siendo penetrado frente
al espejo mientras se masturbaba, aunque arqueaba la espalda yo lo presionaba
para bajar más su espalda, él se resistía hasta que se dobló totalmente hacia
adelante, la penetración se hizo más profunda y terminé en un gran orgasmo. Él
se incorporó, había eyaculado en el piso, nos sentamos en la cama agotados
mientras tomábamos más ron, luego cada quien se fue a bañar. Yo tenía que
regresar a la casa de mi padre, pensé que él también se iba a ir pero me dijo
que no, que esa noche se iba a quedar en el hotel, me hablaba como si nada
hubiera pasado, no hizo referencia a lo que habíamos hecho, no hubo ningún
comentario, me despedí y me fui.
Días después lo encontré como siempre en la plaza cívica, me saludó de
forma diferente, como si fuera indiferente, me senté a su lado y platicamos
cosas triviales, entonces le pregunté qué tal la había pasado en el hotel, él
se echó para atrás y me miró seriamente, palabras más o menos me dijo que tenía
yo que entender una cosa, que nada había pasado, que él era sólo activo y que
yo no podía decir nada porque todos los que lo conocían sabían que él era
activo. Me sorprendió, me quedé viéndolo y solo le dije que estaba bien, que de
mi parte tampoco había pasado nada, luego me levanté y me fui. A partir de ese
momento comenzó a evitarme, entendí que lo que había pasado no volvería a
repetirse, yo ya no me sentía bien yendo a la plaza cívica y fui espaciando las
veces que iba, recuerdo que la última vez que lo vi, Omar estaba sentado en una
de las bancas con los brazos extendidos a ambos lados de la banca mientras dos
hombres estaban sentados con él, uno a cada lado, platicando con él, los
reconocí de otro lugar, era una pareja que en alguna ocasión me había propuesto
irme con ellos, cuando Omar me vio los abrazó mientras me miraba de forma
retadora, yo sólo pasé de largo. Y no volví más a aquella plaza, hube de
conocer otros cuerpos, otros cuartos de hotel, al final sólo era sexo, cuerpos
deseosos que, como Omar, fueron quedando en el olvido…
Por: Martín Soloman
1 comentario:
Wow, amigo, de verdad eres muy bueno escribiendo. No sé si es algo que te pasó peor independientemente de eso es una muy buena historia, me conmovió. Es la combinación perfecta entre romance y erotismo con algo de drama y simplemente es perfecta.
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